miércoles, 4 de junio de 2014

Evolución neurológica: un enfoque interdisciplinario

En un anterior trabajo sobre la evolución (¿Quéentendemos por evolución?) ya se vio la complejidad que este proceso tiene. En esta entrada se pudo comprobar que la simplicidad en su aplicación a cualquier entidad biológica, ya sea de forma general (especies) o de un determinado órgano (p. e. sistema nervioso), parece que es muy difícil poder conocer qué mecanismos evolutivos fueron utilizados en el proceso. La aceptación de cualquiera de sus formas, sin atender a las contradicciones que plantea con otras ciencias que utilizan la evolución como importante herramienta en su cotidiano quehacer (p.e. Paleontología, Arqueología, Psicología, Neurología, etc.), parece más una manifestación de fe en la teoría usada que de ciencia contrastada, a pesar de que la posible comprobación que podamos realizar solo nos pueda proporcionar una menor incertidumbre, y no una certeza como sería de desear.

La admisión de variadas formas de cambio morfológico, su utilización dependiente del azar, las propias presiones ambientales desde el mismo momento de la fecundación, y la posibilidad de evolución en mosaico, hacen muy difícil elegir que mecanismos evolutivos han sido utilizados en la evolución de una especie o de un órgano determinado dentro de un linaje. La evolución es un proceso biológico que solo podemos conocer por medio de sus resultados (especies actuales), sobre su origen (especies anteriores) solo tenemos información parcial, y de los estadios evolutivos intermedios (si existen y en qué cuantía se dieron) solo se supone su existencia teórica, pues en muchos casos aún no se han encontrado, lo que produce importantes dudas sobre su realidad práctica.

La evolución creó el órgano (p.e. el cerebro), lo que confiere a sus características fisiológicas y funcionales una directa dependencia con la forma en que se produjo tal cambio morfológico. Dada la complejidad de este proceso parece importante que su estudio se realice por medios interdisciplinarios, es decir, utilizando de manera coordenada todas las ciencias que estén relacionadas con el proceso en estudio. Del pasado como la Biología evolutiva (proporciona las formas teóricas de evolución). Arqueología y Paleontología (muestran las variaciones en el tiempo de la anatomía y conducta o funcionalidad); del presente como la Neurología, Psicología, Lingüística, Ciencias sociales (indican el punto actual evolutivo de la estructura anatómica y funcional); de todas las épocas como la Genética (puede indicar los cambios genéticos que se han producido durante la evolución, pero aún estaría poco desarrollada en este contexto).


El uso de métodos interdisciplinarios es complejo pero parece necesario, como ya indiqué en otro trabajo (Interdisciplina. Necesidad metodológica osimple intención teórica), por lo que intentaré realizar su aplicación a la evolución neurológica del género Homo. 

Interdisciplina en la evolución neurológica del género Homo

Todo estudio sobre la conducta humana debe de iniciarse con el conocimiento de la evolución del cerebro que hizo posible tales hechos. Esta es la opinión Juan Luis Arsuaga, quien afirmaba lo siguiente:

Es muy atrevido escribir cualquier tesis sobre el comportamiento humano sin conocer la teoría de la evolución, siendo un disparate que en las universidades se estudien como ciencias separadas. Parece que se ignora que el descubrimiento más asombroso de la humanidad es la evolución, y sin esta revelación no se puede entender nada del ser humano (curso de verano 2004. Universidad Complutense. El Escorial).

Estoy totalmente de acuerdo con él, solo hace falta analizar la forma en que nuestro cerebro evolucionó, para conocer mejor la génesis y el desarrollo de la conducta humana. Aplicaré un método interdisciplinario en este intento.

I.- Biología evolutiva. Las características evolutivas que han marcado el desarrollo del género Homo, constituyen el armazón (anatómico, fisiológico y psicológico) sobre el que debe explicarse nuestra cultura y comportamiento. De la manera y forma en que se producen los cambios evolutivos es donde residen las claves de la explicación sobre nuestra forma de ser. En la actualidad no existe una simple aplicación de los criterios evolutivos conocidos que nos pueda convencer plenamente sobre la forma en que se ha producido la evolución neurológica. La diversidad de formas de producción evolutiva, su aparición al azar sin metas prefijadas y las posibilidades de su desarrollo en mosaico, hace que cualquier atribución de una determinada forma evolutiva sea más una pretensión que una realidad contrastada.

Lo cierto es que en el desarrollo teórico de la Biología evolutiva existen dos formas generales de entender el cambio anatómico. La primera, la más conocida y utilizada, estaría representada por las formas de variación evolutiva expresados en la teoría sintética. En ella vemos como la conducta humana, con su gran capacidad de adaptación, debió irse configurando de una forma paralela y lenta a los cambios morfológicos que lo posibilitan, ofreciendo una mayor capacidad de supervivencia. Todo este proceso sería dirigido durante su desarrollo por la acción de la selección natural. La segunda, basada en los conceptos que la Biología ha desarrollado en estos últimos años, explicaría la evolución por medio de un modelo de carácter multifactorial, que engloba el modelo de los equilibrios puntuados de Stephen. J. Gould. En él se explica la producción evolutiva con otros parámetros, entre los que destaca la realización de algunos cambios anatómicos relativamente rápidos, y su posterior sometimiento a los controles de la selección natural. Con estas premisas, la conducta simbólica humana (expresión de su sistema nervioso) se entiende como consecuencia de una exaptación evolutiva, es decir, como una cualidad cognitiva emergente que aparece después de realizados los cambios neurológicos que lo posibilitan, pero que no se crearon evolutivamente para realizar tal propiedad. Aunque las dos formas de entender los mecanismos evolutivos tienen cierto antagonismo, lo cierto es que, al menos teóricamente, pueden producirse ambos a la vez, sobre todo si tenemos en cuenta la evolución en mosaico. En la práctica, dentro del estudio de cada homínido, las dificultades para conocer cuales fueron los causantes de su evolución neurológica son aún muy importantes, lo que dificulta su conocimiento con la simple aplicación de los conceptos evolutivos. Siempre nos quedaría la duda de que si la forma evolutiva elegida es correcta o no, no pudiendo comprobarse por los conocimientos teóricos de la Biología evolutiva.

II.- Paleontología. Con los únicos datos que nos ofrece esta ciencia biológica, no es posible conocer la forma exacta en que se produjo nuestra evolución. El siguiente paso sería conocer el testimonio paleontológico, único sobre la realidad de los cambios evolutivos, y que nos puede ofrecer un panorama real en el tiempo de tales cambios. Pero la realidad es que no es capaz de indicar con claridad los caminos seguidos en tal complejo proceso y de tan larga duración. De hecho la irregularidad del registro paleontológico fue la causa del origen de la teoría de los equilibrios puntuados de Stephen. J. Gould. Hay muchas lagunas que no se llenan, lo que mantiene como mínimo la incertidumbre de la realidad evolutiva. En la evolución humana tenemos muchos datos, pero aún dudamos sobre la realidad de nuestra evolución en el tiempo, lo que explica con continuos cambios que sufre el árbol evolutivo de nuestro linaje.
Versión de Chris Stringer del árbol de la familia del Género Homo

Lo cierto es que la teoría de los equilibrios puntuados tiene la ventaja de que se basa en hechos comprobados (ausencia de fósiles que avalen la lenta progresión en numerosas especies), mientras que la evolución constantemente gradual solo se fundamenta en las bases teóricas de la teoría sintética y en la posibilidad (no contrastada en la actualidad) de que si faltan fósiles es que por azar aún no se han encontrado.

III.- Arqueología. Si con la Paleontología aún no es suficiente para conocer las formas evolutivas que dieron lugar al desarrollo neurológico humano, estamos obligados a buscar ayuda en otras ciencias que nos aporten nuevas vías de estudio sobre la forma de creación de estos aspectos culturales, consecuencia de la evolución neurológica. Parece obligado indagar que nos puede ofrecer la Arqueología, pues es la disciplina que más se ha dedicado a explorar la conducta durante el periodo de nuestra evolución anatómica y cultural. En ella, la forma más tradicional y difundida de explicar el aumento del sistema nervioso central humano corresponde a las formas más clásicas de la teoría sintética, donde todo progreso se realiza de una forma lenta y progresiva, así el cerebro pudo permanecer y progresar gracias al desarrollo de adaptabilidad que ofrecía el consecutivo aumento de la inteligencia de los humanos de cada nueva especie. Pero el registro arqueológico nos ofrece una versión diferente, al mostrar que tal crecimiento neurológico no se corresponde con un paralelo desarrollo de una conducta con mayor capacidad de adaptación. En líneas generales, se aprecian que primero se producen los cambios neurológicos y posteriormente los conductuales que, en teoría, suponen la ventaja adaptativa necesaria para asumir el gran coste energético (el cerebro necesita muchas calorías para su funcionamiento) y social (mayor inmadurez de los neonatos y duración de la infancia) que supone el aumento del cerebro. Pondré dos ejemplos:

- Los importantes aumentos cerebrales que se ven el los primeros Homo ergaster y erectus no se acompañan de significativos incrementos en su tecnología (lo más conocido y posiblemente responsable de su mayor adaptabilidad), relaciones sociales o cualquier tipo de forma conductual, que, en conjunto, tienen un pequeño crecimiento. El desarrollo técnico relacionado con los primeros Homo ergaster desde el principio de su aparición, es fácil de seguir. En un principio, continúan con las mismas formas culturales que el Homo habilis, es decir, persisten en la primitiva tecnología del Modo 1 (Olduvaiense), si bien muy pronto se produce un avance técnico importante, al desarrollar los elementos tecnológicos propios del Achelense o Modo 2. Sin embargo, como ya vimos, diversas comunidades humanas, sobre todo del Homo erectus en diversas zonas fuera de África (Homo antecessor en la Península Ibérica y Homo georgicus en Georgia), persistieron en la forma de trabajar la piedra correspondiente al llamado Modo 1. La temprana aparición del Modo 2, primero en gran parte de África y posteriormente en el resto del Viejo Mundo, supuso un avance tecnológico que mejoró la adaptación a los diversos medios ambientes en los que se desenvolvían los seres humanos del momento.


