martes, 13 de junio de 2017

Evolución cognitiva y lenguaje

Uno de los aspectos evolutivos que menos se ha desarrollado en las ciencias sociales es el de la evolución cognitiva. Parece obligado intentar profundizar en tan complejo e interesante tema. Lo primero que hay que dejar claro es que la evolución biológica y la cognitiva, aunque dependiente la segunda de la primera, no fueron paralelas, ni tuvieron los mismos parámetros de cambio y desarrollo. En este contexto, es importante valorar la acción de la Arqueología, pues el registro arqueológico, aunque imperfecto, es el único testimonio de lo que pasó, cuándo y dónde. Conocemos algunos ejemplos que indican la existencia de tal diferenciación evolutiva, así como que la estrecha relación especie/cultura no existe, pues todo es un desarrollo heterogéneo en la geografía poblada en un tiempo amplio. 


- Con el inicio evolutivo del Homo ergaster no se cambia de cultura sino que continúa con las tecnologías propias de su antecesor evolutivo el Homo habilis (Olduvaiense o Modo 1), aunque pronto cambia a las formas tecnológicas conocidas como el Achelense o Modo 2. Sin embargo, ya desde su inicio se conoce cierta discontinuidad cultural, que se alarga más o menos en el tiempo y en diferentes lugares geográficos. Mientras en África, el Achelense o Modo 2 se establece en un momento muy temprano, prácticamente con el inicio de la andadura del Homo ergaster, en Europa aparece mucho más tarde, siendo datado sobre el 600.000 B.P. y asociado al Homo erectus evolucionado o al Homo heidelbergensis. En este último continente, las primeras culturas son también las del Olduvaiense, como así se ha conocido recientemente en Atapuerca (la Gran Dolina), donde el Modo 1 estaba asociado al Homo antecessor con una antigüedad que puede superar los 800.000 años, lo mismo pasa con el Homo georgicus del Cáucaso y su antigua datación de 1,8 m. a. Solo al final de este periodo la homogeneidad del Achelense es clara, perdurando hasta los primeros indicios de la siguiente manifestación tecnológica, el Musteriense ya en el Paleolítico medio. Igualmente, no es raro ver yacimientos con estas dos tecnologías en distintos espacios geográficos pero con cronologías aparentemente similares, lo que parece indicar cierta independencia del desarrollo cultural entre poblaciones más o menos coetáneas, o en la existencia de un aislamiento poblacional que pudieron tener los pequeños grupos humanos que vivieron en tan lejanos tiempos.

- Otro ejemplo se aprecia en el inicio del Homo sapiens. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico, complejo y con mayor poder adaptativo) no aparecen hasta fechas que se sitúan sobre el 60.000 BP (p.e. África en Bomblos), lo que ha sido denominado por Colin Renfrew como la sapient paradox (Renfrew, 2008).

Estos ejemplos nos indican que la evolución cognitiva-cultural (tecnología, logística, simbolismo, lenguaje, arte, etc.) se ven como trayectorias de un desarrollo heterogéneo en el tiempo y en el espacio, en lugar de una innata capacidad biológica de manifestación necesaria y homogénea en cada especie humana. Por tanto pueden clasificarse como manifestaciones de una emergencia conductual y cognitiva (Renfrew, 2008).

Si el cerebro ya había evolucionado con un importante aumento de su volumen, un notable incremento de la superficie de las áreas corticales (sobre todo las asociativas), y con diferentes densidades neuronales que facilitaban una mejor y más densa interconectividad neuronal. ¿Por qué el desarrollo cultural se produce con posterioridad? Pocas respuestas se han ofrecido desde la Arqueología, siendo la más tradicional la que lo justifica por medio de mutaciones favorables, posteriores a los cambios evolutivos ya mencionados, y que favoreciese el desarrollo cultural (Klein 2003). Estas mutaciones, que no se pueden comprobar y no se ajustan bien a los actuales datos de la Psicología y Neurología, poco nos pueden aclarar sobre lo que en realidad pudo pasar.

Actualmente está plenamente aceptado que la evolución biológica precedió a la cognitiva, que no fueron paralelas, que se produjo de una forma heterogénea en el tiempo y en el espacio, y que prácticamente desconocemos casi todo lo referente a la evolución cognitiva en que se produjo a lo largo del género Homo. Dentro del más elemental estudio interdisciplinario, las explicaciones de lo que pasó tendrán que adaptarse a estas conclusiones arqueológicas. Todos somos seres humanos creados por los mecanismos evolutivos, pero, y a pesar de nuestra gran semejanza genética, todos somos personas muy diferentes unas de otras en su pensamiento y conducta. La individualidad personal, lo que nos hace ser y actuar de forma diferente a los demás, no es un producto exclusivamente biológico y evolutivo, pues entraña muchísimas connotaciones culturales, sociales, lingüísticas, tecnológicas, etc., que nos van influyendo y transformando desde el mismo momento de nuestro nacimiento, incluso antes, y a lo largo de toda nuestra vida. Sin embargo, todas las formas de influencia medioambiental anteriormente señaladas no se han creado de la nada, sino que han tenido que crearse paulatinamente, y transmitirse con los medios de cada época entre los seres humanos que las crearon, es decir, crear un nichocognitivo-cultural que haga posible tal desarrollo cognitivo en las nuevas generaciones. Es lo que se llama la evolución cultural, cuya producción depende de la potencialidad y desarrollo de las capacidades cognitivas que la evolución ha otorgado a los seres humanos, es decir, sería la consecuencia de la evolución cognitiva.

