martes, 6 de marzo de 2018

¿Qué es la autoconciencia?


El concepto autoconciencia hace referencia a un proceso recursivo de la conciencia, es decir, conciencia constante de tener conciencia. Para su descripción he recogido diversas definiciones:

- El estado mental en el que se tiene conocimiento de la propia existencia (uno se siente a sí mismo) y de la existencia del entorno (físico, biológico y cognitivo) (Damasio, 2010), pero tal definición conlleva una gran subjetividad (Tirapu-Ustárroz y Goñi-Sáez, 2016).

- La capacidad global que nos proporciona un saber acerca de nosotros mismos y de nuestra situación en el mundo (Álvarez Munárriz, 2005).

- El reconocimiento del yo y de su pensamiento (Mora, 2002).

A estas definiciones puramente racionales habría que añadir un componente emocional, pues ambos procesos cognitivos son inseparables (Mora, 2001; Goodwin, 2004; Ramírez Goicoechea, 2005; Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Damasio, 2010; Tirapu-Ustárroz y Goñi-Sáez, 2016). Pero  las definiciones no nos aclaran mucho sobre su origen, características y desarrollo.


Sin duda, la autoconciencia humana en un proceso que se gestó en el paleolítico, indudablemente con una base de evolución biológica (evolución cerebral) y un medio ambiente adecuado para la estructuración funcional de ese cerebro. Desde la limitada conducta del Homo habilis a la que presentaba el Homo sapiens en el Paleolítico superior hay una enorme diferencia en su conducta, que no puede explicarse solamente con fenómenos de simple adaptación a medios más o menos hostiles. Sin embargo siempre nos surge la siguiente pregunat:

¿Es la autoconciencia una facultad heredada que siempre se manifiesta en nuestra especie, o corresponde a una capacidad evolutivamente adquirida, que se desarrolla gracias a la influencia del ambiente social y cultural en el que nacemos y vivimos?  

La Arqueología indica que no existe un paralelismo entre la evolución anatómica y la cognitiva, yendo la segunda por detrás de los logros de la primera. Todo parece indicar su aparición depende primero de las capacidades neurológicas y cognitivas evolutivamente adquiridas, y segundo de las particularidades medioambientales en las que se vive. Ambos procesos (biológicos y medioambientales) con un desarrollo adecuado y mutua interrelación, van a dar lugar a nuestra conciencia reflexiva. Sin un ambiente adecuado tal propiedad cognitiva no se manifiesta, o lo hace de forma inadecuada. Podríamos definirla, a pesar de la importante controversia que existe al respecto, como el conocimiento subjetivo que tenemos sobre nuestros propios procesos mentales, de la información que recibimos, de los actos que realizamos y de nuestra relación con los demás. Por tanto, la conciencia reflexiva o autoconciencia corresponde a una capacidad cognitiva, con cierto carácter innato en función de su posibilidad de desarrollo, que para que se manifieste en la conducta es necesario una estimulación y aprendizaje adecuados, por medio de un entorno sociocultural concreto. De esta concepción aparece el concepto de emergencia conductual.

Actualmente, son muchos los autores que están de acuerdo que tal proceso es una propiedad emergente del cerebro. El concepto parece nuevo, aunque tiene relación con la concepción de exaptación evolutiva, pues se basa en el mismo principio, aunque con enfoques diferentes (psicológicos y evolutivos). El profesor de Filosofía John R. Searle, en su libro “El misterio de la conciencia” ofrece una definición muy precisa (2000):

Una propiedad emergente de un sistema es una propiedad que se puede explicar causalmente por la conducta de los elementos del sistema; pero no es una propiedad de ninguno de los elementos individuales, y no puede explicar simplemente como un agregado de las propiedades de estos elementos. La liquidez del agua es un buen ejemplo: la conducta de las moléculas de H2O explica la liquidez, pero las moléculas individuales no son líquidas.

La conciencia reflexiva es pues una propiedad emergente de la conducta (Álvarez Munárriz, 2005; Mora, 2001), resultante de la unificación funcional de otras capacidades cognitivas no bien estudiadas en su conjunto, y que por sí solas no explican tal propiedad, pero la suma funcional de ellas daría lugar a las propiedades de autoconciencia humana (Edelman y Tononi, 2000; Mora, 2001). El desarrollo de la conciencia reflexiva se producirá cuando las capacidades cognitivas lo permitan, y las características del medio ambiente sean las adecuadas. Si en la actualidad tales condiciones parecen obvias, en la prehistoria adquieren un protagonismo esencial. Las primeras van apareciendo con la evolución física, mientras que las segundas hay que crearlas, teniendo un desarrollo propio y diferente a la evolución neurológica.  


Organización cognitiva de la autoconciencia

De una forma resumida puede establecerse que la autoconciencia es una emergencia cognitiva producida por la funcionalidad cerebral, la cual depende a su vez de cuatro procesos que interaccionan conjuntamente en el tiempo (evolutivo, ontológico e histórico):

- Aumento evolutivo del cerebro humano, lo que en definitiva va a producir las capacidades cognitivas (en criterios de posibilidades a desarrollar) que posibilitaran todo el proceso. Aumento de las áreas corticales asociativas (superficie y posibilidades de interconexión). Aumento y amplia interrelación de las áreas encargadas de procesar la información adquirida (Lóbulo prefrontal, Precúneo y Claustrum).

- Desarrollo de la conciencia central o del sí mismo centrada en la personalidad y de la teoría de la mente (Damasio, 2010). Tendría un carácter innato, pero requiere de la interacción entre los elementos sociales del grupo, por lo que una anómala separación social impediría su correcto desarrollo.

- Creación social de una conciencia autobiográfica centrada en la individualidad social y personal. Se precisa un desarrollo social, tecnológico (división de quehaceres), cultural, logístico, simbólico, etc.