- En los intentos de establecer una correlación del pensamiento humano y los datos arqueológicos se descubren irregularidades en el inicio del Homo sapiens. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico, complejo y con mayor poder adaptativo) no aparecen hasta fechas que se sitúan sobre el 60.000 BP (p.e. África en Bomblos), lo que ha sido denominado por Colin Renfrew como sapient paradox. Con estos hechos las conductas con un complejo simbolismo y gran poder adaptativo (tecnología, logística, lenguaje, arte, etc.) se ven como trayectorias de un desarrollo cultural, en lugar de una innata capacidad biológica. Por tanto pueden clasificarse de productos emergentes o emergencia conductual (Renfrew, 2008).

Sin embargo, a pesar de conocer este desfase entre la evolución física y la cultural, en la explicación sobre el desarrollo cognitivo humano, consecuencia de la evolución neurológica, no se profundiza en las causas evolutivas que justificasen tan peculiar forma de desarrollo cultural. Generalmente se aplica la teoría sintética de la evolución y, sin casi conexión práctica ni la más mínima autocrítica sobre los principios evolutivos en función de los nuevos descubrimientos biológicos, se pasa a exponer los cambios culturales ocurridos a lo largo del desarrollo de nuestro linaje. No se aclara la forma en que estos cambios conductuales se producen, dando por seguro que siempre son adaptaciones consecuencia de la lenta evolución del cerebro. Tal afirmación no deja de tener cierta verisimilitud, pero no explica toda la realidad conocida.

Bien es verdad, que los datos que obtenemos de los yacimientos arqueológicos distan mucho de ser exhaustivos, por lo que puede atribuirse a esta falta de información la imposibilidad de aclarar los conceptos de relación entre la evolución y la conducta humana. No obstante, queda patente que la forma explicativa de la evolución que mejor se ajusta al desarrollo simbólico observado en el registro arqueológico corresponde a un modelo multifactorial. La impresión que ofrecen es que primero se produce un aumento de la capacidad cognitiva consecuencia de la evolución neuroanatómica (no olvidar que capacidad se usa en el término de potencialidad, no de una realidad manifiesta), y después se generan las nuevas pautas de conducta.

Aunque los datos de la Biología evolutiva, Paleontología y Arqueología parecen indicar la existencia de irregularidades teóricas importantes en la aplicación de la teoría sintética al desarrollo evolutivo humano en general, con los datos exclusivos de estas ciencias no somos capaces de elaborar modelos de creación y desarrollo cultural que satisfagan a todos y, a su vez, expliquen la mayoría de las complejas particularidades que la evolución neurológica y conductual humana ofrecen. Puesto que siempre estamos hablando del cerebro, de su crecimiento y de la relación con la conducta observada, parece lógico que ampliemos el campo interdisciplinario a aquellas ciencias que estudian el cerebro humano y la conducta que nos caracteriza. En este sentido, parecen muy interesantes los datos de las ciencias actuales que traten específicamente sobre estos problemas, como son la Neurología, la Psicología, Psicolingüística, Ciencias sociales y Genética. Hay que tener presente que los cerebros de los diferentes homínidos que componen nuestra escala evolutiva no son entidades neurológicas aisladas e independientes, sino que todos ellos están relacionados entre sí por los mecanismos evolutivos que los ha creado. Por tanto, entre todos ellos existe un nexo común, como es el que corresponden a un modelo único, sobre el que se están produciendo ciertos cambios cuantitativos y cualitativos que, sin duda, hay que analizar.

IV.- Neurología. El gran desarrollo teórico que esta ciencia ha tenido en los últimos años nos indica que el sistema nervioso de todos los mamíferos, y más aún el de los humanos, es un órgano que depende de los estímulos sensoriales externos para su estructuración, mantenimiento y correcto funcionamiento. Siempre hay que estar recibiendo información que, correctamente almacenada y procesada, nos sirva para desarrollar una conducta demorada y consecuente con la experiencia adquirida. La conducta de carácter innato (los instintos) estaría relegada a situaciones muy precarias y extraordinarias, donde la acción de la corteza cerebral es superada por la actuación de la parte más primitiva de nuestro cerebro. Por tanto, es un hecho bien aceptado en la actualidad que nuestro cerebro, para un correcto funcionamiento, depende de la continua llegada de información a través de sus sistemas de captación especializados en los estímulos externos (audición, tacto, visión, gusto y olfato), e internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo). Los avances teóricos de la Neurología nos ofrecen aspectos fundamentales sobre la anatomía y fisiología cerebral que nos pueden dar pistas sobre los procesos evolutivos que lo originaron, además de aclarar aspectos importantes de la conducta humana.

A.- Áreas corticales. No toda la superficie del córtex tiene la misma funcionalidad, por lo que pueden establecerse ciertas ubicaciones topográficas relacionadas con sus funciones (áreas corticales). Estas áreas corticales no son superficies completamente definidas en su extensión y ubicación por la genética del individuo. Existe cierto grado de variación, en función de las aferencias sensoriales (estímulos exteriores e interiores que reciben, siendo la base de su configuración funcional) y eferencias motoras, por lo que la topografía del córtex humano presenta notables diferencias de localización y extensión de tales áreas, dependiendo de la naturaleza de la información que recibe y procesa sea simple o elaborada (Flórez et al. 1999; Kandel et al. 1997). Dependiendo de la naturaleza de las aferencias y eferencias que presenta cada área, pueden establecerse grupos de diferente localización y distinta funcionalidad (Luria, 1974).


* Áreas primarias o de proyección: Corresponden a las zonas corticales que reciben la información recogida por los órganos sensoriales externos (vista, oído, gusto, tacto y olfato), internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo), y a las áreas motoras que controlan directamente los músculos del cuerpo. Existe una correlación muy intensa entre estas áreas corticales y las zonas anatómicas que controlan, por lo que todo aumento corporal deberá de corresponder con un aumento paralelo de estas áreas de control, sería un aumento isométrico o proporcional, proceso muy relacionado con toda evolución neurológica.
* Áreas de asociación secundarias: Corresponden a las zonas adyacentes a las áreas primarias o de proyección. Se considera que representan un centro de procesamiento de mayor nivel para la información sensorial específica que llega de las áreas primarias. Por tanto, sólo reciben información de las áreas sensoriales primarias, o desde otras áreas sensoriales secundarias.
* Áreas de asociación terciarias: Se sitúan en los bordes de las zonas secundarias anteriores, en ellas desaparece toda información sensorial o motriz directa o primaria. Son zonas corticales en las que coincide la información de varios campos sensoriales correspondientes de áreas secundarias, pero nunca de las primarias.

Es muy usual utilizar una parcelación de la corteza cerebral en áreas citoarquitectónicas de Brodmann (según se dispongan las neuronas en las columnas celulares que compones en córtex), pero que en realidad reflejan una división más histológica que funcional. No obstante, el amplio uso para la señalización de las funciones cerebrales que conocemos, hace que se sigan usando como referencia topográfica. Las áreas de asociación son las que más han aumentado en la evolución humana, las cuales no están correlacionadas con el aumento corporal, por lo que todo aumento de las mismas debe considerarse como alométrico. Éstas, y en especial las terciarias, sintetizan los estímulos de varias vías de acceso sensoriales y los traduce en expresiones superiores, complejas y conscientes, tan características de nuestra conducta.

B.- Variación anatomofisiológica de las áreas cerebrales. Se conoce un aumento cuantitativo y cualitativo de las áreas terciarias, debido no solo al aumento de cada lóbulo, sino a su mayor circunvolución y girificación (Cela Conde, 2002; Rilling e Insel, 1999), lo que aumenta sustancialmente la superficie y capacidad funcional de la corteza cerebral. Después se aprecia una mejora en la conectividad neuronal, pues su estructura neurológica es menos densa, permitiendo que existan entre ellas una interconectividad mucho mayor, como se deduce de la mayor y tardía mielinización observada (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferi et al.2002).

El desarrollo neurológico entre los humanos es muy homogéneo, pero la localización de las áreas no es exactamente igual en todos. La topografía de las áreas asociativas presenta notables diferencias de localización, y extensión anatómica (Del Abril et al. 1998; Flórez et al.1999; Hubel y Wiesel, 1977; Kandel et al. 1997; Luria, 1974; Rakic, 1988, 1995).

C.- Lateralización. Es una asimetría funcional, que corresponde con el proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado. También se especifica como el predominio del control funcional de un hemisferio sobre un lado del cuerpo o parte del mismo (mano, pie ojo, oído, etc.). Se sabe que cada hemisferio tiene localizadas funciones específicas o partes de las mismas (lenguaje, escritura, valoraciones espaciales, etc.), que se localizan en áreas más o menos concretas durante el desarrollo. Pero hay que tener en cuenta que no existe dominancia absoluta para ninguna función, ya que siempre están implicados los dos hemisferios cerebrales en la materialización de cualquier proceso mental.

En el proceso de lateralización no está claro si en el nacimiento existe alguna preferencia, aunque en este momento podemos apreciar en la mayoría de los recién nacidos una disposición más marcada en el uso de la mano derecha, confirmándose a los trece meses la preferencia del uso de la mano derecha en las actividades en las que pueden utilizarse ambas (Bradshaw, 1989). Un importante problema consiste en saber si esta localización de propiedades cognitivas es equipotencial al nacer o si en el nacimiento tenemos ya diferencias neurológicas que faciliten su ubicación topográfica, desarrollándose en función de los estímulos a lo que esté sometido. De todas maneras, parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Bub y Whitaker, 1980; Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997). Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1996), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización.