Cómo entender y estudiar la evolución cognitiva

La falta de datos y una adecuada comprensión del problema han sido los principales enemigos del estudio de la evolución cognitiva del género Homo. Tanto es así, que incluso en muchos medios académicos simplemente se asimilaba a los logros de la evolución biológica, como si fuera una consecuencia directa, lógica e incuestionable. La falta de datos puede ser cierta, pero menos de lo que se puede pensar. Existen otras ciencias que estudian el problema desde perspectivas diferentes, pero no ajenas a él. La interdisciplina puede ser un método adecuado para el estudio de estos problemas, pues aumenta la cantidad de datos a valorar, y los problemas son analizados de una forma mucho más global, teniendo sus resultados una mejor base metodológica y fundamentada.


Un primer paso sería llegar a un consenso sobre la realidad de nuestro cerebro, no como controlador y regulador de nuestro cuerpo (sobre lo que creo que no existen dudas), sino en su relación con el medio ambiente en el que le haya tocado vivir. En este contexto, la primera complicación que se nos presenta es la existencia de teorías opuestas sobre la forma en que la evolución ha desarrollado el cerebro humano en su relación con el mundo exterior (Evolución neurológica: un enfoqueinterdisciplinario; Relaciones entre evolución y psicología humana).

La conclusión sería considerar al cerebro del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998). Conceptualmente se basa en que todo proceso mental o cognoscitivo tiene como origen la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar (Leahey, 1980). Sin embargo, esta capacidad de procesamiento de la información no es totalmente libre e independiente, pues estaría limitada por las características psicobiológicas de cada persona. Éstas, en función de su propia herencia neurológica, no son iguales y juegan un papel importante en el desarrollo de la conducta. Desde el mismo momento del nacimiento se va a producir una organización psicológica, que depende de varios factores fundamentales en la futura conducta del neonato.

En la corteza cerebral es donde se ubicarán las funciones cognitivas correspondientes. Estaría formada por áreas de asociación que recogen los estímulos sensoriales externos ya procesados con la información de otras áreas corticales (secundarias y terciarias), con el objeto de elaborar posibles respuestas más complejas y adaptativas, mientras que otras (áreas primarias solo reciben información del exterior) (Neurociencia). Esta elemental estructuración del cerebro fue analizada el neurofisiólogo ruso Alexandre R. Luria a mediados del siglo pasado, y desde entonces ha sido una de las bases de los estudios neurológicos (Kandel et al. 1997; Luria, 1974, 1979). Estas estructuras ya preformados estructuralmente al nacer son innatas, formando un protomapa de la funcionalidad cognitiva con un carácter poco definido, necesitando para su definitiva estructuración, extensión y ubicación de los estímulos sensoriales externos (Damasio, 1999; Changeux, 1985; Flórez et al. 1999; Mora, 2001; Rakic, 1988, 1995).


Los cerebros de todos los humanos del género Homo, en mayor o menor cuantía dependiendo de su posición en la escala evolutiva, han participado de estas características. En general, podemos destacar dos grandes procesos que intervienen en la evolución cognitiva: la propia evolución biológica, y el desarrollo cultural que pudieron realizar las comunidades humanas. De la primera ya hablé en otras entradas (Evolucióncerebral humana. Mecanismos biológicos), del desarrollo medioambiental lo analizaré a continuación.

La información que nuestro cerebro puede recoger y almacenar del medio ambiente es enorme, no solo por su cantidad sino por las características particulares que tal información puede tener del tiempo y del espacio de la trayectoria vital de cada ser humano. Esta característica de almacenamiento de experiencia vivida es común a todos los seres vivos que tengan un cerebro o formas biológicas de almacenamiento de la información. Su uso presenta dos cuestiones: ¿Cómo se almacena y cómo se puede extraer cuando es necesario?

El almacenaje parece que, aunque de una forma muy genérica, se realizar en las áreas primarias del córtex formando redes neuronales muy complejas que contienen tal información. De la recuperación conocemos que en el mundo animal se pueden recuperar las experiencias vividas cuando se vuelven a repetir las sensaciones que dieron lugar a las informaciones almacenadas, las cuales nos hace fijar la atención en ellas generando un recuerdo. El recuerdo tiene lugar cuando se producen de nuevo situaciones que son similares a las que produjeron tales recuerdos, con ello los resultados también se recuerdan y la conducta tiene nuevas opciones de producción, al valorar la efectividad o no de la respuesta realizada en la primera experiencia.

En el caso de los seres humanos tal proceso ocurre igual. Aunque hay que añadir un dato muy importante, se puede acceder a la información almacenada sin necesidad de que existan de nuevo las causas que lo motivaron. Es decir, recordamos lo que queremos y esto nos aporta formas de conducta totalmente nuevas, en las que podemos utilizar toda la información adquirida por todos los medios (propia y ajena; experimentada, leída y observada; real o supuesta), mezclarla (reflexividad) y elegir la que mejor nos parezca (flexibilidad).

La gran pregunta sería cómo podemos hacer tal cosa. El desarrollo de este complejo proceso, junto con otros muy relacionados (autoconciencia, flexibilidad y reflexividad cognitiva) sería lo que estamos intentando comprender, la evolución cognitiva. ¿Cómo el cerebro de los homínidos pudo lograr realizar tales procesos cognitivos? Naturalmente, esta disponibilidad de la información adquirida sería el resultado final de una serie de avances cognitivos de diversa índole (realizados con diferente capacidad a lo largo de la evolución de nuestro linaje), que al actuar conjuntamente son capaces de lograr tal progreso conductual. Su poder adaptativo es enorme y explica la gran supervivencia y expansión de los homínidos de nuestro linaje. ¿Qué factores generales debieron de intervenir en este proceso de evolución cognitiva? Tenemos varios.

