lunes, 20 de octubre de 2014

Lóbulo parietal humano. El precúneo

A lo largo de la evolución del género Homo se ha podido comprobar un paulatino aumento del volumen cerebral, pero ni este aumento ni las manifestaciones conductuales que se suponen derivadas de él tienen un aspecto constante y lineal. En su evolución se pueden advertir dos formas de producción, una continua y más o menos gradual a lo largo evolutivo de nuestro linaje, y otra con un aparente aumento más marcado por su cuantía y su relativa rapidez de producción. Me refiero al inicio del Homo erectus y el más reciente del Homo sapiens. El cálculo de estos volúmenes, quehacer tradicional de los paleontólogos, siempre ha presentado diversos problemas, como son la dificultad de cómo medir el neurocráneo, la variedad que presentan las muestras, y la escasez y mal estado de las mismas. Desde hace muchos años se han aceptado unos volúmenes estándar para cada especie, confeccionados por las medias aritméticas de las diversas medidas. No son datos a tomar en su exactitud, sino que simplemente nos muestran el importante incremente que se produce entre el Homo habilis y el erectus, y entre este último (a pesar de que a lo largo de su desarrollo evolutivo aumentó hasta unos 1043) y los HN y HAM (Tobias, 1983):

Homo habilis                                                            646 cc.
Homo erectus                                                          883 cc.
Humanos neandertales (HN)                                 1470 cc.
Humanos anatómicamente modernos (HAM)        1345 cc.

La mayoría de este aumento de volumen corresponde al incremento del córtex cerebral. Sin embargo, arqueológicamente se ha podido comprobar que estos aumentos no se corresponden directamente con un aumento de la complejidad conductual, pues los cambios de adaptación, simbolismo, tecnología y aspectos socioculturales se producen con posterioridad al aumento neurológico.Un claro ejemplo es la sapient paradox expuesta por Renfrew (2008), donde expone que la evolución biológica del Homo sapiens fue muy anterior a las primeras manifestaciones de una conducta simbólica con pautas de modernidad. La conclusión que se saca es que la evolución ofrece posibilidades cognitivas a desarrollar en función de las características medioambientales.


Pero dentro de este aumento de la corteza cerebral nos podemos preguntar: ¿Qué partes son las más significativas para la creación de la conducta considerada como moderna? La respuesta no puede ser otra: Todas. La causa de esta generalidad es que el cerebro funciona en base a una integración neuronal muy importante, es decir, no existen áreas concretas para funciones conductuales determinadas. Cuando observamos la actividad cerebral en determinadas conductas, vemos que siempre son diversas las áreas (corticales o no) que se activan a la vez o en secuencias rápidas. En este blog ya se ha hablado del Lóbulo prefrontal y de las funcionesejecutivas que se asientan en él. Ahora, quiero analizar ciertas partes de la corteza del Lóbulo parietal en su relación con la creación de la conducta humana. 

Lóbulo parietal

Imágenes del lóbulo parietal. CNIEH

El lóbulo parietal ocupa la zona que recae bajo el hueso parietal, es decir, en las partes medias y laterales de la cabeza. Se trata de la zona cerebral que está encargada especialmente de recibir las sensaciones de tacto, calor, frío, presión, dolor, y coordinar el equilibrio.
Precúneo (rojo) en la linea media interna del cerebro 

Existe una pequeña parte de él que presenta una importante relación con la conducta humana, me refiero a la zona denominada como precuña o precúneo (área 7 de Brodmann). Corresponde a una parte del lóbulo parietal superior que está oculta en la fisura longitudinal medial entre los dos hemisferios cerebrales, lo que dificulta su estudio. Tiene la más compleja organización cortical columnar y es una de las últimas regiones de mielinizar. Su morfología muestra una marcada variación individual, tanto en términos de forma como en tamaño longitudinal.


A.- Conexiones.
Investigaciones realizadas por medio de imágenes de la resonancia magnética funcional (fMRI: functional magnetic resonance imaging) han demostrado que el precúneo tiene numerosas conexiones neuronales.

I.- Conexiones corticales.
- Región anterior o sensoriomotora. Conectada con las áreas sensoriomotoras de la corteza cerebral, como el lóbulo paracentral, el área motora suplementaria, corteza premotora, área somatosensorial, opérculo parietal y la ínsula.
- Región central o cognitivo/asociativa. Está conectado con el lóbulo parietal inferior, en particular el giro angular y áreas prefrontales 10, 46 y 8. Las áreas con las que se vincula están involucradas en las funciones ejecutivas, la memoria y la planificación motora de trabajo.
- Región Posterior o visual. Se conecta con la corteza visual primaria.
II.- Conexiones subcorticales
Se conecta con importantes núcleos subcorticales: tálamo y con las áreas del tronco cerebral.

B.- Evolución.

El precúneo parece ser una parte recientemente evolucionada del cerebro, estando más desarrollado en los seres humanos que en los primates no humanos u otros animales. Se produce un aumento alométrico de la forma y superficie de los lóbulos parietales y posiblemente frontales de nuestra corteza cerebral (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003). Esta área ha resultado ser la principal fuente de variación anatómica en la organización espacial del cerebro, influyendo sensiblemente con su forma y proporciones en la organización espacial de los hemisferios cerebrales. Como explica Emiliano Bruner (2014), la ampliación parietal ha caracterizado la evolución del cerebro en nuestra especie, y es un componente importante de la variabilidad evolutiva moderna.

C.- Funciones.

Análisis recientes indican que el precúneo es uno de los principales centros de integración en términos de procesos funcionales y estructurales en el cerebro humano. Presenta muchas conexiones con las áreas frontales (lóbulo prefrontal: funciones ejecutivas), nudo fundamental de muchos procesos asociados a programación y decisión.
Está formado por diferentes subregiones, que participan en:


- Memoria episódica (relacionada con sucesos autobiográficos (momentos, lugares, emociones asociadas y demás conocimientos contextuales que pueden evocarse de forma explícita). Está involucrado en la corteza prefrontal izquierda en el recuerdo de los recuerdos episódicos incluyendo episodios pasados relacionados con el mismo. De esta manera se involucra en diversos procesos tales como la atención, recuperación de la memoria episódica, la memoria de trabajo y la percepción consciente. En esta misma área se localizan también los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, lo cual hizo proponer diversos autores (Emiliano Bruner y la neuropsicóloga Heidi Jacobs) en un trabajo publicado en 2013, una hipótesis para interpretar la neurodegeneración asociada a esta patología en clave evolutiva.

