jueves, 14 de julio de 2016

Pensamiento, autoconsciencia y lenguaje

¿Piensan o solo miran?
La relación que pueda existir entre el pensamiento y el lenguaje es un tema que actualmente está adquiriendo relevancia en los medios relacionados con la psicología. En esta discusión se ha introducido la capacidad de pensamiento por parte de los animales. Así, De Waal (2016) afirma que no necesitamos el lenguaje para pensar, es decir, que son procesos diferentes e independientes, aunque muchas veces actúan juntos. Por tanto, aunque los animales tengan un lenguaje muy restringido, o que incluso se les pueda atribuir una ausencia lingüística, esto no quiere decir que no tengan ciertos niveles de pensamiento.

¿Qué es el pensamiento?


Podría definirse como la actividad cerebral en el plano psicológico, siendo el resultado de procesar la información que nos llega del exterior y de usar la almacenada en la memoria (ya sea en forma de imágenes compuestas, experiencias sensoriales simples o elaboradas, y/o simbolizadas por el lenguaje), de forma que se pueda elaborar conductas adecuadas. Para tal fin el cerebro utiliza todas las capacidades cognitivas que posea (memoria, abstracción, simbolización, atención, funciones ejecutivas, etc.). Con esta definición hay que admitir que, efectivamente, los animales al tener actividad cerebral (más cuanto más altos estén en la escala evolutiva) presentan diversa formas de pensamiento, a pesar de no tener lenguaje. No obstante, de lo que sí estamos seguros es que tal pensamiento es sobre todo funcional e inconsciente.

En los seres humanos el problema se acentúa al introducir una de sus características más definitorias: el pensamientoautoconsciente. Existe una importante controversia cuando hay que valorar la existencia y las características de un pensamiento autoconsciente junto con “otro” de naturaleza inconsciente. El primero está muy relacionado con el desarrollo del lenguaje, mientras que el segundo parece ser independiente de la función lingüística. En la actualidad, podemos admitir que existen dos formas de pensamiento: consciente e inconsciente. Lo complejo es conocer su etiología y las relaciones que pueden existir entre ellas.

I.- El pensamiento inconsciente es un proceso neurológico que emana de la propia actividad cerebral, con el fin de logar lo que evolutivamente se espera de él: generar conductas adecuadas en cada momento, basándose en toda la información del momento y en la experiencia acumulada. Con importantes diferencias, y dependiendo del desarrollo evolutivo de las especies que se estudien, existe en todas aquellas que posean un cerebro que regule su conducta. Como es lógico, los seres humanos participan de esta propiedad neurológica, pero con unas características funcionales muy importantes, teniendo en cuenta su notable desarrollo neuroevolutivo.

La Neurología actual afirma que la mayoría de la actividad mental es de naturaleza inconsciente, por lo que el conocimiento directo de nuestra existencia y del mundo en el que vivimos (autoconciencia) constituye una pequeña parte de nuestro pensamiento. Su origen y funcionamiento son enteramente biológicos, con un carácter innato a todos los seres humanos. Su actividad de centra en la acción conjunta de los diversas áreas corticales y basales del cerebro (los dos hemisferios funcionando a la vez gracias al cuerpo calloso). Sin embargo, la relación funcional que pueda tener con el pensamiento autoconsciente aún no está muy clara, se supone que existe, pero desconocemos sus características.

II.- El pensamientoconsciente o autoconsciente depende de otros factores más complejos que en el caso anterior. Así, sobre la base de un desarrollo evolutivo de características humanas, se añade otros aspectos no biológicos como son el desarrollo social, el lenguaje y la creación (por la suma de los dos anteriores) de una autobiografía exclusiva de cada uno y marcadamente diferente a la de los demás. Por tanto, puede definirse como una capacidad cognitiva emergente, dependiente de las características ambientales del medio en el que se vive. Sin embargo, ambas consciencias tratan sobre la misma información (sensorial y memorística), pero con un procesamiento diferente (en forma y fondo) no bien conocido.

Pensamiento consciente y lenguaje


Para Vygotski (1920, 1934), y muchos psicólogos cognitivos, el pensamiento y lenguaje tienen raíces genéricas diferentes, pero luego (dependiendo del tiempo y uso) se sintetizan dialécticamente en el desarrollo. El pensamiento se convierte en lenguaje, y el lenguaje en pensamiento con transformaciones estructurales y funcionales en ambos procesos. Al hablarse a sí mismo se convierte en una conciencia reflexiva (acción realizada y recibida por el sujeto). Constituye un elemento primordial en el desarrollo de la autoconciencia (otra capacidad cognitiva emergente: coevolución). Es decir, el lenguaje por medio de sus características estructurales es capaz de generar otra forma de pensamiento de formato lingüístico, el cual al irse desarrollando (complejidad social, conceptos abstractos temporales, espaciales e individuales) iría creando una autobiografía personal y social, que desembocaría en la creación de un pensamiento consciente (autoconciencia). Este pensamiento lingüístico puede utilizar toda la información de la memoria, así como las estructuras responsables de la conciencia (sistema reticular ascendente y la corteza cerebral), y las áreas cerebrales utilizadas por el lenguaje.

