sábado, 6 de septiembre de 2014

Emociones y conducta

Todos conocemos la importancia que las emociones tienen en la conducta humana, pero muchas veces desconocemos los mecanismos que utilizan para realizar la conducta que nos caracteriza como seres humanos. Las emociones facilitaron, con su básica producción innata y su posterior desarrollo cognitivo-conductual, la evolución del comportamiento social dentro de las poblaciones humanas (Turner, 2000). Cuando hablamos del cerebro casi toda nuestra atención se dirige a los elementos constituyentes de nuestra racionalidad, que muchas veces resumimos como inteligencia en un sentido muy general. Al hablar de las emociones, salvo los estudios dedicados especialmente a ellas, se mencionan como un importante componente cognitivo, pero un tanto vago e impreciso en su articulación con los procesos racionales que van a organizar la conducta. La racionalidad y la emotividad siempre actúan juntas, pues cualquier acción (sobre todo si se relaciona con otros componentes de la sociedad) siempre lleva adosada un componente emocional (positivo, negativo o dentro de un amplio margen de una supuesta neutralidad emocional), o lo que es más importante pueden ser la causa de la utilización racional para una acción determinada.

Su base neurológica es amplia y compleja, estando formada por el sistema límbico (parte del tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo.) y algunas áreas corticales (área ventromedial del lóbulo prefrontal y la circunvolución del cíngulo). Su manifestación conductual estaría mediatizada por las neuronas espejo (empatía, motivación); áreas prefrontales dorsolaterales (control de las emociones); córtex asociativo en general (emociones autoconscientes), y el Sistema Nervioso Autónomo (respuestas automáticas).
Esta amplia base neurológica nos confirma que nuestro sistema nervioso siempre actúa de forma integrada con otras áreas cerebrales, pues su acción conjunta es necesaria para cualquier forma de acción. En este contexto, la importancia del LóbuloPrefrontal (LPF) es primordial, pues su funcionalidad puede resumirse en dos grandes apartados (Ardilla y Ostrosky-Solis, 2008):

* Metacognitivos (área dorsolateral de la corteza prefrontal), para procesar la información, asimilarla y utilizarla para mejorar su conducta, mediante el mayor desarrollo de sus funcionesejecutivas, imprescindibles para la organización de todo tipo de conducta y lenguaje, y al aumento de las capacidades de abstracción y simbolismo.

* Emocionales (área ventromedial de la corteza prefrontal), que coordina la cognición y la emoción. En ese sentido, la función principal del lóbulo prefrontal es encontrar justificaciones aparentemente aceptables para los impulsos límbicos (los cuales constituyen las “funciones ejecutivas emocionales”).

¿Qué son las emociones?

Las emociones se podrían definir como las reacciones o respuestas psicobiológicas (cognitivas, fisiológicas y motoras) a ciertos estímulos producidos por un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo, con el resultado de establecer o potenciar una conducta apropiada (supervivencia y relaciones sociales), a los desafíos del medio ambiente de los que somos conscientes por medio de sensaciones objetivas. Se pueden distinguir varias fases o componentes en su producción (Damasio, 2010):

- Recepción del estímulo que desencadena el proceso (objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo).
- Reacción psicobiológica o expresión del sentimiento. Se producen tres tipos de reacciones:
* Sobre la cognición. Las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas y respuestas del individuo, y activan redes asociativas relevantes en la memoria.
* Sobre la fisiología. Las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluidas las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del Sistema Nervioso Autónomo (en especial el simpático) y la del Sistema Endocrino, a fin de establecer un medio interno óptimo para un comportamiento más efectivo.
* Sobre la conducta. Las emociones sirven para establecer un comportamiento adecuado a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y nos alejan de otros.
- Percepción de la emoción (sentimientos emocionales). Los sentimientos emocionales aparecen con la percepción de lo que nuestro cuerpo hace mientras se manifiesta la emoción, junto con percepciones del estado de nuestra mente durante ese mismo periodo de tiempo (Damasio, 2010).

En general, a las emociones se las puede considerar como un lenguaje biológico, necesario en las comunidades de carácter social para su armonía y realización de conductas comunes. La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en uno de los elementos más importantes de la motivación, y ésta del cambio conductual.

Tipos de emociones

Todos conocemos multitud de emociones, pero distan mucho de ser homogéneas respecto de su origen, desarrollo y manifestación. Existen diversas clasificaciones realizadas según los criterios de sus autores, por lo que hay cierta disparidad entre ellas. Éste es el motivo de que para algunos autores no tengan especial interés en su realización y manifestación, pues todas tienen defectos y siempre se pueden creer que falta alguna emoción (Damasio, 2010). No obstante, existen importantes criterios sobre su origen que hacen necesario establecer cierta clasificación, para poder entender mejor sus características y acción en la conducta humana.  

- Las emociones primarias o básicas son aquellas que se dan en todos los seres humanos. Serían el miedo, enfado, tristeza y alegría/felicidad, a las que pueden añadirse el asco y la sorpresa. Son acciones desencadenadas por un objeto o suceso identificable como un estímulo emocionalmente competente (Damasio, 2010; Ekman et al. 1983; Prinz, 2010). Se considera que no contienen otras emociones como una parte, y tienen un carácter innato (Ekman et al. 1983), estando asociadas a la evolución de la especie. Tienen un claro fin social y de salvaguardia personal, aunque su producción y manifestación puede alterarse en función del nivel de desarrollo cognitivo y cultural que tengan las poblaciones humanas. 

- Las emociones secundarias se construyen a lo largo del desarrollo ontogenético, y parecen estar más ligadas al desarrollo cognitivo-cultural que a los procesos evolutivos. Se activan de una manera relativamente lenta, no tienen una expresión facial reconocible, comparten patrones de reactividad autónoma con otras emociones, y pueden estar asociadas con un amplio rango de estímulos, incluyendo conceptos abstractos. Su desarrollo a partir de las emociones primarias presenta diversas combinaciones, en las que no se puede obviar un importante componente subjetivo en su elaboración.

