martes, 6 de diciembre de 2016

Conducta humana: innata y/o adquirida

La relación entre la herencia genética y la conducta que se observa en cada entidad biológica puede que no esté del todo bien comprendida, pues la influencia del medio ambiente, como elemento modulador de la expresión genética, es usado más como una generalidad teórica que como un fenómeno preciso a la hora de definir hechos y formas concretas de actuación. Tal vez la causa sea la falta de matización en la explicación del fenómeno hereditario y su manifestación (innatismo y/o adquisición), la generalización excesiva y simplista de los fenómenos evolutivos y cierta tendencia disciplinar que induce a mantener la ortodoxia teórica de la misma. En su definición, parecen muy claros:

- El innatismo es la doctrina según la cual algunos conocimientos existen ya al nacer, es decir, que son previos a los adquiridos por medio del aprendizaje, la experiencia o a su relación medioambiental postnatal, por lo que en parte o totalmente no es adquirido o aprendido por éste. La causa de tal hecho se debe a factores genéticos, de nacimiento o hereditarios, que no dependen de la experiencia individual. 

- El concepto de adquirido se referirse a cualquier factor ambiental (no genético, no hereditario). Se incluye las influencias en el desarrollo provenientes de experiencias prenatales y postnatales de todo tipo, por lo que dependen de las características medioambientales de donde se viva (familiares, sociales, económicas, tecnológicas, culturales, religiosas, etc.).

La inclusión en una u otra de estas acepciones de las características conductuales humanas (tanto en el pasado como en el presente) ha suscitado una amplia controversia que continua en la actualidad. Quizás, la principal causa de esta continuado debate se deba a la limitación de conocimientos que poseemos sobre las características psicobiológicas de nuestro cerebro. Sobre todo, si se creé que su correcto conocimiento pasa por la aceptación de estudios interdisciplinarios y/o transdisciplinarios de tales problemas.
Consideraciones generales
  
Gregor Mendel
En la enseñanza de la genética, dentro de sus niveles más elementales y divulgativos, se aplican los ejemplos más sencillos en los que la relación entre padres y descendencia es totalmente clara. Así, se explican los ejemplos de herencia relacionados con las plantas que Mendel usó en sus experimentos, en los factores sanguíneos de los seres humanos (sistema A, B, 0 y Rh) y algunas herencias ligadas a los cromosomas sexuales. Casualmente, en la mayoría de estos ejemplos, el factor medioambiental tiene muy poca actuación, lo que ofrecen al lector la idea de que la acción principal de los genes (en la definitiva manifestación corporal y conductual de los seres humanos) depende muy poco de la influencia medioambiental, cayendo en lo que se llama determinismo genético, tendencia teórica que se está difundiendo en importantes zonas de nuestro mundo occidental.

La inmensa mayoría de la herencia tiene un mecanismo mucho más complejo del que se explica por medio de los ejemplos anteriores. La acción conjunta de diversos genes sobre un mismo factor de herencia, el diferente grado de actuación de los distintos genes, las múltiples interferencias existentes entre sus propias actuaciones y el mismo medio interno en el que actúan, ofrecen una gran complejidad no bien comprendida en la actualidad, lo que añadido a los factores externos que ofrecen influencias nutricionales, sensitivas y culturales, hacen del fenotipo (características de las manifestaciones externas de un organismo) un complejo resultante biológico de muy difícil control y conocimiento.

Realmente la influencia del medio ambiente, aunque se hayan reconocido casos reveladores sobre su profunda importancia, no se le ha dado el valor real que tiene en el correcto desarrollo de nuestras cualidades cognitivas. En su actuación hay que destacar la capacidad de modular la expresión genética a lo largo de todo el proceso ontogénico o de desarrollo, pues entre ambos procesos (genotipo y medio ambiente) existe una profunda interacción que da como resultado el fenotipo. Es interesante analizar la naturaleza de tal interacción, no para resaltar cual puede tener mayor o menor importancia, sino para conocer los mecanismos de acción que ejerce cada factor en el desarrollo del ser vivo. Los genes tienen la información codificada necesaria para la creación y desarrollo de organismo, pero el grado de desarrollo de sus manifestaciones morfológicas depende de las características del medio donde se alimenta e interactúa, alcanzado unos niveles de desarrollo que pueden oscilar dentro de una gama relativamente amplia de diferentes resultados. La manifestación genética hay que entenderla como capacidad de desarrollo que depende muchas veces, en su grado y amplitud, de las características del medio ambiente donde se sitúen, dando lugar al fenotipo.

Un ejemplo ilustra con mayor precisión algunos aspectos de tal relación. La altura media de la población es un parámetro fácil de medir, teniendo su desarrollo un fundamento genético que a nadie se le escapa. Un reciente estudio, realizado por el servicio de Pediatría del Hospital Materno-Infantil de Vall d´Hebrón en Barcelona, ha puesto de manifiesto que la diferencia de estatura (en valores medios) entre 1969 y la actualidad es considerable. Los chicos han aumentado 10,7 cm, mientras que las chicas incrementaron su talla en 8,9 cm. Como es lógico no podemos pensar que se trata de un cambio genético, sino la influencia de un medio ambiente más adecuado.

El crecimiento es la expresión fenotípica de una potencialidad genética inherente a cada persona que se regula también por factores ambientales, básicamente la nutrición y el estado de salud.

El medio ambiente es un factor que siempre existe, pues todo organismo siempre se desarrolla y vive en un medio determinado, aunque las características del mismo pueden variar sustancialmente, lo que sin duda ofrecería diferentes resultados tanto anatómicos como conductuales. En definitiva, hay que aceptar que los patrones morfológicos propios de cada especie se transmiten por medio del código genético, aunque el grado de desarrollo final de los mismos dependerá, en muchos casos, de las características medioambientales.