- Procesamiento visuoespacial.
Se ha sugerido que participa en la dirección de la atención en el espacio, tanto cuando una persona hace movimientos como cuando se generan imágenes. Está implicado en la coordinación motora que requiere cambiar la atención a diferentes localizaciones espaciales (p. e. operaciones manuales). También, junto con la corteza premotora dorsal estaría involucrado en las operaciones mentales visuoespaciales.


- Reflexiones sobre uno mismo. Imágenes funcionales lo han vinculado con procesos involucrados con la autoconciencia. Así, analiza la interpretación de la intención de los demás respecto a nosotros mismos. Es decir, analiza las opiniones de otras personas o hacen juicios que requiere comprensión para actuar con empatía y perdón.


- Aspectos de la conciencia. Se ha sugerido que, junto con la corteza cingulada posterior, es fundamental para el procesamiento de información consciente. La evidencia de este enlace con la conciencia proviene de los efectos de su interrupción en la epilepsia, lesiones cerebrales y estado vegetativo. También el metabolismo de la glucosa cerebral tiene sus niveles más altos en estas dos áreas en la vigilia, pero es más reducida durante la anestesia. Además, es una de las áreas del cerebro más desactivado durante el sueño de ondas lentas y el sueño REM. Las funciones cognitivas asociadas al precúneo contribuyen a integrar las informaciones cerebrales (internas) con las informaciones ambientales (externas), y representa por tanto un nudo importante para los procesos que generan autoconciencia y mente.

- Su papel como núcleo central. Los autores Olaf Sporns y Ed Bullmore han señalado su posible papel como un centro de la red neuronal del cerebro, por su alta centralidad en la red cortical, destacando sus buenas conexiones con regiones prefrontales. Estas conexiones han proporcionando una posible explicación para su activación bien documentada en muchas funciones cognitivas.

En resumen, el precúneo está involucrado en el procesamiento de auto-referencial, las imágenes y la memoria, y su desactivación se asocia con la pérdida inducida por el anestésico de la conciencia.

Conclusiones

Las acciones del precúneo y su relación con el resto del sistema nervioso central nos dan una idea de la compleja funcionalidad cerebral. Aunque existen centros o áreas cerebrales que parecen que contienen en exclusiva la funcionalidad que se ha podido ubicar en ellos, la verdad es que solo podemos comprobar la existencia de constructos (ver funciones ejecutivas) asentados en esas áreas, pues su lesión altera sustancialmente tales funciones, pero que su correcto funcionamiento depende de su interconexión con otras áreas o centros repartidos por el encéfalo. Por tanto, cuando hablamos de tal función, estamos hablando de una integración funcional de diversas partes cuidadosamente interconectadas, aunque aparentemente la función principal parece residir es las áreas o núcleos comentados. Un importante ejemplo lo tenemos en las áreas prefrontales (funciones ejecutivas) y su conexión con las zonas corticales del precúneo. Aunque desconozcamos muchas de sus características funcionales, no cabe la menor duda de que sin uno no puede funcionar correctamente el otro, y que las lesiones graves (tanto como para que la plasticidad neuronal pueda subsanarlo) en cualquiera de ellos acarea una alteración de la conducta muy importante. Sin duda, mucho nos queda por conocer.

Por otro lado, el precúneo con su alta centralidad en la compleja red neuronal y sus grandes conexiones a múltiples zonas neuronales (destaca al lóbulo prefrontal) contribuye a integrar las informaciones cerebrales (internas) con las informaciones ambientales (externas), y representa por tanto un nudo importante para los procesos que generan autoconciencia y mente.

Pero si todo lo anterior es conocido por la mayoría de los que se dedican al estudio de la conducta humana, la formación de tales circuitos y estructuras cerebrales desde que nacemos presenta importantes dudas que dividen a los autores. Podemos pensar que nuestra genética nos marca inexorablemente el camino a seguir en la formación de tales estructuras neurológicas funcionales, o que los genes solo nos ofrecen la necesidad de realizar una estructuración funcional, pero que ésta se realiza en función de los estímulos que constantemente se reciben del exterior y del interior de nuestro cuerpo. Ya he hablado en otras entradas sobre estos problemas (influencia del medio ambiente en el pensamiento yconducta; la herencia neurológica humana; evolución del cerebro).


En este contexto el precúneo presenta las mismas tendencias estructurales que el resto del cerebro, es decir, es dependiente de la influencia externa para su definitiva estructuración. Ésta se produce tardíamente como se refleja de su compleja organización cortical columnar y de que es una de las últimas regiones de mielinizar. La definitiva mielinización viene casi a ser sinónimo de estructuración definitiva y que en otras capacidades cognitivas (p. e. el lenguaje) se ha visto con mayor seguridad. Todas las áreas relacionas con la autoconciencia reflejan las mismas características.

Cuando hablo de influencia externa hay que matizar mucho tal expresión. Toda influencia es importante, pero la forma en que se adquiere lo es más aún. Me refiero a que la influencia externa que más importancia tiene en la definitiva estructuración de nuestro pensamiento es el lenguaje (ver lenguaje humano; pensamiento, lenguaje y conducta; la autoconciencia comocapacidad cognitiva emergente), pues con su adquisición lo que hacemos es estructurar el cerebro para que funcione con las características que forman su estructura. Pensamos como si nos habláramos a nosotros mismos (lenguaje interno); almacenamos los conceptos que aprendemos por el lenguaje de forma que puedan ser mucho más fácilmente recordados por los mecanismos lingüísticos del lenguaje (el lenguaje une gramaticalmente todos las posibles combinaciones que conozcamos); componen los elementos de nuestra conciencia autobiográfica (creada desde que nacemos y permanentemente presente en nuestro pensamiento). Aunque desconozcamos aún mucho del funcionamiento neurológico humano, creo que no es descabellado pensar que la hipótesis que estoy planteando tiene unas bases que se acoplan mucho mejor a la realidad de nuestro cerebro, que el pensar que la genética es el principal, y casi único, valedor de toda nuestra conducta.