Una clasificación podía ser: de la alegría (amor, placer, diversión, euforia, entusiasmo y gratificación); del asco (repugnancia, rechazo, antipatía, disgusto y desprecio); enfado (cólera, rencor, odio, irritabilidad, rabia e impotencia; del miedo (angustia, desasosiego, incertidumbre, preocupación, horror y nerviosismo); de la sorpresa (desconcierto, sobresalto, admiración y asombro); de la tristeza (pena, soledad, pesimismo, compasión y decepción). La mayoría tiene un carácter eminentemente social. Otra clasificación de las emociones muy conocida es la rueda de Robert Plutchik, la cual consistía de ocho emociones básicas y ocho emociones avanzadas, cada una compuesta de dos emociones básicas.


Rueda de emociones de Robert Plutchik
- Existen otra serie de emociones secundarias que no se derivan directamente de las emociones primarias, y son fruto de la socialización y del desarrollo de capacidades cognitivas (autoconciencia). Al tener un origen más cortical estarían más expuestas a la influencia de los pensamientos conscientes, lo que las hace más susceptibles de variación cultural. Serían las llamadas emociones autoconscientes o cognoscitivas superiores. Como ejemplo tenemos la culpabilidad, el desconcierto, el orgullo, la envidia y los celos.

Origen y desarrollo de las emociones

Recientes estudios etológicos nos indican que la relación entre cognición y emoción que vemos entre los humanos es aplicable también a nuestros parientes primates, incluyendo cierto control efectivo sobre las emociones. Actualmente, se acepta que los grandes primates sienten empatía, es decir, se ponen en el lugar del otro, e incluso son capaces de elaborar estrategias para mejorar la vida de los demás. Evolutivamente, todos somos especies relacionadas, nuestras estructuras cerebrales son muy similares y la estimulación de las mismas produce semejantes respuestas. Ejemplos como la inhibición, el camuflaje, el contagio emocional y la empatía son frecuentes de las complejas sociedades de los primates. Tanto monos como grandes simios son capaces de ignorar una recompensa inmediata para conseguir una recompensa diferida (de Waal, 2011), aunque con un carácter más ocasional que habitual.

La existencia de emociones en los animales, y la semejanza neurofisiológica de su producción nos indica que su origen es antiguo dentro de la escala evolutiva (Belmonte Martínez, 2007; Pankseep, 1998). Todo parece indicar que el comienzo de las emociones en el género Homo debe partir, como mínimo, de las emociones primarias que vemos en los primates actuales, incluso con ciertos mecanismos de control de las mismas. Su evolución en nuestro género estaría muy ligada al paralelo desarrollo de las capacidades cognitivas racionales, sobre todo de la autoconciencia que constantemente actuaría sobre todas las emociones con diferente intensidad, desde una influencia muy escasa en las primarias hasta crear las propias emociones autoconscientes.

Relaciones entre emociones y conducta

Nuestra conducta es el resultado de la mutua interacción cognitiva de las capacidades racionales y emocionales. Las emociones más primitivas (emociones primarias) tienen una gran influencia en la conducta. No obstante, es posible cierto control sobre ellas, pero requiere condiciones especiales (entrenamiento, fuertes condicionamientos culturales y racionales, etc.) y, aún así, en ocasiones no es posible su control de forma individual, necesitando la ayuda de especialistas (psicólogo, psiquiatra, terapeuta en general). Un claro ejemplo es el miedo, conocido y experimentado por todos y no siempre superado. En este caso incluso la plena actuación de la autoconciencia y la experiencia puede no ser suficiente para poder superar sus acciones innatas (huida o parálisis) y poder realizar una conducta más acorde con un procesamiento racional de la situación.Al haber innumerables situaciones en las que las emociones tienen un papel significativo, he querido exponer solamente cuatro componentes cognitivos y conductuales relacionados con las emociones y con una especial importancia en el desarrollo de nuestra conducta.

- Empatía. Las emociones tienen una estrecha relación con la producción social de la empatía, cuya definición sería percibir en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir. La empatía estaría muy relacionada con diversas estructuras cerebrales donde existen neuronas espejo (corteza prefrontal y temporal) y sin ellas (amígdala, y diversas estructuras del Sistema Límbico). En la empatía se pueden diferenciar tres aspectos (Moya-Albiol, et al. 2010):

* Primero, conocer los sentimientos de otra persona, por lo que estaría muy relacionado con la Teoría de la Mente (componente cognitivo) y, por tanto, con el desarrollo de la autoconciencia.
* Segundo, sentir lo que el otro está sintiendo, ya sea de forma similar o igual a lo que el sujeto puede sentir en la misma situación (componente emocional).
* Tercero, responder compasivamente a los problemas que le aquejan (comportamiento social).
La empatía parece que tiene un protagonismo social muy importante, lo que favorecería el desarrollo de las relaciones sociales y de la conciencia social y personal. Existe en aquellas conductas que para su realización precisen de reforzamientos de las estructuras sociales (migraciones, organización social, distribución del trabajo, etc.). Según diversos autores es fundamental para el desarrollo de las conductas éticas o morales (Hoffman, 1992).

- El control conductual. Podemos desarrollar cierto control de la manifestación conductual de las emociones. Este control puede variar desde una simple inhibición dejando la expresión de las emociones totalmente libres, hasta elaborar formas graduales de limitación o variación voluntaria de tales manifestaciones. En el segundo caso estaría muy relacionado con la evolución de la autoconciencia. Su existencia o su ausencia facilitarían las conductas extremas marcadas por la negación conductual, el engaño, la mentira y la violencia, donde la empatía quedaría totalmente abolida. Esta función cognitiva estaría muy relacionada con las funciones ejecutivas del LPF (inhibición).

- La motivación. Las emociones condicionan en alto grado el desarrollo de la motivación, y ésta es el principal impulsor de la conducta (Flórez, 1996). Se puede considerar como el conocimiento (por vía sensitiva y/o racional) de la existencia de hechos que estimulen la necesidad o el interés (componente afectivo, fundamental en la conducta humana) de elaborar mejores y más complejas conductas de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en uno de los elementos más importantes de la motivación. Los avances tecnológicos, sociales y simbólicos son respuestas a las emociones que han motivado conductas encaminadas a su resolución.