Conducta y cerebro

Paralelamente, la conducta y el lenguaje siguen, en general, por unos derroteros similares aunque con matizaciones importantes. Los patrones conductuales no tienen el mismo control y desarrollo en todos los seres vivos, pues las características anatómicas y neurofisiológicas de sus respectivos sistemas nerviosos marcan sustancialmente la diferencia. Conocemos cómo, en numerosas especies biológicas, la conducta está regulada genéticamente gracias a los instintos que son capaces de originar. Pero el desarrollo evolutivo ha producido complejos sistemas nerviosos que han dado lugar a otras formas de actuación, donde la experiencia realizada y acumulada es un factor a tener en cuenta en la toma de decisiones, las cuales se pueden elegir dentro de cierta gama de posibilidades que el aprendizaje facilita (Bonner, 1982). La corteza cerebral y el sistema límbico, como responsables primordiales de la conducta humana, son elementos anatómicos creados y desarrollados por la actividad genética correspondiente. Pero su actividad primordial se centra en el almacenamiento, procesamiento y utilización de la información (externa, interna y emocional), que le llega por medio de las vías nerviosas de todo tipo. En la naturaleza de tal información es donde reside la diferencia con el resto de los demás elementos biológicos, pues ésta no se limita a los aspectos físicos, químicos o biológicos del medio, sino que se basa en el complejo mundo inmaterial de las ideas, de la cultura y de su mayor manifestación, el lenguaje. Ese nuevo mundo de sensaciones e información ni ha existido siempre, ni nuestro linaje siempre ha tenido la capacidad suficiente para crearlo. Ambos procesos, capacidad creativa y su plasmación con la aparición de la cultura, fueron apareciendo con diferentes patrones en nuestro proceso evolutivo.

Todo esto nos indica que la evolución confiere capacidades cognitivas relacionadas estrechamente con la conducta, pero que necesitan de la cultura (medio ambiente específico que hay que crear previamente) para que se desarrollen. Así, los cambios conductuales observados en nuestra evolución, corresponden a diferentes desarrollos culturales que los humanos del momento pudieron crear, aprovechando las capacidades evolutivas adquiridas (capacidades emergentes) y el acervo cultural de sus ancestros. Su transmisión se realizaría por medio de la comunicación generacional dentro de cada sociedad, es decir, que su desarrollo práctico o manifestación cultural se realizaría mediante formas de tipo lamarckianas, en oposición a la transmisión darwiniana que presentan las capacidades biológicas humanas. Se crearía una especie de nicho ecológico (Bickerton, 2009; Tomasello, 2007), en los que los factores más importantes serían los correspondientes a los procesos culturales, lingüísticos y cognitivos (Rivera y Menéndez, 2011). Este camino es el que debe de ser utilizado en el análisis de la conducta humana en todas sus manifestaciones, entre las que se encuentra el lenguaje como pieza fundamental de todo el proceso (Rivera, 2009).

La evolución neurológica humana

Los rasgos evolutivos o innatos de nuestro cerebro se encuentran en el bagaje psiconeurológico que poseemos al nacer (Herencia neurológica humana). Mientras que las características medioambientales serían las que van a configurar definitivamente a los primeros, dando lugar a nuestra conducta (Influencia delmedio ambiente en el pensamiento y conducta).

Aumento cerebral en el género Homo
Cualquier explicación que se ofrezca en relación con las bases psicobiológicas de nuestra conducta deben de estar inexorablemente de acuerdo con una explicación coherente de la evolución neurológica del género Homo. Lo que sí parece estar claro que cualquiera de las opciones extremas estaría equivocada, el problema radica en conocer en qué y cuánto están erradas. Soluciones fáciles no existen, pero parece evidente que en la actualidad el único camino a seguir que tenga la mínima subjetividad posible sería el establecimiento de estudios interdisciplinarios y/o transdisciplinarios con la máxima utilización de las ciencias relacionadas con este tema.

La evolución neurológica (Evolución del cerebro), clave de todo estudio de la conducta humana, debe de ser entendida como un complejo proceso evolutivo multifactorial (La gran complejidad de la evolución biológica), y su estudio siempre debe realizarse por métodos interdisciplinares (Evolución neurológica:un enfoque interdisciplinario).

Conclusiones

Respecto a nuestro cerebro, lo innato y lo adquirido viajan juntos desde que nacemos, y lo hacen de forma irregular. Así, en algunos aspectos predomina lo innato (p. e. control homeostático del cuerpo, o ciertas capacidades básicas cognitivas como la memoria, atención, emociones), pero esto no quiere decir que la nacer ya tenemos su pleno desarrollo, pues siempre con una interacción medioambiental adecuada se pueden mejorar o empeorar (patología social).

En otros casos, lo que se hereda es una simple (por cualificarla de algún modo) potenciabilidad cognitiva, que para su desarrollo necesita de la acción de un medio ambiente adecuado (nicho ecológico o cognitivo-conductual), pues si él tal potenciabilidad o no se desarrolla o lo hace anómalamente (p. e. abstracción, simbolismo, lenguaje, autoconciencia, etc.). La interacción entre ambos procesos es continua, no pudiendo faltar ninguno de los dos para poder desarrollar adecuadamente nuestras capacidades cognitivas. Un estudio algo más profundo lo podemos leer en mi anterior entrada: coevolución psicobiológica humana.

- Bonner, J.T. (1982): "La evolución de la cultura en los animales". Alianza Universidad, nº345.  Madrid.
- Bickerton, D. (2009): Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. Hill and Wang. New York.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011), “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4. Rivera
- Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Buenos Aires. Amorrortu.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Coevolución psicobiológica humana

Todos conocemos que el cerebro es una consecuencia de la evolución, pero cómo se realizó entraña unas cuestiones que aún no están resueltas, pues desconocemos muchos de los mecanismos que intervinieron en su desarrollo, tanto durante la evolución (filogenia) como durante su desarrollo embrionario y postnatal (ontogenia). Se nos presenta un doble problema:

- ¿Cómo evolucionó nuestro sistema nervioso central? De este tema ya hemos hablado en varias ocasiones y a esas entradas me remito:


- ¿Cómo poder estudiarlo en sus aspectos funcionales o cognitivos? Es en este apartado de análisis teórico donde más hincapié voy a realizar en esta entrada. Desde el inicio de la Psicología ha existido una orfandad teórica, junto a la necesidad de analizar la mente humana, lo que obligó a los psicólogos a realizar una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que denominaron constructos. Los conceptos científicos usados en la psicología (autoconciencia, funciones ejecutivas, simbolismo, abstracción, lenguaje, inteligencia, inconsciente, motivación, aprendizaje, etc.) no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven. Su utilización, que ha resultado muy práctica en el desarrollo de la disciplina, pero conlleva graves problemas no resueltos.