- Desarrollo del lenguaje, como elemento que va a cohesionar, organizar y desarrollar todo lo anterior (lenguaje interno) mediante sus características gramaticales deducidas de la simbolización de la acción, (Rivera y Rivera, 2009). El uso organizado y centrado en la individualidad va a producir una emergencia cognitiva constante de carácter funcional gracias a los circuitos neuronales de reentrada, retroalimentación, recursivos y reverberantes. Al durar más que el tiempo de la estimulación, pueden producirse fenómenos de conciencia de su propio pensamiento o sentimiento (Humphrey, 1995).

CONCLUSIONES

Todo proceso psicobiológico debe de verse a través de la evolución, pues este complejo mecanismo de cambio y desarrollo morfológico es el que va a producir las características del desarrollo de las capacidades cognitivas. Sin embargo, la evolución neurológica y cognitiva se producen mediante procesos diferentes, aunque con una trascendente interrelación entre ambas. En el estudio de la filogenia y ontogenia de nuestro desarrollo cognitivo pocas veces se ha analizado con la interrelación que se merecen, pues casi todos los estudios cognitivos se han realizado con nuestras características actuales ya desarrolladas y, sobre todo, en nuestra madurez psicobiológica. El estudio del desarrollo ontológico muchas veces se obviaba, al considerarlo como un desarrollo marcado por la genética dentro de un medio ambiente genérico y con una influencia en la estructuración neurológica muy poco definida y menos estudiada. El concepto de nicho cognitivo-cultural y su acción sobre un cerebro altamente especializado en procesar la información que le llega, deberían de ser las pautas de todo estudio psicobiológico humano. Las diversas orientaciones científicas que pueden utilizarse en su estudio ha sido uno de los principales obstáculos en la realización de adecuados análisis. Por tanto, la interdisciplinariedad en el estudio de la cognición humana, y la transdisciplinariedad en lo referente a la autoconciencia son metodologías de obligado cumplimiento, lo que dificulta mucho su realización.

Con el análisis transdisciplinario realizado se ha llegado a una compresión del problema que, sin ser exhaustivo, nos permite mejorar sustancialmente su compresión. Hemos visto que la autoconciencia es una organización cognitiva mediada por las características del medio ambiente (socialización, simbolismo, lenguaje, etc.), el cual, a lo largo de la historia de nuestro linaje y de forma irregular (en el tiempo y el espacio), ha ido conformando un nicho cognitivo-cultural imprescindible para el desarrollo cognitivo adecuado. Este medio ambiente especial actuaría sobre una base neurológica altamente indiferenciada (aumento cuantitativo del córtex), consecuencia de una evolución mediada por los genes reguladores u Hox (Florio et al. 2015). En definitiva, es dentro de un cerebro exaptativo y coevolucionado en sus aspectos morfológicos y cognitivos, cuando las características del nicho cognitivo-cultural alcanzaran unos niveles adecuados, se produciría la emergencia de una nueva capacidad cognitiva: la autoconciencia.

Este tema tan complejo lo he desarrollado y publicado en la revista LUDUS VITALIS, cuyo texto puede leerse libremente en la dirección indicada:




- Álvarez Munárriz, L. (2005), “La conciencia humana”. En Álvarez Munárriz, Luis y Couceiro Domínguez, Enrique (coords.): La conciencia humana: perspectiva cultural. Barcelona. Anthropos.
- Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008), “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Damasio, A. (2010), Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino
- Edelman, G. M., y Tononi, G. (2000): Un Universe of Consciousness. Basic Books, New York.
- Florio, M.; Albert, M.; Taverna, E.; Namba, T.; Brandl, H.; Lewitus, E.; Haffner, Ch.; Sykes, A.; Kuan Wong, F.; Peters, J.; Guhr, E.; Klemroth, S.; Prüfer, K.; Kelso, J.; Naumann, R.; Nüsslein, I.; Dahl, A.; Robert Lachmann, Pääbo, S. y Huttner W. B. (2015), “Human-specific gene ARHGAP11B promotes basal progenitor amplification and neocortex expansion”. Science, 347 (6229): 1465-1470.  
- Humphrey, N. (1995), Una historia de la mente. La evolución y el nacimiento de la conciencia. Barcelona. Gedisa.
- Goodwin, B. (2004), “En las sombras de la cultura”. En J. Brockman (ed.): Los próximos cincuenta años. Barcelona, Kairós.
- Mora, F. (2001), El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
- Mora, F. (2002), Cómo funciona el cerebro. Madrid. Alianza.
- Ramírez-Goicoechea, E. (2005), “Orígenes complejos de la conciencia: hominización y humanización”, en L. Álvarez Munárriz (ed.), La conciencia humana: perspectiva cultural. Barcelona. Anthropos, pp: 93-135.
- Rivera, A. y Rivera, S. (2009), “Origen del lenguaje: un enfoque multidisciplinar”. Ludus Vitalis, vol. XVII, núm. 31, pp. 103-141.
- Searle, J. R. (2000): El misterio de la conciencia. Paidos. Barcelona.
- Tirapu-Ustárroz, J. y Goñi-Sáez, F. (2016), “El problema cerebro-mente (II): sobre la conciencia”. Revista de Neurología; 63 (4): 176-185. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Interdisciplina y transdisciplina en Psicobiología

El desarrollo de la ciencia a través de los siglos de su existencia ha producido notables avances en la compresión del mundo en que vivimos y de nuestra relación con él. Sin embargo, también ha desarrollado una importante parcelación y fragmentación del conocimiento, es decir, la formación de numerosas disciplinas particulares y su consiguiente hiperespecialización. Esta parcelación, que en principio fue necesaria para poder profundizar en sus cometidos, con cierta posteridad se ha visto como fuente de algunos problemas del desarrollo científico, pues produce cierta limitación en el conocimiento complejo de la realidad estudiada. La principal causa de este problema es su incapacidad para comprender las complejas realidades del mundo, pues estas se distinguen por la multiplicidad de las relaciones e interconexiones entre las diversas disciplinas que analizan cualquier problema con características comunes. Lo que en principio parecía ser lo más fundamental (creación y desarrollo de diversas disciplinas científicas), con el tiempo y su desarrollo se manifestaron como las causantes de un problema de compleja solución: la excesiva y aislada parcelación científica nos ocultaba que la realidad es la suma de toda ellas (Martínez Miguélez, 2012).

