domingo, 28 de octubre de 2018

Memoria de trabajo

Puede definirse como la capacidad para mantener temporalmente activa la información para su utilización en diferentes actividades cognitivas como comprender o pensar (Pelegrina et al. 2016). Mantiene la información on line, la orientación, la atención, la inhibición y la monitorización de la conducta en referencia a estados motivacionales y emocionales del organismo. Se localiza en el LPF, área de asociación heteromodal muy interconectada con una red distribuida de regiones corticales y subcorticales (Tirapu-Ustárroz y Muñoz-Céspedes, 2005). Sus propias características funcionales han sido resaltadas por diversos autores como importante causante de nuestra evolución cognitiva y del inicio de la conducta considerada como moderna (Wynn and Coolidge 2011).



Todos los autores están de acuerdo con tal definición y explicación del proceso cognitivo que conlleva. Pero la memoria de trabajo es uno de los constructos cognitivos utilizados para explicar la cognición humana. En el inicio de la Psicología, y ante la necesidad de analizar la mente humana por medio de sus acciones, a los primeros psicólogos les faltaba un método que aplicar en sus estudios. Desde entonces se han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos usados en la psicología (inteligencia, funciones cognitivas, memoria de trabajo, frustración, inconsciente, emociones, ego, fobias, ansiedad, motivación, etc.) no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien, pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven. 

Características de la memoria de trabajo

Se pueden establecer una serie de propiedades que van a caracterizar a este constructo. Destacaré las siguientes:

- Su capacidad es limitada. Solo almacenamos 7 ±2 elementos.
- Es activa. No solo almacena la información, sino que la manipula y la transforma.
- Sus contenidos se actualizan permanentemente.
- Está modulada por el córtex frontal dorsolateral.

De igual manera se conocen las funciones de la memoria de trabajo en general. Su papel en el pensamiento y comprensión del lenguaje es variado y fundamental para un adecuado funcionamiento cognitivo.

- Se necesita la memoria de trabajo para mantener los objetivos y subobjetivos en la resolución de problemas.
- Las diferencias individuales en la resolución de problemas pueden deberse a diferentes capacidades en la memoria de trabajo.
- Un aspecto de la capacidad de la memoria de trabajo puede ser la velocidad de procesamiento.
- Una predicción razonable de este modelo es que una interferencia en la memoria de trabajo se traduce en peores prestaciones en las tareas de razonamiento.
- La memoria de trabajo también es necesaria en la compresión del lenguaje.
+ Para almacenar información parcial sobre un texto pronunciado o leído mientras se codifica el resto.
+ Los procesos de comprensión pueden trabajar sobre la información almacenada temporalmente para producir un significado coherente para el texto completo.
+ Evidencias neuropsicológicas de que la memoria de trabajo es necesaria para la comprensión de frases, pero sólo cuando la frase es lo suficientemente compleja para que algunas palabras tengan que mantenerse en memoria mientras se percibe el resto de la frase.

Explicaciones neurofisiológicas

Todo lo dicho anteriormente se puede observar en la conducta humana, por lo que no hay duda de su existencia, pero de cómo está estructurado el cerebro para su producción solo tenemos teorías (constructos).

Los intentos de analizar estos constructos comenzaron a realizarse con los conocimientos del siglo pasado, con muy poca interdisciplinariedad, exponiendo las teorías resultantes a la comunidad científica para su crítica, aceptación y uso o desafectación. La verdad es que poco más se podría hacer. Se intentaba que tales explicaciones aclarasen el funcionamiento del cerebro para tales funciones, pero casi siempre se omitía su relación filogenética y ontogénica del género Homo.

Una de sus principales controversias se ceñía a su funcionalidad neurológica en el cerebro. Así, básicamente se establecieron dos grandes grupos de explicaciones funcionales (Pelegrina et al. 2016):

I.- La memoria operativa o de trabajo constituye un sistema con sus propios procesos cognitivos. Normalmente se sitúan en el LPF y tendrían cierta autonomía anatómica y funcional. Son modelos basados en la existencia multi‐almacén para diversas sensaciones modales. En los modelos modulares específicos de dominio la corteza prefrontal está organizada de modo que distintas áreas se encargan del almacenamiento de distintos tipos de información.
El modelo de Baddeley e Hitch de la memoria de trabajo (Baddeley y Hitch, 1974; Baddeley, 2000) incluye componentes de almacenamiento denominados tampones o búferes (lazo o bucle fonológico, buffer o agenda visual-espacial, Tampón o buffer episódico) y de procesamiento de la información (ejecutivo central). El sistema ejecutivo central (SEC) es un sistema por medio del cual se llevan a cabo tareas cognitivas en las que interviene la memoria de trabajo, y que realiza operaciones de control y selección de estrategias (Tirapu-Ustárroz and Muñoz-Céspedes, 2005).
 