- Primero, se tratan a estos conceptos mentales como unidades cognitivas con gran independencia teórica, cuando en realidad desconocemos la relación que pueden tener unas con otras.
- Segundo, se les aplica un origen evolutivo siempre ligado a la necesidad de ventaja selectiva, olvidando muchas veces a otros mecanismos evolutivos que pudieron producirlos (p. e. coevolución, exaptación y emergencia).

A la Neurología solo le queda estudiar a estos constructos como unidades independientes y tratar de exponer de forma empírica correlaciones de actividad neurológica con cada uno de ellos, lo que le daría la objetividad funcional que necesitan, pero tal logro aún dista mucho de haberse conseguido.

Complejidad funcional e interacción medioambiental

Todas las acciones humanas son el resultado de la actividad de diversas áreas neurológicas, y su coordinación siempre depende de una estructuración funcional promovida por la influencia medioambiental. Tenemos diversos ejemplos.
I. - De las áreas primarias, en este caso motoras, tenemos un simple ejemplo sobre el origen de nuestra habilidosa capacidad de movimiento. El primero sobre las áreas primarias cerebrales (Mora, 2002):

¿Se nace sabiendo jugar al golf o pelar una patata? En ambos casos se trata de lo que los fisiólogos llamamos acto motor voluntario, es decir, aquel acto de conducta que conscientemente yo quiero realizar. En ambos casos entran en juego varias áreas del cerebro y los ganglios basales. En estas estructuras existen circuitos cuya integración temporal permite la ejecución de todos estos tipos de actos motores que hemos venido en llamar voluntarios. En estas estructuras que se graban los programas motores en los primeros años de la vida gracias a un entrenamiento constante de prueba-error. En otras palabras, se nace con la potenciabilidad de realizar un acto motor, como ya hemos señalado, pero la posibilidad de su realización con precisión y ajuste solo es posible gracias al aprendizaje motor.

II. - De la estructuración definitiva de las áreas secundarias y terciarias (cognitivas y simbólicas) tenemos dos ejemplos:

* En el caso del aprendizaje aritmético, los seres humanos se basan en una variedad de soportes materiales, incluyendo el contar con los dedos, las cuentas y ábacos (De Cruz 2008). La existencia de cuentas y calculadoras de por lo menos 30.000 años sugiere que esta práctica fue fundamental para la cognición numérica humana. Este tipo de prácticas externas tienen un impacto en neuronal diferente, así los chinos y los occidentales tienen diferentes ubicaciones neuronales para de la aritmética. Una mayor contribución de las áreas del lenguaje en los occidentales, resultado del aprendizaje de memoria de hechos aritméticos, y una mayor participación del área premotora en los hablantes chinos, presumiblemente como resultado de la instrucción a través del cálculo del ábaco (Tang et al. 2006). En suma, a pesar de que la arquitectura de la corteza parietal humana puede han facilitado la específica cognición numérica humana, la dependencia de los humanos en la cultura material, instrucción, y la práctica deliberada ha desempeñado un papel crucial para el desarrollo el número mostrado en una tecnología cognitiva.

* Aprendizaje de lenguas. Las experiencias tempranas establecen una base para los aprendizajes posteriores. Se ha investigado si el mantenimiento de las plantillas neurales formadas por la experiencia temprana del lenguaje influye en el posterior procesamiento del lenguaje. Una exposición muy temprana y breve a la lengua materna influye en cómo el cerebro procesará otro idioma más adelante, aunque la primera lengua no se vuelva a hablar nunca más. Así, si un niño chino es adoptado por una familia francesa a los 3 años y abandona su lengua materna, tendrá un desarrollo neurológico y procesará otros idiomas de forma diferente a como lo haría un niño francés. La primera lengua utilizada es la que marca la forma posterior de aprendizaje de otras lenguas (Pierce, et al. 2015).

Estos ejemplos de la necesidad e importancia de la interacción y aprendizaje sociocultural desde el mismo nacimiento, junto con otros de estimulación sensorial primaria, nos indica la gran plasticidad del cerebro y que sin un aprendizaje no hay desarrollo de las capacidades cognitivas. Se hereda una estructuración básica y funcional, no pre-estructurada para ninguna facultad cognitiva determinada, formando un protomapa cortical sobre todo motor y sensitivo (Rakic, 1995) que se va a estructurar después de nacer y con las características del medioambiente en el que se encuentre el neonato. Mientras que las áreas de asociación necesitan de la información recogida por estas áreas primarias.

Conceptos evolutivos claves

Los datos que poseemos de la Biología evolutiva (Evoluciónneurológica. Un enfoque interdisciplinario) nos indican que existen unos conceptos claves en la producción de nuestras capacidades cognitivas. Son:

- Exaptación. En Biología se conoce como exaptación a la estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación en unas determinadas condiciones. Con posterioridad, y una vez que ya está consolidada (generalmente, varios millones de años después) comienza a ser utilizado y perfeccionado para otra finalidad, en ocasiones no relacionada en absoluto con su "propósito" original. Es el desarrollo de una nueva funcionalidad de un órgano que no evolucionó para ella.

- Emergencia. Sobre la emergencia se entiende que el todo es más que la suma de las partes (Searle, 2000):

Una propiedad emergente de un sistema es una propiedad que se puede explicar causalmente por la conducta de los elementos del sistema; pero no es una propiedad de ninguno de los elementos individuales, y no puede explicar simplemente como un agregado de las propiedades de estos elementos. La liquidez del agua es un buen ejemplo: la conducta de las moléculas de H2O explica la liquidez, pero las moléculas individuales no son líquidas.

Así, se entiende como una nueva capacidad adquirida por la suma funcional de los elementos del sistema, los cuales individualmente no indican nada de tal capacidad.