Como es lógico, las ciencias sociales, históricas y psicobiológicas se suman plenamente a estas características de hiperespecialización. Las ciencias dedicadas al estudio de la conducta humana (Neurología, Psicología, Lingüística, Biología evolutiva, Antropología social, etc.) se han inhibido de su estudio en los periodos de la formación del género Homo, o lo han hecho de forma esporádica o limitada, dejando este quehacer a las disciplinas creadas a propósito (Arqueología, Prehistoria y Paleoantropología), las cuales comenzaron su andadura científica partiendo prácticamente de la nada y con un importante aislamiento de las ya desarrolladas. Sin embargo, la gran complejidad del estudio de la evolución cognitiva y cultural del género Homo requiere el apoyo de todas las ciencias que puedan aportar algo en su análisis. Así lo han entendido la mayoría de los que se dedican a estas tareas, siendo constante la unión de los criterios arqueológicos con los propios de otras ciencias (Paleontología, Paleoclimatología, Paleoneurología, Biología evolutiva, Genética, Geología, Física y Química, etc.). Con esta agrupación científica podemos estudiar los datos que nos aportan los yacimientos, es decir, en qué consiste la información, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo. No obstante, existen otras cuestiones sobre las que muy poco se ha intentado trabajar. Nos referimos a las preguntas del porqué esos datos arqueológicos aparecieron en ese lugar y momento, y cómo se crearon. La intromisión de las actuales ciencias relacionadas con la conducta debe de contemplarse como una necesidad, más que como un aporte esporádico u ocasional en el análisis de nuestra conducta en el pasado.


Relaciones disciplinares


La complejidad de todos los estudios relacionados con los seres humanos en todas sus épocas de existencia, donde la evolución cognitiva y cultural del género Homo es una constante irregular en el tiempo y en el espacio, requiere el apoyo de todas las ciencias que puedan aportar algo en su análisis. Sin embargo, las relaciones que existen entre las diversas ciencias aplicadas pueden ser muy complejas (Osborne, 2015). Actualmente, hay cierta tendencia a intentar analizar las características de sus relaciones, lo que se ha llegado, más de forma didáctica que real, a una agrupación en tres grandes apartados:

I.- Multidisciplina. Se considerado como una mezcla no integradora de varias disciplinas en la que cada una de ellas conserva sus formas, métodos y teorías sin cambio o desarrollo de ninguna de ellas. En este contexto, puede darse el caso de que las teorías de alguna de las ciencias usadas estén en disonancia con las conclusiones de otra, pues no se intenta realizar ninguna síntesis teórica. Los profesionales implicados en una tarea multidisciplinar adoptan relaciones de colaboración con objetivos comunes, pero su fin no incluye una correcta adaptación de todas ellas. 

Un buen ejemplo lo tenemos en diversos libros en los que diversos autores exponen sus teorías y estudios sobre la creación y/o evolución de la cognición humana (Andrew and Charles, 1996; Beaune, Coolidge and Wynn, 2009; Van Der Henst et Mercier, 2009; Treuil, 2011), sin que exista una coordinación teórica encaminada a la busca de unas conclusiones comunes. En general, todos los estudios sobre la conducta humana en el pasado son multidisciplinarios, siendo las conclusiones independientes. Aunque tales trabajos son muy interesantes, pues nos ofrecen diversas teorías y opiniones sobre problemas concretos, nos indica la necesidad de avanzar en el desarrollo y utilización de nuevas formas de trabajo que nos permitan alcanzar resultados mínimamente coordinados, pues con ello se lograría el desarrollo de una crítica constructiva y la creación de conclusiones con mejores bases teóricas.

II.- Interdisciplina. Este concepto va más allá de la multidisciplina, pues intenta una búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado (Piaget, Mackenzie y Lazarsfeld, 1973). Las ciencias (parcelación teórica humana para facilitar el estudio de los procesos) solo explican una parte de los mismos, lo que nos engaña en la compresión de la realidad.

Este segundo método de análisis es mucho más difícil de desarrollar que el anterior, pero sus logros pueden superar ampliamente a las simples formas multidisciplinares. No obstante, parece necesario pasar antes por la primera etapa, pues presupone adquirir las nociones pertenecientes a otros ámbitos científicos, lo que es imprescindible para cualquier realización operativa de carácter interdisciplinar. 

En función de las definiciones de multidisciplina e interdisciplina parece que existe cierta conexión dinámica ente ellas, pues la segunda sería una formación de la primera pero con ciertas condiciones (coordinación teórica y amplitud adecuada en la elección de sus componentes). La ciencia es un proceso en continuo cambio, tanto es así que lo que hoy se considera interdisciplinario, en un futuro próximo puede ser conceptuado como una compleja disciplina.



III.- Dentro de este dinamismo teórico el desarrollo de la interdisciplina llegaría a la creación de transdisciplina, concebida como un principio para la unidad del conocimiento más allá de las disciplinas. La interdisciplina desborda las formas y métodos de las disciplinas utilizadas, pero sus objetivos aún permanecen en el seno de la trama de las investigaciones disciplinares. Sin embargo, la transdisciplina implica aquello que está al mismo tiempo entre y a través de las diferentes disciplinas, llegando más allá de cada disciplina individual. Implica una dinámica engendrada por la acción de varios niveles de la realidad a un mismo tiempo. Con este enfoque todo objeto de estudio o actividad humana no se compartimenta dentro de una disciplina determinada, sino que se asume su naturaleza plural que abarca a diferentes ramas científicas, siendo necesaria la exploración de todas ellas, con la intención de vencer todas las trabas convencionales y alcanzar un mejor conocimiento de nuestro mundo. En ella podemos ver ciertas características que la definen:

* Se trataría de un conocimiento superior y emergente, consecuencia de la coordinación teórica de diversas ciencias relacionadas con los temas en estudio. Esto nos permite cruzar los linderos de diferentes áreas del conocimiento disciplinar y crear imágenes de la realidad más completas, más integradas y, por consiguiente, mejor fundamentadas. En esta relación científica no le basta la relación cuantitativo-aditiva y ni siquiera es suficiente la lógica deductiva, ya que aparece una nueva realidad emergente que no existía antes, y sus propiedades no se pueden deducir de las premisas anteriores. Estas cualidades no están en los elementos sino que aparecen por las relaciones que se dan entre los elementos (Martínez Miguélez, 2012).