- La influencia de la autoconciencia en las emociones. Estaría condicionada a su propia creación y evolución, lo que no ocurrió hasta que las circunstancias neuroevolutivas, socioeconómicas, demográficas, tecnológicas y lingüísticas lo hicieron posible (Rivera, 2009). Su desarrollo es un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, por lo que existen numerosos estadios intermedios en su progreso a lo largo de la evolución humana. Su acción produciría modificaciones en todas las emociones (primarias y secundarias). De las primarias solo puede darse control al unirse a los mecanismos de inhibición conductual, de las secundarias puede haber grandes modulaciones dando origen a las emociones autoconscientes o cognoscitivas superiores.

Conclusiones

De la unión de ambas capacidades cognitivas (emocionales y racionales) se pueden sacar dos importantísimas conductas de carácter opuesto, pero fundamentales en la conducta humana:

* Primero, la violencia, como respuesta a una motivación basada en emociones que facilitarían una respuesta de enfrentamiento (miedo y enfado), a emociones secundarias autoconscientes basadas en conductas no aceptadas por todos (p. e. problemas de espacio y accesibilidad a las fuentes logísticas) y una progresiva inhibición de la empatía.

* Segundo, ante los anteriores problemas otras emociones secundarias autoconscientes motivarían la necesidad de regular tales situaciones, es decir, a generar pautas de conductas de carácter ético o moral, ya sean independientes o reguladas dentro de una religión o regulación política.
El desarrollo de estas dos formas conductuales (violencia y ética) va a ser una constante en la conducta de los seres humanos de todas las épocas, donde las emociones autoconscientes van a jugar un papel esencial en el predominio de una u otra.

Un aspecto muy importante se da en la educación, donde una motivación adecuada es un elemento esencial y, que por desgracia, no se cultiva muchas veces lo suficiente como para salvar los grandes inconvenientes que la educación conlleva. Ésta junto con una inhibición de la violencia fundamentada en la solidaridad y el razonamiento, el desarrollo emocional de de la empatía y un desarrollo de la autoconciencia con estas características, seguro que darían unos resultados educacionales más positivos para la persona y para la sociedad, que la muchas veces básica acumulación de contenidos teóricos.

* ARDILA, A.; OSTROSKY-SOLÍS, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
* BELMONTE MARTÍNEZ, C. (2007): “Emociones y cerebro”. Rev. R. Acad. Cienc. Exact. Fís. Nat. Vol. 101, (1):59-68.
* DAMASIO, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino. 
* de WAAL. F. (2011): La edad de la empatía. Barcelona. Tusquets.
* EKMAN, P.; LEVENSON, R. W. y FRIESEN, W. V. (1983): “Autonomic nervous system activity distinguishes among emotions”. Science 221, 1208–1210.
* FLÓREZ, J. (1996): Cerebro: “El mundo de las emociones y de la motivación”. En Mora, F. (ed.): El cerebro íntimo. Barcelona. Ariel. 
* HOFFMAN, M. L. (1992): “La contribución de la empatía a la justicia y al juicio moral”. En Eisenberg, N y J. Strayer (ed.). La empatía y su desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer, pp.151-172.
* MOYA-ALBIOL, L.; HERRERO, N.; BERNAL, M. C. (2010): “Bases neuronales de la empatía”. Rev Neurol; 50: 89-100.
* PANKSEPP, J. (1998). Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions. New York: Oxford University Press.
* PRINZ, J. (2010): “¿Cuáles son las emociones básicas?”. Cuadernos de Crítica, México: UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas, No. 55.
* RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
* TURNER, J. H. (2000): On the origins of human emotions: a sociological inquiry into the evolution of human affect. Stanford, CA: Stanford University Press.

domingo, 10 de agosto de 2014

Neuronas espejo, empatía y conducta humana

En los estudios sobre la evolución de la conducta humana estamos acostumbrados a que se hable siempre de las capacidades cognitivas humanas que la evolución nos ha dado como la principal causa de su producción. Naturalmente me refiero a las capacidades cognitivas racionales, como composición principal de la “inteligencia humana” que ha trasformado nuestra cultura y forma de vivir. Sin embargo, hay que admitir que cualquier acción individual o social siempre incluye un componente emocional, siendo prácticamente imposible comprender la naturaleza neurológica humana sin un acercamiento adecuado a estos dos procesos cognitivos (Ardila y Ostrosky-Solís 2008; Damasio, 2010). Las emociones facilitaron, con su básica producción innata y su posterior desarrollo cognitivo-conductual, la evolución del comportamiento social dentro de las poblaciones humanas (Turner, 2000), y éste del desarrollo cognitivo (Coward y Gamble, 2008; Rivera, 2009). En el estudio de las emociones tenemos que existe una estrecha relación entre su producción con las neuronas espejo y la empatía. Analizaré brevemente estos dos últimos aspectos relacionados con la conducta.

Neuronas espejo

Evidentemente, las emociones tienen una base neurológica de carácter evolutivo que hace posible su actuación. En este contexto, en estos últimos años se han descrito un tipo de neuronas que pueden, en parte, tener una relación muy importante con las emociones y la conducta humana, se trata de las neuronas espejo. Su definición nos aclara su utilidad:

Se denominan neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo, especialmente un congénere.

- Histología y anatomía neuronal. Lo primero que hay que resaltar es que aunque parece que se refiere a un tipo específico de neuronas, no es cierto. Se trata de neuronas del sistema piramidal, llamadas así por su forma de pirámide y por que estarían relacionadas con el movimiento en general (como todas las neuronas piramidales). Su particularidad neurofisiológica es que se disparan con el movimiento, propio y ajeno, siendo distintas a las otras neuronas piramidales por su función, no por su histología. Además, se activan con movimientos determinados y pueden ser selectivas (Martín-Loeches, 2008). Es decir, se trataría de una red neuronal (neuronas, axones, dendritas, conexiones neurológicas, etc.), conectada a otras de las que recibe cierta información (elaborada o no), provocando una reacción determinada, o la adquisición conceptual (total o parcial) de un acto externo.