D.- Periodo crítico. Existe un periodo de tiempo en el cual es posible que se desarrollen las funciones cognitivas humanas, pasado el mismo es mucho más difícil o casi imposible realizarse y nunca en las mismas condiciones que dentro del mismo. Durante este periodo las lesiones neurológicas locales son fácilmente reemplazadas por otras áreas, logrando mejores resultados cuanto más temprana sea la lesión neurológica. Su duración es diferente según el criterio de los autores, hasta los 12 años en general, aunque para el lenguaje parece ser menor (Cavalli-Sforza, 1993; Changeux, 1983; Delgado, 1994; Miller, 1985; Pinillos, 1991; Puelles, 1996; Yuste, 1994). En este tiempo, ambos hemisferios tienen similares posibilidades generales de desarrollar algunas funciones, aunque es siempre uno de ellos, el más maduro o mejor dotado funcionalmente, el que centra y desarrolla tal función cognitiva. Hay autores que ven como el hemisferio izquierdo madura antes que el derecho, al menos en animales (Miller, 1985), pudiendo ser ésta la causa de la lateralización de las funciones que se inicien precozmente. Esta predisposición neurológica o mayor maduración local, puede ser interpretada como una predisposición innata para poder desarrollar tal función si se estimula adecuadamente por medio de las aferencias externas (Miller, 1985; Springer y Deutsch, 1981).

E.- Plasticidad neuronal. Es la posibilidad de remodelación de las redes neuronales (estructuración de las neuronas del córtex en forma de redes funcionales muy complejas) en función de la experiencia vivida y sentida. Se corresponde con una serie de procesos que pueden empezar en el embrión, continuando con mucha mayor intensidad después del parto, perdurando durante toda la vida del ser humano. En definitiva, es la estructuración neuronal que será la base de los procesos de memoria y aprendizaje humano y, en consecuencia, de su conducta. Podemos establecer los siguientes aspectos de este proceso:

* Regeneración funcional. Dentro del periodo crítico el cerebro presenta una característica de remodelación funcional muy importante. Se ha podido ver como en el caso de lesiones del área de Broca del hemisferio izquierdo, en las que es precisa su extirpación quirúrgica, las funciones cognoscitivas que debían de desarrollarse en esta zona cortical izquierda, son fácilmente desarrolladas en el área simétrica del hemisferio derecho, adquiriendo de igual forma la capacidad del lenguaje. Esto será siempre que ocurra en una edad temprana del desarrollo, sobre todo en la infancia, pues la plasticidad neurológica que permite este proceso va disminuyendo paulatinamente con el crecimiento del niño (Changeux, 1983; Flórez et al. 1999; Miller, 1985, Springer y Deutsch, 1994).
* Estructuras funcionales. La consecuencia definitiva de la capacidad sináptica o de conexión entre las neuronas, es la de formar redes neuronales. Su regulación se debe principalmente a la llegada de estímulos nerviosos o a la ausencia de los mismos, siendo la forma más directa en el que el medio ambiente influye sobre el cerebro. También es de notar los efectos de la dieta, del estrés, de enzimas, de hormonas y de las lesiones (pérdida parcial de neuronas), en la organización de las conexiones sinápticas al formar estructuras neurológicas. Esta capacidad perdura durante toda la vida, siendo el soporte neurofisiológico de los procesos cognitivos del adulto (Changeux, 1983; Del Abril et al. 1998; Delgado, 1994; Flórez et al. 1999; Kandel et al. 1997; Mora, 1996; Puelles, 1996).
* Muerte celular. Podemos confirmar una muerte celular programada, basada en la competitividad neuronal de los estímulos recibidos. Los receptores sensoriales por medio de su estimulación, crean nuevas redes neuronales y refuerzan las ya utilizadas, eliminando las no usadas (neuronas en las primeras fases de la vida, y sinapsis a lo largo de todos los periodos ontogénicos).
Las regiones cerebrales que no se estimulen en el periodo del desarrollo a través del aprendizaje o de la simple estimulación sensorial, degenerarán lentamente pudiendo perderse información almacenada en tales redes neuronales. En muchas regiones del cerebro, el número de neuronas sobrepasan en mucho a las que sobrevivirán más allá del período de desarrollo. Existe una fase de muerte selectiva de células, que ocurre principalmente en el periodo de explosión sináptica al inicio del desarrollo postnatal (Changeux, 1983; Delgado, 1994; Hubel y Wiesel, 1977; Martín Ramírez, 1996; Puelles, 1996).

F.- Mielinización. La maduración fisiológica cerebral puede seguirse, aparte del propio desarrollo cognitivo, con el fenómeno de mielinización de los circuitos neuronales. Consiste en el recubrimiento de una sustancia grasosa inerte llamada mielina, producto de las células de Schwann, con lo que se consigue una mejor transmisión de los impulsos nerviosos y, en definitiva, una mejor actuación de las redes neuronales cerebrales. El proceso se inicia al final de la gestación, continuando su producción hasta el final de la infancia. Este proceso tiene una secuencia temporal ordenada en las distintas áreas cerebrales, siendo las sensoriales de proyección primaria las primeras en mielinizarse, mientras que las últimas serían las de asociación, sobre todo las terciarias (Eccles, 1989; Gibson, 1990).

Todos estas características cerebrales están muy relacionadas con los aspectos psicológicos de nuestro linaje y, por tanto, con la conducta pasada y actual de los seres humanos. El gran desarrollo evolutivo de las áreas de asociación terciarias, la plasticidad del sistema nervioso y la constante interacción con el medio ambiente adecuado, son claves para el desarrollo postnatal humano. De la interacción cerebro-ambiente se producirá definitivamente una organización funcional (maduración neurológica) propia de cada individuo (organización psicológica). Esta estructuración explica la existencia de un período crítico para el desarrollo cognitivo, pasado el mismo es casi imposible alcanzar los mismos niveles (Rakic, 1988, 1995; Just et al. 1996; Damasio, 2010; Flórez et al. 1999; Mora, 2001). Estos mecanismos se correlacionan perfectamente con el modelo evolutivo de los equilibrios puntuados, y explican, hasta cierto punto, las características del registro paleontológico y arqueológico.

V.- Psicología. La Psicología cognitiva trata de explicar la conducta humana a través del conocimiento de los procesos de índole mental o cognitiva que tienen lugar en nuestro cerebro. Son ellos los que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998; Belinchón et al. 1992). Esta dirección metodológica parece que presenta actualmente una hegemonía conceptual en la explicación de los procesos conductuales.

Conceptualmente se basa en que los procesos mentales o cognitivos superiores pueden desarrollarse gracias a la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar. Ya vimos cómo el sistema nervioso humano es un complejo órgano evolutivamente diseñado para realizar este tipo de acciones, y la falta de estímulos produce graves alteraciones neurológicas y psicológicas (Milner, 1994; Vallejo-Nágera, 1974). Son datos que corroboran que tales estímulos juegan un papel trascendental en la correcta maduración neurológica y psicológica de nuestro cerebro.

En definitiva, la psicología humana es la manifestación conductual de la acción neurológica, por lo que las características de la primera corresponden totalmente a las de la segunda. La influencia medioambiental, la existencia de un periodo crítico para algunas funciones cognitivas (p. e. lenguaje, autoconciencia), la gran importancia que tiene los aspectos psicológicos del lenguaje en la cognición humana (psicolingüística), la certeza de que los aspectos racionales tienen un proceso emocional íntimamente ligado de ellos (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008), nos hace pensar que tales características se ajustan bien a las formas evolutivas comprendidas en un modelo multifactorial, donde la evolución crea las capacidades cognitivas y el medio ambiente las desarrolla. Sin embardo, existen orientaciones teóricas divergentes. La Psicología evolucionista (PE) contempla una evolución lenta y siempre selectiva, con lo que da gran importancia a los procesos de carácter innato. Mientras que la Psicología cognitiva (procesamiento de la información) ahonda más en los procesos exaptativos y emergentes, con un protagonismo mayor en las condiciones medioambientales. La elección, en función de la conexión adaptable de la interdisciplinariedad, debe realizarse por la orientación que mejor se adapta a las características teóricas de las demás ciencias.

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la PE explica el origen de las conductas mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000).

VI.- Lingüística (Psicolingüística). El lenguaje constituye un método altamente eficaz de simbolización, aprendizaje y transmisión de la información que obtenemos sobre el medio ambiente. Igualmente, es la forma más eficaz de adquirir las ideas abstractas fundamentales (identidad social y personal, conceptos del tiempo y del espacio) por parte de los niños dentro de su periodo crítico, lo que va a configurar su conducta simbólica a lo largo de toda su vida. Podemos destacar al lenguaje como el medio que ha servido al ser humano para poder desarrollar y organizar su propio pensamiento en las bases del simbolismo y la autoconciencia, ampliar la cultura que heredó de sus ancestros y modificar sustancialmente su conducta.

Efectivamente, conocemos la existencia de un lenguaje relacionado con el pensamiento. El pensamiento utiliza el tipo de lenguaje que usamos normalmente, con las mismas directrices léxico/gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. El lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva emergente, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920).

Pero su existencia ni es innata ni ha estado siempre presente, lo único innato es la capacidad humana para su creación, pero no su propia realización. El lenguaje hubo que crearlo, mantenerlo y desarrollarlo. No sólo en su aspecto sonoro o gesticular (aparato fonador, gestos, etc.), sino en los aspectos psicobiológicos y evolutivos que facilitaban la capacidad de producirlo, junto con los aspectos socioeconómicos, demográficos y ambientales que posibilitaron su creación y desarrollo.

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Las funciones del lenguaje además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992).

VII.- Antropología social.
En el desarrollo de la Antropología social se aprecia fácilmente que la conducta humana, y desde luego su lenguaje, son creaciones que las sociedades humanas generan a partir de las capacidades que la evolución les ha otorgado. La influencia del medio ambiente (físico, cultural y social) es fundamental para la creación y desarrollo de tales procesos, por lo que sí éstos faltasen es muy difícil e incluso imposible producir conductas simbólicas. Los elementos sociales, íntimamente relacionados con los culturales, están basados en la interrelación existente entre los diversos componentes de un grupo, así como de las diversas poblaciones humanas entre sí. La consecuencia más importante de esta relación social sería el desarrollo de una facultad propia de nuestro género, el lenguaje. La necesidad de entendimiento social es una importante motivación para desarrollar cualquier tipo de forma de comunicación, pues con él la conducta de la sociedad mejora mucho su adaptabilidad al medio. También, estos conceptos nos acercan más a la forma evolutiva generada por el modelo multifactorial.