- Coevolución. A comienzos del siglo XX, el término coevolución se refiere a la modificación recíproca que dentro de los organismos de una misma especie (coevolución intraespecífica) se causan entre sí sus diferentes sistemas y aparatos (o conjunto de órganos) anatómicos o fisiológicos, a lo largo de la evolución de dicha especie. Ello proviene de los elementos que se combinarán posibilitando nuevas adaptaciones, no se establecen todos de manera simultánea. Así, la adquisición o disposición inicial de un sistema o aparato modificado pasa a influir sobre los otros ya presentes en el organismo, todos los cuales evolucionarán en conjunto posibilitando nuevas adaptaciones, y el proceso que consiste en esta mutua influencia es asimismo conceptuado coevolución

En los seres humanos es donde más se ha podido dar estas tres funciones evolutivas. Exaptación, pues la evolución neurológica (con aspectos modernos en el comienzo del Homo sapiens hace más de 150.000 años) no se realizó para la producción del lenguaje moderno, escritura, simbolismo gráfico, conductas religiosas, etc., pues aparecieron mucho después de la evolución neurológica (sapient paradox de Renfrew, 2008). Coevolución, o unión funcional de diversos constructos cognitivos (áreas neuronales separadas) que cambian o evolucionan en conjunto para lograr un fin adaptativo que suponga una mayor supervivencia para sus poseedores. La autoconciencia (Damasio, 2010) podría ser un ejemplo de coevolución cognitiva (abstracción, simbolismo, lenguaje) que deriva, junto con la unión de otros procesos cognitivos (autobiografía, circuitos neuronales recursivos y reverberantes) y sociales (aumento demografía e interacción social). Emergencia, con la unión funcional de todos estos constructos cognitivos, los cambios sociales y neuronales adecuados aparece o emerge una nueva función cognitiva: la autoconciencia (Vygotsky, 1934/1962; Edelman y Tononi, 2002; Searle 2000; Mora, 2001; Tomasello, 2007; Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Renfrew, 2008).
 
Exaptación, coevolución y emergencia del lenguaje


Conclusiones

El origen de los procesos cognitivos humanos (autoconciencia, lenguaje, etc.) se pueden explicar mejor por medio de mecanismos de exaptación evolutiva (sobre todo la expansión de las áreas asociativas del córtex), manifestándose como una capacidades cognitivas emergentes que aparece después de realizados los cambios neurológicos que lo posibilitan, pero que no fueron creados evolutivamente para tal fin (Gould y Lewontin, 1984; Schlaug et al. 1994). La manifestación y desarrollo de las capacidades cognitivas dependerían en gran medida de las características medioambientales, siendo la base evolutiva elegida por la Psicología cognitiva (procesamiento de la información). Como el gasto energético del aumento del cerebro es importante, y el periodo de incapacitación del recién nacido es cada vez mayor, hay que encontrar mecanismos sociales y culturales que puedan subsanar estos problemas. La gran sociabilidad humana, el desarrollo de la tecnología y la facilidad de la transmisión de la información por medio del lenguaje parecen ser los avances que permitieron a las primeras poblaciones humanas superar estos inconvenientes. Todas estas facetas cognitivas-culturales se producen en la constante interacción con el medio ambiente externo, donde la socialización es fundamental e imprescindible para la definitiva estructuración funcional del cerebro, pues constituyen un medio muy específico: nicho ecológico o cultural-cognitivo (Tomasello, 2007; Bickerton, 2009) donde aprender, transmitir y elaborar todo tipo pensamientos y conductas simbolizadas en alguna forma de lenguaje. Si este nicho no en el adecuado (aislamiento sensorial y emocional, ausencia de lenguaje, etc.) se producirá igualmente una estructuración neurológica, con formas anatómicas iguales, pero con una gran diferencia respecto a la capacidad conductual de su poseedor, que en casos extremos llegaría a graves alteraciones cognitivas, donde se encontraría autoconciencia (Eccles, 1992; Curtiss, 1977).



- Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Bickerton, D. (2009): Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. Hill and Wang. New York.
- Bunge, M. (1973): La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
- Curtiss, S. (1977): Genie: A psycholinguistic study of a modern-day wild chid. Nueva York. Academic Press.
- De Cruz, H. (2008): An extended mind perspective on natural number representation. Philosophical Psychology, 21, 475 - 490.
- Edelman, G. M. y Tononi, G. (2002): El universo de la conciencia. Barcelona. Crítica.
- Eccles, .J. C. (1992): La evolución del cerebro: creación de la conciencia. Barcelona. Labor.
- Gould, S. J. y Lewontin, R. C. (1984): “The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: A critique of the adaptationist programme”, pp. 252-270. En E. Sober (ed.), Conceptual Issues in Evolutionary Biology: An Anthology. Bradford Book. Cambridge (Mass.).
- Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
- Mora, F. (2002): Cómo funciona el cerebro. Alianza. Madrid.
- Pierce, L. J.; Chen, J-K.; Delcenserie, A.; Genesee F. y Klein, D. (2015): Past experience shapes ongoing neural patterns for language. NATURE COMMUNICATIONS.
- Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Schlaug G.; Knorr, U. y Seitz R. J. (1994): Inter-subject variability of cerebral activations in acquiring a motor skill. A study with positron emission tomography. Experimental Brain Research, 98: 523-534.
- Searle, J. R. (2000): El misterio de la conciencia. Paidos. Barcelona.
- Tang, Y.; W. Zhang; K. Chen; S. Feng; Y. Ji; J. Shen; E. Reiman y Y. Liu. (2006): Arithmetic processing in the brain shaped by cultures. Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA 103:10775–10780.
- Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Buenos Aires. Amorrortu.
- Vygotsky, L. S. (1934/1962): Thought and language. Cambridge, MA: MIT Press.

martes, 11 de octubre de 2016

Autoconciencia y la Teoría de la mente

Ambos conceptos muy usados en Psicología y corresponden a sendos constructos estrechamente relacionados entre sí, tanto que para muchos no dejan de significar dos aspectos de un mismo proceso cognitivo.


La necesidad de utilizar constructos

En el inicio de la Psicología, y ante la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos realizaron una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

¿Qué constructos son los que más han caracterizado a la conducta humana?