II.- Se trata de un subconjunto de representaciones activadas de la memoria a largo plazo que comparte una serie de procesos con otras funciones psicológicas. Se situarían en la ubicación de la memoria a largo plazo (áreas de asociación parieto-temporo-occipital) y, tras su activación, pasaría al LPF para su procesamiento cognitivo. La memoria de trabajo se identifica con la región de la memoria a largo plazo que ha alcanzado un cierto nivel de activación (Cowan, 1988). Goldman-Rakic (1996) ha propuesto una nueva comprensión de la memoria de trabajo que se basa en las implicaciones de la arquitectura funcional del córtex prefrontal. Para esta autora, esta región cerebral desempeñaría un papel preponderante en las funciones de la memoria de trabajo y debería entenderse como una red de integración de áreas, cada una de las cuales estaría especializada en un dominio específico. Así, cada subsistema de la memoria de trabajo se encontraría interconectado con diferentes áreas corticales de dominio específico. Las áreas prefrontales relacionadas con la agenda visuoespacial se conectarían con el lóbulo parietal posterior, y el bucle fonológico con áreas temporales relacionadas con el lenguaje (área de Wernicke, fascículo arqueado, etc.). Este modelo explica cómo sistemas independientes y simples pueden trabajar concertadamente para dar lugar a una conducta compleja (Tirapu-Ustárroz and Muñoz-Céspedes, 2005).

Discusión

De la memoria de trabajo u operativa el investigador del LPF Joaquín Fuster (2015) se pregunta: ¿Por qué se considera a la memoria de trabajo un tipo especial de memoria en lugar de un estado de memoria? La pregunta es válida al admitir que estamos hablando de constructos, cuya naturaleza, origen y relación funcional desconocemos. Además de la memoria de trabajo y memoria a largo plazo son tipos de memoria que funcionan en base de su activación. La memoria de trabajo podría ser visto como un estado de conciencia o de la capacidad que tiene el ser humano para procesar información de manera eficiente externa, lo que se realiza por medio del lenguaje. Podría ser una memoria de base funcional-lingüística.


Baddeley (1983) dijo claramente que la memoria de trabajo es la retención temporal de información reciente para el desempeño de una tarea o la solución de un problema. Sin embargo, la perspectiva de futuro de la memoria de trabajo se suele ignorar y, con ella, la esencia de su definición y la clave para comprender sus mecanismos cerebrales. De hecho, la memoria de trabajo es esencialmente prospectiva (del futuro inmediato o más lejano), como otras funciones ejecutivas de la corteza prefrontal. Sus funciones son prospectivas y preadaptativas, pues facilita la acción a realizar en las mejores condiciones. 



La evidencia ahora es abrumadora de que la memoria de trabajo consiste en una memoria de largo plazo activada que se ha actualizado para lograr un objetivo en el futuro cercano. La actualización puede ser provocada por un estímulo externo o interno, pero el contenido de la memoria de trabajo no es solo ese estímulo sino también su historia. Por lo tanto, la memoria de trabajo no es una forma o sistema especial de memoria, sino el estado activo de una red cortical reconfigurada temporalmente de la memoria a largo plazo hacia una meta en el futuro cercano.

Conclusiones (si pueden establecerse)

Podemos establecer una básica estructuración funcional del cerebro, donde el área de asociación parieto-temporo-occipital sería el receptor e integrador de las aferencias sensitivas externas (áreas primarias visuales, sensitivas y auditivas). Esta información integrada (memoria a largo plazo), que puede ser asociada (simbolizada) por sonidos o señas apropiadas (muy relacionada con el lenguaje), en función de los procesos de atención, tendría que pasar al lóbulo frontal para su correlación emocional, procesamiento racional y la producción de una respuesta motora si es necesaria. Las vías nerviosas que pueden realizar esta función no están del todo bien conocidas, pero podemos destacar la salida de dos importantes áreas: el Precúneo o Precuña y sus conexiones con el Lóbulo Prefrontal (Bruner et al. 2014) y el área de Wernicke y la importante evolución del fascículo arqueado, que llega tanto al área de Broca como al Lóbulo Prefrontal (Rilling, et al. 2008).
 
(Tomado de Mate-Castella, 2010)
En estos estudios la ontogenia y filogenia de estos procesos pocas veces se han tenido en cuenta y, en todo estudio interdisciplinar, siempre hay que valorar el cómo de la formación de tales constructos. Puede que dependiendo de la cualidad de la memoria a largo plazo (p. e. lenguaje) se estructuren las funciones ejecutivas del Lóbulo Prefrontal. Existen indicios de que las funciones ejecutivas metacognitivas (entre ellas la memoria de trabajo) dependen significativamente de la cultura y de los instrumentos culturales, pues se ha comprobado que están significativamente correlacionados con el nivel educativo (Gómez-Pérez and Ostrosky-Solís, 2006; Ardila and Ostrosky-Solís, 2008).


- Baddeley, A. (1983). Memoria de trabajo. Phil Trans. R. Soc. Londres. B302, 311-324.
- Bruner, E., de Lázaro, G. R., de la Cuétara, J. M., Martín-Loeches, M., Colom, R. and Jacobs, H. I. L. (2014). Midsagittal brain variation and MRI shape analysis of the precuneus in adult individuals. Journal of Anatomy224 (4), 367–376.
- Bunge, M. (1973): La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
- Fuster, JM y Bressler SL (2015). Elpasado hace futuro: el papel de pFC en la predicción. Journal of CognitiveNeuroscience, 27: 639-654, 2015.
- Pelegrina, S., Lechuga, M. T., Castellanos, M, C. y Elosua, M. R. (2016). Mente y cerebro. De laPsicología Experimental a la Neurociencia cognitiva. Cap. 8. AlianzaEditorial.

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