- Sin duda la propia evolución neurológica con el gran desarrollo de las áreas asociativas del córtex cerebral, así como del aumento de la capacidad de interconexión neural.

- Un importante y cada vez mayor tiempo de exposición de estas áreas cerebrales a la información externa. Se trata de la inmadurez neurológica que presentan todos los recién nacidos, como causa del aumento del cerebro y la imposibilidad de progresar en el canal del parto si este cerebro fuera muy voluminoso.

- Unas características de maduración neurológica básicamente desarrolladas en el embarazo (protomapa), que confieren una estructura básica adecuada para procesar la información externa.

- Un sistema que permita trasmitir, almacenar, conservar y utilizar con facilidad la información adquirida. Es el lenguaje, bajo cualquiera de sus formas (sonoro, gesticular, escrito, simbólico, etc.).

- La creación de una información específica a cada ser humano (autobiografía). Se produciría mediante el desarrollo de un lenguaje que fuera poco a poco introduciendo datos sobre las características de la interacción social, el desarrollo de las conductas individuales o propias de cada persona (nombre, trabajo, familia, costumbres, etc.). Todo ello dentro de unos parámetros temporales y espaciales conocidos y aceptados por la sociedad.

Las tres primeras condiciones son de carácter innato, mientras que la última tiene un clarísimo componente adquirido. El lenguaje es el medio que nos permite realizar una definitiva estructuración de nuestro pensamiento (lenguaje humano; pensamiento, lenguaje y conducta; laautoconciencia como capacidad cognitiva emergente), pues con su adquisición lo que hacemos es estructurar el cerebro para que funcione con las características propias del lenguaje. Pensamos como si nos habláramos a nosotros mismos (lenguajeinterno); almacenamos los conceptos que aprendemos por el lenguaje de forma que puedan ser mucho más fácilmente recordados por los mecanismos lingüísticos (el lenguaje une gramaticalmente todos las posibles combinaciones que conozcamos); compone los elementos de nuestra conciencia autobiográfica (creada desde que nacemos y permanentemente presente en nuestro pensamiento).


Significado del lenguaje en la conducta humana

El lenguaje siempre ha sido una constante fuente de estudio, discusión y enfrentamiento entre los autores que han elaborado las diversas teorías que conocemos en la actualidad. Todos somos conscientes de la trascendental importancia que ha tenido en todos los aspectos de la conducta humana, pero sobre su origen, forma de evolución y funciones psicobiológicas las discrepancias y las ausencias son notorias. La producción de tan importante facultad, dentro de las comunidades del género Homo, representa un proceso del que desconocemos muchas de sus claves, y de las pocas que conocemos no todas se utilizan para su compresión. El lenguaje siempre se ha estudiado teniendo como base dos de sus aspectos más aparentes. Primero, en los sonido que conforman las diferentes lenguas y en las consecuencias que aportan (comunicación, aprendizaje, almacenamiento de información, y todo lo que se pueda adquirir por medio del lenguaje externo). Segundo, representa una capacidad cognitiva exclusiva del Homo sapiens (al menos en la actualidad) y que todos los humanos la poseen, por lo que debe de tener un fundamento genético importante. Pero muchas veces se ha olvidado su papel en la organización cognitiva del pensamiento humano, tanto que muchos ni siquiera se han planteado tal posibilidad.

La lingüística cada vez es una ciencia con mayor amplitud teórica, lo que obliga a subdividir sus contenidos en función de los métodos o aspectos que del lenguaje se quieren estudiar. La Neurolingüística y Psicolingüística son dos claros ejemplos de tal parcelación teórica. Esto lo podemos ver bien en las diversas definiciones que sobre el lenguaje conocemos. En general, reflejan los fundamentos teóricos sobre los que se estructura, pero no son los únicos. La definición que recoja más y mejor todos los aspectos que el lenguaje pueda representar debería ser el modelo a seguir. Si vemos las diferentes definiciones que encontramos en diccionarios o trabajos generales sobre el lenguaje, observamos una importante variedad de definiciones, dependiendo de las ciencias que se usen en su estructuración.

- Capacidad propia del ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra. 

- Sistema de signos que utiliza una comunidad para comunicarse oralmente o por escrito.

- Sistema de comunicación estructurado para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales. Existen contextos tanto naturales como artificiales.


- Un recurso que hace posible la comunicación. En el caso de los seres humanos, esta herramienta se encuentra extremadamente desarrollada y es mucho más avanzada que en otras especies animales, ya que se trata de un proceso de raíces fisiológicas y psíquicas. El lenguaje brinda la posibilidad de seleccionar, citar, coordinar y combinar conceptos de diversa complejidad.

- Conjunto de sonidos articulados con que las personas manifiestan lo que piensan o sienten.

- El lenguaje es una forma de conducta que posibilita en los organismos la capacidad para relacionar y relacionarse con los fenómenos del mundo físico de un modo cualitativamente distinto. Es un sistema de expresión, representación y comunicación que se basan en un sistema de signos y reglas formalmente bien definido y cuya utilización por un organismo implica una modalidad particular de comportamiento (Belinchón et al. 1992).

- El lenguaje humano puede definirse como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común). (Rivera, 2009).

- El lenguaje sería la capacidad de unir un signo (auditivo, visual, táctil o gestual) con un componente semántico, con un concepto; es decir, la capacidad para genera símbolos (Arsuaga y Martín-Loeches, 2013).