Cuerpo calloso uniendo los dos hemisferios
I.- Los datos del cerebro dividido.
Siempre pensamos en el cerebro como una unidad anatómica y funcional única, y efectivamente es así, pero tiene alguna particularidad muy especial: es la unión de los dos hemisferios por medio del cuerpo calloso (haz de fibras nerviosas que los unen funcionalmente). Esto nos dice que existen dos unidades cerebrales (unidas permanentemente), pero que no son absolutamente iguales ni anatómica (asimetrías cerebrales) ni funcionalmente (proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado). La existencia de los dos hemisferios nos indica que la localización cortical de las funciones cognitivas puede recaer en uno u otro hemisferio, como ocurre con los procesos neurológicos relacionados con el lenguaje. Una forma sencilla y reversible de conocer en qué hemisferio se encuentran estas funcionas se realizó mediante el llamado test de Wada. Se fundamenta en la anestesia de un hemisferio durante unos pocos minutos (estaría inconsciente), mientras que el otro continúa despierto (consciente). Se observaría sus respuestas a preguntas y movilidad de los brazos. El método consiste en introducir un catéter en la arteria carótida (en el cuello) del mismo lado que se quiere anestesiar. Se introducía amital sódico (barbitúrico de acción anestésica de pocos minutos). El paciente estaba tumbado con los dos brazos en alto y se le hacía contar hacia atrás desde 100. A los pocos segundos de la inyección se producía la anestesia del hemisferio correspondiente a la carótida utilizada. Primero, el brazo opuesto al lugar de la inyección cae flácidamente (los hemisferios controlan la motilidad y sensibilidad de los lados opuestos del cuerpo). Así, se comprobaba que hemisferio se había anestesiado. Segundo, el paciente dejaba de contar, si se inyectó en el mismo hemisferio que controlaba el lenguaje permanecía en silencio de dos a cinco minutos (duración del efecto anestésico y de la dosis administrada). Si se inyectaba en el otro lado, solo dejaba de contar unos pocos segundos y puede responder a preguntas con poca dificultad (Springer y Deutsch, 1994: 33-34). Con este procedimiento se ha llegado a la conclusión en distintos centros de que la mayor parte de los pacientes diestros (80%) tienen el lenguaje representado en el hemisferio izquierdo, que existe un porcentaje de casos (19%) con representación bilateral y algunos casos aislados (1%) con representación en el hemisferio derecho probablemente debido a un daño cerebral temprano. La mayoría de los pacientes zurdos mantienen su lenguaje en el hemisferio izquierdo (50%), un gran porcentaje muestran representación bilateral (42%) y en un bajo porcentaje (8%) el lenguaje está representado en su hemisferio derecho. 

No obstante, que el lenguaje se ubique principalmente en un determinado hemisferio no nos aclara si el pensamiento autoconsciente se limitaría a este hemisferio o presenta competencias en los dos. Sabemos que lesiones en el hemisferio lingüístico (principalmente el izquierdo) producen una afasia (trastorno en el lenguaje), ya sea en la producción lingüística (afasia de Broca), o en una deficiencia en la comprensión y un habla fluida incoherente (afasia de Wernicke). Pero en ambos casos, salvo que la lesión cerebral sea muy intensa, el paciente tiene mantenida más o menos su estado de autoconsciencia, solo que no puede expresarse lingüísticamente. Si la lesión se produjera en la infancia, sobre toda antes del desarrollo lingüístico, las funciones del habla se desarrollarían en el hemisferio sano. La repercusión en el lenguaje interno (fundamental en los mecanismos de autoconciencia) no está muy estudiada, aunque parece que cierta repercusión si parece que exista, siempre adecuada al grado de lesión cerebral que se haya producido.

En el camino del estudio de las funciones lingüísticas y de la autoconciencia se ha podido profundizar en los datos clínicos del cerebro dividido, por métodos más duraderos y de mejor seguimiento clínico y conductual. En el desarrollo de la Neurología se conocieron procesos patológicos de epilepsia generalizada en todo el cerebro, grave y cada vez con más frecuencia, lo que poco a poco iba alterando las funciones cognitivas de los pacientes. En un intento de evitar esta generalización, y que la crisis epiléptica solo afectase a un hemisferio, se decidió a mediados del siglo XX realizar una comisurotomía o la sección del cuerpo calloso (normalmente dejando otras comisuras más pequeñas intactas), de forma que se impida la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales. Con esta cirugía, de resultados aparentemente buenos (disminuyeron el número, intensidad y expansión de las crisis convulsivas), generó lo que se ha denominado como del cerebro dividido o de hemisferio aislados.

Los experimentos que se sucedieron dieron lugar a muchas sorpresas sobre la función cerebral. Uno de ellos consistió en vendar los ojos al enfermo después de la comisurotomía y colocar un objeto en su mano derecha (alguna información somatosensorial iba a la mitad opuesta del cerebro, mientras que otras iban a ambas mitades). Se le preguntaba ¿Qué tienes en la mano? En este caso el objeto siempre fue nombrado correctamente, pues la información de la forma fue a los dos hemisferios, pero el lado izquierdo es donde reside la capacidad lingüística y al reconocer la forma contestaba la pregunta. Después colocamos el objeto en la mano izquierda (la información iba principalmente al hemisferio derecho), y no era capaz de reconocer el objeto y de nombrarlo (el hemisferio derecho no tiene capacidad lingüística). Sin embargo, podía manipular el objeto adecuadamente, es decir, el lado derecho sabía qué era el objeto, pero no podía nombrarlo ni comunicar la forma del mismo.

Los dos hemisferios habían almacenado información sobre la naturaleza de los objetos, pero solo el izquierdo podía nombrarlo. Ambos sabían lo que tenían en sus respectivas manos, un de forma inconsciente (no verbal) y el otro de forma consciente o verbal. La capacidad de realizar un pensamiento verbalizado (autoconsciencia verbalizada) radica la mayoría de las veces en el hemisferio izquierdo en los diestros, y algunas veces (las menos) en el derecho, que suele coincidir (no siempre) con los zurdos, como ya vimos anteriormente con los experimentos del test de Wada. Parece que se intuye que existen dos formas de conocer la realidad, una verbal o consciente en el sentido amplio del término, y otra práctica, real e inconsciente pues que no puede manifestarse su existencia.
En el siguiente experimento con las mismas condiciones y diferentes objetos (dados con tachuelas) los resultados con la mano derecha fueron satisfactorios (el hemisferio izquierdo reconocía lo que tocaba y lo expresaba verbalmente). Cuando los exploró con la mano izquierda (conectada con el hemisferio derecho) empezó a darles vueltas indicando la destreza de la mano izquierda, pero no podía transmitir información sobre qué era realmente el objeto. El paciente se reía mientras lo hacía, y al preguntarle de qué se reía respondía que no lo sabía. Todo indicaba que había dos mentes independientes (Gazzaniga, 2015: 67-72).