* Bruner, E.; Manzi, G. y Arsuaga, J. L. (2003): Encephalization and allometric trajectories in the genus Homo: Evidence from the Neandertal and modern lineages. PNAS, 100 (26): 15335-15340.
* Bruner, E.; de Lázaro, G. R.; de la Cuétara, J. M.; Martín-Loeches, M.; Colom, R. y Jacobs, H. I. L. (2014): "Midsagittal brain variation and MRI shape analysis of the precuneus in adult individuals". Journal of Anatomy. DOI: 10.1111/joa.12155.
* Tobias, P. V. (1983): “Recent advances in the evolution of the hominids with especial reference to brain and speech”. Pontifical Academy of Sciences, Scripta Varia 50:85-140.
* Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Emociones y conducta

Todos conocemos la importancia que las emociones tienen en la conducta humana, pero muchas veces desconocemos los mecanismos que utilizan para realizar la conducta que nos caracteriza como seres humanos. Las emociones facilitaron, con su básica producción innata y su posterior desarrollo cognitivo-conductual, la evolución del comportamiento social dentro de las poblaciones humanas (Turner, 2000). Cuando hablamos del cerebro casi toda nuestra atención se dirige a los elementos constituyentes de nuestra racionalidad, que muchas veces resumimos como inteligencia en un sentido muy general. Al hablar de las emociones, salvo los estudios dedicados especialmente a ellas, se mencionan como un importante componente cognitivo, pero un tanto vago e impreciso en su articulación con los procesos racionales que van a organizar la conducta. La racionalidad y la emotividad siempre actúan juntas, pues cualquier acción (sobre todo si se relaciona con otros componentes de la sociedad) siempre lleva adosada un componente emocional (positivo, negativo o dentro de un amplio margen de una supuesta neutralidad emocional), o lo que es más importante pueden ser la causa de la utilización racional para una acción determinada.

Su base neurológica es amplia y compleja, estando formada por el sistema límbico (parte del tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo.) y algunas áreas corticales (área ventromedial del lóbulo prefrontal y la circunvolución del cíngulo). Su manifestación conductual estaría mediatizada por las neuronas espejo (empatía, motivación); áreas prefrontales dorsolaterales (control de las emociones); córtex asociativo en general (emociones autoconscientes), y el Sistema Nervioso Autónomo (respuestas automáticas).
Esta amplia base neurológica nos confirma que nuestro sistema nervioso siempre actúa de forma integrada con otras áreas cerebrales, pues su acción conjunta es necesaria para cualquier forma de acción. En este contexto, la importancia del LóbuloPrefrontal (LPF) es primordial, pues su funcionalidad puede resumirse en dos grandes apartados (Ardilla y Ostrosky-Solis, 2008):

* Metacognitivos (área dorsolateral de la corteza prefrontal), para procesar la información, asimilarla y utilizarla para mejorar su conducta, mediante el mayor desarrollo de sus funcionesejecutivas, imprescindibles para la organización de todo tipo de conducta y lenguaje, y al aumento de las capacidades de abstracción y simbolismo.

* Emocionales (área ventromedial de la corteza prefrontal), que coordina la cognición y la emoción. En ese sentido, la función principal del lóbulo prefrontal es encontrar justificaciones aparentemente aceptables para los impulsos límbicos (los cuales constituyen las “funciones ejecutivas emocionales”).

¿Qué son las emociones?

Las emociones se podrían definir como las reacciones o respuestas psicobiológicas (cognitivas, fisiológicas y motoras) a ciertos estímulos producidos por un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo, con el resultado de establecer o potenciar una conducta apropiada (supervivencia y relaciones sociales), a los desafíos del medio ambiente de los que somos conscientes por medio de sensaciones objetivas. Se pueden distinguir varias fases o componentes en su producción (Damasio, 2010):

- Recepción del estímulo que desencadena el proceso (objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo).
- Reacción psicobiológica o expresión del sentimiento. Se producen tres tipos de reacciones:
* Sobre la cognición. Las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas y respuestas del individuo, y activan redes asociativas relevantes en la memoria.
* Sobre la fisiología. Las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluidas las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del Sistema Nervioso Autónomo (en especial el simpático) y la del Sistema Endocrino, a fin de establecer un medio interno óptimo para un comportamiento más efectivo.
* Sobre la conducta. Las emociones sirven para establecer un comportamiento adecuado a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y nos alejan de otros.
- Percepción de la emoción (sentimientos emocionales). Los sentimientos emocionales aparecen con la percepción de lo que nuestro cuerpo hace mientras se manifiesta la emoción, junto con percepciones del estado de nuestra mente durante ese mismo periodo de tiempo (Damasio, 2010).

En general, a las emociones se las puede considerar como un lenguaje biológico, necesario en las comunidades de carácter social para su armonía y realización de conductas comunes. La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en uno de los elementos más importantes de la motivación, y ésta del cambio conductual.

Tipos de emociones

Todos conocemos multitud de emociones, pero distan mucho de ser homogéneas respecto de su origen, desarrollo y manifestación. Existen diversas clasificaciones realizadas según los criterios de sus autores, por lo que hay cierta disparidad entre ellas. Éste es el motivo de que para algunos autores no tengan especial interés en su realización y manifestación, pues todas tienen defectos y siempre se pueden creer que falta alguna emoción (Damasio, 2010). No obstante, existen importantes criterios sobre su origen que hacen necesario establecer cierta clasificación, para poder entender mejor sus características y acción en la conducta humana.  

- Las emociones primarias o básicas son aquellas que se dan en todos los seres humanos. Serían el miedo, enfado, tristeza y alegría/felicidad, a las que pueden añadirse el asco y la sorpresa. Son acciones desencadenadas por un objeto o suceso identificable como un estímulo emocionalmente competente (Damasio, 2010; Ekman et al. 1983; Prinz, 2010). Se considera que no contienen otras emociones como una parte, y tienen un carácter innato (Ekman et al. 1983), estando asociadas a la evolución de la especie. Tienen un claro fin social y de salvaguardia personal, aunque su producción y manifestación puede alterarse en función del nivel de desarrollo cognitivo y cultural que tengan las poblaciones humanas. 

- Las emociones secundarias se construyen a lo largo del desarrollo ontogenético, y parecen estar más ligadas al desarrollo cognitivo-cultural que a los procesos evolutivos. Se activan de una manera relativamente lenta, no tienen una expresión facial reconocible, comparten patrones de reactividad autónoma con otras emociones, y pueden estar asociadas con un amplio rango de estímulos, incluyendo conceptos abstractos. Su desarrollo a partir de las emociones primarias presenta diversas combinaciones, en las que no se puede obviar un importante componente subjetivo en su elaboración.