Todas se basan en la gran funcionalidad que tienen sobre la comunicación, pocas sobre la abstracción y simbolización que conlleva su producción, y ninguna sobre la capacidad de organizar y gestionar el pensamiento consciente de los seres humanos. Hay que profundizar un poco en el origen y funciones del lenguaje, pues la funcionalidad va implícita en su propio origen.

Funciones del lenguaje humano

Las funciones que el lenguaje tiene entre los seres humanos son varias y fundamentales para el desarrollo de nuestro pensamiento y conducta.

* Función comunicativa (formas de expresión). Corresponde al sistema de representación formado por signos (articulados y socialmente consensuados), que estarían organizados por medio de unos elementos formales de combinación (gramática). Permite compartir la experiencia personal, la acumulada por la especie y la expresión emocional. Por tanto, su uso facilitaría un mejor y permanente conocimiento de la realidad. Su estudio entra en el terreno de la Lingüística. Sin embargo, las estructuras anatómicas y fisiológicas que participan en la producción y comprensión de estos signos, serán estudiadas por las disciplinas biológicas que analizan la anatomía y fisiología humana.


* Función social (comunicación externa). Forma una conducta voluntaria que regula la acción conjunta de los componentes de una comunidad. Facilita la interacción social, al desarrollar las conductas personales y sociales. Relaciona la conversación con la conducta simultánea o posterior a la misma, donde pueden valorarse los antecedentes, posibles respuestas y consecuencias de tal acción. Destaca la voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico, donde entraría en juego el concepto de teoría de la mente. Entra en los cometidos doctrinales de la Sociología y Psicología y estaría muy relacionada con la función comunicativa.

* Función cognitiva (comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc. El tipo de lenguaje que puede utilizar el pensamiento, es el mismo que usamos normalmente con las mismas directrices léxico / gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. Efectivamente, el lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920). Igualmente, la transmisión de pensamientos abstractos es muy fácil, al usar el simbolismo que el lenguaje nos permite. De las tres funciones, la tercera es sin duda la menos conocida y, sin embargo, puede ser la que más ha colaborado en el desarrollo de nuestra cultura simbólica.

Evolución del lenguaje, conducta y cognición en el género Homo

Mucho se ha hablado sobre si las primitivas poblaciones humanas tenían o no un lenguaje, pero poco se ha profundizado en las características de tal lenguaje, si es que lo tuvieron. Se habla del lenguaje de una forma muy genérica, sin matizar la gran complejidad que conlleva, ni analizar las características de su formación. Las definiciones que vimos anteriormente nos indican que en un proceso cognitivo compuesto por la utilización conjunta de diversas capacidades cognitivas (memoria, abstracción, simbolización, coordinación motora del aparato fonador o manual, etc.) que la evolución ha ido desarrollando, pero que no fueron iguales en todos los homínidos. Por lo tanto, no se puede hablar de los genes del lenguaje, sino de los genes que propician estas capacidades cognitivas (utilizadas en diversos proceso cognitivos relacionadas o no con el lenguaje). Naturalmente, si falla uno o varios (mutaciones negativas en alguna de las capacidades cognitivas mencionadas) el lenguaje se alterará.

La complejidad del lenguaje no estaría solo en la cantidad de sonidos que se utilizan ni en la articulación de ellos, sino en los significados que entrañan tales sonidos. Es decir, en las abstracciones que han podido simbolizar las poblaciones que utilizan ese lenguaje. El principal problema que tenemos en el estudio del desarrollo del lenguaje en nuestro linaje es que las palabras no dejan huellas arqueológicas. Sin embargo, si analizamos las últimas definiciones del lenguaje (Rivera, 2009; Arsuaga y Martín-Loeches, 2013) vemos que el lenguaje se desenvuelve en la acción o conducta de las poblaciones humanas. Nace dentro de las poblaciones humanas como consecuencia del intento de comunicar las acciones, siendo por tanto la simbolización de tales acciones. La acción es la base de la propia estructura inicial de lenguaje y de la universalidad de su sintaxis, pues es igual en todos los lugares.

Por tanto, el lenguaje parece estar organizado alrededor de las circunstancias que rodean a la acción (verbo) (Bickerton, 1994; Bruner, 1988; Fillmore, 1968; Marina, 1998) lo que puede referirse con la siguiente expresión básica:

Sujeto (quién hace la acción) – Verbo (acción) - Circunstancias de la acción.

En este contexto, la conducta sí deja huellas arqueológicas que pueden estudiarse, y seguirse a través del tiempo. Las abstracciones que configuran nuestro pensamiento y lenguaje no han existido siempre, sino que ha sido preciso crearlas, mantenerlas y trasmitirlas a las generaciones siguientes, por medio del lenguaje de cada sociedad haya podido desarrollar. Y no todas de estas abstracciones dejan huellas de su existencia, pero algunas (posiblemente las más trascendentes) si lo hacen. Las abstracciones básicas y más elementales que podemos intuir en los primeros lenguajes (comer, piedra, cazar, hambre, peligro, miedo, etc.) son relativamente fáciles de realizar. Solo se tienen que poner de acuerdo sobre que sonidos o gestos (las emociones básicas o primarias ya tiene una representación innata de gestos) los pueden representar, siendo admitidas y conocidas por todos los miembros del grupo.