Sin duda, la conducta humana empezó a complicarse cuando tuvo que realizarse teniendo en cuenta a los demás miembros de la sociedad, lo que parece que se produjo con el inicio de nuestro género con el Homo habilis hace más de 2 m. a. Sería el inicio de lo que se ha llamado la teoría de la mente que puede corresponde a la habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones, sus emociones y sus creencias (Tirapu-Ustárroz et al. 2007) (sé que tú sabes que yo sé). Pero su origen y desarrollo necesita de la creación de otros constructos que van a constituir su esencia, como es el desarrollo de un pensamiento social y personal que constituyan el germen de la autoconciencia.

La autoconciencia podría definirse como el estado mental en él que se tiene conocimiento de la propia existencia (uno se siente a sí mismo) y de la existencia del entorno (físico y biológico) (Damasio, 2010), con una concepción permanente (memoria recurrente) e histórica (autobiografía) de su existencia. Con la autoconciencia se logra una representación de sí mismo, y con la teoría de la mente se añade la de los demás (Sánchez-Cubillo et al. 2012).

El inicio de la individualidad social y personal


En el género Homo parece que siempre ha existido, con grandes diferencias de desarrollo, cierto concepto de su individualidad (reconocimiento de nuestra existencia y del grupo como unidad) y con mayor desarrollo en lo social (lo mismo en otros humanos y grupos). La individualidad (el yo autobiográfico personal o colectiva se basa en la noción de diferencia existente entre los individuos y grupos (Jenkins, 1996; Damasio, 2010), que se traduce en la existencia universal de una palabra determinada para referirse a uno mismo o yo (Elías, 1990). Para su producción se necesita una interacción social, tanto intra como intergrupal, de una forma importante y continuada, así como el inicio de diferencias sociales de todo tipo dentro del mismo grupo. Su producción sería de tipo generacional, pues es preciso el recurso de muchas generaciones para desarrollar plenamente dichos conceptos. Los primeros avances, que la capacidad cognitiva humana debió desarrollar para crear un mundo simbólico como el actual, serían el inicio de la propia identificación social del grupo en contrapunto con la identificación de las demás poblaciones, es decir, a la creación del concepto de la individualidad social, aunque para ello se necesita una densidad poblacional que lo pueda permitir, lo que no siempre existió o pudo mantenerse en el tiempo. Con posterioridad a su desarrollo, se iniciarían los criterios de individualidad personal o diferencias particulares que surgen entre los elementos de un mismo grupo humano (germen de la propia autoconciencia individual, tal y como la entendemos en la actualidad). En su paulatino aumento de complejidad, darían lugar a diferentes manifestaciones de tipo social, tecnológico, político y religioso dentro del propio grupo (Elías, 1990; Hernando, 1999), es decir, se iría desarrollando la autoconciencia autobiográfica (Damasio, 2010) como elemento colaborador de la emergencia de la autoconciencia humana.

Todos los desarrollos cognitivos humanos son muy dependientes de las características del medio ambiente en el que viven y, sobre todo, del desarrollo del lenguaje. Por tanto, como las poblaciones humanas en el paleolítico tenían una densidad poblacional escasa y fluctuante debido a la precariedad de su existencia, los desarrollos culturales y cognitivos siempre adquieren unas características de heterogeneidad temporal y espacial. Por supuesto los constructos que estamos analizando (autoconciencia, teoría de la mente) siguieron la misma forma de desarrollo. 

Conclusiones

Hay que admitir que poseemos el conocimiento sobre la existencia de una vida mental en los otros semejante a la nuestra, de lo que creen y lo que quieren, adquiriendo la habilidad para adscribir, asignar, atribuir estados mentales a otros y a uno mismo, dando lugar a estados mentales complejos, como creer, pensar, desear y pretender (Premack and Woodruff, 1978). Para su creación y desarrollo en nuestro linaje tuvieron que pasar diversos procesos cognitivos, muy posiblemente bajo la forma de coevolución cognitiva (abstracción, simbolismo, lenguaje, individualidad social, individualidad personal, autoconciencia, empatía, teoría de la mente…..) de los que los testimonios arqueológicos son demasiado escasos como para poder establecer una continuidad histórica de todos ellos.

En este contexto, la empatía adquiere un especial interés en su desarrollo. Ésta sería la percepción en una situación común lo que un individuo diferente puede sentir, lo que solo puede darse dentro de un trasfondo social. Supone el conocer los sentimientos de otra persona, por lo que estaría muy relacionado con la teoría de la mente (componente cognitivo); el sentir lo que está sintiendo, de forma similar o igual a lo que el sujeto puede sentir en la misma situación (componente emocional); y responder compasivamente a los problemas que le aquejan (comportamiento social) (Moya-Albiol et al. 2010; Rivera, 2015). En las relaciones sociales cobran especial interés las neuronas espejo, pues refuerzan la compresión de la existencia de los demás como semejantes a nosotros (imitamos su conducta, lo que hacen los demás nos interesa), relacionándose con el propio concepto de la teoría de la mente (Martín-Loeches, 2008). 


- Bunge, M. (1973): La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
- Damasio, A. (2010): Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain. Pantheon Books, New York.
- Elías, N. (1990): La sociedad de los individuos. Barcelona. Península/Ideas. 
- Hernando, A. (1999): Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
- Jenkins, R. (1996): Social Identity. Nueva York y Londers, Routledge.
- Martín-Loeches, M. (2008): La mente del “Homo sapiens” El cerebro y la evolución humana. Madrid. Aguilar.
- Moya-Albiol, L.; Herrero, N.; Bernal, M. C. (2010): “Bases neuronales de la empatía”. Rev Neurol; 50: 89-100.
- Premack, D. and Woodruff, G. (1978): “Does the chimpanzee have a theory of mind?” Behavioral and Brain Sciences, 1: 515-526. 
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Sánchez-Cubillo, I.; Tirapu Ustárroz, J. y Adrover-Roig, D. (2012): “Neuropsicología de la cognición social y la autoconciencia”. En Neuropsicología del cortex prefrontal y funciones ejecutivas, Viguera. Tirapu Ustárroz, J., Ríos-Lago, M.; García Molina, A. y Ardila, A. (eds.), pp.353-390.
- Tirapu-Ustárroz, J.; Pérez-Sayes, G.; Erekatxo-Bilbao, M. y Pelegrín-Valero, C. (2007): “¿Qué es la teoría de la mente?”. Revista de Neurología, 44 (8): 479-489.

jueves, 14 de julio de 2016

Pensamiento, autoconsciencia y lenguaje

¿Piensan o solo miran?
La relación que pueda existir entre el pensamiento y el lenguaje es un tema que actualmente está adquiriendo relevancia en los medios relacionados con la psicología. En esta discusión se ha introducido la capacidad de pensamiento por parte de los animales. Así, De Waal (2016) afirma que no necesitamos el lenguaje para pensar, es decir, que son procesos diferentes e independientes, aunque muchas veces actúan juntos. Por tanto, aunque los animales tengan un lenguaje muy restringido, o que incluso se les pueda atribuir una ausencia lingüística, esto no quiere decir que no tengan ciertos niveles de pensamiento.