VIII. - Genética. Esta ciencia ha tenido un importantísimo desarrollo, pues ha permitido tener acceso a información sobre las poblaciones humanas que difícilmente se pudiera haber obtenido por otros medios. Los ejemplos de las cronologías basadas en los relojes moleculares del ADN de las mitocondrias, o del desarrollo de las secuencias del ADN de neandertales y humanos modernos, nos pueden dar una idea del su alcance. Sin embargo, hay que ser muy cautos a la hora de extraer inferencias sobre conducta o cognición a partir de la evidencia basada en el ADN fósil, pues tales inferencias presentan importantes problemas sobre la manifestación de tales genes. El problema de la manifestación fenotípica, dando prioridad a formas innatas o medioambientales, depende de muchos otros criterios que se escapan a esta ciencia en solitario. Actualmente, se está conociendo que la acción de los genes no es similar en todos ellos. Es el caso de los genes estructurales y los reguladores (genes controladores de la actividad de los genes estructurales en tiempo y tasa de actuación) del proceso embriológico. La mutación de estos últimos va a dar lugar a las heterocronías, produciendo alteraciones ontogénicas o embriológicas, con cambios relativamente rápidos y de gran trascendencia evolutiva.

El problema es que aunque conozcamos en su totalidad el genoma humano, se sabe muy poco de la forma en que la información almacenada en el ADN se manifiesta en la producción del fenotipo. Se están empezando a conocer algunos genes relacionados con determinados procesos, pero en la mayoría de los casos se han descifrado la relación entre genes y procesos formativos o funcionales, pero poco se sabe sobre la función genética global de cada proceso. La Genética tiene un futuro muy prometedor, paro aún hay que esperar para conocer no solo las diferencias genéticas entre los diferentes homínidos de nuestro género, sino las funciones que representan tales cambios.

IX. – Innatismo humano. Tras todo lo visto habría que preguntarse si existen algunos mecanismos de carácter innato dentro del funcionamiento cerebral humano. La respuesta es claramente afirmativa, y en número podrían ser la mayoría de los procesos neurológicos que se ubican en el cerebro. Sin embargo, pocos son los que se relacionan con la cognición humana.

Todos los mecanismos reguladores de la homeostasis tienen esta categoría, siendo su control inconsciente y constante en todos los seres vivos. Las áreas corticales responsables de la motilidad y sensitivas, tienen una importante dependencia de los estímulos externos en su configuración. Estas aferencias, al actuar de forma sinérgica, van configurando funcionalmente las áreas citoarquitectónicas, creando así un protomapa cortical (representación topográfica inicial de los diferentes tipos de enervación, sensitiva o motora, de las diferentes estructuras corporales) con un carácter maleable, debido a su situación embrionaria. Esta hipótesis es muy atractiva, pues en ella las aferencias externas que llegan al córtex, juegan un papel muy importante en la formación del volumen y carácter de las primitivas áreas citoarquitectónicas (Del Abril et al. 1998; Flórez, et al.1999; Rakic, 1988 y 1995).

El temperamento o la manera particular con que un ser humano interactúa con el entorno. Ningún ser humano es exactamente igual a otro, las características fisiológicas, hormonales, histológicas y anatómicas difieren de unos a otros en pequeños grados, pero que al actuar en conjunto pueden determinar formas generales de actuación, las cuales en psicología se han definido como temperamentos. Aunque su origen pueda estar discutido, parece más probable que tengan un carácter innato, pero debito a la gran plasticidad que tiene nuestro cerebro, pueden remodelarse (hasta cierto punto) por métodos externos.

No hay que olvidar a las emociones, relacionadas en los humanos con los aspectos afectivos de la conciencia (Damasio, 2010), pero que tienen profundas raíces evolutivas con el resto de los mamíferos, y en particular con los primates.

Síntesis interdisciplinaria

El concepto de interdisciplina se entiende como la búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado. En su desarrollo existe un requisito fundamental, pues inexcusablemente todas las ciencias que se utilicen deben tener unos fundamentos teóricos que no sean antagónicos entre ellas. Si en esta confluencia de ciencias existiesen contradicciones teóricas, habría que pensar que alguna o varias teorías de las disciplinas usadas pudieran tener conceptos teóricos mal enfocados, por no decir equivocados. En la explicación de la conducta humana no pueden coexistir conceptos generales claramente opuestos, alguno o los dos estarían mal desarrollados.



- La Biología evolutiva nos enseña que coexisten diversa formas de producción del cambio evolutivo. Todos son importantes y, sin duda, lo más frecuente es que se produzcan varios a la vez con mayor o menor responsabilidad en la transformación morfológica. Su estudio, en cada caso particular, no puede realizarse en la actualidad con la información de esta ciencia en solitario. Hay que ayudarse de la información de otras ciencias implicadas en su estudio interdisciplinar.
- Los datos aportados por la Paleontología son los que han sugerido la posibilidad de la existencia de una forma de evolución más rápida seguida de procesos más lentos (equilibrios puntuados). Su fundamento son las importantes lagunas de fósiles que existen entre las diversas especies conocidas y dificultan la aceptación de un progreso evolutivo lento y continuado. La objeción de que no se conocen por que aún no se han encontrado, puede ser cierta en algunos casos, pero parece exagerada que se aplique a la totalidad del registro arqueológico, y más aún al del género Homo.
- La Arqueología junto con la Paleoantropología indican con mayor claridad la discontinuidad que existe entre la evolución morfológica y la cultural, esta última sería la responsable de la mejoría adaptativa que justificaría la permanencia de los cambios evolutivos. En el caso del cerebro hay datos importantes que indican que primero se produjo en cambio anatómico y con posteridad el cultural adaptativo.
- Las ciencias psicobiológicas (Neurología, Psicología, Psicolingüística) muestran con gran claridad la dependencia de nuestro cerebro de la información externa, para lograr la adecuada y definitiva estructuración neurológica. Los mecanismos de carácter innato quedan relegados a situaciones muy particulares y escasas, aunque existentes (regulación de la homeostasis, creación del protomapa embriológico, temperamento). Si el medio externo no es el adecuado, la definitiva estructuración psicobiológica se produce de forma alterada, lo que en casos extremos llagaría a graves distorsiones cognitivas.
- Las Ciencias sociales y la Lingüística en general nos indican la imperiosa necesidad del desarrollo humano dentro de la sociedad, para lograr un adecuado desarrollo cognitivo, tanto racional como emocional.

Conclusiones

Parece claro que toda interpretación realizada bajo una amplia y adecuada coordinación científica tendría más posibilidades de disminuir la subjetividad que impregna muchos de los trabajos principalmente humanísticos. Así, cualquier conclusión que esté fundamentada en una serie de evidencias arqueológicas bien documentadas, y que se expliquen con una metodología basada en un estudio interdisciplinar, presenta un poder explicativo mayor que el adquirido sin estas premisas, lo que en temas de ciencias sociales adquiere una importancia que siempre hay que valorar.

Hemos visto cómo todas las ciencias relacionadas con el estudio de la conducta humana tienen metodologías académicas que permiten un acoplamiento teórico común. Con esta coordinación las distorsiones, que son frecuentes entre estas ciencias, quedan reducidas a niveles muy bajos. El apoyo común de estas ciencias ofrece una mayor seguridad a cada una de ellas en particular, ofreciendo un modelo sobre la evolución y estructuración psicobiológica de nuestro cerebro, con un alto poder explicativo y, por tanto, de mayor fiabilidad científica.

Nuestra evolución neurológica fue, sin duda, un complejo proceso en el que intervinieron varias formas de cambio morfológico. En general, se ha podido determinar la producción de dos importantes cambios relativamente rápidos en nuestro linaje. Sería el caso ya mencionado en los datos arqueológicos, donde la evolución al Homo ergaster/erectus y Homo sapiens produjo un importante cambio neurológico sin cambios conductuales en principio, aunque posteriormente tuvieran lugar. Estos cambios evolutivos estarían producidos posiblemente por heterocronías y su repercusión en la embriología, que se intentarán explicar en otro trabajo. De todas maneras, nunca hay que descartar la posibilidad de acción de las otras formas de cambio, solo que su estudio en la actualidad es casi una utopía.

Este trabajo ya fue publicado en el Blog de La Nueva Ilustración Evolucionista

Nota sobre la bibliografía: Como es fácil de suponer existe una amplísima y moderna bibliografía en todos los datos que he comentado. Sin embargo, dentro de este medio poco académico, he preferido mantener la bibliografía relativamente antigua por dos motivos. Primero, por ser la mayoría en castellano y de fácil adquisición. Segunda, para hacer notar que la gran mayoría de los datos aportados ya estaban publicados en medios divulgativos a finales del siglo pasado o inicios del presente. El uso interdisciplinar de los mismos brilla por su ausencia.

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martes, 20 de mayo de 2014

Funciones ejecutivas, evolución y arqueología

El estudio de la conducta humana siempre ha tenido grandes dificultades para su realización. Pero ante la necesidad de analizar la mente humana, la Psicología ha tenido que realizar una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los conceptos utilizados habitualmente en esta disciplina (estrés, depresión, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, etc.) no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos de difícil comprobación practica. Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien, pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven. Constituyen una herramienta fundamental en el estudio de la psicología humana.

Sobre su origen hay divergencia teórica, pues mientras que para algunos autores tienen un origen claramente innato y para su manifestación conductual precisan de escasa interrelación con el medio ambiente (Psicología evolutiva), para otros su desarrollo e influencia en la conducta precisa de una importante interrelación con las características ambientales (Psicología cognitiva: procesamiento de la información). Aunque no exista un consenso sobre su origen, son ampliamente utilizadas por todos, pues no habría otra manera de poder estudiar las capacidades cognitivas que nos caracterizan.