Se piensa que se debe a que tiene una habilidad analítica superior a la que pudiera tener el derecho, de la cual el lenguaje es un ejemplo. El hemisferio derecho tiene mayor capacidad video-espacial consecuencia de su mejor forma sintética de procesar la información (Springer y Deutsch, 1994)Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1965), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización. Parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Bub y Whitaker, 1980; Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997).

La realización del pensamiento consciente se realiza por medio del lenguaje interno (Función cognitiva del lenguaje o comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos (pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc.). A lo largo del desarrollo el lenguaje adquiere dos funciones importantísimas: ser instrumento del pensamiento y facilitar un control metacognitivo (López Ornat, 1991):

- Proporciona un mecanismo de retroalimentación para el sistema cognitivo, pues mantiene la vigencia de una representación (abstracciones simbolizadas en palabras), a medida que ésta es procesada.
- Control atencional de la actividad, mientras pensamos tenemos nuestra atención fijada en el tema.
- Permite alcanzar niveles de planificación y anticipación que no son posibles sin el lenguaje.
- Ofrece un recurso representacional muy eficiente en actividades de solución de problemas (fija verbalmente tareas, realiza operaciones lógicas sobre ellas, retiene resultados intermedios entre operaciones, formular mentalmente resultados).

El lenguaje, según el psicólogo George A. Miller (1985: 147), es una experiencia que comienza desde el nacimiento, pudiendo decir que el pensamiento y el lenguaje se han modelado mutuamente al ir desarrollándose con una constante interferencia. El lenguaje es fruto del pensamiento, pero también es modulador del mismo, y ambos son controladores de la acción y conducta humana (Bruner, 1984).

Pensamiento consciente e inconsciente

Sabemos que el lenguaje, en función de la propia complejidad simbólica que adquiriere poco a poco, va a producir otras características psicológicas de gran importancia para el ser humano, pues sirve como organizador del pensamiento y director de la acción. Pueden resumirse en tres aspectos:

- Interacción entre lenguaje y pensamiento (interiorización del lenguaje).
- Desarrollo cognitivo (autoconciencia, planificación temporo / espacial, etc.).
- Cambio conductual (mayor control de la acción).

Pero estamos hablando del pensamiento consciente (autoconciencia), pero no sabemos qué pasa con el inconsciente, pues no hay razones para pensar que con el desarrollo del primero, el segundo vaya a desaparecer. Algunos autores afirman que no puede haber consciencia de algo antes de que no haya sido previamente elaborado a nivel inconsciente (Núñez, 2006). Sin embargo, hay que tener en cuenta que el pensamiento consciente puede ser capaz de crear por sí mismo los objetos del pensamiento, ya sea de forma independiente o basándose en la información elaborada por el inconsciente. Si como creemos, el pensamiento autoconsciente está muy relacionado con la producción lingüística, y ésta depende mucho del medio ambiente en el que se nace y vive (sociedad, relaciones, desarrollo cultural, cognitivo y lingüístico, etc.), su producción sería un fenómeno sociocultural que se superpondría al pensamiento inconsciente. El problema sería el estudio de las características de relación que deben existir entre ambos proceso.

Si pensamos que existen las dos formas de pensamiento, y su coordinación nos permite realizar la conducta simbólica que caracteriza a los seres humanos, es que en general no deben existir contradicciones importantes en su propia actividad. Es muy posible que exista cierta subordinación entre ambas. Efectivamente, el pensamiento autoconsciente nos permite ser conscientes de la actividad mediada por el pensamiento inconsciente y, por tanto, podría controlarla de alguna manera. Pero a su vez, es también capaz de elaborar un pensamiento complejo y organizado.

¿Por qué el pensamiento autoconsciente puede ser un organizador del pensamiento y director de la acción? Puede que se trate de un proceso emergente de la unión de diversas capacidades cognitivas (abstracción, simbolismo, lenguaje), todas relacionadas con la producción del lenguaje dentro de sociedades humanas cada vez más interactivas entre sí y con otras. Es en las características propias del lenguaje (sintácticas, morfológicas y semánticas) donde el lenguaje interno se basa en la ordenación y funcionalidad del pensamiento con características superiores a las usadas por el pensamiento inconsciente.


Como conclusión podemos afirmar que el pensamiento autoconsciente se logra por medio de un procesamiento computacional de la información adquirida y procesada por medio del lenguaje (interno y externo). El lenguaje es una tecnología cognitiva. El idioma es la caja de herramientas que ha desarrollado cada cultura para imaginar el mundo y actuar en él. Sin embargo, la relación que pueda tener con el pensamiento inconsciente no está muy clara, aunque hay razones para suponer que, aunque presenta cierta autonomía funcional, estaría supeditado y controlado por las características funcionales del pensamiento autoconsciente.

- Bruner, J. (1984): Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza Psicológica, nº2. Alianza Editorial S.A. Madrid.
- Bud, D. y Whitaker, M. (1980): Language and verbal procceses. En Wittrock, M. (ed.). The Brain and psychology. New York: Academic Press.
- De Waal, F. (2016): Are We Smart Enough to Know How Smart Animals Are? Norton, WW & Company, Inc
- Gazzaniga, M. S. (1998): “Dos cerebros en uno”. Investigación y Ciencia. Barcelona.
- Gazzaniga, M. S. (2015): Relatos desde los dos lados del cerebro. Paidós. Barcelona.
- Geschwind, N. (1996): “Especializaciones del cerebro humano”. En El Lenguaje humano. Temas nº5. Investigación y Ciencia. Barcelona.
- Geschwind, N. y Galaburda, A. M. (1984): Cerebral dominance: The biological foundations. Harvard University Press. Cambridge.
- Kandel, E. E.: Schwartz, J. H. y Jessell, T. M. (1997): Neurociencia y conducta. New York. Prentice Hall.
- López Ornat, S. (1991): "El lenguaje en la mente", en Martín Serrano, M y Siguán Solers, M. (1991): Comunicación y lenguaje, Alhambra, Madrid, 443-462.
- Miller, G. A. (1985): Lenguaje y Habla. Alianza Psicológica, nº4. Madrid.
- Núñez, J. P. (2006): “El inconsciente desde el punto de vista cognitvo". Aperturas Psicoanalíticas, 22.
- Springer, S. P. y Deutsch, G. (1994): Cerebro izquierdo. Cerebro derecho. Gedisa. Barcelona.
- Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.
- Vygotsky, L. S. (1934): Pensamiento y lenguaje. Barcelona. 1986. Paidós.