- Localización anatómica. Los resultados de los estudios por imágenes del cerebro han demostrado que la circunvolución frontal inferior (parte del área 44 de Brodmann, o área de Broca) y la corteza parietal inferior (área 6 de Brodmann) del cerebro humano se activan cuando la persona realiza una acción y también cuando la persona observa a otro individuo realizar esa misma acción. Por lo tanto, es probable que estas regiones contengan neuronas con estas características, por lo que han sido definidas como el sistema de neuronas espejo humano. Como era de esperar las neuronas espejo no son exclusivas de nuestro género, sino que también están presentes en primates no humanos, aunque en diferente cantidad y ubicación.


- Fisiología funcional. Se activan con la observación de la actividad que realiza un congénere, por lo que tienen un trasfondo social básico, relacionándolas con la interacción social, pues incita a una conducta determinada (imitación) (Martín-Loeches, 2008). Por tanto, parece que tienen la capacidad de proporcionar un mecanismo para comprender la acción, aprender por imitación, y la simulación imitativa del comportamiento de los demás. Este aspecto es fundamental en el desarrollo cultural de los primates, aunque menor entre las comunidades humanas en las que el aprendizaje es más directo e intencionado. Es una forma de cognición social (Moya-Albiol, et al. 2010).

- Relación con el origen del lenguaje humano. Ya vimos como estas neuronas en los seres humanos se encuentran en la corteza frontal inferior, cerca del área de Broca, una región tradicionalmente relacionada con la producción del lenguaje, pero que también controla los movimientos orales y de la mano en sus más complejas manifestaciones. Esto parece indicar que el lenguaje humano evolucionó a partir de un sistema de comprensión y realización de gestos implementados en las neuronas espejo. Sin embargo, como en muchas teorías de la evolución del lenguaje, existen pocas evidencias directas, lo que nos obliga a continuar estudiando su funcionalidad por todos los medios disponibles.
Sin embargo, parece ser un sistema importante para el lenguaje, pero no más que otros muchos sistemas neuronales relacionados con él. El lenguaje humano está constantemente activando aquellas partes del cerebro que representan la realidad descrita por aquél, así muchas palabras o frases (relacionadas con acciones) activan zonas motoras y relacionadas con la acción. Este no es lenguaje, es nuestro sistema de comprensión del mundo, activado por el lenguaje (Martín-Loeches, 2008).

Empatía

Las neuronas espejo refuerzan la compresión de la existencia de los demás como semejantes a nosotros (imitamos su conducta, lo que hacen los demás nos interesa). En la comprensión de las acciones e intenciones de los demás, relacionándose con el propio concepto de la teoría de la mente (Martín-Loeches, 2008). Aumenta la empatía emocional y racional. La empatía es un proceso cognitivo fundamental en las relaciones humanas.


Podemos definir la empatía como la percepción en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir. Se deduce que sólo puede darse dentro de un trasfondo social. Presenta tres aspectos diferentes (Moya-Albiol, et al 2010):
- Conocer los sentimientos de otra persona, por lo que estaría muy relacionado con la Teoría de la Mente (Componente cognitivo).
- Sentir lo que está sintiendo, de forma similar o igual a lo que el sujeto puede sentir en la misma situación (Componente emocional).
- Responder compasivamente a los problemas que le aquejan (Comportamiento social).

La empatía parece que tiene un protagonismo social muy importante, lo que favorecería el desarrollo de las relaciones sociales y de la conciencia social y personal. Según este modelo de percepción-acción, la observación o imaginación de otra persona en un estado emocional particular activa de manera automática una representación de ese estado en el observador, con las respuestas fisiológicas asociadas. Al ser automático, se trataría de un proceso que no requiere conciencia ni esfuerzo de procesamiento, pero que no puede inhibirse ni controlarse. Se trata de una compleja forma de inferencia psicológica en la que la observación, la memoria, el conocimiento y el razonamiento se combinan para poder comprender los pensamientos y sentimientos de los demás. El movimiento que conduce de la empatía al acto, discurre a través de las neuronas espejo, empleando exactamente los mismos circuitos cerebrales que se ponen en marcha durante nuestra propia experiencia.

Existen teorías que explican el desarrollo del cerebro social en las especies de mamíferos que vivían en grupos sobre la base del desarrollo o adquisición de conductas muy relacionadas con la empatía. En estas sociedades los individuos notan y se afligen ante el dolor de un congénere, actuando de forma que se acabe el objeto que provoca dicho dolor, incluso aunque suponga un peligro para ellos mismos (Preston y de Waals, 2002).

La empatía estaría muy relacionada con diversas estructuras cerebrales donde existen neuronas espejo (corteza prefrontal y temporal) y sin ellas (amígdala, y diversas estructuras del Sistema Límbico). Por tanto, su actuación en esta forma de relación social debe considerarse como coadyuvante en la conducta que se produce, no como su elemento primordial. Según diversos autores es fundamental para el desarrollo de las conductas éticas o morales (Hoffman, 1992). Las conductas éticas o morales, serían una consecuencia de la racionalización de las emociones, estando promovida por altos grados de empatía, así como del desarrollo de la autoconciencia.

Conducta humana

La conducta humana es la resultante de múltiples procesos cognitivos, unos de carácter innato y otros dependientes de la influencia del medio ambiente. Sin duda la empatía, relacionada con las neuronas espejo, en uno de sus principales mecanismos de las relaciones sociales. Su unión con la producción de las emociones es la causa de la evolución conductual humana, pues son un componente muy importante de la motivación, que en definitiva sería el verdadero motor del desarrollo cultural y tecnológico de nuestras sociedades.

Las emociones, relacionadas con las neuronas espejo y la empatía, condicionan en alto grado el desarrollo de la motivación, y ésta es el principal impulsor de la conducta (Flórez, 1996). Se puede considerar como el conocimiento (por vía sensitiva y/o racional) de la existencia de hechos que estimulen la necesidad o el interés (componente afectivo, fundamental en la conducta humana) de elaborar mejores y más complejas conductas de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en uno de los elementos importantes de la motivación. Los avances tecnológicos, sociales y simbólicos son respuestas a las emociones que han motivado conductas encaminadas a su resolución.