Dentro de las diversas capacidades cognitivas que conocemos en los seres humanos destaca, por su relativa actualidad e importancia en la conducta humana, las funciones ejecutivas. Casi nadie duda de su existencia, pero hay que entenderlas como constructos. Actúan en todo tipo de cambios tecnológicos, sociales y simbólicos, pues son imprescindibles para su realización. Sin un plan organizativo y ejecutivo es imposible construir herramientas, crear nuevos útiles, organizar las redes sociales y estructurar el complejo simbolismo de una sociedad. Por métodos indirectos (lesiones, cirugía, estimulación directa, etc.) se ha podido asociar a los constructos que componen las funciones ejecutivas con ciertas áreas de asociación terciaria del Lóbulo prefrontal (LPF), por lo que su origen y evolución parece que estaría ligada a la propia evolución neurológica del LPF.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Aunque existe cierta discrepancia en sus componentes y articulación entre ellas, la idea más aceptada es la siguiente:

Las funciones ejecutivas (FE) serían el conjunto de habilidades cognitivas de superior organización e integración que, partiendo de ciertas capacidades cognitivas elementales, permite la maximización de la eficacia conductual en un momento determinado, es decir, de transformar el pensamiento en acción y de efectuar su control (Allegri y Harris, 2001; Barkley, 2001; Estévez-González, et al. 2000; Fuster, 2002; Jódar Vicente, 2004; Kane y Engle, 2002; León-Carrión y Barroso, 1997: Rabbit, 1997; Roberts et al. 1998; Stuss y Knight, 2002). En general podemos establecer dos formas de articulación cognitiva de estas funciones.

A. - Relativa independencia teórica de cada una de ellas, aunque funcionalmente operen en conjunto. Cada una de ellas es una función ejecutiva con características propias que la distinguen de las demás. Tenemos: 
- Planificación. Organización de la acción para lograr una meta elegida. Establece un plan estratégicamente organizado de secuencias de acción (motoras o cognitivas).
- Flexibilidad. Capacidad de elección entre distintas formas de actuación, cuando es necesario cambiar la acción ante cambios de situación o de tarea.
- Memoria de trabajo u operativa. Permite mantener activada una cantidad limitada de información, la cual es necesaria para el buen desarrollo de la acción en ese momento.
- Monitorización. Realiza la supervisión necesaria para la ejecución adecuada y eficaz de los procedimientos en curso.
- Inhibición. Produce la interrupción de una determinada respuesta que generalmente ha sido automatizada.
La acción conjunta de todas ellas, más del resto de las capacidades cognitivas humanas, van a hacer posible la conducta humana moderna, caracterizada por una importante rapidez o flexibilidad en la adquisición y mejora de nuevas conductas, basándose en el dinamismo de la exploración y creatividad (iniciativa motora, curiosidad e imaginación). Igualmente, posibilita la capacidad de abstracción y simbolismo, elementos básicos para el desarrollo de un lenguaje simbólico, facilitando el control de la función motora del lenguaje voluntario (área de Broca). También desarrolla y mantiene el comportamiento social y sexual, gracias al equilibrio emocional (relación LPF y sistema Límbico o cerebro emocional), autocrítica y control de la personalidad.

En el LPF es donde se asienta la base neurológica del sistema ejecutivo o centro de integración de la actividad mental superior que controla y desarrolla conductas propias del ser humano, por medio de las funciones ejecutivas y de las demás capacidades cognitivas y emocionales que alberga. Así, su disminución funcional (lesión, cirugía, etc.) tendría un efecto directo y, hasta cierto límite, proporcional a la alteración de la conducta observada.

B. – Integración jerárquica y funcional de todas ellas, constituyendo un modelo de acción que se ha denominado como modelo de Baddeley e Hitch de la memoria de trabajo (1974, 2000). En el año 1974 Alan David Baddeley y Graham Hitch, profesores de psicología de la Universidad de York, desarrollaron este modelo que establecía los componentes y funcionamiento de la memoria de trabajo. Con posterioridad, uno de ellos (Baddeley, 2000) añadió un cuarto componente que mejoraba el modelo.

I.- Componentes. 
El modelo incluye componentes de almacenamiento (tampones o búferes) y de procesamiento de la información.
- Almacenamientos sensoriales o memorias de trabajo.
* El lazo fonológico.
- Consta de un almacenamiento (buffer) y un proceso de retención de sus contenidos. 
- Capacidad de lazo fonológico. La memoria de trabajo es mejor para palabras cortas y con sonidos muy diferentes que para las palabras largas con sonidos similares. La capacidad está limitada por el buffer y por límites impuestos por el proceso de retención.
* El buffer visual-espacial.
- Hay evidencias (PET, neuropsicología) de la existencia del buffer visual-espacial y de su localización en el córtex occipital y zonas del hemisferio derecho.
- No toda la información visual es espacial (color, forma, etc).
- El buffer se usa no sólo en la percepción visual sino también las imágenes mentales.
* Tampón episódico.
En el 2000, Baddeley añadió un cuarto componente al modelo. Lo denomina tampón episódico, y es un sistema dedicado a vincular la información a través de dominios, para formar unidades integradas de información visual, espacial y verbal con una  secuenciación temporal. Así, sería el recuerdo de una historia o una escena de una película. Este tampón o buffer episódico se supone que también tienen vínculos con la memoria a largo plazo y los significados semánticos.

Procesamiento de la información.
* El ejecutivo central es responsable de operar la información y planificar la atención. Contiene todos los procesos cognitivos aceptados e implicados en las definiciones clásicas de funciones ejecutivas: planificación, organización, estrategias, inhibición, cambio de tarea, etc.
- Mantener los objetivos en memoria.
- Planificar los procesos requeridos para conseguir cada objetivo.
- Atención selectiva para centrarse en alguna operación.

II.- Funciones de la memoria de trabajo en general. 
El papel de la memoria de trabajo en el pensamiento y comprensión del lenguaje.

- Se necesita la memoria de trabajo para mantener los objetivos y subobjetivos en la resolución de problemas.
- Las diferencias individuales en la resolución de problemas pueden deberse a diferentes capacidades en la memoria de trabajo.
- Un aspecto de la capacidad de la memoria de trabajo puede ser la velocidad de procesamiento.
- Una predicción razonable de este modelo es que una interferencia en la memoria de trabajo se traduce en peores prestaciones en las tareas de razonamiento.
- La memoria de trabajo también es necesaria en la compresión del lenguaje.
+ Para almacenar información parcial sobre un texto pronunciado o leído mientras se codifica el resto.
+ Los procesos de comprensión pueden trabajar sobre la información almacenada temporalmente para producir un significado coherente para el texto completo.
- Evidencias neuropsicológicas de que la memoria de trabajo es necesaria para la comprensión de frases, pero sólo cuando la frase es lo suficientemente compleja para que algunas palabras tengan que mantenerse en memoria mientras se percibe el resto de la frase.

III.- Validez del modelo. 
La fortaleza del modelo de Baddeley es su capacidad de integrar un gran número de resultados de trabajos sobre la memoria a corto plazo y de trabajo. Además, los mecanismos de los sistemas de esclavitud, especialmente el bucle fonológico, ha inspirado una gran cantidad de investigaciones en psicología experimental, neuropsicología y neurociencia cognitiva.  

Sin embargo, las críticas se han planteado, por ejemplo, del componente fonológico de circuito, debido a que algunos detalles de los resultados no se explican fácilmente por el modelo original de Baddeley y Hitch. El tampón episódico es visto como una adición útil para este modelo, pero no se ha investigado extensivamente y sus funciones siguen sin estar claras. 

Evolución neurológica humana

Siempre que pensamos en la evolución neurológica humana lo hacemos a partir de la meta alcanzada, es decir, de las capacidades cognitivas que poseemos y usamos en la actualidad. Lo curioso es que en la conducta de los demás primates actuales cada vez vemos con mayor frecuencia claros antecedentes de muchas de estas capacidades, que tan ostensiblemente las achacamos a nuestra especie. La evolución es un complejo proceso biológico producido al azar (todos los cambios que la biología permite y que pueden producirse en diferente grado y tiempo, se han producido o pueden producirse), donde la selección natural elimina a aquellos cambios que no superen ciertos criterios de supervivencia. Este concepto es un hecho ampliamente asumido por la mayoría de la comunidad científica.   

Pero también manejamos los criterios evolutivos anteriormente señalados con cierta subjetividad. La evolución es la causa primaria de la creación de las características morfológicas y cognitivas, lo que en general es cierto, pero puede que con diferentes formas de realizarlo. Las últimas aportaciones de la Genética, Paleoantropología, Embriología, Arqueología y otras ciencias relacionadas con el estudio de la conducta humana en el pasado, no parecen estar de acuerdo con la idea de que siempre tengamos que encontrar ventajas selectivas que superen los criterios de adaptabilidad de la selección natural, para cada uno de los rasgos anatómicos o conductas humanas que vemos en la evolución del género Homo. La razón es tan obvia que muchas veces se pasa por alto. La realidad es que no pueden existir tantas mutaciones que justifiquen los miles de cambios anatómicos que se han producido desde los Australopitecos al Homo sapiens.

Si con los cambios morfológicos actuamos así, con los cognitivos (mucho menos conocidos) hacemos lo mismo o simplemente los ignoramos. Parece que la evolución neurológica, y por tanto psicológica, siguió los mismos pasos que la evolución morfológica. Cada una de las capacidades cognitivas que se pueden distinguir en la conducta humana (no olvidar que son constructos) debieron de originarse individualmente con sus correspondientes mutaciones, y que la selección natural promovió por suponer una mejora en la adaptabilidad. La capacidad de abstracción, simbolismo, organización temporal y espacial, lenguaje, autoconciencia, empatía, flexibilidad conductual, racionabilidad emocional y racional, etc., parecen ser entidades cognitivas independientes, evolucionadas por sus correspondientes mutaciones que las crearon, y de una selección natural que las dirigió hasta la potenciabilidad que presentan en la actualidad.

Estas ideas sugieren una hipótesis interdisciplinar, que puede explicar muchas cosas y posibilitar el estudio de la conducta humana en el pasado y presente. La expondré brevemente.

Cuando estudiamos las capacidades cognitivas humanas siempre vemos el “árbol” que representa a cada una de ellas, y nunca “el bosque” de la realidad biológica que representa el conjunto de todas ellas. La propia existencia de antecedentes de las mismas en los demás primates actuales, y la imposibilidad de que hayan existido tantas mutaciones para que se generen todas y cada una de las capacidades cognitivas que conocemos por separado, nos obliga a realizar una pregunta: ¿Qué es y para qué sirve el cerebro?