viernes, 17 de junio de 2016

CREATIVIDAD HUMANA

CREATIVIDAD
Aunque todos hablamos de las capacidades cognitivas realmente no conocemos mucho de ellas. Apreciamos sus manifestaciones externas por medio de la conducta que realizamos, incluso nos atrevemos a medirlos utilizando diversos test psicológicos, pero continuamos desconociendo su origen y desarrollo, la relación entre todas ellas y su concreta base psicobiológica de producción en nuestro cerebro. En el inicio de la Psicología como ciencia, y ante esta orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos realizaron una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas observadas en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos relacionados con la cognición como inteligencia, inconsciencia, emociones, autoconciencia, aprendizaje, creatividad, simbolismo, etc., no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación de nuestros sentidos (se ven, se huelen, se escuchan, se tocan, etc.). Son conceptos que, sobre la experiencia en la observación de la conducta, muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos, nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien, pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven o no.

En este complejo y poco claro contexto cognitivo, el constructo o capacidad cognitiva que más se ha relacionado con los cambios conductuales es, sin duda, la creatividad, pues constituye un aspecto central del ser humano, siendo cada vez más fundamental para la comprensión de la compleja naturaleza biosocial de la mente (Malafouris, Gosden y Overmann, 2014). La creatividad sería un constructo psicológico formado a partir de la interacción funcional de diversos factores de diferente origen (Oliveira et al. 2009), siendo un claro ejemplo de sinergia o acción conjunta de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. En Psicología esta acción conjunta de diversas capacidades cognitivas producirían lo que se ha denominado como emergencia cognitiva, o la aparición de una capacidad cognitiva superior en eficacia conductual y/o adaptativa que la que pudieran presentar las capacidades que la forman por separado.

En general, el estudio de estos constructos se ha realizado frecuentemente de forma independiente, más por razones prácticas que reales, aunque no se conozca constancia física de tal individualidad. Efectivamente, ya en el siglo pasado diversos autores pensaban que las capacidades cognitivas superiores no tenían una ubicación neurológica exclusiva, sino que respondían a la acción conjunta de diversos focos neurológicos trabajando en común y que , al menos en parte, eran compartidos por otras funciones cognitivas (Luria, 1977). En la actualidad con las técnicas de neuroimágenes en la realización de diversos procesos cognitivos se ha visto que muchas de ellas tienen centros neurológicos comunes, lo que descarta la existencia de módulos cerebrales exclusivos para determinadas funciones cognitivas. En este contexto, muchos de los factores cognitivos o constructos que producen la emergencia de la creatividad, son a su vez coevoluciones o uniones emergentes de otras capacidades cognitivas más elementales, siendo muy difícil establecer el orden de resolución cognitiva acaecido en la evolución del género Homo, aunque cierto orden si debió de existir, incluso es muy posible que se realizasen de forma relativamente sinérgica (coevolución o sinergia escalonada). Podría partir de una evolución básica (aumento de las áreas asociativas secundarias y terciarias de la corteza cerebral) que, desde el nacimiento, se fueron estructurando en función de dos parámetros: la influencia del medio ambiente (aferencias sensoriales) y la sinergia de diversos componentes del sistema nervioso central, produciendo emergencias cognitivas nuevas (p.e. abstracción—simbolización—lenguaje—autoconciencia--creatividad).

A pesar de que su origen sea muy complejo, siempre hay que establecer una definición que nos sirva de base de trabajo, pues marcaría los límites de su concepto y las características que debe de poseer para su realización. En general, se define a la creatividad como la capacidad de producir nuevas conclusiones y resolver problemas determinados en una forma original. Sin embargo, no todos los avances pueden englobarse en esta definición, pues muchas veces éstos se producen de forma fortuita o no intencionada cuando se está buscando otra cosa distinta o simplemente ninguna, admitiéndose la existencia de un descubrimiento importante, aunque sea independiente de lo que esté estudiando. En este último caso se define como otra forma de creación no intencionada o buscada (casualidades, coincidencias o accidentes) denominándose como serendipia, constituyendo una forma conductual de encontrar enfoques o procesos de importancia que, en principio, ni son lógicos ni obvios. Para una adecuada comprensión de la génesis de la creatividad es necesario analizar los múltiples factores que, trabajando en común, son capaces de producir la emergencia creativa (Mora, 2002; Oliveira et al. 2009; López Martínez y Martín Brufau, 2010):


1.- Capacidades cognitivas racionales. Básicamente serían las necesarias para el adecuado procesamiento de la información adquirida, pues la creación intencionada y consciente es el proceso cognitivo que nace del manejo de la información previamente adquirida. Para su producción es necesaria una adecuada funcionalidad de las capacidades cognitivas que más han caracterizado a los seres humanos (abstracción, simbolismo, lenguaje y autoconciencia), así como de las denominadas funciones ejecutivas (memoria de trabajo, flexibilidad, planificación, inhibición y monitorización), y de otras que facilitarían la labor creativa (alta capacidad de asociación cognitiva, imaginación, capacidad intuitiva y crítica, concentración o atención cognitiva, capacidad de evaluación de lo conveniente, , etc.).

2.- Capacidades cognitivas emocionales. Existen numerosos términos que hacen referencia a la existencia de valores emocionales, ya sean combinados entre sí y/o con otras funciones cognitivas de complejo análisis individual. Entre ellos destaca la motivación intrínseca, que es el principal impulsor de la conducta (Flórez, 1996). Indica la existencia de hechos que estimulen la necesidad, el interés y la curiosidad (componentes afectivos fundamentales en la conducta humana) para elaborar mejores y más complejas conductas de todo tipo (tecnológicas, sociales, simbólicas, etc.) para alcanzar una solución (meta), ya sean un mejoramiento o nuevas formas de conducta.
En el proceso creativo, además de la motivación, hay que valorar la presencia de las siguientes: confianza en sí mismo, valor, tenacidad, entusiasmo, etc. Como puede apreciarse se trata de emociones secundarias autoconscientes, consecuencia de la socialización y del desarrollo de la autoconciencia, siendo muy susceptibles de variaciones socio-culturales (Rivera, 2015). En general, constituyen unos factores básicos en la producción creativa, pues si faltan en gran medida imposibilitan su desarrollo.

