miércoles, 6 de mayo de 2026

ABSTRACCIÓN, SIMBOLISMO Y LENGUAJE

Estos tres procesos cognitivos constituyen el principal eje cognitivo en el desarrollo de la mente humana. En realidad, son diferentes fases del inicio de la evolución cognitiva, constituyendo a su vez focos de construcción conductuales de gran significado en la conducta humana: 

- Abstracción. Puede definirse como el proceso cognitivo de formación de conceptos a través de la identificación de propiedades comunes de conjuntos de objetos o seres vivos mediante la percepción sensorial, fijando la atención y/o pensando en tales conceptos a la vez que se ignoran otras de sus propiedades, lo que permite su manipulación mental independiente del contexto perceptivo inmediato y de forma flexible (Ferrari, 2003).                                                     
                                                                
Tal proceso debió de surgir de la unión funcional de las capacidades cognitivas que ya existían desde antes del origen del género Homo, es decir, mediante procesos funcionales de la fisiología neuronal. 

La noción de abstracción se basa en nuestra experiencia sensoriomotora (directa o sensorial, e indirecta o memorizada), por lo que su base entra en el ámbito de la percepción (Neuman et alii, 2011; Pezzulo y Castelfranchi, 2007) guiada por la atención, capacidades cognitivas presentes en los seres vivos con diferentes grados de desarrollo y funcionamiento.

De toda la información disponible en el medio externo e interno, sólo puede ser procesada una pequeña fracción en un tiempo dado (Ferrari 2003; Perea y Ardila, 2009). Este proceso nos indica que existe una limitación fisiológica en el número de datos sensoriales que pueden utilizarse a la vez. La atención estaría vinculada al interés y/o motivación de metas individuales o sociales de todo tipo, así como al interés emocional, frecuencia y distribución de la percepción sensorial o memorizada. Con esta actuación fisiológica se produciría una concentración selectiva y perdurable, en periodos prolongados de un aspecto discreto de la información, así como la inhibición del resto de la percepción sensorial por ser conceptuada como irrelevante (Overmann, 2017). En definitiva, la abstracción es una consecuencia de las características funcionales de nuestra mente, es decir, percepción, reiterada recepción y fijación memorizada de las características más llamativas a la atención en las áreas de asociación parietotemporal.

En este contexto, la incidencia de la percepción sensorial que más veces se haya repetido facilitaría un notable reforzamiento y aumento de la información unimodal memorizada o la adquirida en cada momento por los receptores sensoriales, aumentando su mantenimiento y una mayor posibilidad de recuerdo (Manzanero, 2008). Estas percepciones son las más generales y las que mejor describen a los objetos, acciones o hechos sobre los que se va a efectuar los procesos de abstracción, siendo, a su vez, las que primero se recordaran, al activarse los procesos de atención. Es un recuerdo selectivo de las experiencias vividas pero que solo tienen valor conductual para el ser vivo que las posee y las recuerda, es en definitiva una memoria selectiva de los hechos más relevantes de lo percibido.

- Simbolismo. Los procesos de abstracción estarían como latentes en estas áreas de asociación, pero no pueden ser asumidos (individual y socialmente) hasta que se desarrolle un medio de funcionalidad mental que permita la creación de formas cognitivas (simbolización) que se puedan manifestarse externamente (lenguaje) e internamente (pensamiento verbal consciente).

La simbolización necesita cierto grado de abstracción, pues para usar un símbolo de forma estable debe haber captado qué es lo que el símbolo agrupa (categoría) y en qué contexto es útil (regla de uso). El simbolismo ha sido referido a determinados objetos materiales, a las relaciones de intercambio entre personas y/o grupos, a esquemas cognitivos o representaciones mentales clasificadoras de la realidad y, por supuesto, al lenguaje (Barbeta, 2015). La manifestación social del simbolismo sería el lenguaje en cualquiera de sus numerosas formas conocidas. (sobre todo: oral, gesticular y gráfico). Por tanto, definir el simbolismo con un sentido práctico es lo mismo que concretar las bases cognitivas del lenguaje (interno en la mente o externo en sociedad).

Hay que intentar, con los mismos procedimientos psicobiológicos que se ha explicado la abstracción, como pudo originarse la relación funcional entre la abstracción y simbolización. La simbolización consiste en vincular a una abstracción un signo, la cual actuará como su representante sensorial externo, permitiendo evocarla sin necesidad de tener delante el referente real. Esa representación ya no es un árbol concreto, sino una categoría mental. La simbolización no consiste solo en señalar una cosa, sino también en representar un contenido mental, muchas veces ya generalizado o cargado de valor social, emocional o conceptual.