Obviando las múltiple sonrisas que a estas alturas puede producir tal cuestión, la respuesta, dentro del concepto de “bosque” y no de múltiples “árboles”, es mucho más sencilla y, seguro, que ya ha sido expuesta y puede que olvidada o ignorada por numerosos estudiosos de la realidad humana. El cerebro es el órgano que controla en todos sus aspectos la fisiología corporal, y recoge toda la información que le ofrece el medioambiente por medio de sus receptores sensitivos, para almacenarla y procesarla con el fin de mejorar la conducta que caracteriza a los seres humanos.

Control fisiológico y procesamiento de la información externa. La evolución ha ido mejorando estos dos procesos, el fisiológico como en todas las entidades biológicas se realiza en función de las condiciones ambientales del lugar en donde se vive, se produce una adaptación biológica al medio. Pero en la capacidad de captar, almacenar y procesar la información del medio ambiente para usarla en la supervivencia, los cambios han sido más importantes en nuestro linaje. El cerebro, en esta función, ha ido cambiando (y puede que por simple azar) para mejorar esta capacidad. Pero ¿cómo se ha producido?

Las mutaciones que han favorecido la evolución neurológica no pueden haber sido tantas como las capacidades cognitivas conocidas. Si las mutaciones son limitadas, éstas actuarían sobre ciertas propiedades neurológicas generales pero limitadas. Es decir, tendría que favorecer una propiedad común de la mayoría de las capacidades cognitivas y, que al actuar en conjunto, aparecieran las manifestaciones conductuales tan aparentemente diferentes. Esta propiedad en común podría ser un procesamiento de la información adquirida multivariante, pero con unas condiciones generales comunes.

La abstracción no deja de ser una reunificación de las propiedades más generales de las cosas o conductas para que adquieran un aspecto de unidad cognitiva. En definitiva es un manejo de la información adquirida.

El simbolismo es la representación de algo complejo por otra cosa más sencilla, representativa o de mejor transmisión social, como es el lenguaje, los símbolos, etc. Siempre se actúa manejando la información adquirida.

La autoconciencia o la expresión de la teoría de la mente (yo sé, que tú sabes, que yo sé...) que existe en múltiples estadios a lo largo de todo nuestro linaje, adquiere una especial relevancia conductual cuando la autoconciencia autobiográfica adquiere unos niveles adecuaos para añadir flexibilidad y racionabilidad a nuestra conducta (Damasio, 2010). Lo que no deja de ser una sofisticada forma de procesar la información externa que almacenamos en las áreas de la memoria.

La flexibilidad y racionabilidad conductual son consecuencias de un amplio procesamiento de la información a niveles muy complejos y actuando conjuntamente con otros procesamientos de información (experiencia social, individual, tecnológica, etc.).

La evolución neurológica en el género Homo ha actuado de diversas formas. Lo primero que destaca ha sido el importante y paulatino aumento de las áreas corticales, en especiar las asociativas de carácter terciario. Se conoce un aumento cuantitativo y cualitativo de estas áreas, debido no solo al aumento de cada lóbulo, sino a su mayor circunvolución y girificación (Cela Conde, 2002; Rilling e Insel, 1999).

Después se aprecia una mejora en la conectividad neuronal, pues su estructura neurológica es menos densa, permitiendo que existan entre ellas una interconectividad mucho mayor, como se deduce de la mayor y tardía mielinización observada (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferi et al. 2002).

Por tanto, no parece difícil establecer una relación entre el aumento (de superficie e interconectividad) de estas áreas con la conducta moderna. La diferenciación funcional o el aumento respecto de los demás homínidos conlleva a que nuestra especie tendría una mayor capacidad funcional de dos tipos (fundamentales en la conducta humana) como son los metacognitivos y emocionales, los cuales actuando siempre interconectados (Ardilla y Ostrosky-Solis, 2008).

De los cambios conocidos que más interactúan en el procesamiento de la información, las funciones ejecutivas o la memoria de trabajo de Baddeley e Hitch parecen ser que son la expansión neuroevolutiva (aumento de superficie y mejoramiento de la capacidad de conexión) que más parece actuar sobre el procesamiento de la información, por lo que podría ser el requisito fundamental para el inicio de la conducta moderna. Solo falta tener que ir creando información, almacenarla, procesarla, simbolizarla y trasmitirla (lenguaje), para que la conducta humana cambie sustancialmente en un periodo temporal de unos pocos miles de años (transición del Paleolítico medio al superior), corto en el computo temporal que hasta entonces suponía cualquier cambio de conducta. Al evolucionar las funciones ejecutivas se lograron las herramientas cognitivas necesarias para poder in desarrollando las otras capacidades cognitivas emergentes, y el despegue cultural-simbólico se abría a la conducta humana.

Las ideas están expuestas, la hipótesis formulada, solo queda trabajar paro ir desarrollando y fundamentando sus contenidos. 
Funciones ejecutivas y Arqueología
 Aunque no son muchos los que intentan estudiar la evolución cognitiva del linaje humano desde las perspectivas interdisciplinarias de la psicobiología, si está ampliamente extendido entre todos los arqueólogos la utilización de términos que hacen referencia a las capacidades cognitivas de las diferentes especies del género Homo. Siempre hablan de capacidades cognitivas más o menos evolucionadas, pero dentro de la generalidad que impone el uso de términos científicos de disciplinas ajenas a las que se conocen. Solo los que se interesan por la Arqueología cognitiva se han introducido en los campos de la Psicología y Neurología para profundizar en el conocimiento de la realidad cognitiva humana en todas las épocas.

El conocimiento de una diferente evolución y estructuración neuroanatómica existente entre los dos grupos (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003), puede significar en los humanos modernos un mayor desarrollo de las superficies asociativas del LPF y otras áreas parietales. Pero los volúmenes son medidas muy imprecisas, aunque tengan alguna relación con la conducta observada. Con el desarrollo actual de la Neurología se ha dado más importancia al estudio sobre la configuración y funcionamiento de la corteza cerebral que al simple valor numérico del volumen cerebral. Parece más interesante establecer una relación entre las áreas asociativas, capacidades cognitivas y conducta humana.

Sin embargo, el problema es de muy difícil resolución, pues a la pregunta de ¿cómo podemos estudiar la cognición humana en el paleolítico? Hay muy pocas respuestas, o mejor dicho, hay muy pocos intentos de contestarla. Se admite que el objetivo principal de toda población es su supervivencia, por medio de su adaptabilidad al medio ambiente en el cual viven. La adaptabilidad es el resultante de la acción conjunta de diversas capacidades cognitivas para la solución de diversos problemas, pudiendo ofrecer los cambios conductuales necesarios (tecnológicos, sociales y simbólicos) para la supervivencia.
Pero ¿qué capacidades cognitivas se pueden estudiar? Se puede intentar con aquellas capacidades que tengan una correspondencia directa con ciertas conductas rastreables en el paleolítico.

- Algunos autores (Wynn y Coolidge, 2011) opinan que un factor fundamental, para explicar la conducta moderna humana, sería la potencialización de la memoria de trabajo. Esta capacidad cognitiva, junto con la atención que activa selectivamente la información necesaria para facilitar la acción del momento (Kane y Engle, 2002), sería la que facilitaría un pensamiento innovador y experimental a nuestro linaje. Hay que tener muy presente que estos autores siguen el modelo de Baddeley e Hitch, por lo que esta memoria de trabajo expandida engloba a todas las demás funciones ejecutivas dentro de su ejecutivo central.

No cabe duda que la memoria de trabajo constituye un elemento cognitivo esencial en nuestro comportamiento. Pero, para comprender nuestra conducta, además de tener un incremento de la memoria de trabajo hay que admitir un adecuado desarrollo de las demás capacidades cognitivas (creatividad, abstracción, simbolismo, etc.), las cuales, sin duda necesitan de las funciones ejecutivas (con independencia de la relación que pueda existir entre todas ellas) para su correcto funcionamiento. Como vimos en la hipótesis planteada en el apartado anterior (Evolución neurológica humana) estas capacidades comenzarían a desarrollarse con características dentro de una línea considerada como moderna (capacidades cognitivas emergentes) con posterioridad a la creación de estructuras potentes se procesamiento de la información, es decir, después de la expansión de la memoria de trabajo de Baddeley e Hitch, o de las funciones ejecutivas en general.

- Otro intento de análisis de las capacidades cognitivas en el paleolítico contempla el rastreo por la conducta del paleolítico de más capacidades cognitivas (Rivera, 2008).
En el análisis sobre el origen y desarrollo de la conducta se han tenido en cuenta cuatro genéricos procesos cognitivos que, aunque no son los únicos utilizados para la realización de la conducta, son susceptibles de poder ser rastreados en el registro arqueológico, adquiriendo un valor primordial en el estudio de la conducta prehistórica. Se analizan las funciones ejecutivas en general (o el modelo be memoria ejecutiva de Baddeley e Hitch) junto con la creatividad, motivación y capacidades cognitivas emergentes, desarrolladas gracias a la sociabilidad humana y al lenguaje creado. El conjunto de la actividad de todas ellas sería en gran parte el responsable del desarrollo conductual y cultural del género Homo, visible desde su andadura en el Paleolítico.

Modelo de desarrollo cognitivo en el Paleolítico
Funciones ejecutivas: Conjunto de acciones muy relacionadas con el inicio, la planificación y el desarrollo de la conducta, facilitando una adecuada secuencia de la acción en el tiempo y en el espacio. Actúan en todo tipo de cambios tecnológicos, sociales y simbólicos, siendo imprescindibles para su realización. Su grado de desarrollo puede apreciarse por el tiempo que tardan en producirse y evolucionar la cultura de los humanos que las posean.