Conclusiones

La conducta humana es un complejo proceso donde se juntan diversos mecanismos neurológicos (p. e. neuronas espejos, córtex cerebral), psicológicos (empatía, motivación y emociones) y sociales (relaciones entre miembros de un grupo y de éstos con otros grupos). La sociabilidad y este desarrollo neurológico y cognitivo tan específico (teoría de la mente), junto con el aumento evolutivo de las demás capacidades cognitivas (abstracción, simbolización, funciones ejecutivas, memoria, etc.) y el propio desarrollo sociocultural de las poblaciones humanas, creo que son los verdaderos artífices del origen y desarrollo de la cultura humana, donde el lenguaje juega un papel predominante, pues sin él no hubiera podido ser realidad la conducta que hoy día poseemos los seres humanos.


* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
* Coward, F. y Gamble, C. (2008): “Big brains, small worlds: material culture and the evolution of the mind”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 1969-1979.
* Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino.
* Hoffman, M. L. (1992): “La contribución de la empatía a la justicia y al juicio moral”. En Eisenberg, N y J. Strayer (ed.). La empatía y su desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer, pp.151-172
* Martín-Loeches, M. (2008): La mente del “Homo sapiens” El cerebro y la evolución humana. Madrid. Aguilar.
* Moya-Albiol, L.; Herrero, N.; Bernal, M. C. (2010): “Bases neuronales de la empatía”. Rev Neurol; 50: 89-100.
* Preston, S. D. y de Waals, F. B. (2002): “Empathy: Its ultimate and proximate bases”. Behavioral and Brain Sciences, 25: 1–72.
* Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal Madrid.   
* Turner, J. H. (2000): On the origins of human emotions: a sociological inquiry into the evolution of human affect. Stanford, CA: Stanford University Press. 

lunes, 7 de julio de 2014

Influencia del medio ambiente en el pensamiento y conducta

Es muy frecuente pensar que nuestra forma de pensar, y por tanto de actuar, es consecuencia casi directa de la genética que heredamos de nuestros padres, pero la realidad, no siempre bien conocida ni expuesta, no dice lo mismo. Diversos autores han hecho hincapié sobre este dato, pero la mayoría de las veces sus opiniones no han pasado de la anécdota sin ninguna repercusión en los estudios relacionados con la conducta humana. Estas ideas han surgido hace muchos años, teniendo cada vez tienen mejor fundamento, según las ciencias de la conducta van avanzando. Los ejemplos son más literarios y filosóficos que psicobiológicos, pero recogen el sentir de que nuestra realidad se forja más con el quehacer cotidiano que con nuestra herencia biológica:

...lo único que nos es dado y que hay cuando hay vida humana es tener que hacérnosla, cada cual la suya.... La vida es quehacer
José Ortega y Gasset. (Historia como sistema) (1935).

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo
José Ortega y Gasset. (Meditaciones del Quijote) (1914).

La mente humana es la mente humana y a la vez es la cultura, y si no se salva ésta no se salva aquella.
José Luis Pinillos, La mente humana (1991).

Otro ejemplo nos lo brinda el conocimiento real de lo que pasaba en los hospicios y hospitales hasta bien entrado el siglo XX. El Dr. José Antonio Vallejo-Nágera, en su libro “Introducción a la Psiquiatría” (1974) expone que sin un ambiente adecuado las propiedades cognitivas no se manifiestan o lo hacen de forma inadecuada.

El permanecer durante los primeros meses o años de la vida en una institución asistencial lejos de los cuidados maternos, todo el mundo comprende que es una tragedia si se asocia con la clásica imagen sobria y cruel que estos centros tienen históricamente. Si la imagen presentada es la de un centro modélico, aséptico, cristales y niquelados por doquier; enfermeras y médicos en batas de blancura impecable; los niños bien vestidos, inmejorablemente alimentados, etc., es lógico que muchos piensen que es el mejor destino para el niño permanecer allí, y no en su hogar del suburbio, lleno de privaciones, malos tratos y falta de alimentos y de higiene. Hoy se sabe que no es así. La gravedad del daño que la hospitalización prolongada produce a un niño resulta increíble, si no estuviese ya claramente demostrado. Este carácter de increíble es lo que explica por qué ha pasado inadvertido a lo largo de los siglos, pese a estar desde tiempo inmemorial ante los ojos de todos. Es curioso que a nadie haya llamado la atención el hecho de que jamás, en el transcurso de la historia, un niño criado desde sus primeros días en un orfanato haya alcanzado una personalidad destacada en su vida adulta.....La mortalidad en estas instituciones fue siempre enorme......En Estados Unidos, dieron el nombre de hospitalismo al síndrome de deterioro progresivo, y con una mortalidad que alcanzaba el 70%......atribuido al trato impersonal.....En cuanto a los efectos del hospitalismo sobre la inteligencia se demostró que los niños criados en instituciones presentaban un retardo intelectual, más acentuado cuanto más rutinario e impersonal fuese el trato recibido en la institución.......si a los niños con un coeficiente intelectual anómalamente bajo, se le sacaba pronto de la institución y pasaban a un hogar adoptivo subía rápidamente su coeficiente intelectual, no teniendo beneficio si el cambio se produce después de que el niño ha cumplido los 3 años.

Pocas dudas pueden quedar sobre la influencia del medio ambiente (sobre todo social y cultural) en el desarrollo de las capacidades cognitivas humanas (racionales y emocionales). No sólo somos lo que heredamos, sino que precisamos de la modulación medioambiental para manifestar un fenotipo determinado, naturalmente dentro de los límites de variación que nuestra genética nos impone, pero que es mucho más de lo que pensamos o nos quieren hacer creer.

Actualmente, conocemos que la estructura histológica y anatómica de la corteza cerebral de los primates es prácticamente igual entre todos ellos, diferenciándose cuantitativamente en la superficie de las áreas asociativas del córtex (Delgado 1994; Eccles, 1992), en su facilidad para formar redes neuronales o su funcionalidad (Semendeferi et al. 2002), y posiblemente en otros factores bioquímicos no muy bien analizados. La evolución fue desarrollando cerebros más grandes, con mayor superficie cortical, mayor capacidad de sinapsis o de formación de redes neuronales, y un aumento diferenciado o alométrico de las áreas de asociación, pero no cerebros de estructuración celular, anatómica y fisiológica diferentes. El cerebro del Homo sapiens que vivió hace unos 150.000 años era muy similar, por no decir prácticamente igual, al nuestro. La única diferencia que podemos resaltar corresponde a la calidad y cantidad de información existente entre la cultura de ese momento y la actual; una con escasos componentes simbólicos y/o abstractos, y la otra basada en su mayoría en conceptos con este tipo de características. La forma de funcionar de ambos cerebros sería la misma, aunque condicionada por la diferente información que recibirían en los distintos periodos culturales.