Sí seguimos las pautas de la evolución psicobiológica humana, la hipótesis que mejor sería la que se explica mediante el cumplimiento de tres condiciones:

- Indicar que los procesos de abstracción cognitiva estarían como latentes en las áreas de asociación. En general, corresponden a las características memorizadas que la percepción y la atención ofrecen.

- No pueden ser asumidos (individual y socialmente) hasta que se desarrolle el simbolismo. Esto nos dirige a pensar que el simbolismo corresponde a mecanismos cognitivos creados en la unión funcional de otras capacidades cognitivas o coevolución, dando lugar a procesos de exaptación y emergencia.

Estas capacidades pueden ser: percepción, memoria, atención, creatividad, imitación, motivación, categorización, cognición causal, teoría de la mente, comunicación básica en una vida social en complejidad ascendente. Cuando coevolucionan o se integran funcionalmente, pueden producir algo nuevo: la posibilidad de que una señal desencadene una respuesta y, sobre todo, represente un contenido mental.

- Su producción debe realizarse en medios sociales en los que la comunicación e intercambio de ideas sean necesarias para su supervivencia o desarrollo biológico. En este apartado se incluiría los factores emocionales que inducen a la unión social.

- Lenguaje. El lenguaje se define como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, concepto o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico socialmente consensuado, fundamentalmente sonoro o gesticular, con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente; es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje con algún fin determinado (Rivera y Rivera, 2009).

En la evolución del género Homo el lenguaje, entendido como la manifestación externa de la simbolización de las abstracciones, debió de producirse por una convergencia de varios factores: aumento de la memoria operativa, mejor control atencional, mayor capacidad de asociación, vida social más compleja, intencionalidad comunicativa, reconocimiento de estados mentales ajenos, aprendizaje compartido, estabilización cultural de signos. Solo puede aparecer en medios sociales, donde la comunicación se hace imprescindible (Bickerton, 1994; Bruner, 1984; Marina, 1998).

El lenguaje presenta una capacidad de retroalimentación, siendo capaz de crear más abstracciones al poner en las palabras categorías y relaciones, englobando ideas complejas y facilitando operar con ellas (comparar, generalizar, planificar, justificar, enseñar). En este contexto, un tanto teórico, el lenguaje humano no solo traduce pensamiento, también lo reorganiza.

El lenguaje será un factor crítico en el surgimiento de la cognición del género humano (Tattersall, 2014). Su trascendencia es múltiple pues proviene del pensamiento siendo a su vez modulador del mismo, y ambos son controladores de la acción y la conducta humana (Bruner, 1984, 1988; Vygotsky, 1934/1962).

 Bibliografía

- Barbeta Viñas, M. (2015). El símbolo da qué pensar: esbozo para una teoría psicosociológica del simbolismo. Perspectiva cognitivo-afectiva, discurso e interpretación. Sociológica (Méx.) vol.30 no.85. Ciudad de México. 

- Bickerton, D. (1994). Lenguaje y especie. Alianza. Madrid.

- Bruner, J. (1984). Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza. Madrid.

- Bruner, J. (1988). Desarrollo cognitivo y educación. Morata. Madrid.

- Ferrari, P. L. (2003). Abstraction in mathematic. Phil. Trans. R. Soc. Lond. B. 358, 1225-1230.

-  Manzanero, A. L. (2008). Aspectos básicos de la memoria. En A. L. Manzanero, Psicología del Testimonio (pág. 27-45). Ed. Pirámide. Madrid.

- Marina, J. A. (1998). La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.

- Neuman, Y., Turney, P. D. y Cohen, Y. (2011). How Language Enables Abstraction: A Study in Computational Cultural Psychology. Integrative Physiological and Behavioral Science 46 (2):129-45. DOI: 10.1007/s12124-011-9165-8

- Overmann, K. A. (2017). Materiality and Numerical Cognition: A Material Engagement Theory Perspective. En: Wynn, T. y Coolidge, F. L. (eds.). Cognitive models in Palaeolithic rchaeology. Oxford University Press. 

- Perea, M. V. y Ardila, A. (2009). Síndromes neuropsicológicos. Amarú Ediciones. Salamanca. 

- Pezzulo, G., y Castelfranchi, C. (2007). The Symbol Detachment Problem. Cognitive Processing, 8, 115-131. https://doi.org/10.1007/s10339-007-0164-0 

- Rivera, A. y Rivera, S. (2009). Origen del lenguaje: un enfoque multidisciplinar, Ludus Vitalis 17 (31): 103, 141. 

- Tattersall, I. (2014). Language as a Critical Factor in the Emergence of Human Cognition. Humana.Mente Journal of Philosophical Studies, 2014, Vol. 27, 181 -195. DOI: 10.4436/JASS.94030

- Vygotsky, L. S. (1934/1962). Thougt and language. MA: MIT Press. Cambridge.