Una clasificación podía ser: de la alegría (amor, placer, diversión, euforia, entusiasmo y gratificación); del asco (repugnancia, rechazo, antipatía, disgusto y desprecio); enfado (cólera, rencor, odio, irritabilidad, rabia e impotencia; del miedo (angustia, desasosiego, incertidumbre, preocupación, horror y nerviosismo); de la sorpresa (desconcierto, sobresalto, admiración y asombro); de la tristeza (pena, soledad, pesimismo, compasión y decepción). La mayoría tiene un carácter eminentemente social. Otra clasificación de las emociones muy conocida es la rueda de Robert Plutchik, la cual consistía de ocho emociones básicas y ocho emociones avanzadas, cada una compuesta de dos emociones básicas.


Rueda de emociones de Robert Plutchik
- Existen otra serie de emociones secundarias que no se derivan directamente de las emociones primarias, y son fruto de la socialización y del desarrollo de capacidades cognitivas (autoconciencia). Al tener un origen más cortical estarían más expuestas a la influencia de los pensamientos conscientes, lo que las hace más susceptibles de variación cultural. Serían las llamadas emociones autoconscientes o cognoscitivas superiores. Como ejemplo tenemos la culpabilidad, el desconcierto, el orgullo, la envidia y los celos.

Origen y desarrollo de las emociones

Recientes estudios etológicos nos indican que la relación entre cognición y emoción que vemos entre los humanos es aplicable también a nuestros parientes primates, incluyendo cierto control efectivo sobre las emociones. Actualmente, se acepta que los grandes primates sienten empatía, es decir, se ponen en el lugar del otro, e incluso son capaces de elaborar estrategias para mejorar la vida de los demás. Evolutivamente, todos somos especies relacionadas, nuestras estructuras cerebrales son muy similares y la estimulación de las mismas produce semejantes respuestas. Ejemplos como la inhibición, el camuflaje, el contagio emocional y la empatía son frecuentes de las complejas sociedades de los primates. Tanto monos como grandes simios son capaces de ignorar una recompensa inmediata para conseguir una recompensa diferida (de Waal, 2011), aunque con un carácter más ocasional que habitual.

La existencia de emociones en los animales, y la semejanza neurofisiológica de su producción nos indica que su origen es antiguo dentro de la escala evolutiva (Belmonte Martínez, 2007; Pankseep, 1998). Todo parece indicar que el comienzo de las emociones en el género Homo debe partir, como mínimo, de las emociones primarias que vemos en los primates actuales, incluso con ciertos mecanismos de control de las mismas. Su evolución en nuestro género estaría muy ligada al paralelo desarrollo de las capacidades cognitivas racionales, sobre todo de la autoconciencia que constantemente actuaría sobre todas las emociones con diferente intensidad, desde una influencia muy escasa en las primarias hasta crear las propias emociones autoconscientes.

Relaciones entre emociones y conducta

Nuestra conducta es el resultado de la mutua interacción cognitiva de las capacidades racionales y emocionales. Las emociones más primitivas (emociones primarias) tienen una gran influencia en la conducta. No obstante, es posible cierto control sobre ellas, pero requiere condiciones especiales (entrenamiento, fuertes condicionamientos culturales y racionales, etc.) y, aún así, en ocasiones no es posible su control de forma individual, necesitando la ayuda de especialistas (psicólogo, psiquiatra, terapeuta en general). Un claro ejemplo es el miedo, conocido y experimentado por todos y no siempre superado. En este caso incluso la plena actuación de la autoconciencia y la experiencia puede no ser suficiente para poder superar sus acciones innatas (huida o parálisis) y poder realizar una conducta más acorde con un procesamiento racional de la situación.Al haber innumerables situaciones en las que las emociones tienen un papel significativo, he querido exponer solamente cuatro componentes cognitivos y conductuales relacionados con las emociones y con una especial importancia en el desarrollo de nuestra conducta.

- Empatía. Las emociones tienen una estrecha relación con la producción social de la empatía, cuya definición sería percibir en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir. La empatía estaría muy relacionada con diversas estructuras cerebrales donde existen neuronas espejo (corteza prefrontal y temporal) y sin ellas (amígdala, y diversas estructuras del Sistema Límbico). En la empatía se pueden diferenciar tres aspectos (Moya-Albiol, et al. 2010):

* Primero, conocer los sentimientos de otra persona, por lo que estaría muy relacionado con la Teoría de la Mente (componente cognitivo) y, por tanto, con el desarrollo de la autoconciencia.
* Segundo, sentir lo que el otro está sintiendo, ya sea de forma similar o igual a lo que el sujeto puede sentir en la misma situación (componente emocional).
* Tercero, responder compasivamente a los problemas que le aquejan (comportamiento social).
La empatía parece que tiene un protagonismo social muy importante, lo que favorecería el desarrollo de las relaciones sociales y de la conciencia social y personal. Existe en aquellas conductas que para su realización precisen de reforzamientos de las estructuras sociales (migraciones, organización social, distribución del trabajo, etc.). Según diversos autores es fundamental para el desarrollo de las conductas éticas o morales (Hoffman, 1992).

- El control conductual. Podemos desarrollar cierto control de la manifestación conductual de las emociones. Este control puede variar desde una simple inhibición dejando la expresión de las emociones totalmente libres, hasta elaborar formas graduales de limitación o variación voluntaria de tales manifestaciones. En el segundo caso estaría muy relacionado con la evolución de la autoconciencia. Su existencia o su ausencia facilitarían las conductas extremas marcadas por la negación conductual, el engaño, la mentira y la violencia, donde la empatía quedaría totalmente abolida. Esta función cognitiva estaría muy relacionada con las funciones ejecutivas del LPF (inhibición).

- La motivación. Las emociones condicionan en alto grado el desarrollo de la motivación, y ésta es el principal impulsor de la conducta (Flórez, 1996). Se puede considerar como el conocimiento (por vía sensitiva y/o racional) de la existencia de hechos que estimulen la necesidad o el interés (componente afectivo, fundamental en la conducta humana) de elaborar mejores y más complejas conductas de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en uno de los elementos más importantes de la motivación. Los avances tecnológicos, sociales y simbólicos son respuestas a las emociones que han motivado conductas encaminadas a su resolución.