3.- Factores de conocimiento personal (contextos medioambientales determinados). Se trata de todo lo relacionado con la adquisición y procesamiento de conocimientos sobre el medio en el que se vive y sobre los que se van a desarrollar los procesos creativos (estudios, trabajo, relaciones comerciales, laborales e intelectuales). Es importante destacar que el conocimiento (saberes y experiencias que se hayan ido adquiriendo a lo largo de la vida) es esencial para el pensamiento creativo. En este contexto, parece especialmente relevante la constante interacción con el mundo circundante (sea cual sea su fundamento) dentro del cual se va a intentar desarrollar los procesos creativos.  

4.- Factores sociales que favorecen su producción (contexto socioeconómico y cultural). En este apartado se pueden incluir diversos procesos de carácter social que, si bien no siempre son imprescindibles, ayudan mucho en su desarrollo. Serían todas las características sociales que estimulen o favorezcan su producción (motivación extrínseca), como serían la aceptación, la libertad en general (social, educativa, económica, simbólica, política, etc.) y los estímulos sociales de todo tipo.

5.- Factores de personalidad de base innata pero modelados por el medio ambiente. Entre ellos se pueden destacar la tolerancia a la ambigüedad, propensión a asumir riesgos, autoeficacia, etc. Es la suma de múltiples procesos cognitivos de diferente etiología, entre los que se pueden destacar dos. Primero del temperamento o la manera particular con que un ser humano interactúa con el entorno. Nadie es exactamente igual a otro, las características fisiológicas, hormonales, histológicas y anatómicas difieren de unos a otros en pequeños grados, pero que al actuar en conjunto pueden determinar formas generales de actuación, las cuales en Psicología se han definido como temperamentos. Aunque su origen pueda estar discutido, parece más probable que tengan un importante carácter innato. Segundo, el carácter que es la parte de la personalidad que se genera durante la vida de la persona, su experiencia y la cultura. Su producción se debea la gran plasticidad que tiene nuestro cerebro, que puede remodelarse (hasta cierto punto) por métodos externos (cultura, psicoterapia, propaganda, proselitismo, etc.).

6.- Estilo de pensamiento. Se relacionaría con la manera de organizar o procesar los conocimientos adquiridos (información). Sería una organización funcional de los anteriores apartados (1-5), pues de su combinación y posibilidades darían como resultado formas diferentes de procesar los datos, así como de conclusiones distintas (novedosas o no). Existen distintos tipos de pensamiento (deductivo, inductivo, sistemático, crítico…), elaborados en función de sus características de la forma de razonamiento aplicado en la ejecución de la conducta. Entre ellos está el pensamiento creativo, que sería la capacidad de generar pensamientos o ideas más allá del ámbito convencional. Se incluye el pensamiento divergente o lateral (de Bono, 1967), que constituye una forma de organizar los procesos de pensamiento a través de estrategias no ortodoxas, intentando encontrar opciones creativas para resolver un problema.

Debido a la gran variabilidad de factores que van a intervenir en los procesos creativos, con los que no siempre se ha interrelacionado de forma adecuada, parece factible que pueda logarse ciertos avances en los procesos creativos por medio de conductas adecuadas. Para potenciar el pensamiento creativo, es necesario tener la mente siempre activa, algo que se puede conseguir de diversas maneras, entre ellas, con un correcto programa de entrenamiento de las distintas funciones cognitivas (racionales y emotivas). 


Aunque en principio la serendipia y creatividad parecen ser dos hechos independientes, la realidad es que muchas veces actúan al unísono dentro de complejos procesos creativos. La causa es que la serendipia también participa en algunas de las condiciones expuestas para el desarrollo de la creatividad, como son los conocimientos sobre el tema en estudio, pues hay que darse cuenta de la importancia de la producción y hallazgo casual, para lo que es necesario cierto conocimiento: “La casualidad sólo favorece a los espíritus preparados” (Louis Pasteur). Por tanto, al hecho de que la creatividad no sea un logro determinado por el azar sino buscado (intencionado o autoconsciente), hay que añadir que en determinados casos puede estar empujada o favorecida por una o varias formas de serendipias Tras estas manifestaciones conductuales estarían el desarrollo de todas las manifestaciones conductuales humanas, siendo su manifestación amplia, diversa y particular para cada contexto de nuestra conducta. Los caminos usados en su utilización son muy variados, pues responden a las múltiples posibilidades que suponen las diversas combinaciones de los seis apartados anteriormente reseñados, más el papel de la serendipia.


  
- Bunge, M. (1973): La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires. 
- De Bono, E. (1967): New Think: The Use of Lateral Thinking in the Generation of New Ideas. New York: Basic Books.
- Flórez, J. (1996): “Cerebro: El mundo de las emociones y de la motivación”. En Mora, F. (ed.): El cerebro íntimo. Barcelona. Ariel.
- López Martínez, O. y Martín Brufau, R. (2010): Estilos de pensamiento y creatividad. Anales de psicología, vol. 23, (2), 254-258.
- Luria, A. R., (1977): Las funciones corticales superiores del hombre. Editorial Orbe, La Habana.
- Malafouris, L., Gosden, C., y Overmann, K.A. (Eds) (2014). Creativity, cognition and material culture. Pragmatics & Cognition, 22(1).
- Mora, F. (2002): Cómo funciona el cerebro. Alianza. Madrid.
- Oliveira, E., Almeida, L., Ferrándiz, C., Ferrando, M., Sainz, M. y Prieto, M.D. (2009). Test de Pensamiento Creativo de Torrance (TTCT): Elementos para la validez del constructo en adolescentes portugueses. Psicothema, 21, 562-567.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp. 41-61.
  

lunes, 23 de mayo de 2016

Ontogenia del lóbulo frontal. Un tema a debatir

En la ontogenia del lóbulo frontal se ha profundizado de forma irregular, pues los estudios se han limitado al conocimiento de una serie de cuestiones, pero se han obviado otras. El problema aparece por una concepción de la evolución demasiado clásica, que actualmente hay que ampliar. Este problema ya se trato en la anterior entrada (Filogeniadel Lóbulo frontal). Se estudia:



- El cuándo de su aparición en la edad del niño.