Con esta visión, la única manera de tener un mínimo de objetividad en el estudio del desarrollo cognitivo y cultural de los seres humanos es creando un modelo teórico común a todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de la cultura de cada momento. Esto puede intentarse por medio de un estudio limitado a aquellos factores comunes o estructurales propios de nuestra especie, que pueden aplicarse a los seres humanos actuales y a los que desarrollaron las culturas del pasadoo. Un estudio interdisciplinar fundamentado en los datos más recientes de la Biología Evolutiva, Neurología, Psicología, Sociología y Lingüística nos puede ofrecer un panorama fácilmente identificable con un estructuralismo funcional, es decir, con la base funcional sobre la que se va a desarrollar nuestro pensamiento y conducta, siendo común en todos los seres humanos.

No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción socioeconómica y cultural, puede ser distinta en los diferentes grupos humanos que conocemos. En definitiva, de lo que se trata es que las formas fisiológicas de percepción de la naturaleza (los cinco sentidos conocidos por todos: gusto, tacto, olfato, audición y visión), y su procesamiento en el sistema nervioso de los seres humanos, son iguales para todos los de la misma especie. Mientras que entre las demás especies humanas serían sólo similares, pues existen ligeras diferencias de funcionalidad y de capacidad cognitiva, aún por precisar. Por tanto, cada grupo social de una misma especie humana puede, independiente unos de otros, ir creando una estructura lógica social y personal diferente. Lo que en un principio es común, en su desarrollo se iría diversificando. Naturalmente, los componentes de cada una de las diversas especies de nuestro linaje, tendrían unas características funcionales propias, que limitaría la forma de adquirir y procesar la información del medio ambiente.

En la actualidad conocemos que existen diferencias de pensamiento, lenguaje y conducta en diversas poblaciones, las cuales tienen un desarrollo cultural diferente al conocido como occidental. La prehistoriadora Almudena Hernando, en el estudio de las poblaciones sobre indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales, llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los considerados como modernos de nuestra sociedad. Si en la actualidad existen estas diferencias culturales, más posibilidades hay que se produzcan en las culturas paleolíticas Así lo indica en su libro “Arqueología de la Identidad” (2000):

No tiene sentido pretender que los habitantes de la Prehistoria o de la Historia eran como nosotros mismos, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos, tal y como, inconscientemente, se ha pretendido hasta ahora.

Parte del conocimiento de la falta de diferencias neurológicas y psicológicas entre ellos y nosotros, pues todos participamos de las mismas capacidades que la evolución ha otorgado a nuestra especie. Estas poblaciones de aborígenes, a pesar de tener una clara base simbólica y abstracta en su estructuración lingüística y mental, tienen unas características distintivas y propias, como también ha analizado el psicólogo José Luis Pinillos (1991). Para él, estas poblaciones presentan un pensamiento con unas características distintivas y propias que podemos resumir en los siguientes apartados:


- Concreto o incapaz de grandes abstracciones. Le resulta más difícil referirse a un color en abstracto que a una cosa con ese color. Igualmente, le es complejo hablar de una numeración abstracta, sin una referencia inmediata a cosas que se pueden numerar. Es más difícil decir y comprender el número tres, que expresar y comprender lo que significa tres árboles.
- Sincrético o poco diferenciado, al mezclar lo imaginativo y lo afectivo con elementos verdaderamente abstractos.
- Colectivo o poco individualizado, poco crítico, estereotipado, al aceptar sin crítica personal las creencias vigentes en la comunidad. Prima la individualización social sobre la personal.
- Antropomórfico, humanizador de la Naturaleza o animista. Propenso a adjudicar a los fenómenos naturales cualidades o comportamientos propios de los seres humanos.
- Prelógico, al tener unos razonamientos diferentes a los que usamos nosotros, no porque carezcan de lógica, sino que utiliza sus razonamientos en unos supuestos culturales distintos. Una cosa puede ser varias cosas a la vez (la luna, por ejemplo, puede ser una mujer y un espíritu).
- Místico, reaccionando muy emotivamente ante lo que no se entiende.

En este sentido, existe una importante muestra documental sobre las diversas vías simbólicas o de estructuración cognitiva, que han sido adoptadas por las diversas poblaciones en el transcurso de su evolución cultural, gracias a los numerosos estudios etnológicos que, sobre ellos, se han realizado en los dos últimos siglos en amplias zonas geográficas. Todo esto nos da pie a comprobar la existencia de diferentes evoluciones culturales, basadas en la libre y diferente interpretación de los conceptos sobre la individualidad social y/o personal, el tiempo, el espacio y, en definitiva, el mundo simbólico que se está creando. Sin embargo, si un recién nacido del mundo de los indígenas es criado en nuestra sociedad tendría exactamente las mismas características conductuales y cognitivas que los demás niños con los que se relacione. Igualmente, si es al revés el niño europeo creado en la selva asumiría todas las características conductuales del grupo donde se desarrolle. El medio (social, cultural, lingüístico, tecnológico, etc.) es el que va a configurar la conducta en todos sus aspectos de los seres humanos.

La importancia del medio ambiente durante el desarrollo de los niños es fundamental en todos sus aspectos, es decir, tanto en los meramente racionales como en los emocionales, lo que no siempre se han tenido en cuenta. Un ejemplo, ya superado al menos en nuestros medios sociales, sería el caso de los niños con el síndrome de Down (trisomía del cromosoma 21), que con una educación precoz, adecuada y reforzada consiguen un importante aumento cognitivo, con lo que su calidad de vida se ve notablemente mejorada, lo que no pasaba hace años sin una educación especializada a su situación.