- La influencia de la autoconciencia en las emociones. Estaría condicionada a su propia creación y evolución, lo que no ocurrió hasta que las circunstancias neuroevolutivas, socioeconómicas, demográficas, tecnológicas y lingüísticas lo hicieron posible (Rivera, 2009). Su desarrollo es un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, por lo que existen numerosos estadios intermedios en su progreso a lo largo de la evolución humana. Su acción produciría modificaciones en todas las emociones (primarias y secundarias). De las primarias solo puede darse control al unirse a los mecanismos de inhibición conductual, de las secundarias puede haber grandes modulaciones dando origen a las emociones autoconscientes o cognoscitivas superiores.

Conclusiones

De la unión de ambas capacidades cognitivas (emocionales y racionales) se pueden sacar dos importantísimas conductas de carácter opuesto, pero fundamentales en la conducta humana:

* Primero, la violencia, como respuesta a una motivación basada en emociones que facilitarían una respuesta de enfrentamiento (miedo y enfado), a emociones secundarias autoconscientes basadas en conductas no aceptadas por todos (p. e. problemas de espacio y accesibilidad a las fuentes logísticas) y una progresiva inhibición de la empatía.

* Segundo, ante los anteriores problemas otras emociones secundarias autoconscientes motivarían la necesidad de regular tales situaciones, es decir, a generar pautas de conductas de carácter ético o moral, ya sean independientes o reguladas dentro de una religión o regulación política.
El desarrollo de estas dos formas conductuales (violencia y ética) va a ser una constante en la conducta de los seres humanos de todas las épocas, donde las emociones autoconscientes van a jugar un papel esencial en el predominio de una u otra.

Un aspecto muy importante se da en la educación, donde una motivación adecuada es un elemento esencial y, que por desgracia, no se cultiva muchas veces lo suficiente como para salvar los grandes inconvenientes que la educación conlleva. Ésta junto con una inhibición de la violencia fundamentada en la solidaridad y el razonamiento, el desarrollo emocional de de la empatía y un desarrollo de la autoconciencia con estas características, seguro que darían unos resultados educacionales más positivos para la persona y para la sociedad, que la muchas veces básica acumulación de contenidos teóricos.

* ARDILA, A.; OSTROSKY-SOLÍS, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
* BELMONTE MARTÍNEZ, C. (2007): “Emociones y cerebro”. Rev. R. Acad. Cienc. Exact. Fís. Nat. Vol. 101, (1):59-68.
* DAMASIO, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino. 
* de WAAL. F. (2011): La edad de la empatía. Barcelona. Tusquets.
* EKMAN, P.; LEVENSON, R. W. y FRIESEN, W. V. (1983): “Autonomic nervous system activity distinguishes among emotions”. Science 221, 1208–1210.
* FLÓREZ, J. (1996): Cerebro: “El mundo de las emociones y de la motivación”. En Mora, F. (ed.): El cerebro íntimo. Barcelona. Ariel. 
* HOFFMAN, M. L. (1992): “La contribución de la empatía a la justicia y al juicio moral”. En Eisenberg, N y J. Strayer (ed.). La empatía y su desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer, pp.151-172.
* MOYA-ALBIOL, L.; HERRERO, N.; BERNAL, M. C. (2010): “Bases neuronales de la empatía”. Rev Neurol; 50: 89-100.
* PANKSEPP, J. (1998). Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions. New York: Oxford University Press.
* PRINZ, J. (2010): “¿Cuáles son las emociones básicas?”. Cuadernos de Crítica, México: UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas, No. 55.
* RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
* TURNER, J. H. (2000): On the origins of human emotions: a sociological inquiry into the evolution of human affect. Stanford, CA: Stanford University Press.

domingo, 10 de agosto de 2014

Neuronas espejo, empatía y conducta humana

En los estudios sobre la evolución de la conducta humana estamos acostumbrados a que se hable siempre de las capacidades cognitivas humanas que la evolución nos ha dado como la principal causa de su producción. Naturalmente me refiero a las capacidades cognitivas racionales, como composición principal de la “inteligencia humana” que ha trasformado nuestra cultura y forma de vivir. Sin embargo, hay que admitir que cualquier acción individual o social siempre incluye un componente emocional, siendo prácticamente imposible comprender la naturaleza neurológica humana sin un acercamiento adecuado a estos dos procesos cognitivos (Ardila y Ostrosky-Solís 2008; Damasio, 2010). Las emociones facilitaron, con su básica producción innata y su posterior desarrollo cognitivo-conductual, la evolución del comportamiento social dentro de las poblaciones humanas (Turner, 2000), y éste del desarrollo cognitivo (Coward y Gamble, 2008; Rivera, 2009). En el estudio de las emociones tenemos que existe una estrecha relación entre su producción con las neuronas espejo y la empatía. Analizaré brevemente estos dos últimos aspectos relacionados con la conducta.

Neuronas espejo

Evidentemente, las emociones tienen una base neurológica de carácter evolutivo que hace posible su actuación. En este contexto, en estos últimos años se han descrito un tipo de neuronas que pueden, en parte, tener una relación muy importante con las emociones y la conducta humana, se trata de las neuronas espejo. Su definición nos aclara su utilidad:

Se denominan neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo, especialmente un congénere.

- Histología y anatomía neuronal. Lo primero que hay que resaltar es que aunque parece que se refiere a un tipo específico de neuronas, no es cierto. Se trata de neuronas del sistema piramidal, llamadas así por su forma de pirámide y por que estarían relacionadas con el movimiento en general (como todas las neuronas piramidales). Su particularidad neurofisiológica es que se disparan con el movimiento, propio y ajeno, siendo distintas a las otras neuronas piramidales por su función, no por su histología. Además, se activan con movimientos determinados y pueden ser selectivas (Martín-Loeches, 2008). Es decir, se trataría de una red neuronal (neuronas, axones, dendritas, conexiones neurológicas, etc.), conectada a otras de las que recibe cierta información (elaborada o no), provocando una reacción determinada, o la adquisición conceptual (total o parcial) de un acto externo.

- Localización anatómica. Los resultados de los estudios por imágenes del cerebro han demostrado que la circunvolución frontal inferior (parte del área 44 de Brodmann, o área de Broca) y la corteza parietal inferior (área 6 de Brodmann) del cerebro humano se activan cuando la persona realiza una acción y también cuando la persona observa a otro individuo realizar esa misma acción. Por lo tanto, es probable que estas regiones contengan neuronas con estas características, por lo que han sido definidas como el sistema de neuronas espejo humano. Como era de esperar las neuronas espejo no son exclusivas de nuestro género, sino que también están presentes en primates no humanos, aunque en diferente cantidad y ubicación.