* Se genera al descubrir nuevos objetos de estudio que no pueden ser estudiados desde una perspectiva disciplinaria, ya sea multidisciplina y/o transdisciplina, produciendo nuevos métodos, formas y conclusiones (Zavala, 2010).

* Es un conocimiento que surge de un contexto de aplicación concreto, con sus propias estructuras teóricas, métodos de investigación y modos de práctica (Gibbons et al. 1994; Osborne, 2015). Intenta resolver problemas reales de forma razonada, ante los cuales las disciplinas son muchas veces insuficientes (Rosenau, 1992).

* Tiende a estar en permanente reestructuración y autoanálisis, adaptándose a las condiciones que provocan la necesidad de crear conocimientos específicos (Klein, 1996).

Estos tres formas de coordinación disciplinar estarían relacionadas entre sí por el dinamismo teórico propio de la ciencia, es decir, por la necesidad de lograr formas metodológicas de estudio que superen los límites anteriores de estudio y comprensión del mundo que nos rodea, ya sea del presente como del pasado. Sin embargo, sus metas y formas son diferentes, pues los estudios multidisciplinares son simplemente aditivos, los interdisciplinares son interactivos y los transdisciplinar son holísticos. Con estos significados específicos, estos términos no deben utilizarse de manera intercambiable, pues cada uno tiene sus propias particularidades (Choi and Pak, 2006). 

Problemas de realización

Como es lógico, según vamos avanzando en este dinamismo teórico sobre la utilización de diversas ciencias, más problemas nos encontramos para su uso como método de estudio. Dentro de todas las ciencias relacionadas con el estudio de la conducta humana tenemos un desarrollo muy irregular, donde destacan los estudios multidisciplinarios y, con menor desarrollo y amplitud teórica los interdisciplinarios, escaseando los puramente transdisciplinarios. La causa de esta limitación se debe a las complejas particularidades de su realización, organización y difusión, lo que hace que la mayoría de las veces se quede simplemente en unas buenas intenciones. Analizaremos brevemente estas dificultades.

-  Realización. Si la multidisciplina solo exige la utilización de diversas ciencias sin conexión entre ellas, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad son mucho más exigentes, pues hay que elegir aquellas ciencias que más se relacionen con el tema de estudio y que mejor puedan explicarlo, ya sea de forma interactiva u holística. En este contexto, se nos presentan varios problemas de muy compleja solución: la creación del equipo multidisciplinar, y la elección de las ciencias a utilizar. 

* Formación del equipo. La organización de un equipo interdisciplinario y/o transdisciplinar supone un importante reto, pues los métodos, objetivos y elementos de estudio de las disciplinas que lo vayan a constituir, al ser diferentes, hacen muy compleja su interrelación doctrinal. Ni el prehistoriador suele conocer los fundamentos psicobiológicos del ser humano relacionados con la conducta, ni los psicólogos y neurólogos conocen la realidad conductual de los homínidos del paleolítico. Sin un mínimo conocimiento de estas disciplinas es muy difícil la armonización de sus contenidos, hecho que facilitaría el desarrollo de teorías mejor fundamentadas. Esto nos lleva muy lejos, pues implicaría la necesidad de cierto conocimiento sobre las ciencias que van a formar cualquier estudio con formas más complejas que la simple multidisciplinariedad, lo que muy pocas veces se cumple por la enorme complejidad académica que conlleva. 

Los problemas de su realización comienzan con la propia creación y dirección de estos equipos interdisciplinares. En los medios arqueológicos generalmente la organización recae en el arqueólogo que vaya a dirigir la excavación o el estudio a realizar (Arrizabalaga e Iriarte, 2006), prevaleciendo en su elaboración y organización el criterio de su formación académica y tradición arqueológica, lo que ya indica unos límites y costumbres. Esta situación explica la limitada asociación interdisciplinar que se aprecia en los autores que se han distinguido por su trabajo dentro de la Arqueología cognitiva. Lo más frecuente es que se cuente con la asociación de un psicólogo para la elaboración de sus teorías (Noble and Davidson, 1996; Coolidge and Wynn, 2011), elijan una teoría psicológica como soporte básico de sus estudios (Mithen, 1996), se apoyen plenamente es los actuales postulados de las neurociencias (Renfrew, 1993, 2008; Malafouris, 2013) o, lo que sin duda menos frecuente, la dedicación de psicólogos o neurocientíficos que estudien la cognición en el pasado (Donald, 1991).

* Elección de las disciplinas y/o especialistas. Las cualidades holísticas del estudio de la conducta en el pasado nos obliga a intentar realizar estudios transdisciplinares o como mínimo ampliamente interdisciplinares. Su desarrollo implica un gran problema teórico y práctico, pues requiere dos condiciones imprescindibles. Primero, usar el mayor número de ciencias, o al menos las más importantes (entraña cierta subjetividad en cualquier elección). Segundo; que los postulados de estas ciencias estén coordinadas, tanto que no existan conceptos antagónicos entre ellas.Esto obliga a escoger las corrientes teóricas adecuadas. Estarían enfocadas en los estudios del cómo y el porqué del origen y los cambios conductuales en el momento y lugar que los datos arqueológicos nos indiquen. Sin ánimo de ser exhaustivo creo que tal estudio debe comprender todas las disciplinas relacionadas directa o indirectamente con la conducta humana, las cuales se han agrupado en tres grandes grupos:

A.- Evolución humana (neuroevolución): Biología evolutiva, Genética, Embriología. Paleoneurología. 
B.- Fisiología psiconeurológica: Neurología, Psicología y Lingüística (psicolingüística).
C.- Su relación con el medio en el pasado: Arqueología y Paleoantropología social.