Por tanto, mucha de la responsabilidad sobre la forma de pensar y actuar de los niños y jóvenes de nuestra sociedad recae primero en los padres de una forma constante y fundamental, y segundo en los diferentes educadores o profesionales que a lo largo de su vida se van a ir encontrando. Pensar lo contrario es tirar piedras contra nuestro propio tejado.

* DELGADO, J. M. R. (1994): Mi cerebro y yo. Temas de Hoy. Madrid.
* ECCLES, J. C. (1992): La evolución del cerebro: creación de la conciencia. Labor. Barcelona.
* HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
* ORTEGA Y GASSET, J. (1914): Meditaciones del Quijote. Ideas sobre la novela. Cátedra (1984: 118). Barcelona.
* ORTEGA Y GASSET, J. (1935): La Historia como sistema. Colección Austral, 1440. Espasa Calpe (1971: 41-42). Madrid.
* PINILLOS, J. L. (1991): La mente humana. Temas de Hoy. Madrid.   
* SEMENDEFERI, K.; LU, A.; SCHENKER, N. y DAMASIO, H. (2002): Humans and great apes share a large frontal cortex. Nature neuroscience, 5 (3): 272-276.
* VALLEJO-NÁGERA, J. A. (1974): Introducción a la psiquiatría. Científico Médica. Barcelona.

miércoles, 4 de junio de 2014

Evolución neurológica: un enfoque interdisciplinario

En un anterior trabajo sobre la evolución (¿Quéentendemos por evolución?) ya se vio la complejidad que este proceso tiene. En esta entrada se pudo comprobar que la simplicidad en su aplicación a cualquier entidad biológica, ya sea de forma general (especies) o de un determinado órgano (p. e. sistema nervioso), parece que es muy difícil poder conocer qué mecanismos evolutivos fueron utilizados en el proceso. La aceptación de cualquiera de sus formas, sin atender a las contradicciones que plantea con otras ciencias que utilizan la evolución como importante herramienta en su cotidiano quehacer (p.e. Paleontología, Arqueología, Psicología, Neurología, etc.), parece más una manifestación de fe en la teoría usada que de ciencia contrastada, a pesar de que la posible comprobación que podamos realizar solo nos pueda proporcionar una menor incertidumbre, y no una certeza como sería de desear.

La admisión de variadas formas de cambio morfológico, su utilización dependiente del azar, las propias presiones ambientales desde el mismo momento de la fecundación, y la posibilidad de evolución en mosaico, hacen muy difícil elegir que mecanismos evolutivos han sido utilizados en la evolución de una especie o de un órgano determinado dentro de un linaje. La evolución es un proceso biológico que solo podemos conocer por medio de sus resultados (especies actuales), sobre su origen (especies anteriores) solo tenemos información parcial, y de los estadios evolutivos intermedios (si existen y en qué cuantía se dieron) solo se supone su existencia teórica, pues en muchos casos aún no se han encontrado, lo que produce importantes dudas sobre su realidad práctica.

La evolución creó el órgano (p.e. el cerebro), lo que confiere a sus características fisiológicas y funcionales una directa dependencia con la forma en que se produjo tal cambio morfológico. Dada la complejidad de este proceso parece importante que su estudio se realice por medios interdisciplinarios, es decir, utilizando de manera coordenada todas las ciencias que estén relacionadas con el proceso en estudio. Del pasado como la Biología evolutiva (proporciona las formas teóricas de evolución). Arqueología y Paleontología (muestran las variaciones en el tiempo de la anatomía y conducta o funcionalidad); del presente como la Neurología, Psicología, Lingüística, Ciencias sociales (indican el punto actual evolutivo de la estructura anatómica y funcional); de todas las épocas como la Genética (puede indicar los cambios genéticos que se han producido durante la evolución, pero aún estaría poco desarrollada en este contexto).


El uso de métodos interdisciplinarios es complejo pero parece necesario, como ya indiqué en otro trabajo (Interdisciplina. Necesidad metodológica osimple intención teórica), por lo que intentaré realizar su aplicación a la evolución neurológica del género Homo. 

Interdisciplina en la evolución neurológica del género Homo

Todo estudio sobre la conducta humana debe de iniciarse con el conocimiento de la evolución del cerebro que hizo posible tales hechos. Esta es la opinión Juan Luis Arsuaga, quien afirmaba lo siguiente:

Es muy atrevido escribir cualquier tesis sobre el comportamiento humano sin conocer la teoría de la evolución, siendo un disparate que en las universidades se estudien como ciencias separadas. Parece que se ignora que el descubrimiento más asombroso de la humanidad es la evolución, y sin esta revelación no se puede entender nada del ser humano (curso de verano 2004. Universidad Complutense. El Escorial).

Estoy totalmente de acuerdo con él, solo hace falta analizar la forma en que nuestro cerebro evolucionó, para conocer mejor la génesis y el desarrollo de la conducta humana. Aplicaré un método interdisciplinario en este intento.

I.- Biología evolutiva. Las características evolutivas que han marcado el desarrollo del género Homo, constituyen el armazón (anatómico, fisiológico y psicológico) sobre el que debe explicarse nuestra cultura y comportamiento. De la manera y forma en que se producen los cambios evolutivos es donde residen las claves de la explicación sobre nuestra forma de ser. En la actualidad no existe una simple aplicación de los criterios evolutivos conocidos que nos pueda convencer plenamente sobre la forma en que se ha producido la evolución neurológica. La diversidad de formas de producción evolutiva, su aparición al azar sin metas prefijadas y las posibilidades de su desarrollo en mosaico, hace que cualquier atribución de una determinada forma evolutiva sea más una pretensión que una realidad contrastada.

