Estos tres procesos cognitivos constituyen el principal eje cognitivo en el desarrollo de la mente humana. En realidad, son diferentes fases del inicio de la evolución cognitiva, constituyendo a su vez focos de construcción conductuales de gran significado en la conducta humana:
La noción de abstracción
se basa en nuestra experiencia sensoriomotora (directa o sensorial, e indirecta o
memorizada), por lo que su base entra en el ámbito de la percepción (Neuman et alii, 2011; Pezzulo
y Castelfranchi, 2007) guiada por la atención,
capacidades cognitivas presentes en los seres vivos con diferentes grados de
desarrollo y funcionamiento.
De toda la información disponible en el
medio externo e interno, sólo puede ser procesada una pequeña fracción en un
tiempo dado (Ferrari 2003; Perea y Ardila, 2009). Este proceso nos indica que
existe una limitación fisiológica en el número de datos sensoriales que pueden
utilizarse a la vez. La atención
estaría vinculada al interés y/o motivación de metas individuales o sociales de
todo tipo, así como al interés emocional, frecuencia y
distribución de la percepción sensorial
o memorizada. Con esta actuación fisiológica se produciría una concentración
selectiva y perdurable, en periodos prolongados de un aspecto discreto de
la información, así como la inhibición
del resto de la percepción
sensorial por ser conceptuada
como irrelevante (Overmann, 2017). En definitiva, la abstracción es
una consecuencia de las características funcionales de nuestra mente, es decir,
percepción, reiterada recepción y fijación memorizada de las características
más llamativas a la atención en las áreas de asociación parietotemporal.
En este contexto, la incidencia de la percepción sensorial
que más veces se haya repetido facilitaría un notable reforzamiento y aumento de
la información unimodal memorizada o la adquirida en cada momento por los
receptores sensoriales, aumentando su mantenimiento y
una mayor posibilidad de recuerdo (Manzanero, 2008). Estas percepciones son las
más generales y las que mejor describen a los objetos, acciones o hechos sobre
los que se va a efectuar los procesos de abstracción, siendo, a su vez, las que
primero se recordaran, al activarse los procesos de atención. Es un recuerdo
selectivo de las experiencias vividas pero que solo tienen valor conductual
para el ser vivo que las posee y las recuerda, es en definitiva una memoria
selectiva de los hechos más relevantes de lo percibido.
- Simbolismo. Los procesos de abstracción
estarían como latentes en estas áreas de asociación, pero no
pueden ser asumidos (individual y socialmente) hasta que se desarrolle un medio
de funcionalidad mental que permita la creación de formas cognitivas (simbolización)
que se puedan manifestarse externamente (lenguaje) e internamente
(pensamiento verbal consciente).
La simbolización necesita cierto grado
de abstracción, pues para usar un símbolo de forma estable debe
haber captado qué es lo que el símbolo agrupa (categoría) y en
qué contexto es útil (regla de uso). El simbolismo ha sido referido a determinados
objetos materiales, a las relaciones de intercambio entre personas y/o grupos,
a esquemas cognitivos o representaciones mentales clasificadoras de la realidad
y, por supuesto, al lenguaje (Barbeta, 2015). La manifestación social del simbolismo
sería el lenguaje en cualquiera de sus numerosas formas
conocidas. (sobre todo: oral, gesticular y gráfico). Por tanto, definir
el simbolismo con un sentido práctico es lo mismo que concretar las bases
cognitivas del lenguaje (interno en la mente o externo en sociedad).
Hay que intentar, con los mismos procedimientos
psicobiológicos que se ha explicado la abstracción, como pudo
originarse la relación funcional entre la abstracción y simbolización.
La
simbolización
consiste en vincular a una abstracción un signo,
la cual actuará como su representante sensorial externo, permitiendo evocarla
sin necesidad de tener delante el referente real. Esa representación ya no es un árbol concreto, sino una categoría
mental. La
simbolización no consiste solo en señalar una cosa, sino también en representar un contenido
mental, muchas veces ya generalizado o cargado de valor social,
emocional o conceptual.
Sí seguimos las
pautas de la evolución psicobiológica humana, la hipótesis que mejor sería la
que se explica mediante el cumplimiento de tres condiciones:
- Indicar que los
procesos de abstracción cognitiva estarían como latentes
en las áreas de asociación. En general, corresponden a las características
memorizadas que la percepción y la atención ofrecen.
- No pueden ser asumidos (individual
y socialmente) hasta que se desarrolle el simbolismo. Esto nos dirige a pensar
que el simbolismo corresponde
a mecanismos cognitivos
creados en la unión
funcional de otras capacidades cognitivas o coevolución,
dando lugar a procesos de exaptación
y emergencia.