- Difusión. Otro problema que dificultaría su realización radica en la propia parcelación metodológica que existe (muchas veces con un grado enorme de aislamiento científico), pues impide comprender con detenimiento las conclusiones de tales estudios interdisciplinares y/o transdisciplinares. Quién no tenga el mínimo conocimiento sobre las ciencias que forman esta interdisciplinariedad tendría grandes dificultades para entender sus conclusiones, por lo que las ignoraría o les prestaría poca atención. Si los centros académicos tampoco ponen los medios para que todos los que pasen por sus competencias científicas tengan la capacidad doctrinal para comprender la utilidad de su uso, es muy difícil que los autores que componen cualquier comunidad científica se interesen por los problemas tratados por medio de estas formas metodológicas, pues básicamente no lo entienden. 


Consecuentemente, si no hay demanda académica es prácticamente imposible que se desarrolle cierto interés social, quedando marginados sus postulados y conclusiones.

- Andrew, L. and Charles, R. P. (Ed.) (1996): Editorial introduction to Part III: “Ontogeny: symbolic development and symbolic evolution”. In Handbook of Human Symbolic Evolution. Clarendon Press. Oxford.
- Arrizabalaga, A. e Iriarte M. J. (2006): “El Castelperroniense y otros complejos de transición entre el Paleolítico medio y el superior en la Cornisa Cantábrica: algunas reflexiones”. Zona arqueológica, 7, (1): 359-370.
- Beaune, Sophie de; Coolidge, Frederick and Wynn, Thomas, eds. (2009): Cognitive Archaeology and Human Evolution. Cambridge. Cambridge University Press. 
- Choi, B. C. and Pak, A. W. (2006): “Multidisciplinarity, interdisciplinarity and transdisciplinarity in health research, services, education and policy: 1. Definitions, objectives, and evidence of effectiveness”. Clin Invest Med.29(6):351-64. 
- Coolidge, F. L. and Wynn, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology. 
- Donald, M. (1991): Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition. Harvard University. 
- Gibbons M, Limoges C, Nowotny H, et al. (1994): La Nueva Producción del Conocimiento: La dinámica de la ciencia y la investigación en las sociedades contemporáneas, Londres: SAGE. 
- Klein, J. T. (1996): Crossing Boundaries. Knowledge, Disciplinarities, and Interdisciplinarities. Charlottesville, U. Press of Virginia. 
- Malafouris, L. (2013): How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge.
- Martínez Miguélez, M. (2012): “Conceptualización de la transdisciplinariedad”, Polis 16|2007, DOI: 10.4000/polis.4623.
- Mithen, S. (1996): The Prehistory of the Mind: The Cognitive Origins of Art, Religion and Science. London: Thames and Hudson.
- Noble, W. and Davidson, I. (1996): Human Evolution, Language and Mind. Cambridge: Cambridge University Press.
- Osborne, P. (2015): “Problematizing Disciplinarity, Transdisciplinary Problematics”. Theory Culture & Society; 32(5-6): 3–35.
- Piaget, J.; Mackenzie, W. J. M. and Lazarsfeld, P. F. (1973): Tendencias de la investigación en ciencias sociales. Madrid: Alianza.
- Renfrew, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rosenau, P. M. (1992): Post-Modernism and the Social Sciences. Princeton UP.
- Treuil, R. (ed.) (2011): Archéologie cognitive: Techniques, modes de communication, mentalités. Maison des Sciences de l'Homme. Paris.
- Van Der Henst, J.-B. et Mercier, H. (eds.) (2009): Darwin en tête!: L'évolution et les sciences cognitives. Presses universitaires de Grenoble. 
- Zavala, L. (2010): “Transdisciplinariedad. Principios Generales”. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

martes, 12 de septiembre de 2017

Evolución y Psicología humana

La forma en que se ha producido la evolución del cerebro es trascendental para la compresión de nuestro comportamiento del pasado, presente y futuro. De entre las ciencias directamente relacionadas con el estudio de la conducta la Psicología es la más implicada en su análisis. Sin embargo, como en todas las ciencias sociales, su comienzo y desarrollo se tuvo que realizar sin que existiera la más mínima indicación de cómo hacerlo. Su investigación sólo pudo comenzarse por medio de la propia introspección de los psicólogos, o de la interpretación que se ha dado de la conducta observada en los pacientes, sin poder tener una correlación neurológica que lo corroborara. Estos métodos contienen una importante subjetividad, tan clara que diversos autores opinan que la razón no es suficiente para entender nuestra realidad neurológica y psicológica, teniendo una gran capacidad de autoengañarnos sobre el funcionamiento cerebral en relación con el mundo en el que vivimos y consigo mismo, pues lo que conocemos del cerebro es sólo una pequeña parte de su compleja dimensión (Francis Harry Crick, 1987). Por tanto, la Psicología tendrá un desarrollo muy limitado hasta que se aprenda a entender el lenguaje del proceso de la información, a lo que añado la necesidad de tener un modelo de evolución neurológica que explique interdisciplinarmente los datos que la Neurología y la Psicología nos aportan.

Francis Harry Crick
* El mayor conocimiento que en la actualidad se está adquiriendo sobre los mecanismos de producción de los cambios evolutivos, como son la acción de la Embriología, los genes reguladores, el ADN basura, la Epigenética, y otros que aún solo intuimos (Evolución neurológica. Un enfoque interdisciplionario). La utilización o no tales mecanismos ofrece diferentes características psicobiológicas sobre las que van a poder desarrollarse las formas conductuales humanas.

* Las propias características de la Psicología como ciencia. Su tardía creación como ciencia moderna hace que sus pilares doctrinales básicos estén condicionados a estudios muy recientes, siendo limitada su correlación con la Neurología. Esta situación ha facilitado la perduración de diversas teorías, a veces opuestas en sus fundamentos (p.e. Psicología conductista, evolucionista y cognitiva).