Desde los primeros pasos de la socialización humana en el Homo habilis la conducta observada en sus yacimientos nos indica que tales simbolizaciones lingüísticas debieron de producirse. Sin embargo, hay otra serie de conceptos mucho más difíciles de crear y simbolizar, los cuales son fundamentales para la conducta humana considerada como de tipo moderno. Me refiero a los conceptos sobre la individualidad social y personal, el tiempo, el espacio, la negación, el engaño y la mentira (todos ellos con un importante componente simbólico). De todos ellos en solo se han podido rastrear conductas relacionadas con los tres primeros (individualidad social y personal, el tiempo, el espacio). Pero estos conceptos son fundamentales para el desarrollo de la autoconciencia y de su ubicación en el tiempo y en el espacio (desplazamiento cognitivo), lo que no se consiguió con unas características que se pueden considerar como modernas hasta la transición al Paleolítico superior (Rivera, 1998; 2003-2004). 

Estas abstracciones necesitaban unas capacidades cognitivas cada vez mayores, que la evolución proporcionó al desarrollar cerebros con unas áreas de asociación (secundarias y terciarias) más grandes y con una funcionalidad mejorada (menos densas con mayor poder de sinapsis). El desarrollo de las funciones ejecutivas (lóbulo prefrontal) y del  precúneo (lóbulo parietal), bien contrastado en el Homo sapiens, parece que fue un gran y necesario avance evolutivo. Los factores generales que intervienen en la evolución cognitiva (aumento de la áreas de asociación y mejor capacidad sináptica; existencia de un protomapa; gran y duradera inmadurez neurológica y existencia de un proceso de simbolización de abstracciones o lenguaje) han interaccionado entre todos el mismo desde el mismo inicio de nuestro linaje. El lenguaje, verdadero motor de todo el proceso, en un proceso netamente social, pues solo se produce dentro de las sociedades con la suficiente capacidad neurológica como para interactuar en procesos comunes. Existen claros antecedentes den los grandes primates, y desde luego en la conducta de los primeros homínidos (Homo habilis y ergaster y/o erectus) ya se manifiesta con elemental y desigual desarrollo de los conceptos básicos del tiempo el espacio y la individualidad. Estas abstracciones se desarrollarían de forma paralela a la paulatina creación de diversas palabras representantes de objetos y acciones, que enriquecen la cultura del grupo y facilitan su convivencia y supervivencia.

* El concepto de individualidad (social o personal) se produce con la adquisición de la idea de diferencia social o individual entre diversos grupos o elementos de los mismos (Elías, 1990). La autoconciencia es una capacidad cognitiva emergente (desarrollo cognitivo), lograda gracias a las capacidades cognitivas del cerebro y desarrollada por la estimulación (dentro del periodo crítico o primeros años de su vida) de un entorno social, cultural y lingüístico adecuado.

* El espacio se objetiva con la referencia a objetos fácilmente observables, inmóviles y permanentes, características constantes en el territorio donde se realiza o puede realizarse la acción (Elías, 1992; Hernando, 1999).

* El tiempo se realiza con la referencia de sucesos móviles de carácter no humano, pero con un tipo de movimiento recurrente, como son el día/noche, estaciones, fases lunares, etc. (Elías, 1992; Hernando, 1999).

La realidad de la propia conducta humana indica que casi siempre se producen con una gran interrelación entre estos dos elementos básicos de ordenación de la acción. Así, con su unión, ofrecen al lenguaje una capacidad interpretativa de gran poder explicativo. Sería el caso del cambio de los lugares en función del tiempo (estaciones), la medición del espacio por el tiempo en que se recorre y el concepto histórico de un lugar en un tiempo preciso. La interacción social aumenta con el desarrollo tecnológico, demográfico y cultural de las sociedades, por medio de u aumento del lenguaje usado. Los mecanismos de feed back positivos estarían continuamente produciéndose. Es decir, la compresión de que las capacidades cognitivas superiores tienen más de potencialidad que de realidad manifiesta en el nacimiento, su desarrollo de estas capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.



Conclusiones

La evolución cognitiva y cultural humana está muy relacionada con la evolución biológica, pero con formas y características que las separan en el tiempo y en el espacio. No cabe duda de que ambas están íntimamente relacionadas, pero no podemos seguir insistiendo en que nuestra cognición y cultura es una simple manifestación de las capacidades cognitivas de origen innato y evolutivo. El carácter emergente de muchas de las capacidades cognitivas que más nos diferencian del resto de los entes biológicos (p. e. autoconciencia y lenguaje) es la clave de nuestras propias características como seres humanos. Esta emergencia nace de la interacción de las capacidades adquiridas evolutivamente y de la acción del medio ambiente creado y mantenido por nosotros mismos. En este contexto, el lenguaje adquiere un gran protagonismo, pues éste, junto con el desarrollo social, cultural y económico, va a ser el responsable de la emergencia de nuestra autoconciencia, del desplazamiento cognitivo y del desarrollo de un mundo simbólico (el lenguaje es la primera conducta simbólica creada por los seres humanos) que, para lo bueno y lo malo, nos ha conducido hasta lo que en la actualidad somos.

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* VYGOTSKY, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Ciencia, complejidad y sentido común

El desarrollo de la Ciencia es un proceso arduo, complejo y exhaustivo para aquellos que intentan avanzar en cada una de las parcelas la integran. Si durante el Renacimiento parecía posible que algunos estudiosos pudieran abarcar gran parte de sus disciplinas, en la actualidad es un hecho prácticamente imposible, o por lo menos con una muy limitada realización. La propia evolución de la Ciencia en estos últimos siglos nos muestra que la parcelación de la misma ha sido necesaria para el adecuado desarrollo doctrinal de cada una de las diversas parcelas académicas que se han ido creando a lo largo del tiempo.