Creatividad: Supone la capacidad de mejorar conductas, crear nuevos problemas y generar nuevas soluciones a conflictos determinados, por medio de cambios tecnológicos, sociales y simbólicos. Su desarrollo puede comprobarse por medio de la aparición en el registro arqueológico de nuevos aspectos tecnológicos (talla, útiles, materias primas), sociales (conductas que regulan y marcan los aspectos de la convivencia, caza, política y religión) y simbólicos (manifestaciones cargadas de simbolismo como el lenguaje, arte, religión, etc.), que con anterioridad no se tenían conocimiento de su existencia. Su presencia implica el uso conjunto de varias capacidades cognitivas (iniciativa ejecutiva, imaginación y curiosidad).

Motivación: Indica la existencia de hechos que estimulen la necesidad (interés, componente afectivo) de elaborar mejores y más complejas conductas (plan de acción) de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). Su única manifestación arqueológica radica en la apreciación de tal necesidad y la propia comprobación del cambio de la conducta, pues para su realización es necesaria una motivación suficiente.

Capacidades cognitivas emergentes: Son la consecuencia de la acción conjunta de las capacidades cognitivas primarias (funciones ejecutivas, creatividad y motivación), dando lugar al desarrollo de los conceptos de individualidad social y personal (observable su desarrollo por medio de los adornos corporales, pinturas y conductas en las que es imprescindible su creación como serían la religión, sociedades estructuradas jerárquicamente, etc.), desarrollo de los conceptos abstractos de tiempo y del espacio (conductas que precisen su creación y desarrollo: la caza organizada, estructuración espacial del hábitat y logístico, pautas de conservación y almacenaje, etc.). Constituyen la base del lenguaje simbólico, (Rivera, 2009).

Por tanto, la producción de todo cambio conductual es la manifestación de la acción conjunta de los cuatro conceptos (creación, ejecución, motivación y desarrollo capacidades exaptativas), por lo que la falta o disminución de alguno de ellos produce un retardo o incluso su falta, mientras que la rápida aparición de conductas adaptativas implica un buen desarrollo de estas capacidades humanas. Podemos estudiar la aparición de estos cuatro procesos cognitivos en el registro arqueológico, por medio de sus logros tecnológicos, sociales y simbólicos, siempre valorados desde una perspectiva global de cada grupo humano.

Conclusiones

Mi opinión es que en tan complejo problema (origen y desarrollo de la cognición humana en el paleolítico) debemos de ir introduciendo todo aquello que nos pueda ser útil, como son todas las ciencias relacionadas con la conducta humana. Los estudios interdisciplinarios se hacen imprescindibles, y mientras no se admita esta necesidad, creo que vamos a dar muchos palos de ciego, con resultados muy precarios. Pero la interdisciplina es una asignatura pendiente en gran parte de nuestra ciencia, sus problemas y características lo podemos ver en la entrada del blog: Interdisciplina.Necesidad metodológica o simple intención teórica.

La verdad es que solo hemos comenzado a andar un largo recorrido del que desconocemos la mayoría de sus problemas y particularidades, pero siempre hubo principios y sin ellos nunca se llegó a ningún sitio.

Un trabajo dirigido en este sentido lo han desarrollado se ha entrevistado a dos autores que trabajan juntos, me refiero al arqueólogo Thomas Wynn y al psicólogo Frederick L. Coolidge, cuyas interesantes respuestas las podemos leer en este blog.

Conexión a la entrevista de Thomas Wynn
Conexión a la entrevista de Frederick L. Coolidge

Este trabajo ya fue publicado en el Blog de La Nueva Ilustración evolucionsta

* ARDILA, A.; OSTROSKY-SOLÍS, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* ALLEGRI, R. F. y HARRIS, P. (2001): “La corteza prefrontal en los mecanismos atencionales y la memoria”. Rev. Neurol. 32 (5): 449-453. 
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* BARKLEY, R. A. (2001): “The executive functions and self-regulation: an evolutionary neuropsychological perspective”. Neoropsychol. Rev. 11: 1-29.
* BUFILL, E. y CARBONEL, E. (2004), “Conducta simbólica y neuroplasticidad: ¿un ejemplo de coevolución gen-cultura?”. Revista de neurología, 39 (1): 48-55.
* BRUNER, E.; MANZI, G. y ARSUAGA, J. L. (2003): “Encephalization and allometric trajectories in the genus Homo: Evidence from the Neandertal and modern lineages”. PNAS. 100 (26): 15335-15340.
* BUNGE, M. (1973): La Ciencia, su método y filosofía. Siglo XX. Buenos Aires.
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* COOLIDGE, F. y WYNN, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology.
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* DAMASIO, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Ed. Destino. Barcelona
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domingo, 27 de abril de 2014

Breve ensayo sobre el simbolismo humano

Tradicionalmente se mantiene que el simbolismo es una de las principales características de la conducta humana. No cabe duda que es una de las capacidades cognitivas que más nos caracteriza a los humanos, pues es capaz de crear multitud de conductas, cuya existencia no sería posible sin él. Sin embargo, en toda exposición de temas relacionados con el simbolismo existen importantes matices que, si no se delimitan con anterioridad, son fuente de discusiones sobre diferentes particularidades o criterios, lo que genera confusión y dificulta su análisis. Por tanto, antes de comenzar con el estudio del simbolismo humano, creo preciso elaborar una definición que sirva de base de la exposición y del debate si se presenta.

El simbolismo es un proceso cognitivo por el que se relaciona determinados objetos, pinturas, sonidos o conductas con ciertas ideas, conceptos o creencias, que la sociedad ha generado y aceptado en su conjunto. De tal manera que la manifestación o expresión social de los primeros da a entender la existencia de los segundos.

No obstante, la definición indica la posibilidad de diversas formas de simbolismo, pues tal relación muchas veces puede realizarse sin necesidad de una conciencia que se percate de su realización. Así, cualquier sonido que, de forma más o menos constante, pueda ser relacionado por la sociedad en la que se manifiesta con una conducta, peligro o necesidad, puede ser considerado como una manifestación simbólica, inconsciente, pero real.

Estas ideas nos llevan a considerar que una de las primeras manifestaciones simbólicas que se han producido en la naturaleza sean todas las formas de lenguaje, tanto en seres humanos como en otros animales. No obstante, si solo aceptamos las condiciones que se aprecian en esta definición, sería necesario establecer una serie de grados de simbolismo, los cuales dependerían de las sucesivas condiciones que se vayan añadiendo.


El lenguaje como primera conducta simbólica

De nuevo hay que acudir a una definición, en este caso la del lenguaje, basada en las características del simbolismo, para aclarar un poco las cosas.

El lenguaje, considerado como humano, puede definirse como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de dirigir la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común).

En esta definición quedan comprendidos los conceptos básicos que van a caracterizar nuestra específica forma de comunicación, así como su separación de otras formas de lenguaje que existen en la naturaleza. De tal forma, que la sola presencia de estos símbolos lingüísticos nos hace pensar directamente sobre su significación o representación (conceptos o ideas socialmente compartidos). Al escuchar el sonido árbol enseguida se asocia con el prototipo general o abstracción de tal manifestación botánica.

- El primer concepto básico, y quizás el de mayor trascendencia, es la propia voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico. Naturalmente, para su producción es necesaria la existencia de una conciencia de querer realizar tal acto de comunicación, lo que implica la existencia de alguna forma de autoconciencia, proceso psicológico limitado exclusivamente a nuestra especie aunque, como veremos más adelante, su total ausencia no está tan clara en los primates cercanos a nosotros en la escala evolutiva.
- Previa a esta intencionalidad es imprescindible el tener algo que comunicar, ya sea un sentimiento específico, una idea del momento o un pensamiento más elaborado.
- Este proceso sólo puede darse en un ambiente en el que convivan al menos dos personas, es decir, es imprescindible la existencia de un ambiente social básico que permita su producción y desarrollo.
- Debe existir la intención de influir en la conciencia o atención del oyente, del que se supone que puede entendernos, con el fin de crear una relación social que facilitase la acción conjunta de los miembros de la sociedad.
Aunque en la definición no se mencionan, hay dos condiciones que siempre hay que tenerlas en cuenta:
- Para su realización es necesaria la capacidad de creación de tales conceptos abstractos e ideas a los que poder simbolizar, facultad que no siempre se ha tenido plenamente desarrollada. Estas abstracciones tienen una cualidad destacada, como es el desplazamiento cognitivo, pues existen en nuestra mente sin tener que referirnos necesariamente a un tiempo y lugar determinado, liberándose de la imposición del aquí y ahora.
- Todo lenguaje precisa de un sistema de representación de los hechos que se quiere comunicar, es decir, de la simbolización de estos pensamientos, ideas o sentimientos a transmitir. La simbolización puede estar basada en cualquiera de los sentidos humanos que pueden ser reconocidos por otros elementos sociales, formando un sistema de señales determinado. Destacan, por su mayor funcionalidad, los sentidos acústicos (palabras, música, onomatopeyas, ruidos específicos, etc.) y visuales (gestos, manifestaciones gráficas, movimientos rítmicos o no, etc.), pues el olfato y gusto no son adecuados para realizar tan complejo proceso, aunque en ciertos casos sí pueden trasmitir intencionadamente un mensaje. El tacto, en principio, es poco práctico, aunque podrían igualmente usarse. De hecho, gracias a sus cualidades se puede suplir la falta conjunta de los dos más utilizados (visión y audición), consiguiendo vencer el aislamiento que esas personas ciegas y sordas tenían, y favorecer la comunicación escrita de los ciegos.


¿Puede existir alguna forma de lenguaje/simbolismo en otros animales?

Sin embargo, entre diversos grupos de animales se producen ciertas formas de comunicación que, aunque no reúnan todos los requisitos del lenguaje humano, sí pueden asociarse a la definición de simbolismo, siendo un antecedente evolutivo fundamental.

En algunas poblaciones de grandes monos actuales (chimpancés, gorilas, por ejemplo) presenten, con su particular forma de comunicación, un tipo de lenguaje que posea casi estas mismas cualidades, aunque con un diferente grado de desarrollo. En la actualidad, es conocido el carácter social existente entre estos primates. Su estudio en el medio natural ha permitido comprobar que tienen una gran complejidad social, formando sociedades jerarquizadas y con un dinamismo interno importante. Así, es fácil ver diversos aspectos claramente sociales, entre los que destacan, por su repetida y rápida apreciación, las peleas, alianzas y enfrentamientos de grupos de machos entre sí, con el fin de alterar el orden jerárquico, el cual da prioridad al acceso sexual sobre las hembras y diversas ventajas sociales (Ghiglieri, 1985; Goodall, 1986; Sabater Pí, 1983). Para lograr el desarrollo de estas actividades sociales es necesario tener una forma de comunicación o lenguaje intencional, voluntario, con algo que comunicar, dentro de una sociedad que comprende y comparte los símbolos sonoros o gesticulares empleados.