El problema, dentro de la Arqueología o del estudio evolutivo de nuestra conducta, aparece el problema de qué teoría psicológica usar. Con los medios en exclusiva de la metodología psicológica es muy difícil realizar tal elección, pues no existen suficientes criterios en su disciplina que otorgue mayor credibilidad a una u otra tendencia teórica. En el inicio de la Psicología, y ante esta orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente “constructos o conceptos no observacionales” para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

Por otro lado, la Neurología aún no puede ofrecer modelos ampliamente consensuados y delimitados que puedan explicar el soporte neurológico de los proceso cognitivos conocidos. En la actualidad, sólo podemos relacionar ciertas áreas corticales con diversas funciones cognitivas, pero de una forma poco exacta, pues se basan en experiencias observadas en lesiones neurológicas (traumatismos, cirugía, estimulación directa, etc.) y en las modernas pruebas funcionales de imagen neurológicas. En general se aprecia una funcionalidad global o multifocal que limitada a áreas concretas, aunque la impresión que nos ofrecen es que aún queda mucho que avanzar en este campo antes de poder relacionar procesos cognitivos funcionales con actividad neuronal precisa y concreta.

Sin embargo, algo si se ha avanzado, pues las tendencias psicológicas de mayor implantación social y académica explican la conducta humana bajo los aspectos evolutivos, cognitivos y de procesando la información externa y/o almacenada, aunque en la forma de realizarlo existan importantes discrepancias. El principal motivo de polémica se centra en el diferente protagonismo que en el desarrollo conductual tienen la herencia genética y el medio ambiente, pues mientras unos otorgan una mayor predominancia a la base genética (Psicología Evolucionista), otros opinan que en medio ambiente tiene un carácter más trascendente (Psicología cognitiva: Procesamiento de la información). Estudiaremos brevemente las dos.

A.- La Psicología evolucionista.
La Psicología evolucionista (Evolutionary Psicology) aboga por que el aprendizaje de las actividades humanas (succionar la leche materna, hablar y entender un idioma, la caza, la recolección de vegetales, situaciones sociales, etc.) no pueda realizarse por la simple experiencia, siendo precisa que haya contenidos innatos preexistentes para que tal proceso de aprendizaje pueda tener lugar.

Como puede verse se basa en procesos evolutivos, cognitivos y de procesamiento de la información adquirida por las diversas terminaciones sensitivas humanas. El uso de la evolución que propone sigue a las formas más tradicionales del darwinismo, es decir, cualquier mutación que produzca un cambio anatómico debe de ser promovido o conservado por la selección natural, al tener una mejora conductual o, por lo menos, ser en principio neutro. Así, en cada cambio anatómico o conductual siempre se buscan las ventajas que pudieron favorecer su perduración. Puede que uno de sus principales inconvenientes de esta forma de ver a la evolución es el carácter independiente de cada uno de estos cambios genéticos, ofreciendo un panorama teórico de múltiples mutaciones que no se corresponde con los datos actuales de la genética humana evolutiva.

En este contexto, plantea un modelo en el que la mente está formada por módulos que resuelven problemas particulares y que han sido conformados por la evolución, de la misma manera que los órganos y funciones fisiológicas son producto de la evolución por selección natural de los caracteres físicos hereditarios. La cognición en los animales está formada por módulos funcionales relacionados entre sí, cada uno de los cuales trata un problema de conducta determinado (inteligencia técnica, lingüística, social y de la historia natural), es decir, cada función cerebral desarrolla un instinto. El ser humano no es distinto de los demás animales y, por tanto, comparte este esquema. La naturaleza humana se ha formado por la evolución de los instintos de nuestros antepasados primates y la aparición de otros nuevos bajo la presión adaptativa del nuevo entorno en el que vivieron los seres humanos durante la mayor parte de su historia. En definitiva, desarrollan un nuevo constructo como forma de explicar la evolución de la conducta.

Este concepto modular de la mente humana ha dado lugar a mucho debate, siendo la base diferencial con otras teorías psicológicas. El autor de este concepto fue el filósofo Jerry Fodor (1986). Uno de los autores que más defiende la visión de una mente modular es Robert Kurzban (2012)  (La evolución y el cerebrofragmentado).

Tras la dificultad teórica de mantener un concepto de módulo cerebral en su concepto más elemental (áreas aisladas del cerebro con funciones determinadas), pues el desarrollo de la Neurología no favorecía tal idea, Kurzban y otros autores han redefinido el concepto neurológico y funcional del módulo. Un módulo funcional no sería una zona aislada del cerebro, sino un mecanismo neurológico de procesamiento de información que nos permite resolver un problema concreto. Se habla más de función que de estructura neurológica. Hay que evitar pensar en el módulo como algo localizado en un lugar del cerebro, es decir, un nódulo de células en una región del cerebro. Un módulo puede ser algo muy extendido por el cerebro, un circuito extenso que realice una función.

Así, el cerebro albergará mecanismos especializados en escoger pareja, en vincular mutuamente el niño a la madre (el apego) en entender las intenciones y deseos de los demás (Teoría de la mente), condenar moralmente a los otros, etc. La relación entre estos módulos es muy variable, pues hay módulos diseñados para compartir información, otros más encapsulados que no están diseñados para compartir la información; hay módulos con acceso a la conciencia y módulos sin acceso a ella, etc. El origen de todos estos módulos es evolutivo, aprovechando mutaciones que favorecían respuestas adaptativas a los problemas del medio ambiente. Se fueron formando contenidos neurológicos innatos preexistentes, que se trasmitieron a los descendientes y fueron configurando nuestra conducta, la cual, a pesar de tener un importante componente innato, siempre precisa de una experiencia que procesar. La acción de estos módulos puede considerar como de instintos.

Los instintos se manifiestan en la forma de impulsos, deseos y sentimientos. El hombre tiene una capacidad (un instinto) muy desarrollada para considerar, consciente e inconscientemente una gran variedad de impulsos y deseos y cotejarlos contra una base de experiencias anteriores para adivinar cuál de sus deseos es más factible en cada momento en función de las expectativas y cual tiene que mantener en cola de espera o bien reprimir.
En sentido coloquial se entiende como instintos una serie de "bajos" impulsos que están determinados al 100% de forma innata. El deseo de alimentarse, tener sexo etc. Bajo la Psicología evolucionista un instinto es el resultado de la actividad de un módulo funcional del cerebro que trata un determinado problema, y no hay problema que no esté tratado por uno o varios de esos módulos. Un módulo o instinto genera conductas que no son innatas en general sino que dependen del ambiente para su realización. Por tanto, instinto es lo que subyace debajo de cualquier conducta, se considere básica o elevada.