Estas capacidades pueden ser: percepción, memoria, atención, creatividad, imitación, motivación, categorización, cognición causal, teoría de la
mente, comunicación básica en una vida social en complejidad ascendente. Cuando coevolucionan
o se integran funcionalmente, pueden producir algo nuevo: la posibilidad de que
una señal desencadene una respuesta y, sobre todo, represente un contenido
mental.
- Su producción debe realizarse en medios sociales
en los que la comunicación e intercambio de ideas sean necesarias para su
supervivencia o desarrollo biológico. En este apartado se incluiría los
factores emocionales que inducen a la unión social.
- Lenguaje. El
lenguaje se define como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, concepto
o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico socialmente
consensuado, fundamentalmente sonoro o gesticular, con la intención de
interferir en la conciencia o atención del oyente; es decir, que sea recibido y
comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje con algún fin
determinado (Rivera y Rivera,
2009).
En la evolución del género Homo el lenguaje, entendido
como la manifestación externa de la simbolización de las abstracciones,
debió de producirse por una convergencia de varios factores: aumento de la
memoria operativa, mejor control atencional, mayor capacidad de asociación,
vida social más compleja, intencionalidad comunicativa, reconocimiento de
estados mentales ajenos, aprendizaje compartido, estabilización cultural de
signos. Solo puede
aparecer en medios sociales, donde la comunicación se hace imprescindible
(Bickerton, 1994; Bruner, 1984; Marina, 1998).
El lenguaje presenta una capacidad de retroalimentación,
siendo capaz de crear más abstracciones al poner en las palabras
categorías y relaciones, englobando ideas complejas y facilitando operar con
ellas (comparar, generalizar, planificar, justificar, enseñar). En este contexto, un tanto
teórico, el lenguaje humano no solo traduce pensamiento, también lo reorganiza.
El lenguaje será
un factor crítico en el surgimiento de la cognición del género
humano (Tattersall, 2014). Su trascendencia es múltiple pues proviene del
pensamiento siendo a su vez modulador del mismo, y ambos son controladores de
la acción y la conducta humana (Bruner, 1984, 1988; Vygotsky, 1934/1962).
- Barbeta Viñas, M. (2015). El símbolo da qué pensar: esbozo para una teoría psicosociológica del simbolismo. Perspectiva cognitivo-afectiva, discurso e interpretación. Sociológica (Méx.) vol.30 no.85. Ciudad de México.
- Bickerton, D. (1994). Lenguaje y especie. Alianza. Madrid.
- Bruner, J. (1984). Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza. Madrid.
- Bruner, J. (1988). Desarrollo cognitivo y educación. Morata. Madrid.
- Ferrari,
P. L. (2003). Abstraction in mathematic. Phil.
Trans. R. Soc. Lond. B. 358, 1225-1230.
- Manzanero, A. L. (2008). Aspectos
básicos de la memoria. En A. L. Manzanero, Psicología del Testimonio (pág.
27-45). Ed. Pirámide. Madrid.
- Marina, J. A. (1998). La selva
del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama.
Barcelona.
- Neuman, Y., Turney, P. D. y Cohen, Y. (2011). How
Language Enables Abstraction: A Study in Computational Cultural Psychology. Integrative
Physiological and Behavioral Science 46
(2):129-45. DOI: 10.1007/s12124-011-9165-8
- Overmann, K. A. (2017). Materiality and Numerical Cognition: A Material Engagement Theory Perspective. En: Wynn, T. y Coolidge, F. L. (eds.). Cognitive models in Palaeolithic rchaeology. Oxford University Press.
- Perea, M. V. y Ardila, A. (2009). Síndromes neuropsicológicos. Amarú Ediciones. Salamanca.
- Pezzulo, G., y Castelfranchi, C. (2007). The Symbol Detachment Problem. Cognitive Processing, 8, 115-131. https://doi.org/10.1007/s10339-007-0164-0
- Rivera, A. y Rivera, S. (2009). Origen del lenguaje: un enfoque multidisciplinar, Ludus Vitalis 17 (31): 103, 141.
- Tattersall, I. (2014). Language as a Critical Factor in the Emergence of Human Cognition. Humana.Mente Journal of Philosophical Studies, 2014, Vol. 27, 181 -195. DOI: 10.4436/JASS.94030
- Vygotsky, L. S. (1934/1962). Thougt and language. MA: MIT Press. Cambridge.
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