- Fisiología funcional. Se activan con la observación de la actividad que realiza un congénere, por lo que tienen un trasfondo social básico, relacionándolas con la interacción social, pues incita a una conducta determinada (imitación) (Martín-Loeches, 2008). Por tanto, parece que tienen la capacidad de proporcionar un mecanismo para comprender la acción, aprender por imitación, y la simulación imitativa del comportamiento de los demás. Este aspecto es fundamental en el desarrollo cultural de los primates, aunque menor entre las comunidades humanas en las que el aprendizaje es más directo e intencionado. Es una forma de cognición social (Moya-Albiol, et al. 2010).

- Relación con el origen del lenguaje humano. Ya vimos como estas neuronas en los seres humanos se encuentran en la corteza frontal inferior, cerca del área de Broca, una región tradicionalmente relacionada con la producción del lenguaje, pero que también controla los movimientos orales y de la mano en sus más complejas manifestaciones. Esto parece indicar que el lenguaje humano evolucionó a partir de un sistema de comprensión y realización de gestos implementados en las neuronas espejo. Sin embargo, como en muchas teorías de la evolución del lenguaje, existen pocas evidencias directas, lo que nos obliga a continuar estudiando su funcionalidad por todos los medios disponibles.
Sin embargo, parece ser un sistema importante para el lenguaje, pero no más que otros muchos sistemas neuronales relacionados con él. El lenguaje humano está constantemente activando aquellas partes del cerebro que representan la realidad descrita por aquél, así muchas palabras o frases (relacionadas con acciones) activan zonas motoras y relacionadas con la acción. Este no es lenguaje, es nuestro sistema de comprensión del mundo, activado por el lenguaje (Martín-Loeches, 2008).

Empatía

Las neuronas espejo refuerzan la compresión de la existencia de los demás como semejantes a nosotros (imitamos su conducta, lo que hacen los demás nos interesa). En la comprensión de las acciones e intenciones de los demás, relacionándose con el propio concepto de la teoría de la mente (Martín-Loeches, 2008). Aumenta la empatía emocional y racional. La empatía es un proceso cognitivo fundamental en las relaciones humanas.


Podemos definir la empatía como la percepción en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir. Se deduce que sólo puede darse dentro de un trasfondo social. Presenta tres aspectos diferentes (Moya-Albiol, et al 2010):
- Conocer los sentimientos de otra persona, por lo que estaría muy relacionado con la Teoría de la Mente (Componente cognitivo).
- Sentir lo que está sintiendo, de forma similar o igual a lo que el sujeto puede sentir en la misma situación (Componente emocional).
- Responder compasivamente a los problemas que le aquejan (Comportamiento social).

La empatía parece que tiene un protagonismo social muy importante, lo que favorecería el desarrollo de las relaciones sociales y de la conciencia social y personal. Según este modelo de percepción-acción, la observación o imaginación de otra persona en un estado emocional particular activa de manera automática una representación de ese estado en el observador, con las respuestas fisiológicas asociadas. Al ser automático, se trataría de un proceso que no requiere conciencia ni esfuerzo de procesamiento, pero que no puede inhibirse ni controlarse. Se trata de una compleja forma de inferencia psicológica en la que la observación, la memoria, el conocimiento y el razonamiento se combinan para poder comprender los pensamientos y sentimientos de los demás. El movimiento que conduce de la empatía al acto, discurre a través de las neuronas espejo, empleando exactamente los mismos circuitos cerebrales que se ponen en marcha durante nuestra propia experiencia.

Existen teorías que explican el desarrollo del cerebro social en las especies de mamíferos que vivían en grupos sobre la base del desarrollo o adquisición de conductas muy relacionadas con la empatía. En estas sociedades los individuos notan y se afligen ante el dolor de un congénere, actuando de forma que se acabe el objeto que provoca dicho dolor, incluso aunque suponga un peligro para ellos mismos (Preston y de Waals, 2002).

La empatía estaría muy relacionada con diversas estructuras cerebrales donde existen neuronas espejo (corteza prefrontal y temporal) y sin ellas (amígdala, y diversas estructuras del Sistema Límbico). Por tanto, su actuación en esta forma de relación social debe considerarse como coadyuvante en la conducta que se produce, no como su elemento primordial. Según diversos autores es fundamental para el desarrollo de las conductas éticas o morales (Hoffman, 1992). Las conductas éticas o morales, serían una consecuencia de la racionalización de las emociones, estando promovida por altos grados de empatía, así como del desarrollo de la autoconciencia.

Conducta humana

La conducta humana es la resultante de múltiples procesos cognitivos, unos de carácter innato y otros dependientes de la influencia del medio ambiente. Sin duda la empatía, relacionada con las neuronas espejo, en uno de sus principales mecanismos de las relaciones sociales. Su unión con la producción de las emociones es la causa de la evolución conductual humana, pues son un componente muy importante de la motivación, que en definitiva sería el verdadero motor del desarrollo cultural y tecnológico de nuestras sociedades.

Las emociones, relacionadas con las neuronas espejo y la empatía, condicionan en alto grado el desarrollo de la motivación, y ésta es el principal impulsor de la conducta (Flórez, 1996). Se puede considerar como el conocimiento (por vía sensitiva y/o racional) de la existencia de hechos que estimulen la necesidad o el interés (componente afectivo, fundamental en la conducta humana) de elaborar mejores y más complejas conductas de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en uno de los elementos importantes de la motivación. Los avances tecnológicos, sociales y simbólicos son respuestas a las emociones que han motivado conductas encaminadas a su resolución.

Conclusiones

La conducta humana es un complejo proceso donde se juntan diversos mecanismos neurológicos (p. e. neuronas espejos, córtex cerebral), psicológicos (empatía, motivación y emociones) y sociales (relaciones entre miembros de un grupo y de éstos con otros grupos). La sociabilidad y este desarrollo neurológico y cognitivo tan específico (teoría de la mente), junto con el aumento evolutivo de las demás capacidades cognitivas (abstracción, simbolización, funciones ejecutivas, memoria, etc.) y el propio desarrollo sociocultural de las poblaciones humanas, creo que son los verdaderos artífices del origen y desarrollo de la cultura humana, donde el lenguaje juega un papel predominante, pues sin él no hubiera podido ser realidad la conducta que hoy día poseemos los seres humanos.


* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
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* Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino.
* Hoffman, M. L. (1992): “La contribución de la empatía a la justicia y al juicio moral”. En Eisenberg, N y J. Strayer (ed.). La empatía y su desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer, pp.151-172
* Martín-Loeches, M. (2008): La mente del “Homo sapiens” El cerebro y la evolución humana. Madrid. Aguilar.
* Moya-Albiol, L.; Herrero, N.; Bernal, M. C. (2010): “Bases neuronales de la empatía”. Rev Neurol; 50: 89-100.
* Preston, S. D. y de Waals, F. B. (2002): “Empathy: Its ultimate and proximate bases”. Behavioral and Brain Sciences, 25: 1–72.
* Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal Madrid.   
* Turner, J. H. (2000): On the origins of human emotions: a sociological inquiry into the evolution of human affect. Stanford, CA: Stanford University Press. 

lunes, 7 de julio de 2014

Influencia del medio ambiente en el pensamiento y conducta

Es muy frecuente pensar que nuestra forma de pensar, y por tanto de actuar, es consecuencia casi directa de la genética que heredamos de nuestros padres, pero la realidad, no siempre bien conocida ni expuesta, no dice lo mismo. Diversos autores han hecho hincapié sobre este dato, pero la mayoría de las veces sus opiniones no han pasado de la anécdota sin ninguna repercusión en los estudios relacionados con la conducta humana. Estas ideas han surgido hace muchos años, teniendo cada vez tienen mejor fundamento, según las ciencias de la conducta van avanzando. Los ejemplos son más literarios y filosóficos que psicobiológicos, pero recogen el sentir de que nuestra realidad se forja más con el quehacer cotidiano que con nuestra herencia biológica:

...lo único que nos es dado y que hay cuando hay vida humana es tener que hacérnosla, cada cual la suya.... La vida es quehacer
José Ortega y Gasset. (Historia como sistema) (1935).

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo
José Ortega y Gasset. (Meditaciones del Quijote) (1914).

La mente humana es la mente humana y a la vez es la cultura, y si no se salva ésta no se salva aquella.
José Luis Pinillos, La mente humana (1991).

Otro ejemplo nos lo brinda el conocimiento real de lo que pasaba en los hospicios y hospitales hasta bien entrado el siglo XX. El Dr. José Antonio Vallejo-Nágera, en su libro “Introducción a la Psiquiatría” (1974) expone que sin un ambiente adecuado las propiedades cognitivas no se manifiestan o lo hacen de forma inadecuada.

El permanecer durante los primeros meses o años de la vida en una institución asistencial lejos de los cuidados maternos, todo el mundo comprende que es una tragedia si se asocia con la clásica imagen sobria y cruel que estos centros tienen históricamente. Si la imagen presentada es la de un centro modélico, aséptico, cristales y niquelados por doquier; enfermeras y médicos en batas de blancura impecable; los niños bien vestidos, inmejorablemente alimentados, etc., es lógico que muchos piensen que es el mejor destino para el niño permanecer allí, y no en su hogar del suburbio, lleno de privaciones, malos tratos y falta de alimentos y de higiene. Hoy se sabe que no es así. La gravedad del daño que la hospitalización prolongada produce a un niño resulta increíble, si no estuviese ya claramente demostrado. Este carácter de increíble es lo que explica por qué ha pasado inadvertido a lo largo de los siglos, pese a estar desde tiempo inmemorial ante los ojos de todos. Es curioso que a nadie haya llamado la atención el hecho de que jamás, en el transcurso de la historia, un niño criado desde sus primeros días en un orfanato haya alcanzado una personalidad destacada en su vida adulta.....La mortalidad en estas instituciones fue siempre enorme......En Estados Unidos, dieron el nombre de hospitalismo al síndrome de deterioro progresivo, y con una mortalidad que alcanzaba el 70%......atribuido al trato impersonal.....En cuanto a los efectos del hospitalismo sobre la inteligencia se demostró que los niños criados en instituciones presentaban un retardo intelectual, más acentuado cuanto más rutinario e impersonal fuese el trato recibido en la institución.......si a los niños con un coeficiente intelectual anómalamente bajo, se le sacaba pronto de la institución y pasaban a un hogar adoptivo subía rápidamente su coeficiente intelectual, no teniendo beneficio si el cambio se produce después de que el niño ha cumplido los 3 años.

Pocas dudas pueden quedar sobre la influencia del medio ambiente (sobre todo social y cultural) en el desarrollo de las capacidades cognitivas humanas (racionales y emocionales). No sólo somos lo que heredamos, sino que precisamos de la modulación medioambiental para manifestar un fenotipo determinado, naturalmente dentro de los límites de variación que nuestra genética nos impone, pero que es mucho más de lo que pensamos o nos quieren hacer creer.

Actualmente, conocemos que la estructura histológica y anatómica de la corteza cerebral de los primates es prácticamente igual entre todos ellos, diferenciándose cuantitativamente en la superficie de las áreas asociativas del córtex (Delgado 1994; Eccles, 1992), en su facilidad para formar redes neuronales o su funcionalidad (Semendeferi et al. 2002), y posiblemente en otros factores bioquímicos no muy bien analizados. La evolución fue desarrollando cerebros más grandes, con mayor superficie cortical, mayor capacidad de sinapsis o de formación de redes neuronales, y un aumento diferenciado o alométrico de las áreas de asociación, pero no cerebros de estructuración celular, anatómica y fisiológica diferentes. El cerebro del Homo sapiens que vivió hace unos 150.000 años era muy similar, por no decir prácticamente igual, al nuestro. La única diferencia que podemos resaltar corresponde a la calidad y cantidad de información existente entre la cultura de ese momento y la actual; una con escasos componentes simbólicos y/o abstractos, y la otra basada en su mayoría en conceptos con este tipo de características. La forma de funcionar de ambos cerebros sería la misma, aunque condicionada por la diferente información que recibirían en los distintos periodos culturales.