B.- Psicología cognitiva: Procesamiento de la información.
En un sentido teóricamente opuesto a la Psicología evolucionista tenemos aquellas psicologías que apoyan más a la experiencia, y poco o nada a los instintos, como principal motor de la conducta humana. Aunque todas son evolutivas, cognitivas y necesitan de un adecuado procesamiento de la información, sus formas difieren sustancialmente al explicar nuestra conducta. En un extremo se sitúa un tipo de determinismo cultural, claramente expuesto por el concepto de tabula rasa. En filosofía, tabula rasa o tabla rasa hace referencia a la tesis epistemológica de que cada individuo nace con la mente "vacía", es decir, sin cualidades innatas, de modo que todos los conocimientos y habilidades de cada ser humano son exclusivamente fruto del aprendizaje a través de sus experiencias y sus percepciones sensoriales.

La Psicología cognitiva trata de explicar la conducta humana a través del mejor conocimiento de las entidades mentales o cognoscitivas, pues son ellas las que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Esta nueva dirección metodológica parece que presenta actualmente una importante aceptación conceptual en la explicación de los procesos conductuales (Belinchón et al. 1992).

Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998). Conceptualmente se basa en que todo proceso mental o cognoscitivo tiene como origen la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar (Leahey, 1980). Sin embargo, esta capacidad de procesamiento de la información no es totalmente libre e independiente, pues estaría limitada por las características psicobiológicas de cada persona. Éstas, en función de su propia herencia genética, no son iguales y juegan un papel importante en el desarrollo de la conducta. La famosa “tabula rasa” en la práctica no existe pues es inviable su realización. Desde el mismo momento del nacimiento se va a producir una organización psicológica, que depende de varios factores fundamentales en la futura conducta del neonato.

- Control de la homeostasis de carácter innato y de funcionamiento inconsciente.
- El temperamento o la manera particular y natural con que un ser humano interactúa con el entorno. Es hereditario, aunque influenciable hasta cierto grado por los factores. Es la naturaleza general de la personalidad de un individuo, basada las características del tipo de sistema nervioso. Está relacionado con la influencia endocrina (que se debe a los genes, y que se manifiesta en determinados rasgos físicos y psicológicos).
- Capacidades cognitivas racionales o de control de la información que se recibe. Serían las capacidades cognitivas primarias (memoria, funciones ejecutivas, motivación, ciertos niveles de abstracción y simbolización, etc.) que la evolución haya otorgado, por medio de la herencia genética de sus padres, a ese nuevo ser.
- Con la influencia de los estímulos externos. Es la experiencia necesaria para el desarrollo cognitivo humano.
- Las emociones de un claro componente innato, pero que su desarrollo estaría muy relacionado con la evolución de las capacidades cognitivas primarias y secundarias, entre la que destaca la autoconciencia (emociones autoconscientes).

De la unión de estos procesos en el recién nacido, y dentro de una ambiente social, se irían formando una seria de capacidades cognitivas secundarias o emergentes (lenguaje, simbolismo, autoconciencia, etc.) y un determinado desarrollo de las primarias a niveles más altos. Así, después del parto se inicia un proceso de organización psicobiológica, basado en la interacción de las características psicobiológicas heredadas con el medio ambiente con el que se está inmerso continuamente. La consecuencia sería la conducta humana con las características actuales.

Breves conclusiones

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la Psicología evolutiva se adapta mejor a la existencia de instintos mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000).

No obstante, la definición de instinto por la Psicología evolutiva no deja de semejarse a las capacidades cognitivas básicas (posibilidad de generar una determinada conducta en un medio adecuado) que exponen la psicología cognitiva social, y que tienen un carácter innato. Los dos modelos tienen una base genética que lo posibilita, y necesitan de un medio ambiente que los desarrolle, la diferencia puede ser simplemente de grado o de concepto, pero prácticamente imposible de especificar. La propia funcionalidad cerebral en un medio concreto podría interpretarse como contenidos innatos preexistentes adquiridos por la evolución. Aunque el posterior desarrollo de carácter emergente es muy difícil asimilarlo a las teorías de la Psicología evolutiva.



* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Ed. Trotta S.A. Madrid.
* Bunge, M. (1973). La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
* Crick, F. H. (1987): Reflexiones en torno al cerebro. En El cerebro. Libros de Investigación y Ciencia, Ciencia Científica, Barcelona.
* Crick, F. H. (1994): “La búsqueda científica del alma: una hipótesis revolucionaria para el siglo XXI”. Debate. Barcelona.
* Dobzhansky, T. (1973). Nothing in biology makes sense except in the light of evolution. The American Biology Teacher, 35, 125-129.
* González Labra, M. J. (1998): Introducción a la Psicología del Pensamiento. Trotta. Valladolid.
Fodor, F. (1986): La modularidad de la mente.Ediciones Morata, Madrid.
* Kurzban, R. (2012): Why everyone (else) is a hypocrite. Evolution and the Modular Mind. Cambridge Forum.
* Leahey, T. (1980): Historia de la Psicología. Ed. Debate. 1982. Madrid.
* Rivera, A. (2007): Evolución y conducta. Arqueoweb, 9 (1).

miércoles, 2 de agosto de 2017

Cerebro, sentidos y lenguaje

El cerebro puede definirse funcionalmente como el órgano que procesa la información sensorial, controla y coordina el movimiento, y junto con el bulbo raquídeo puede controlar el comportamiento y las funciones corporales fisiológicas (frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, el balance de fluidos, la temperatura corporal, etc.). De todo ello destacaré un proceso de vital importancia para nuestra conducta: su capacidad de procesamiento de la información que constantemente estaría recibiendo.