¿Qué es el pensamiento?


Podría definirse como la actividad cerebral en el plano psicológico, siendo el resultado de procesar la información que nos llega del exterior y de usar la almacenada en la memoria (ya sea en forma de imágenes compuestas, experiencias sensoriales simples o elaboradas, y/o simbolizadas por el lenguaje), de forma que se pueda elaborar conductas adecuadas. Para tal fin el cerebro utiliza todas las capacidades cognitivas que posea (memoria, abstracción, simbolización, atención, funciones ejecutivas, etc.). Con esta definición hay que admitir que, efectivamente, los animales al tener actividad cerebral (más cuanto más altos estén en la escala evolutiva) presentan diversa formas de pensamiento, a pesar de no tener lenguaje. No obstante, de lo que sí estamos seguros es que tal pensamiento es sobre todo funcional e inconsciente.

En los seres humanos el problema se acentúa al introducir una de sus características más definitorias: el pensamientoautoconsciente. Existe una importante controversia cuando hay que valorar la existencia y las características de un pensamiento autoconsciente junto con “otro” de naturaleza inconsciente. El primero está muy relacionado con el desarrollo del lenguaje, mientras que el segundo parece ser independiente de la función lingüística. En la actualidad, podemos admitir que existen dos formas de pensamiento: consciente e inconsciente. Lo complejo es conocer su etiología y las relaciones que pueden existir entre ellas.

I.- El pensamiento inconsciente es un proceso neurológico que emana de la propia actividad cerebral, con el fin de logar lo que evolutivamente se espera de él: generar conductas adecuadas en cada momento, basándose en toda la información del momento y en la experiencia acumulada. Con importantes diferencias, y dependiendo del desarrollo evolutivo de las especies que se estudien, existe en todas aquellas que posean un cerebro que regule su conducta. Como es lógico, los seres humanos participan de esta propiedad neurológica, pero con unas características funcionales muy importantes, teniendo en cuenta su notable desarrollo neuroevolutivo.

La Neurología actual afirma que la mayoría de la actividad mental es de naturaleza inconsciente, por lo que el conocimiento directo de nuestra existencia y del mundo en el que vivimos (autoconciencia) constituye una pequeña parte de nuestro pensamiento. Su origen y funcionamiento son enteramente biológicos, con un carácter innato a todos los seres humanos. Su actividad de centra en la acción conjunta de los diversas áreas corticales y basales del cerebro (los dos hemisferios funcionando a la vez gracias al cuerpo calloso). Sin embargo, la relación funcional que pueda tener con el pensamiento autoconsciente aún no está muy clara, se supone que existe, pero desconocemos sus características.

II.- El pensamientoconsciente o autoconsciente depende de otros factores más complejos que en el caso anterior. Así, sobre la base de un desarrollo evolutivo de características humanas, se añade otros aspectos no biológicos como son el desarrollo social, el lenguaje y la creación (por la suma de los dos anteriores) de una autobiografía exclusiva de cada uno y marcadamente diferente a la de los demás. Por tanto, puede definirse como una capacidad cognitiva emergente, dependiente de las características ambientales del medio en el que se vive. Sin embargo, ambas consciencias tratan sobre la misma información (sensorial y memorística), pero con un procesamiento diferente (en forma y fondo) no bien conocido.

Pensamiento consciente y lenguaje


Para Vygotski (1920, 1934), y muchos psicólogos cognitivos, el pensamiento y lenguaje tienen raíces genéricas diferentes, pero luego (dependiendo del tiempo y uso) se sintetizan dialécticamente en el desarrollo. El pensamiento se convierte en lenguaje, y el lenguaje en pensamiento con transformaciones estructurales y funcionales en ambos procesos. Al hablarse a sí mismo se convierte en una conciencia reflexiva (acción realizada y recibida por el sujeto). Constituye un elemento primordial en el desarrollo de la autoconciencia (otra capacidad cognitiva emergente: coevolución). Es decir, el lenguaje por medio de sus características estructurales es capaz de generar otra forma de pensamiento de formato lingüístico, el cual al irse desarrollando (complejidad social, conceptos abstractos temporales, espaciales e individuales) iría creando una autobiografía personal y social, que desembocaría en la creación de un pensamiento consciente (autoconciencia). Este pensamiento lingüístico puede utilizar toda la información de la memoria, así como las estructuras responsables de la conciencia (sistema reticular ascendente y la corteza cerebral), y las áreas cerebrales utilizadas por el lenguaje.