Sin embargo, si en un principio se partió de un conocimiento general más o menos integrado, con posterioridad se pasó al otro extremo. Se perdió en gran parte la integración científica en aras de mayores desarrollos doctrinales, pero con importantes ausencias de comunicación entre ellos. Es decir, la Ciencia avanzó en gran medida, pero con grande dosis de individualidad metodológica que hicieron perder la noción del “bosque” que debería de ser la reunión de los diversos “árboles” que constituyen todas las disciplinas académicas.

Pero la necesidad e interés de avanzar en todos los campos obligaba a realizar diversas intromisiones en otras ciencias que también trataban sobre tales problemas, aunque fuera con otro punto de vista o solo de una forma aparentemente tangencial. Los estudios multidisciplinares siempre ha tenido cierto desarrollo, pero muchas veces se ha realizado como “para salir del paso” o fundamentar problemas concretos y limitados. Es decir, se utilizaba cierta teoría u orientación metodológica de otras ciencias para reafirmar nuestro trabajo, muchas veces sin conocer a fondo el nivel de incertidumbre que tal teoría podía contener o su fundamento teórico. Si ha habido una parcela científica que más ha sufrido estas circunstancias, sin duda ha sido las llamadas ciencias sociales, entre otras cosas por la gran dificultad que su desarrollo conllevan.

Por otro lado, los científicos solo pueden utilizar los conocimientos propios de su época y que mayoritariamente utiliza la disciplina en la que se han formado. En este contexto, aparece lo que se llama “deformación profesional”, proceso socio-académico que afecta a la mayoría de los componentes de cualquier disciplina. Así, se ven los problemas a tratar desde un punto muy semejante, tanto en la exposición de los problemas como en la forma de poder estudiarlos. Muchos avances teóricos han surgido de gente que ha querido romper estas tendencias y ha elaborado nuevos caminos, lo que ni es fácil ni está al alcance de todos. 

He resaltado dos hechos que muchas veces van juntos: la necesidad de una interdisciplina teórica que supere la simple multidisciplina; y cierta tendencia a romper los moldes académicos establecidos La interdisciplina o la observación y aceptación de los que dicen otras ciencias o científicos es un proceso que muchos teóricos han resaltado desde hace muchos años. Un ejemplo lo tenemos en las palabras del Dr. Gregorio Marañón escritas en el prologo de un libro ya en 1952:  

Dr. Gregorio Marañón
Los hallazgos definitivos no han surgido de una verdad nueva, sino de una ordenación racional de una serie de verdades conocidas y dispersas: racional o causal, porque en este juego de estructuración de datos no sistematizados ocurre como en la solución de los rompecabezas, que unas veces surge del ingenio y otras del puro azar. Lo que no puede faltar nunca es la atención. La atención es en la Ciencia lo que la luz en el cuarto oscuro, que de repente se ilumina y parece que crea lo que, sin embargo, estaba allí y no alcanzábamos a ver.

La cita del Dr. Marañón expresa una realidad que muchas veces no es tenida en cuenta con su verdadera trascendencia. Si seguimos su consejo, tras haber leído numerosa información relativa a diversas ciencias que estudian al ser humano desde puntos de vista diferentes, es el momento de prestar la atención debida a cada una de ellas, con el propósito de analizar su interconexión e intentar agruparlos en un proyecto común. Es decir de elaborar síntesis interdisciplinarias en todos los aspectos que conciernen a su estudio. Por mucho que sean diferentes en sus respectivos enfoques, debe existir un común punto de encuentro, pues no hay que olvidar todas ellas tienen como fin principal al ser humano y a sus manifestaciones socioculturales. Un mismo fin, aunque visto desde parcelas teóricas diferentes. Si en esta confluencia de intereses se apreciasen importantes contradicciones, habría que pensar que alguna determinada teoría, de las disciplinas usadas en estos asuntos, pudiera no ser correcta, pues en la explicación de la realidad humana no pueden coexistir conceptos claramente antagónicos. Tal vez el problema radica en la falta de puntos de enlace, que puedan articular tal disparidad de información.

Articulación de datos y coordinación de todas las ciencias que traten del problema, es fácil de decir y muy complejo de resolver. Quizás este sea el verdadero éxito de Darwin cuando realizó su teoría de la evolución. El inicio de tal andadura científica tuvo sus raíces en diversos autores del siglo XVIII, aunque el arranque definitivo se logró con la publicación de El origen de las especies en 1859 por Charles Darwin (1809-1882), donde pudo explicar su teoría sobre el origen de las diferentes especies que conocemos. En el ambiente cultural de su época ya existían ideas semejantes que intentaban explicar el origen y diversificación de las especies de seres vivos, por medios diferentes a los que la religión hegemónicamente había mantenido durante siglos. Tal es el caso del conde de Bufón, Georges Louis Leclerc (1707-1788); del propio abuelo de Darwin, el médico Erasmus Darwin (1731-1802), y del caballero de Lamarck, Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet (1744-1829). Estos autores, junto con otros menos conocidos, crearon una atmósfera científica que favorecía el conocimiento y el desarrollo de estas nuevas vías explicativas sobre la realidad viviente.