Efectivamente, el cerebro continuamente está recibiendo información del mundo exterior, dependiendo de tales estímulos para un correcto mantenimiento de sus funciones. Algunos sencillos experimentos nos pueden aclarar tales ideas, pues a mediados del siglo pasado se realizaron diversos ensayos de privación de estímulos sensoriales prolongados. Su finalidad era investigar el efecto que el déficit severo de información sensorial externa producía en la conducta de adultos. Para ello, alumnos de psicólogo Donald O. Hebb se sometieron a duras privaciones de estímulos sensoriales durante el tiempo que pudieran aguantarlas. Para conseguir dicho efecto, usaron unos vendajes que impedían el tacto, una careta-pantalla de plástico que alteraba la visión de las figuras y un almohadón en forma de U relleno de goma espuma para atenuar los sonidos. Unos electrodos recogían las ondas de su electroencefalograma. Ninguno de los voluntarios duró más de una semana, pues pronto empezaba a disminuirles la capacidad de pensar y hasta se produjo algún caso de alucinaciones (Milner, 1994).

Sin embargo, la falta de percepción de estímulos externos (sobre todo sonoros, táctiles y visuales) desde el mismo nacimiento va a producir un importantísimo deterioro cognitivo. Tal afirmación ha sido ampliamente confirmada en la literatura médica y psicológica, llegando a la conclusión de que el desarrollo emocional y racional depende totalmente de las características de las sensaciones que el cerebro recibe. Pero la información por sí sola no es suficiente, pues debe de estructurarse de forma que sea útil para el desarrollo cognitivo de los seres humanos. En este contexto, en la actualidad se admite que la información adquirida a través del un lenguaje es la mejor (y puede que la única) forma de producir una adecuada estructuración funcional del cerebro, de forma que además de seres humanos nos convirtamos en personas. El proceso necesario de organización de la información pasa por dos procesos: la simbolización de todas las cosas y acciones y su estructuración gramatical. Así, al asimilarse neurológicamente se produce el lenguaje interno (función cognitivadel lenguaje). 

El uso del lenguaje precisa de un sistema de representación de los hechos que se quiere comunicar, es decir, de la simbolización de estos pensamientos, ideas o sentimientos a transmitir. La simbolización puede estar basada en cualquiera de los sentidos humanos que pueden ser reconocidos por otros componentes de la  sociedad, formando un sistema de señales determinado. Destacan, por su mayor funcionalidad, los sentidos acústico y visual, pues el olfato y gusto no son adecuados para realizar tan complejo proceso. El tacto, en principio, es poco práctico, aunque podría igualmente usarse. De hecho, gracias a sus cualidades se puede suplir la falta conjunta de los dos más utilizados (visión y audición), consiguiendo vencer el aislamiento que esas personas ciegas y sordas tenían, y favorecer la comunicación escrita de los ciegos.

Anne Sullivan y Hellen Keller hablando
Un claro y conocido ejemplo lo constituye el caso de Hellen Keller, la cual quedó sorda y ciega a causa de una enfermedad cuando tenía 19 meses de edad. No obstante, comenzó a descubrir el mundo usando sus otros sentidos. Tocaba y olía todas las cosas que estaban alrededor de ella, sintiendo las manos de otras personas para ver o comprender lo que estaban haciendo e imitaba (copiaba) sus movimientos. Cuando tenía siete años de edad había logrado desarrollar algunos signos táctiles con los que comunicaba a su familia sus necesidades más básicas. Pero pronto quedó estancada en este primitivo proceso comunicativo, con lo que la frustración aumentó con la edad. Se convirtió en una persona salvaje, revoltosa y muy agresiva. Esta situación hizo que se viera claramente la necesidad de buscar ayuda fuera del ambiente familiar, para lo cual se contrató a una tutora privada. Anne Sullivan, que había perdido la visión cuando tenía cinco años, fue la persona elegida para educar a Hellen Keller. Lo primero que realizó Anne fue intentar comunicarse con ella, venciendo su agresividad con fuerza y paciencia. El siguiente paso fue enseñarle el alfabeto manual. Anne la ponía en contacto con los objetos y le deletreaba en la mano las palabras. Así, comenzó a animarse y cada cosa que encontraba la cogía y preguntaba a Anne cómo se llamaba. Poco a poco fue preparando a su alumna con nuevas palabras, ideas y conceptos que necesitaría para enseñarle a hablar y comprender la realidad en la que vivía. Como resultado de todo este trabajo, Hellen llegó a ser más civilizada y amable, y pronto aprendió a leer y a escribir con el método para ciegos de Braille. También aprendió a leer de los labios de las personas tocándolas con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones. Con la constante ayuda de su tutora que actuaba de profesora e intérprete, pues señalaba en las manos de Hellen lo que los profesores decían en clase y transcribía en los libros utilizando el sistema Braille, Hellen consiguió graduarse con título de honor de la Radcliffe College en 1904.

Hay que asumir plenamente que la información externa es crucial para el desarrollo cognitivo (emocional y racional) de los seres humanos. Como así lo expresan numerosos psicobiólogos:

En los seres humanos, la dirección genética proporciona la capacidad de aprender, pero el material ideológico y cultural ha de penetrar en el cerebro a través de los sentidos, sin que sea originado por el individuo, sino que ha de proceder del medio exterior. (Delgado, 1994).

Siendo el lenguaje el mejor medio conocido para modelar estructuralmente el cerebro:

El lenguaje no es una obra más de ser humano: nuestra mente ha llegado a ser estructuralmente lingüística. La palabra penetra hasta el fondo de nuestra inteligencia. Por eso la lingüística tiene que comenzar con el estudio de la acción humana. El Lenguaje nace en el Mundo de la vida, y tiene una función práctica: comunicar, organizar la colaboración, pedir, transferir conocimientos, planificar y dirigir la conducta. Sirve para la comunicación exterior y para la construcción de uno mismo (Marina, 1998).

- Delgado, J.M. (1994): Mi cerebro y yo. Temas de Hoy. Madrid.
- Marina, J. M. (1998): La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.
- Milner, P. T. (1994): “Donald O. Hebb, teórico de la mente”. En Psicología fisiológica. Libros de Investigación y Ciencia, 12-17.