Con esta visión, la única manera de tener un mínimo de objetividad en el estudio del desarrollo cognitivo y cultural de los seres humanos es creando un modelo teórico común a todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de la cultura de cada momento. Esto puede intentarse por medio de un estudio limitado a aquellos factores comunes o estructurales propios de nuestra especie, que pueden aplicarse a los seres humanos actuales y a los que desarrollaron las culturas del pasadoo. Un estudio interdisciplinar fundamentado en los datos más recientes de la Biología Evolutiva, Neurología, Psicología, Sociología y Lingüística nos puede ofrecer un panorama fácilmente identificable con un estructuralismo funcional, es decir, con la base funcional sobre la que se va a desarrollar nuestro pensamiento y conducta, siendo común en todos los seres humanos.

No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción socioeconómica y cultural, puede ser distinta en los diferentes grupos humanos que conocemos. En definitiva, de lo que se trata es que las formas fisiológicas de percepción de la naturaleza (los cinco sentidos conocidos por todos: gusto, tacto, olfato, audición y visión), y su procesamiento en el sistema nervioso de los seres humanos, son iguales para todos los de la misma especie. Mientras que entre las demás especies humanas serían sólo similares, pues existen ligeras diferencias de funcionalidad y de capacidad cognitiva, aún por precisar. Por tanto, cada grupo social de una misma especie humana puede, independiente unos de otros, ir creando una estructura lógica social y personal diferente. Lo que en un principio es común, en su desarrollo se iría diversificando. Naturalmente, los componentes de cada una de las diversas especies de nuestro linaje, tendrían unas características funcionales propias, que limitaría la forma de adquirir y procesar la información del medio ambiente.

En la actualidad conocemos que existen diferencias de pensamiento, lenguaje y conducta en diversas poblaciones, las cuales tienen un desarrollo cultural diferente al conocido como occidental. La prehistoriadora Almudena Hernando, en el estudio de las poblaciones sobre indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales, llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los considerados como modernos de nuestra sociedad. Si en la actualidad existen estas diferencias culturales, más posibilidades hay que se produzcan en las culturas paleolíticas Así lo indica en su libro “Arqueología de la Identidad” (2000):

No tiene sentido pretender que los habitantes de la Prehistoria o de la Historia eran como nosotros mismos, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos, tal y como, inconscientemente, se ha pretendido hasta ahora.

Parte del conocimiento de la falta de diferencias neurológicas y psicológicas entre ellos y nosotros, pues todos participamos de las mismas capacidades que la evolución ha otorgado a nuestra especie. Estas poblaciones de aborígenes, a pesar de tener una clara base simbólica y abstracta en su estructuración lingüística y mental, tienen unas características distintivas y propias, como también ha analizado el psicólogo José Luis Pinillos (1991). Para él, estas poblaciones presentan un pensamiento con unas características distintivas y propias que podemos resumir en los siguientes apartados:


- Concreto o incapaz de grandes abstracciones. Le resulta más difícil referirse a un color en abstracto que a una cosa con ese color. Igualmente, le es complejo hablar de una numeración abstracta, sin una referencia inmediata a cosas que se pueden numerar. Es más difícil decir y comprender el número tres, que expresar y comprender lo que significa tres árboles.
- Sincrético o poco diferenciado, al mezclar lo imaginativo y lo afectivo con elementos verdaderamente abstractos.
- Colectivo o poco individualizado, poco crítico, estereotipado, al aceptar sin crítica personal las creencias vigentes en la comunidad. Prima la individualización social sobre la personal.
- Antropomórfico, humanizador de la Naturaleza o animista. Propenso a adjudicar a los fenómenos naturales cualidades o comportamientos propios de los seres humanos.
- Prelógico, al tener unos razonamientos diferentes a los que usamos nosotros, no porque carezcan de lógica, sino que utiliza sus razonamientos en unos supuestos culturales distintos. Una cosa puede ser varias cosas a la vez (la luna, por ejemplo, puede ser una mujer y un espíritu).
- Místico, reaccionando muy emotivamente ante lo que no se entiende.

En este sentido, existe una importante muestra documental sobre las diversas vías simbólicas o de estructuración cognitiva, que han sido adoptadas por las diversas poblaciones en el transcurso de su evolución cultural, gracias a los numerosos estudios etnológicos que, sobre ellos, se han realizado en los dos últimos siglos en amplias zonas geográficas. Todo esto nos da pie a comprobar la existencia de diferentes evoluciones culturales, basadas en la libre y diferente interpretación de los conceptos sobre la individualidad social y/o personal, el tiempo, el espacio y, en definitiva, el mundo simbólico que se está creando. Sin embargo, si un recién nacido del mundo de los indígenas es criado en nuestra sociedad tendría exactamente las mismas características conductuales y cognitivas que los demás niños con los que se relacione. Igualmente, si es al revés el niño europeo creado en la selva asumiría todas las características conductuales del grupo donde se desarrolle. El medio (social, cultural, lingüístico, tecnológico, etc.) es el que va a configurar la conducta en todos sus aspectos de los seres humanos.

La importancia del medio ambiente durante el desarrollo de los niños es fundamental en todos sus aspectos, es decir, tanto en los meramente racionales como en los emocionales, lo que no siempre se han tenido en cuenta. Un ejemplo, ya superado al menos en nuestros medios sociales, sería el caso de los niños con el síndrome de Down (trisomía del cromosoma 21), que con una educación precoz, adecuada y reforzada consiguen un importante aumento cognitivo, con lo que su calidad de vida se ve notablemente mejorada, lo que no pasaba hace años sin una educación especializada a su situación.

Por tanto, mucha de la responsabilidad sobre la forma de pensar y actuar de los niños y jóvenes de nuestra sociedad recae primero en los padres de una forma constante y fundamental, y segundo en los diferentes educadores o profesionales que a lo largo de su vida se van a ir encontrando. Pensar lo contrario es tirar piedras contra nuestro propio tejado.

* DELGADO, J. M. R. (1994): Mi cerebro y yo. Temas de Hoy. Madrid.
* ECCLES, J. C. (1992): La evolución del cerebro: creación de la conciencia. Labor. Barcelona.
* HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
* ORTEGA Y GASSET, J. (1914): Meditaciones del Quijote. Ideas sobre la novela. Cátedra (1984: 118). Barcelona.
* ORTEGA Y GASSET, J. (1935): La Historia como sistema. Colección Austral, 1440. Espasa Calpe (1971: 41-42). Madrid.
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* SEMENDEFERI, K.; LU, A.; SCHENKER, N. y DAMASIO, H. (2002): Humans and great apes share a large frontal cortex. Nature neuroscience, 5 (3): 272-276.
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