Cuerpo calloso uniendo los dos hemisferios
I.- Los datos del cerebro dividido.
Siempre pensamos en el cerebro como una unidad anatómica y funcional única, y efectivamente es así, pero tiene alguna particularidad muy especial: es la unión de los dos hemisferios por medio del cuerpo calloso (haz de fibras nerviosas que los unen funcionalmente). Esto nos dice que existen dos unidades cerebrales (unidas permanentemente), pero que no son absolutamente iguales ni anatómica (asimetrías cerebrales) ni funcionalmente (proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado). La existencia de los dos hemisferios nos indica que la localización cortical de las funciones cognitivas puede recaer en uno u otro hemisferio, como ocurre con los procesos neurológicos relacionados con el lenguaje. Una forma sencilla y reversible de conocer en qué hemisferio se encuentran estas funcionas se realizó mediante el llamado test de Wada. Se fundamenta en la anestesia de un hemisferio durante unos pocos minutos (estaría inconsciente), mientras que el otro continúa despierto (consciente). Se observaría sus respuestas a preguntas y movilidad de los brazos. El método consiste en introducir un catéter en la arteria carótida (en el cuello) del mismo lado que se quiere anestesiar. Se introducía amital sódico (barbitúrico de acción anestésica de pocos minutos). El paciente estaba tumbado con los dos brazos en alto y se le hacía contar hacia atrás desde 100. A los pocos segundos de la inyección se producía la anestesia del hemisferio correspondiente a la carótida utilizada. Primero, el brazo opuesto al lugar de la inyección cae flácidamente (los hemisferios controlan la motilidad y sensibilidad de los lados opuestos del cuerpo). Así, se comprobaba que hemisferio se había anestesiado. Segundo, el paciente dejaba de contar, si se inyectó en el mismo hemisferio que controlaba el lenguaje permanecía en silencio de dos a cinco minutos (duración del efecto anestésico y de la dosis administrada). Si se inyectaba en el otro lado, solo dejaba de contar unos pocos segundos y puede responder a preguntas con poca dificultad (Springer y Deutsch, 1994: 33-34). Con este procedimiento se ha llegado a la conclusión en distintos centros de que la mayor parte de los pacientes diestros (80%) tienen el lenguaje representado en el hemisferio izquierdo, que existe un porcentaje de casos (19%) con representación bilateral y algunos casos aislados (1%) con representación en el hemisferio derecho probablemente debido a un daño cerebral temprano. La mayoría de los pacientes zurdos mantienen su lenguaje en el hemisferio izquierdo (50%), un gran porcentaje muestran representación bilateral (42%) y en un bajo porcentaje (8%) el lenguaje está representado en su hemisferio derecho. 

No obstante, que el lenguaje se ubique principalmente en un determinado hemisferio no nos aclara si el pensamiento autoconsciente se limitaría a este hemisferio o presenta competencias en los dos. Sabemos que lesiones en el hemisferio lingüístico (principalmente el izquierdo) producen una afasia (trastorno en el lenguaje), ya sea en la producción lingüística (afasia de Broca), o en una deficiencia en la comprensión y un habla fluida incoherente (afasia de Wernicke). Pero en ambos casos, salvo que la lesión cerebral sea muy intensa, el paciente tiene mantenida más o menos su estado de autoconsciencia, solo que no puede expresarse lingüísticamente. Si la lesión se produjera en la infancia, sobre toda antes del desarrollo lingüístico, las funciones del habla se desarrollarían en el hemisferio sano. La repercusión en el lenguaje interno (fundamental en los mecanismos de autoconciencia) no está muy estudiada, aunque parece que cierta repercusión si parece que exista, siempre adecuada al grado de lesión cerebral que se haya producido.

En el camino del estudio de las funciones lingüísticas y de la autoconciencia se ha podido profundizar en los datos clínicos del cerebro dividido, por métodos más duraderos y de mejor seguimiento clínico y conductual. En el desarrollo de la Neurología se conocieron procesos patológicos de epilepsia generalizada en todo el cerebro, grave y cada vez con más frecuencia, lo que poco a poco iba alterando las funciones cognitivas de los pacientes. En un intento de evitar esta generalización, y que la crisis epiléptica solo afectase a un hemisferio, se decidió a mediados del siglo XX realizar una comisurotomía o la sección del cuerpo calloso (normalmente dejando otras comisuras más pequeñas intactas), de forma que se impida la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales. Con esta cirugía, de resultados aparentemente buenos (disminuyeron el número, intensidad y expansión de las crisis convulsivas), generó lo que se ha denominado como del cerebro dividido o de hemisferio aislados.

Los experimentos que se sucedieron dieron lugar a muchas sorpresas sobre la función cerebral. Uno de ellos consistió en vendar los ojos al enfermo después de la comisurotomía y colocar un objeto en su mano derecha (alguna información somatosensorial iba a la mitad opuesta del cerebro, mientras que otras iban a ambas mitades). Se le preguntaba ¿Qué tienes en la mano? En este caso el objeto siempre fue nombrado correctamente, pues la información de la forma fue a los dos hemisferios, pero el lado izquierdo es donde reside la capacidad lingüística y al reconocer la forma contestaba la pregunta. Después colocamos el objeto en la mano izquierda (la información iba principalmente al hemisferio derecho), y no era capaz de reconocer el objeto y de nombrarlo (el hemisferio derecho no tiene capacidad lingüística). Sin embargo, podía manipular el objeto adecuadamente, es decir, el lado derecho sabía qué era el objeto, pero no podía nombrarlo ni comunicar la forma del mismo.

Los dos hemisferios habían almacenado información sobre la naturaleza de los objetos, pero solo el izquierdo podía nombrarlo. Ambos sabían lo que tenían en sus respectivas manos, un de forma inconsciente (no verbal) y el otro de forma consciente o verbal. La capacidad de realizar un pensamiento verbalizado (autoconsciencia verbalizada) radica la mayoría de las veces en el hemisferio izquierdo en los diestros, y algunas veces (las menos) en el derecho, que suele coincidir (no siempre) con los zurdos, como ya vimos anteriormente con los experimentos del test de Wada. Parece que se intuye que existen dos formas de conocer la realidad, una verbal o consciente en el sentido amplio del término, y otra práctica, real e inconsciente pues que no puede manifestarse su existencia.
En el siguiente experimento con las mismas condiciones y diferentes objetos (dados con tachuelas) los resultados con la mano derecha fueron satisfactorios (el hemisferio izquierdo reconocía lo que tocaba y lo expresaba verbalmente). Cuando los exploró con la mano izquierda (conectada con el hemisferio derecho) empezó a darles vueltas indicando la destreza de la mano izquierda, pero no podía transmitir información sobre qué era realmente el objeto. El paciente se reía mientras lo hacía, y al preguntarle de qué se reía respondía que no lo sabía. Todo indicaba que había dos mentes independientes (Gazzaniga, 2015: 67-72).

Se piensa que se debe a que tiene una habilidad analítica superior a la que pudiera tener el derecho, de la cual el lenguaje es un ejemplo. El hemisferio derecho tiene mayor capacidad video-espacial consecuencia de su mejor forma sintética de procesar la información (Springer y Deutsch, 1994)Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1965), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización. Parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Bub y Whitaker, 1980; Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997).