Charles Darwin 
La teoría de la evolución rompió el estancamiento científico que presidía su entorno, siendo el comienzo de una nueva y mejor forma de comprender la propia existencia biológica, que de otra manera sería imposible conocer. Las elocuentes ideas de Darwin estaban en su origen limitadas por el precario desarrollo científico de su tiempo, pues todas sus conclusiones debían adecuarse a los datos que en ese momento tenía a su alcance. La escasez de conocimientos sobre genética y desarrollo embrionario, tenían que limitar forzosamente sus deducciones sobre la forma de producción del cambio morfológico, presentando a la selección natural como la principal guía de los cambios anatómicos que se fueran produciendo. Con estas circunstancias desarrolló su axioma más característico o que más fama ha tenido: “La supervivencia del mejor adaptado o menos malo”. No obstante, admite que existen otros factores en la modificación de las especies (Darwin, 1988: 55), los cuales pueden dar lugar a cambios poco adaptativos. Estos conceptos antagónicos los complementa mediante la idea de que los seres vivos se consideren como sistemas integrales, por lo que una modificación adaptativa puede producir otra no adaptativa por sí sola, pero compensada por la adaptabilidad global del ser vivo. Igualmente, un órgano seleccionado para una función determinada, puede realizar otras funciones para las que no fue seleccionado. Tal proceso, fundamental en la evolución humana, es conocido con el nombre de exaptación.

Sin duda, su trabajo tuvo un amplio carácter interdisciplinario (Biología, Geografía, Demografía, Geología, etc.) como no podía ser de otra manera, aunque limitado por las condiciones teóricas de la ciencia en su época. Supo coordinar todos los datos que se conocían, aunar su propia experiencia del largo viaje en el HMS Beagle, y realizar una teoría coherente con toda la información (interdisciplinaria) que superaba todas las conocidas hasta entonces.

Otros autores, son aún más críticos ante la situación de analizar un problema sin conocer a fondo todos los conocimientos que la ciencia en general posea. En este sentido, Francis Harry Crick (1916-2004), premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962 por su contribución al descubrimiento de la estructura del ADN, expone que la razón no es suficiente para entender nuestra realidad neurológica, teniendo una gran capacidad de autoengañarnos acerca del funcionamiento cerebral en relación con el mundo en el que vivimos y consigo mismo, pues lo que conocemos del cerebro es sólo una pequeña parte de su compleja dimensión. Por tanto, la Filosofía ha sido en gran parte estéril durante más de 2000 años, y probablemente seguirá siéndolo hasta que los filósofos aprendan a entender el lenguaje del proceso de la información (Crick, 1987: 220-228).

Aunque el planteamiento de Crick parece exagerado, no le falta razón, pues estudiar la conducta humana sin conocer el origen y fundamento funcional de nuestro cerebro (Neurología, Psicología, Lingüística, Genética y Biología evolutiva) parece en efecto que es dar golpes de ciego.

Actualmente, el seguir trabajando en cualquier ciencia sin métodos interdisciplinarios es un procedimiento que, por lo menos, va en contra del sentido común que tanto ha caracterizado a los prohombres de ciencia. Insistir en proseguir trabajos mediante métodos académicos que encuentran una fuerte contradicción con los recientes avances de otras disciplinas. Igualmente, parece necesario romper algunas tradiciones académicas en aras de una mayor amplitud científica, que nos pueda ofrecer a nuestras hipótesis fundamentos teóricos mejor elaborados y más fiables. Podemos exponer algunos ejemplos relacionados con la evolución y las formas de enfocarla. Me refiero al concepto de evolución, y a la Psicología evolutiva.

- Del primero, podemos mantenernos totalmente fieles a las idas evolutivas creadas con en Neodarwinismo de principios del siglo pasado. Muchas otras ciencias relacionadas con los procesos evolutivos (Genética, Biología del desarrollo, Epigenética, Paleontología, etc.) han desarrollado muchos criterios evolutivos que ofrecen un punto de vista diferente al elaborado en sus orígenes. Laevolución es un complejo proceso biológico de carácter multifactorial y heterogéneo en su producción, el cual solo puede entenderse, dentro de la limitación del conocimiento científico actual, con la utilización de los recientes avances teóricos de todas las ciencias que pueden relacionarse con ella.

- Del segundo, parece aún más obvia su parcelada utilización multidisciplinaria. La utilización de formas evolutivas clásicas como fundamento del desarrollo cognitivo humano, pudo tener visos de coherencia en el siglo pasado, pero actualmente su falta de ajuste teórico con otras ciencias le quitan mucha credibilidad. Cierto que algunos autores, como Robert Kurzban (2010), han tratado de adecuar el clásico modelo de los “módulos cerebrales” de la Psicología evolucionista a conceptos más de acorde con la Neurología actual. Así, un módulo funcional no sería una zona aislada del cerebro, sino un mecanismo neurológico de procesamiento de información que nos permite resolver un problema concreto. Se habla más de función que de estructura neurológica. Hay que evitar pensar en el módulo como algo localizado en un lugar del cerebro, es decir, un nódulo de células en una región del cerebro. Un módulo puede ser algo muy extendido por el cerebro, un circuito extenso que realice una función.

El problema sería conocer el carácter evolutivo, que confiere al cerebro ciertas características, de la creación de este nuevo concepto de módulo. Sabemos por la Neurología que muchas funciones cognitivas tienen en su funcionamiento áreas comunes de activación, y que la definitiva estructuración funcional del cerebro (mielinización, periodo crítico, plasticidad neurológica, asimetrías cerebrales, etc.) tiene un claro fundamento genético altamente influenciable por las características del medio ambiente en el que nace (inmaduro durante años), destacando en importancia al lenguaje. Es difícil de creer que cada uno de los aspectos cognitivos humanos haya evolucionado por separado, de forma independiente y creando unos circuitos cerebrales que, al proporcionar una ventaja selectiva (Darwin apuntaba que la selección es del individuo, no de un carácter en particular) se propagaba y quedaba impreso genéticamente.