En general, los primates no humanos carecen de un lenguaje que pueda compararse con el nuestro. No pueden articular los sonidos que caracterizan nuestra forma de hablar, pues está claramente probado que presentan una gran limitación en la articulación sonora, no sólo porque su sistema bucal no sea adecuado, sino también porque su cerebro, y dentro de él su área de Broca, no está tan desarrollado. No obstante, cuando un chimpancé, en sus habituales recorridos en busca de comida, encuentra un árbol con gran cantidad de ella, es capaz de avisar al resto del grupo por medio de una emisión controlada de sonidos, conocidos perfectamente por el resto de la comunidad, para avisar del hallazgo. Es más, puede incluso omitir la señal de llamada si el árbol es pequeño o la comida escasa, ante el temor de que la competencia le deje con poco que comer. No cabe duda, que este tipo de conducta encaja perfectamente, en su forma más elemental, en la definición anteriormente desarrollada (Ghiglieri, 1985). Sin embargo, todas sus comunicaciones carecen o tiene un muy limitado desplazamiento cognitivo, es decir, hacen referencia a hechos del aquí y ahora o en un tiempo muy cercano.

Según la definición del principio, la forma de comunicación de los primates tiene cierto carácter simbólico. La gran diferencia radica en la diferente capacidad de abstracción, de simbolización y de desplazamiento cognitivo existente entre las dos especies. Efectivamente, la creación de conceptos abstractos, ideas o hechos a los que poder simbolizar, es consecuencia de la producción de operaciones cognitivas capaces de aislar de los objetos conocidos las cualidades más significativas o generales de los mismos en su comparación con otros objetos similares pero no idénticos, dando lugar a conceptos genéricos o abstracciones. Por tanto, es fácil observar que la comunicación entre los chimpancés podría definirse como un tipo primitivo de lenguaje humano con un nivel de abstracción, simbolización y desplazamiento cognitiva muy bajo. La diferencia, que sin duda es muy aparente, se basa en el diferente grado que presentan ambas especies en su capacidad de crear elementos abstractos que transmitir (ideas y pensamientos complejos) y de construir sistemas de representación de los hechos que comunicar (simbolización lingüística: códigos léxicos-gramaticales), y de abarcar conductas más allá del aquí y ahora.

La trascendencia del lenguaje en la conducta

El inicio y desarrollo del lenguaje favorece la complejidad conducta simbólica humana, pues esta siempre estará regida por el simbolismo de su sistema de comunicación.

El medio más importante de aprender una cultura y desarrollar una conducta es a través del lenguaje, pues en sus propias características semánticas lleva implícito mucha de la información sobre el medio ambiente que se quiere transmitir. El niño, al aprender su lengua materna, parece que lo hace sin aparente esfuerzo y, en cierto modo es así, pues lo que en gran parte realiza corresponde con una estructuración neurológica basada en la asimilación de conceptos abstractos, sobre los que cimentará el resto de la información que irá recibiendo a lo largo de su vida, es decir, desarrollará las capacidades cognitivas emergentes o exaptativas. Por este camino se dirigen diversos psicólogos (Bruner, 1984, 1988; Belinchón et al. 1992; Miller, 1985; Vygotsky, 1920), y como parece estar indicada en la manifestación de José Antonio Marina (1998):

El camino del desarrollo infantil no es la socialización que se va introduciendo poco a poco desde fuera, sino la progresiva individualización que se produce sobre la base de su esencia social. La palabra, signo para la comunicación entre los seres humanos, se convierte en signo para la comunicación con uno mismo.    

Como ya se comentó en la entrada del blog referente al lenguaje humano, se pueden deducir tres funciones fundamentales que van a caracterizar su importancia en la conducta humana.

- Función comunicativa (formas de expresión). Corresponde al sistema de representación o simbólico formado por signos (articulados y socialmente consensuados), que estarían organizados por medio de unos elementos formales de combinación (gramática). Permite compartir la experiencia personal, la acumulada por la especie y la expresión emocional. Por tanto, su uso facilitaría un mejor y permanente conocimiento de la realidad. Su estudio entra en el terreno de la Lingüística. Sin embargo, las estructuras anatómicas y fisiológicas que participan en la producción y comprensión de estos signos, serán estudiadas por las disciplinas biológicas que analizan la anatomía y fisiología humana.

- Función social (comunicación externa). Forma una conducta voluntaria que regula la acción conjunta de los componentes de una comunidad. Facilita la interacción social, al desarrollar las conductas personales y sociales. Relaciona la conversación con la conducta simultánea o posterior a la misma, donde pueden valorarse los antecedentes, posibles respuestas y consecuencias de tal acción. Destaca la voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico, donde entraría en juego el concepto de teoría de la mente. Entra en los cometidos doctrinales de la Sociología y Psicología.

- Función cognitiva (comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc.

De las tres funciones, la tercera es sin duda la menos conocida y, sin embargo, puede ser la que más ha colaborado en la evolución de nuestra cultura simbólica. Su desarrollo permite alcanzar importantes niveles de autoconciencia y el paulatino incremento del desplazamiento cognitivo. 


Niveles del simbolismo humano

El desarrollo de estos dos procesos cognitivos (autoconciencia y desplazamiento cognitivo) sería la definitiva fuente de todo el simbolismo que ha caracterizado al género Homo en toda su evolución. Puesto que son los que más han significado en su desarrollo, los diversos niveles que se pueden establecer en la evolución cultural humana se realizaran según se alcancen los grados de evolución de cada uno de ellos.

Las propiedades acumulativas y emergentes del simbolismo humano lo definen como una construcción progresiva que permite su estructuración histórico-evolutiva en diferentes niveles. No obstante, la producción de los mecanismos que lo hacen posible depende de las características medioambientales (sociedad, cultura, lenguaje y conductas simbólicas previas, economía, etc.), lo que no se desarrollan de forma homogénea en las diferentes poblaciones humanas de cada periodo. Esto nos lleva a considerar que tal estructuración histórico-evolutiva, un tanto teórica, es en realidad un proceso de continuum desarrollo heterogéneo en el tiempo y en el espacio. La necesaria racionalización de tan complejo proceso requiere una subdivisión en cuatro grandes estadios evolutivos, que puedan relacionarse con los datos del registro arqueológico y de la evolución lingüística (Rivera y Menéndez, 2011).

I. Simbolismo arcaico o básico. Se formó con la simbolización de las ideas elementales relacionadas con la convivencia social y la supervivencia del grupo, por medio de sonidos y/o gestos que socialmente serían conocidos. Se inicia con un desplazamiento cognitivo de la acción (evolución de las acciones fuera del aquí y ahora), aunque de forma muy limitada. Tal avance cognitivo facilitaría las acciones conjuntas (convivencia, tecnología, logística, etc.), y desarrollaría el concepto social del grupo. Sus usuarios no tendrían conciencia de utilizar tal proceso simbólico. Incluye en Europa a una parte de los H. heidelbergensis de cultura Achelense y a tipos humanos anteriores.

II. Simbolismo primitivo. Al anterior se fueron sumando los avances en los conceptos de individualidad social y personal, así como de una mayor ubicación temporal y espacial. Sería fundamentalmente descriptivo, lingüístico, sin descartar una base gesticular, con elementos sintácticos elementales e inconsciente. Se mostraría en la aparición de conductas complejas relacionadas con el desarrollo de estos conceptos (áreas diferenciadas en el hábitat, enterramientos intencionados, tipología y tecnología lítica con referentes culturales, logística previsora, etc.). Incluye a tipos heidelbergensis, a una parte de los HN de cultura musteriense y a los primeros HAM en África y el Próximo Oriente.

III. Simbolismo moderno básico. Se alcanza con un importante desarrollo del estadio anterior, es decir, del incremento de la individualidad social y personal, junto con una ubicación temporal y espacial perfeccionada, lo que impulsaría un pensamiento y lenguaje de nivel argumentativo. Sería el inicio de un simbolismo consciente y social, al ser usado con la intención expresa de funcionalidad y argumentación (marcar las diferencias sociales o individuales y gestionar conductas complejas). Se produce con el HAM de cultura auriñaciense y con algunas poblaciones de HN musterienses o de las llamadas culturas transicionales. Su simbolismo pudo limitarse a las manifestaciones socioeconómicas y personales de la vida cotidiana.

IV. Simbolismo moderno elaborado. Tras el desarrollo anterior, y como premisa necesaria, se comienza a crear una conducta más compleja y con plena capacidad de simbolización. Se caracteriza por el desarrollo de un simbolismo social, espiritual y religioso progresivamente complejo, que emerge en etapas sucesivas. Este simbolismo tendría un lenguaje no sólo argumentativo, sino también metafórico, siendo consciente, intencionado y utilizado para explicar muchos aspectos conductuales de la vida individual y social, así como dar una explicación de lo metafísico o sobrenatural. Este nivel se desarrolla de forma progresiva y heterogénea exclusivamente con HAM durante el Auriñaciense, en algunas áreas, y se generaliza con el Gravetiense.


Conclusión

La evolución nos hace seres humanos, mientras que los procesos culturales nos realizan como personas humanas (Eccles, 1992). Es el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas, por medio de la evolución morfológica que las posibilita y la influencia sociocultural, lo que nos hace personas al modular simbólicamente nuestra forma de pensar, hablar y actuar. En este contexto, no podemos tener ninguna duda de que lo nos hizo personas con la conducta que nos caracteriza ha sido la capacidad de simbolización. Con su evolución se pudieron originar y desarrollar todas las conductas que componen nuestro complejo mundo, tanto del presente, del pasado y, sin duda, del futuro.


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