- Qué aparece con la edad. Características psicológicas y conductuales.

-Se intenta correlacionar lo anterior con los procesos neurológicos que conocemos, y lo que las modernas técnicas dinámicas de imagen nos muestran.

- Lo que no se ha profundizado mucho es el cómo y porqué aparecen en las fechas y condiciones ya conocidas. La causa parece evidente, pues muchos autores opinan que simplemente se produce una maduración neurológica gobernada por la acción genética. Aparentemente solo habría que conocer la genética humana respecto a la maduración neurológica y conocer los mecanismos de producción fenotípica.

El desarrollo de este lóbulo, y de todos los demás, estaría sujeto a cierta controversia, dependiendo de cómo se articula la evolución neurológica dentro de nuestro género. Para la teoría sintética todo el desarrollo neurológico del niño estaría programado genéticamente. Mientras que para el modelo multifactorial, con la evolución exaptativa e indefinida del córtex, tal maduración dependería de las características del medio ambiente en el que se vive, tanto de las áreas de asociación (capacidades cognitivas racionales y emocionales) como motrices (habilidades motoras).

La elección de una u otra forma de evolución neurológica es fundamental para poder comprender las características del desarrollo ontogénico de los niños en todas las especies de nuestro género (Evoluciónneurológica. Un enfoque interdisciplinario). Existen en la actualidad diversos estudios que indican con cierta precisión que nuestra evolución neurológica sigue los cauces del modelo multifactorial, aunque no todo es medioambiente, pues el cerebro que heredamos contiene cierta información básica sobre su funcionamiento, lo que explica la gran diferencia que existe entre todos los miembros de nuestra especie (Laherencia neurológica humana). Uno de los más importantes en este aspecto sería la comprobación de la acción de los genes reguladores en la evolución neurológica (El gen de la evolucióncerebral). Este modelo explica la funcionalidad de nuestras capacidades cognitivas por medio de la exaptaciones evolutivas o de las emergencias psicológicas (Exaptación,emergencia y coevolución neurológica humana). Sin embargo, la mejor comprobación puede venir de nuestra propia experiencia en el desarrollo neurológico-conductual de nuestra especie. En este contexto tenemos estudios que pueden aclara la ontogenia del lóbulo frontal.

- Referente a las áreas primarias, en este caso motoras, tenemos un simple ejemplo sobre el origen de nuestra habilidosa capacidad de movimiento. El primero sobre las áreas primarias cerebrales (Mora, 2002: 152):

¿Se nace sabiendo jugar al golf o pelar una patata? En ambos casos se trata de lo que los fisiólogos llamamos acto motor voluntario, es decir, aquel acto de conducta que conscientemente yo quiero realizar. En ambos casos entran en juego varias áreas del cerebro y los ganglios basales. En estas estructuras existen circuitos cuya integración temporal permite la ejecución de todos estos tipos de actos motores que hemos venido en llamar voluntarios. En estas estructuras que se graban los programas motores en los primeros años de la vida gracias a un entrenamiento constante de prueba-error. En otras palabras, se nace con la potenciabilidad de realizar un acto motor, como ya hemos señalado, pero la posibilidad de su realización con precisión y ajuste solo es posible gracias al aprendizaje motor.

Todos somos bípedos y nos parece natural y “de influencia genética” que andemos con los pies. Sin embargo, entre los pocos casos de niños “salvajes” que conocemos es muy frecuente que en el momento de su hallazgo anden de forma similar a los animales con los que vivía, es decir, vulgarmente a “cuatro patas” lo que realizaban de gran habilidad. El medio ambiente sería el causante se esta aparente anomalía conductual, que se saltaría la acción genética de andar de forma bípeda (García Alonso, 2009).

- De la estructuración definitiva de las áreas secundarias y terciarias (cognitivas y simbólicas) tenemos dos ejemplos:

1.- En el caso del aprendizaje aritmético, los seres humanos se basan en una variedad de soportes materiales, incluyendo el contar con los dedos, las cuentas y ábacos (De Cruz 2008). La existencia de cuentas y calculadoras de por lo menos 30.000 años sugiere que esta práctica fue fundamental para la cognición numérica humana. Este tipo de prácticas externas tienen un impacto en neuronal diferente, así los chinos y los occidentales tienen diferentes ubicaciones neuronales para de la aritmética. Una mayor contribución de las áreas del lenguaje en los occidentales, resultado del aprendizaje de memoria de hechos aritméticos, y una mayor participación del área premotora en los hablantes chinos, presumiblemente como resultado de la instrucción a través del cálculo del ábaco (Tang et al. 2006). En suma, a pesar de que la arquitectura de la corteza parietal ha facilitado la específica cognición numérica, la dependencia de los humanos en la cultura material, instrucción, y la práctica deliberada ha desempeñado un papel crucial para el desarrollo el número mostrado en una tecnología cognitiva.

2.- Las experiencias tempranas establecen una base para los aprendizajes posteriores. Se ha investigado si el mantenimiento de las plantillas neurales formadas por la experiencia temprana del lenguaje influye en el posterior procesamiento del lenguaje. Una exposición muy temprana y breve a la lengua materna influye en cómo el cerebro procesará otro idioma más adelante, aunque la primera lengua no se vuelva a hablar nunca más. Así, si un niño chino es adoptado por una familia francesa a los 3 años y abandona su lengua materna, tendrá un desarrollo neurológico y procesará otros idiomas de forma diferente a como lo haría un niño francés. La primera lengua utilizada es la que marca la forma posterior de aprendizaje de otras lenguas (Pierce, et al. 2015).