Mi sentido común, puede que el de otros sea diferente, me aconseja estudiar la evolución (clave de todo estudio humano de cualquier signo) con los criterios de un proceso multifactorial (aún no del todo conocido), y a la conducta humana dentro de una amplia interdisciplinariedad. Si para eso tengo que romper moldes académicos, pues los romperé, de hecho ya lo he intentado, evidentemente con poca fortuna.

* CRICK, F. H. (1987): Reflexiones en torno al cerebro. En El cerebro. Libros de Investigación y Ciencia, Ciencia Científica, Barcelona.
* DARWIN, CH. (1988): El origen de las especies. Espasa-Calpe. Austral. Madrid.
* KURZBAN, R. (2010): Why everyone (else) is a hypocrite. Evolution and the Modular Mind. Princeton University Press.
* MARAÑÓN, G. (1952): Prólogo del libro de E. Muñoz y A. Mundo: El bazo y sus funciones. Universidad de Granada.

viernes, 28 de abril de 2017

La exaptación cognitiva

El término de exaptación proviene de la Biología evolutiva con un significado preciso pero a la vez ambiguo. Se conoce como exaptación a la estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación en unas determinadas condiciones. Con posterioridad, y una vez que ya está consolidada (generalmente, varios millones de años después) comienza a ser utilizado y perfeccionado para otra finalidad, en ocasiones no relacionada en absoluto con su "propósito" original. Al analizar la conducta en la prehistoria vemos que la neuroevolución no parece estar encaminada a la creación de las altas capacidades cognitivas que configuran nuestra conducta (lenguaje, escritura, simbolismos de todo tipo, etc.), pero sí para la recogida y procesamiento del la información que se puede adquirir de la observación del medio ambiente, lo que nos pone en el camino de los conceptos evolutivos de la exaptación (Gould y Lewontin, 1984; Schlaug et al. 1994), pero dentro de los parámetros de la cognición humana.


La Arqueología ha seguido las formas más tradicionales del darwinismo, es decir, cualquier mutación que produzca un cambio anatómico debe de ser promovido o conservado por la selección natural, al tener una mejora conductual o, por lo menos, ser en principio neutro. Así, en cada cambio anatómico o conductual siempre se buscan las ventajas que pudieron favorecer su perduración. Puede que uno de sus principales inconvenientes de esta forma de ver a la evolución es el carácter independiente de cada uno de estos cambios genéticos, ofreciendo un panorama teórico de múltiples mutaciones que no se corresponde con los datos actuales de la genética humana evolutiva (Psicología en Arqueología). Pero tal explicación es muy cómoda, todo el mundo la entiende, se puede explicar en pocos minutos y parece que con ella todos estaríamos contentos y satisfechos. El problema puede ser que tal explicación, que en líneas generales y sin profundizar mucho es cierta, no explica toda la realidad que en la actualidad se está conociendo.

En los intentos de establecer una correlación entre las capacidades cognitivas humanas y los datos arqueológicos (conducta), Colin Renfrew descubre lo que ha denominado como sapient paradox. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace más de 100.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico y complejo) no aparecen hasta fechas que sitúa sobre el 60.000 BP (p.e. en África en Bomblos), pero las conductas propias de nuestro sabio cerebro no se establecieron hasta mucho después de forma definitiva hasta el inicio del Paleolítico superior (40.000 BP. en Europa). Con estas consideraciones arqueológicas las conductas con un complejo simbolismo (religión, lenguaje, arte, etc.) se ven más como trayectorias de un desarrollo cultural que como consecuencia de una innata capacidad biológica producida por una específica mutación. 


Hay que pensar que los cambios conductuales que se aprecian en el inicio de las culturas del Paleolítico superior puedan considerarse como fenómenos de exaptación cognitiva, es decir, la evolución neurológica comienza a ser utilizada para otras finalidades, que no parecían en absoluto ser la finalidad de los primeros cambios neuroevolutivos. Por mucho que le demos vueltas, cuando el cerebro humano alcanzó las características anatómicas y fisiológicas modernas (inicio del Homo sapiens) se puede discutir hasta la saciedad si fue creado para tener un lenguaje, pero no puede admitirse que evolucionó para desarrollar el simbolismo general (escritura, religioso, matemático o numérico, social, cultural, etc.). Todas estas cosas son las que hemos denominado como emergencias conductuales o cognitivas (Renfrew, 2008). Su desarrollo depende de las características cognitivas humanas (evolucionadas como potencialidades a desarrollar) y del medio ambiente en el que se va a vivir, lo que se ha estudiado como nicho: los nichos ecológicos (Tomasello, 1999), cognitivo (Pinker, 2010), cultural (Boyd et al. 2011) o cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011).

- BOYD, R.; RICHERSON, P. J. y HENRICH, J. (2011): “The cultural niche: Why social learning is essential for human adaptation” PNAS 108 suppl 2: 10918-10925.
- Gould, S. J. y Lewontin, R. C. (1984): “The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: A critique of the adaptationist programme”, pp. 252-270. En E. Sober (ed.), Conceptual Issues in Evolutionary Biology: An Anthology. Bradford Book. Cambridge (Mass.).
- PINKER, S. (2010): “The cognitive niche: Coevolution of intelligence, sociality, and language”. Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 107, suppl. 2: 8993–8999.
- TOMASELLO, M. (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.
- Schlaug G.; Knorr, U. y Seitz R. J. (1994): Inter-subject variability of cerebral activations in acquiring a motor skill. A study with positron emission tomography. Experimental Brain Research, 98: 523-534.