La realización del pensamiento consciente se realiza por medio del lenguaje interno (Función cognitiva del lenguaje o comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos (pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc.). A lo largo del desarrollo el lenguaje adquiere dos funciones importantísimas: ser instrumento del pensamiento y facilitar un control metacognitivo (López Ornat, 1991):

- Proporciona un mecanismo de retroalimentación para el sistema cognitivo, pues mantiene la vigencia de una representación (abstracciones simbolizadas en palabras), a medida que ésta es procesada.
- Control atencional de la actividad, mientras pensamos tenemos nuestra atención fijada en el tema.
- Permite alcanzar niveles de planificación y anticipación que no son posibles sin el lenguaje.
- Ofrece un recurso representacional muy eficiente en actividades de solución de problemas (fija verbalmente tareas, realiza operaciones lógicas sobre ellas, retiene resultados intermedios entre operaciones, formular mentalmente resultados).

El lenguaje, según el psicólogo George A. Miller (1985: 147), es una experiencia que comienza desde el nacimiento, pudiendo decir que el pensamiento y el lenguaje se han modelado mutuamente al ir desarrollándose con una constante interferencia. El lenguaje es fruto del pensamiento, pero también es modulador del mismo, y ambos son controladores de la acción y conducta humana (Bruner, 1984).

Pensamiento consciente e inconsciente

Sabemos que el lenguaje, en función de la propia complejidad simbólica que adquiriere poco a poco, va a producir otras características psicológicas de gran importancia para el ser humano, pues sirve como organizador del pensamiento y director de la acción. Pueden resumirse en tres aspectos:

- Interacción entre lenguaje y pensamiento (interiorización del lenguaje).
- Desarrollo cognitivo (autoconciencia, planificación temporo / espacial, etc.).
- Cambio conductual (mayor control de la acción).

Pero estamos hablando del pensamiento consciente (autoconciencia), pero no sabemos qué pasa con el inconsciente, pues no hay razones para pensar que con el desarrollo del primero, el segundo vaya a desaparecer. Algunos autores afirman que no puede haber consciencia de algo antes de que no haya sido previamente elaborado a nivel inconsciente (Núñez, 2006). Sin embargo, hay que tener en cuenta que el pensamiento consciente puede ser capaz de crear por sí mismo los objetos del pensamiento, ya sea de forma independiente o basándose en la información elaborada por el inconsciente. Si como creemos, el pensamiento autoconsciente está muy relacionado con la producción lingüística, y ésta depende mucho del medio ambiente en el que se nace y vive (sociedad, relaciones, desarrollo cultural, cognitivo y lingüístico, etc.), su producción sería un fenómeno sociocultural que se superpondría al pensamiento inconsciente. El problema sería el estudio de las características de relación que deben existir entre ambos proceso.

Si pensamos que existen las dos formas de pensamiento, y su coordinación nos permite realizar la conducta simbólica que caracteriza a los seres humanos, es que en general no deben existir contradicciones importantes en su propia actividad. Es muy posible que exista cierta subordinación entre ambas. Efectivamente, el pensamiento autoconsciente nos permite ser conscientes de la actividad mediada por el pensamiento inconsciente y, por tanto, podría controlarla de alguna manera. Pero a su vez, es también capaz de elaborar un pensamiento complejo y organizado.

¿Por qué el pensamiento autoconsciente puede ser un organizador del pensamiento y director de la acción? Puede que se trate de un proceso emergente de la unión de diversas capacidades cognitivas (abstracción, simbolismo, lenguaje), todas relacionadas con la producción del lenguaje dentro de sociedades humanas cada vez más interactivas entre sí y con otras. Es en las características propias del lenguaje (sintácticas, morfológicas y semánticas) donde el lenguaje interno se basa en la ordenación y funcionalidad del pensamiento con características superiores a las usadas por el pensamiento inconsciente.


Como conclusión podemos afirmar que el pensamiento autoconsciente se logra por medio de un procesamiento computacional de la información adquirida y procesada por medio del lenguaje (interno y externo). El lenguaje es una tecnología cognitiva. El idioma es la caja de herramientas que ha desarrollado cada cultura para imaginar el mundo y actuar en él. Sin embargo, la relación que pueda tener con el pensamiento inconsciente no está muy clara, aunque hay razones para suponer que, aunque presenta cierta autonomía funcional, estaría supeditado y controlado por las características funcionales del pensamiento autoconsciente.

- Bruner, J. (1984): Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza Psicológica, nº2. Alianza Editorial S.A. Madrid.
- Bud, D. y Whitaker, M. (1980): Language and verbal procceses. En Wittrock, M. (ed.). The Brain and psychology. New York: Academic Press.
- De Waal, F. (2016): Are We Smart Enough to Know How Smart Animals Are? Norton, WW & Company, Inc
- Gazzaniga, M. S. (1998): “Dos cerebros en uno”. Investigación y Ciencia. Barcelona.
- Gazzaniga, M. S. (2015): Relatos desde los dos lados del cerebro. Paidós. Barcelona.
- Geschwind, N. (1996): “Especializaciones del cerebro humano”. En El Lenguaje humano. Temas nº5. Investigación y Ciencia. Barcelona.
- Geschwind, N. y Galaburda, A. M. (1984): Cerebral dominance: The biological foundations. Harvard University Press. Cambridge.
- Kandel, E. E.: Schwartz, J. H. y Jessell, T. M. (1997): Neurociencia y conducta. New York. Prentice Hall.
- López Ornat, S. (1991): "El lenguaje en la mente", en Martín Serrano, M y Siguán Solers, M. (1991): Comunicación y lenguaje, Alhambra, Madrid, 443-462.
- Miller, G. A. (1985): Lenguaje y Habla. Alianza Psicológica, nº4. Madrid.
- Núñez, J. P. (2006): “El inconsciente desde el punto de vista cognitvo". Aperturas Psicoanalíticas, 22.
- Springer, S. P. y Deutsch, G. (1994): Cerebro izquierdo. Cerebro derecho. Gedisa. Barcelona.
- Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.
- Vygotsky, L. S. (1934): Pensamiento y lenguaje. Barcelona. 1986. Paidós.