Estos ejemplos sobre la necesidad e importancia de la interacción y aprendizaje sociocultural desde el mismo nacimiento, junto con otros de estimulación sensorial primaria, nos indica la gran plasticidad del cerebro y que sin un aprendizaje no hay desarrollo de las capacidades cognitivas. Se hereda una estructuración básica y funcional, no pre-estructurada para ninguna facultad cognitiva determinada, formando un protomapa cortical sobre todo motor y sensitivo (Rakic, 1995) que se va a estructurar después de nacer y con las características del medio ambiente en el que se encuentre el neonato. Paralelamente, las áreas de asociación necesitan de la información recogida por estas áreas primarias, por lo que también dependerán de las características medioambientales para su definitiva estructuración.

Como las funciones ejecutivas se asientan principalmente en esta zona cerebral (interconectadas funcionalmente con otras áreas neurológicas), podemos intuir que la conducta moderna humana se debe, en gran parte, al desarrollo evolutivo del LPR, y que sus características funcionales serían claves para comprender el origen y desarrollo de nuestra conducta. Pero las características funcionales de este LPF vienen determinadas por su forma evolutiva y por la influencia estructural del medio ambiente, constituyendo un modelo interdisciplinario de gran relevancia descriptiva y explicativa (Desarrollo psicobiológico humano).



En este modelo se destaca la gran influencia que tiene el medio ambiente en la definitiva configuración del córtex cerebral, proceso fundamental para comprender la conducta humana. Siempre se estudian las funciones cerebrales del adulto o del niño, pero pocas veces se analizan las dos comunidades juntas, como una sola entidad dinámica en el tiempo, donde las características ambientales durante la infancia van a marcar mucho la funcionalidad del adulto. Hay que entender que la genética sólo produce un cerebro muy inmaduro, preparado para estructurarse definitivamente dependiendo de las influencias externas que reciba (lenguaje, sentimientos, cultura, conductas de todo tipo, etc.). Es decir, se nace con un protomapa (Del Abril et al. 1998; Flórez et al. 1999; Rakic, 1995) que se estructura con posterioridad en función del medio ambiente (Neurociencia).

En este sentido se entiende parte del discurso del Dr. Pedro García Barreno (Académico de Número y Bibliotecario de la Real Academia de Ciencias), en contestación al realizado por de Emiliano Aguirre en su recepción a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2000: 146):

Sin embargo, deben destacarse dos hechos: la plasticidad del sistema nervioso infantil para reemplazar áreas lesionadas y evitar déficit neuronales en el adulto, y la respuesta cerebral a demandas cognitivas de complejidad creciente mediante el reclutamiento de más tejido neural en cada área de una red de regiones corticales. De este modo, cualquier mapeo entre una localización cerebral y una función cognitiva es una función variable entre dos niveles de descripción de un sistema dinámico, modulado por la demanda de la tarea y no una cartografía estática de la anatomía cerebral (Just et al.1996).

Ontogenia de las funciones ejecutivas

El cerebro es un órgano especialmente diseñado evolutivamente para procesar la información que le llega. Su adecuado uso (almacenamiento, recuperación y procesamiento) estaría muy facilitado por la acción del lenguaje (Lenguaje interno), en las continuas e imprescindibles interacciones sociales, donde las funciones del LPF son imprescindibles, destacando las funcionesejecutivas.

Recubrimiento por la célula de Schwann del axón de la neurona
 (mielinización)
El desarrollo de estas funciones en los niños comienza a emerger el primer año de vida, desarrollándose lentamente con dos picos a los 4 y a los 18 años, se estabiliza posteriormente y declina en la vejez. La función aumenta paralelamente al mielinización de las redes neuronales que posibilitan estas acciones, siendo de las últimas en producirse (Eccles, 1989).
Ante la necesidad de analizar la mente humana, la Psicología ha realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y demás procesos cognitivos (funciones ejecutivas, autoconciencia, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, etc.) no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente “constructos o conceptos no observacionales” para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven. Constituyen una herramienta fundamental en el estudio de la psicología humana. Evidentemente las funciones ejecutivas son constructos de los que no conocemos su forma de creación ni la relación filogénica y ontogénica que pudiera existir entre ellas.

Podrían definirse como el conjunto de habilidades cognitivas de superior organización e integración que, partiendo de ciertas capacidades cognitivas elementales, permite la maximización de la eficacia conductual en un momento determinado, es decir, de transformar el pensamiento en acción y de efectuar su control (Allegri y Harris, 2001; Barkley, 2001; Estévez-González, et al. 2000; Fuster, 2002; Jódar Vicente, 2004; Kane y Engle, 2002; León-Carrión y Barroso, 1997: Rabbit, 1997; Roberts et al. 1998; Stuss y Knight, 2002; Tirapu-Ustárroz y Luna-Lario, 2008). Es decir, serían unas realidades cognitivas emergentes. La emergencia se entiende como el fenómeno por el cual, cuando una estructura alcanza un nivel determinado de complejidad, emergen nuevas propiedades que no eran posibles de predecir por muy bien que se analicen componentes de estructuras inferiores. En cada nivel de complejidad emergen nuevas propiedades y nuevas funciones, nuevas capacidades y nuevos trastornos, y tal vez las funciones ejecutivas son capacidades cognitivas que emergen cuando el hombre adquiere la capacidad adaptativa de la anticipación (Tirapu-Ustárroz y Luna-Lario, 2008). La anticipación implica la adquisición de los conceptos temporales y espaciales, los cuales solo se pueden adquirir del conocimiento de la naturaleza y de su simbolización en un lenguaje que los transmitirá con facilidad y rapidez (Rivera, 2009). Igualmente, el desarrollo de la teoría de la mente corre en forma paralela con la adquisición del lenguaje. De hecho, entender las intenciones de quien habla es un prerrequisito para aprender nuevas palabras (Téllez-Vargas, 2006). Estas ideas corroboran el papel de la coevolución de la funcionalidad cerebral y, lo que puede ser muy importante, su evolución adquiere aspectos de exaptación (mutaciones que producen un rasgo adaptativo que con el tiempo es utilizado para otra función) relacionados con las características medioambientales (Exaptación, emergencia y coevoluciónneurológica humana).

Aunque los autores pueden enumerarlas de forma diferente (p. e. Luria: organización de la actividad dirigida y consiente; inhibición de las respuestas automáticas; integración temporal de la conducta; sentido de coherencia; Stuss y Levine: autoconciencia y temporalidad de la conducta), la clasificación más generalizada sería:

- Planificación. Organización de la acción para lograr una meta elegida. Establece un plan estratégicamente organizado de secuencias de acción (motoras o cognitivas).
- Flexibilidad. Capacidad de elección entre distintas formas de actuación, cuando es necesario cambiar la acción ante cambios de situación o de tarea.
- Memoria de trabajo u operativa. Permite mantener activada una cantidad limitada de información, la cual es necesaria para el buen desarrollo de la acción en ese momento.
- Monitorización. Realiza la supervisión necesaria para la ejecución adecuada y eficaz de los procedimientos en curso.
- Inhibición. Produce la interrupción de una determinada respuesta que generalmente ha sido automatizada.

Sin embargo tal esquematización es demasiado teórica, pues las funciones ejecutivas son un constructo teórico todavía no suficientemente validado, y no se ha realizado todavía un esfuerzo por consensuar una definición operativa que sea de utilidad en la clínica y en la investigación, observando que cada autor arrastra el concepto hacia sus presupuestos de partida (Tirapu-Ustárroz y Luna-Lario, 2008). Hay que tener en cuenta que cuando se evalúa el funcionamiento ejecutivo se hace de forma conjunta con otras funciones (no siempre conocidas), y no es posible realizarlo de otro modo, tal vez porque no se estudia una función, sino el acto mental complejo por excelencia (Tirapu-Ustárroz y Luna-Lario, 2008).

Si seguimos el concepto de evolución multifactorial (Exaptación, emergencia y coevolución neurológica humana), las funciones ejecutivas pueden perder este protagonismo tan estricto y diferenciador que, aunque en apariencia facilita su estudio, puede confundir la realidad de su correcto significado. Parece más seguro, aunque aún lo desconocemos, que su realidad se acerque más a interconexiones entre ellas y con otras capacidades cognitivas (autoconciencia, lenguaje interno, memoria en general, etc.) que a entidades totalmente independientes. Veremos algunas relaciones con otras capacidades o entre ellas:

- La autoconciencia estaría muy relacionada con las funciones ejecutivas, si no forma parte de ellas, como podemos deducir del ambiguo concepto de constructos y de la falta de independencia de cada capacidad cognitiva y desconocimiento de su, casi segura, interconexión funcional. Estaría muy relacionada con el control ejecutivo o monitorización, del que recibiría información de los sistemas sensorial-perceptual y de control ejecutivo, influyendo en la naturaleza y el grado del control ejecutivo (Tirapu-Ustárroz y Luna-Lario, 2008).

- La planificación estaría muy relacionada con la capacidad adaptativa de la anticipación (Tirapu-Ustárroz y Luna-Lario, 2008), lo que requiere un avanzado desarrollo de los conceptos del tiempo y del espacio, para lo que es imprescindible un lenguaje (Rivera, 2009).

- De la memoria de trabajo u operativa el investigador del LPF Joaquín Fuster se pregunta: ¿Por qué se considera a la memoria de trabajo un tipo especial de memoria en lugar de un estado de memoria? La pregunta es válida al admitir que estamos hablando de constructos, cuya naturaleza, origen y relación funcional desconocemos. Además de la memoria de trabajo y memoria a largo plazo son tipos de memoria que funciona en base de activación. La memoria de trabajo podría ser visto como un estado de conciencia o de la capacidad que tiene el ser humano para procesar información de manera eficiente externa, lo que se realiza por medio del lenguaje. Podría ser una memoria de base funcional-lingüística.

- Flexibilidad sería una función muy relacionada con la autoconciencia, de hecho sería la base del llamado libre albedrio, la posibilidad de elección dependiendo de la resolución que tomemos. Estaría pues condicionada al desarrollo emergente, en niveles adecuados, de las anteriores. Es fundamental en la conducta humana.

- Inhibición. Estaría relacionada con otras funciones ejecutivas que actuando a la vez producirían esta nueva función emergente, tenemos a la monitorización (autoconciencia) y a la flexibilidad.

Todas estarían relacionadas entre sí y otras capacidades cognitivas (atención, memoria en general, racionabilidad, simbolismo, abstracción y lenguaje).

Conclusión

Los datos sobre la forma de evolución neurológica, las características neurológicas y psicológicas de nuestro cerebro, y la conducta humana en el presente y en el pasado, ofrecen un panorama ontogénico de las funciones ejecutivas acorde con una coevolución de tales capacidades cognitivas (exaptativas) que emergen en función de las características del medio ambiente. El lenguaje parece adquirir un protagonismo primordial en todo este proceso, por su papel integrador funcional del cerebro (Función del lenguaje en la evolución cognitiva humana).

El lenguaje puede ser considerado como el elemento crucial que impulsó el desarrollo de la evolución cultural, pues ha simbolizado, conservado y trasmitido todo el conocimiento que los humanos fueron y son capaces de crear. Sin él, los niños pueden aprender de los padres por imitación, pero este aspecto se limita a algunas actividades muy elementales, tales como hacer un hacha de piedra, pero no organizar una actividad de caza con tiempos y espacios diferentes. El lenguaje es el principal instrumento para representar al mundo y para el pensamiento (Vygotsky, 1934/1978; Ardila Ostrosky-Solís, 2008).

Evidentemente queda mucho por estudiar, pero para avanzar en este complejo campo creo que hay que tener la mente muy abierta, no dar por totalmente resueltos temas básicos (p. e. la forma del cambio evolutivo, los constructos psicológicos) pero que son absolutamente tener en cuenta su complejidad no analizada totalmente.


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