Lo cierto es que en el desarrollo teórico de la Biología evolutiva existen dos formas generales de entender el cambio anatómico. La primera, la más conocida y utilizada, estaría representada por las formas de variación evolutiva expresados en la teoría sintética. En ella vemos como la conducta humana, con su gran capacidad de adaptación, debió irse configurando de una forma paralela y lenta a los cambios morfológicos que lo posibilitan, ofreciendo una mayor capacidad de supervivencia. Todo este proceso sería dirigido durante su desarrollo por la acción de la selección natural. La segunda, basada en los conceptos que la Biología ha desarrollado en estos últimos años, explicaría la evolución por medio de un modelo de carácter multifactorial, que engloba el modelo de los equilibrios puntuados de Stephen. J. Gould. En él se explica la producción evolutiva con otros parámetros, entre los que destaca la realización de algunos cambios anatómicos relativamente rápidos, y su posterior sometimiento a los controles de la selección natural. Con estas premisas, la conducta simbólica humana (expresión de su sistema nervioso) se entiende como consecuencia de una exaptación evolutiva, es decir, como una cualidad cognitiva emergente que aparece después de realizados los cambios neurológicos que lo posibilitan, pero que no se crearon evolutivamente para realizar tal propiedad. Aunque las dos formas de entender los mecanismos evolutivos tienen cierto antagonismo, lo cierto es que, al menos teóricamente, pueden producirse ambos a la vez, sobre todo si tenemos en cuenta la evolución en mosaico. En la práctica, dentro del estudio de cada homínido, las dificultades para conocer cuales fueron los causantes de su evolución neurológica son aún muy importantes, lo que dificulta su conocimiento con la simple aplicación de los conceptos evolutivos. Siempre nos quedaría la duda de que si la forma evolutiva elegida es correcta o no, no pudiendo comprobarse por los conocimientos teóricos de la Biología evolutiva.

II.- Paleontología. Con los únicos datos que nos ofrece esta ciencia biológica, no es posible conocer la forma exacta en que se produjo nuestra evolución. El siguiente paso sería conocer el testimonio paleontológico, único sobre la realidad de los cambios evolutivos, y que nos puede ofrecer un panorama real en el tiempo de tales cambios. Pero la realidad es que no es capaz de indicar con claridad los caminos seguidos en tal complejo proceso y de tan larga duración. De hecho la irregularidad del registro paleontológico fue la causa del origen de la teoría de los equilibrios puntuados de Stephen. J. Gould. Hay muchas lagunas que no se llenan, lo que mantiene como mínimo la incertidumbre de la realidad evolutiva. En la evolución humana tenemos muchos datos, pero aún dudamos sobre la realidad de nuestra evolución en el tiempo, lo que explica con continuos cambios que sufre el árbol evolutivo de nuestro linaje.
Versión de Chris Stringer del árbol de la familia del Género Homo

Lo cierto es que la teoría de los equilibrios puntuados tiene la ventaja de que se basa en hechos comprobados (ausencia de fósiles que avalen la lenta progresión en numerosas especies), mientras que la evolución constantemente gradual solo se fundamenta en las bases teóricas de la teoría sintética y en la posibilidad (no contrastada en la actualidad) de que si faltan fósiles es que por azar aún no se han encontrado.

III.- Arqueología. Si con la Paleontología aún no es suficiente para conocer las formas evolutivas que dieron lugar al desarrollo neurológico humano, estamos obligados a buscar ayuda en otras ciencias que nos aporten nuevas vías de estudio sobre la forma de creación de estos aspectos culturales, consecuencia de la evolución neurológica. Parece obligado indagar que nos puede ofrecer la Arqueología, pues es la disciplina que más se ha dedicado a explorar la conducta durante el periodo de nuestra evolución anatómica y cultural. En ella, la forma más tradicional y difundida de explicar el aumento del sistema nervioso central humano corresponde a las formas más clásicas de la teoría sintética, donde todo progreso se realiza de una forma lenta y progresiva, así el cerebro pudo permanecer y progresar gracias al desarrollo de adaptabilidad que ofrecía el consecutivo aumento de la inteligencia de los humanos de cada nueva especie. Pero el registro arqueológico nos ofrece una versión diferente, al mostrar que tal crecimiento neurológico no se corresponde con un paralelo desarrollo de una conducta con mayor capacidad de adaptación. En líneas generales, se aprecian que primero se producen los cambios neurológicos y posteriormente los conductuales que, en teoría, suponen la ventaja adaptativa necesaria para asumir el gran coste energético (el cerebro necesita muchas calorías para su funcionamiento) y social (mayor inmadurez de los neonatos y duración de la infancia) que supone el aumento del cerebro. Pondré dos ejemplos:

- Los importantes aumentos cerebrales que se ven el los primeros Homo ergaster y erectus no se acompañan de significativos incrementos en su tecnología (lo más conocido y posiblemente responsable de su mayor adaptabilidad), relaciones sociales o cualquier tipo de forma conductual, que, en conjunto, tienen un pequeño crecimiento. El desarrollo técnico relacionado con los primeros Homo ergaster desde el principio de su aparición, es fácil de seguir. En un principio, continúan con las mismas formas culturales que el Homo habilis, es decir, persisten en la primitiva tecnología del Modo 1 (Olduvaiense), si bien muy pronto se produce un avance técnico importante, al desarrollar los elementos tecnológicos propios del Achelense o Modo 2. Sin embargo, como ya vimos, diversas comunidades humanas, sobre todo del Homo erectus en diversas zonas fuera de África (Homo antecessor en la Península Ibérica y Homo georgicus en Georgia), persistieron en la forma de trabajar la piedra correspondiente al llamado Modo 1. La temprana aparición del Modo 2, primero en gran parte de África y posteriormente en el resto del Viejo Mundo, supuso un avance tecnológico que mejoró la adaptación a los diversos medios ambientes en los que se desenvolvían los seres humanos del momento.


- En los intentos de establecer una correlación del pensamiento humano y los datos arqueológicos se descubren irregularidades en el inicio del Homo sapiens. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico, complejo y con mayor poder adaptativo) no aparecen hasta fechas que se sitúan sobre el 60.000 BP (p.e. África en Bomblos), lo que ha sido denominado por Colin Renfrew como sapient paradox. Con estos hechos las conductas con un complejo simbolismo y gran poder adaptativo (tecnología, logística, lenguaje, arte, etc.) se ven como trayectorias de un desarrollo cultural, en lugar de una innata capacidad biológica. Por tanto pueden clasificarse de productos emergentes o emergencia conductual (Renfrew, 2008).

Sin embargo, a pesar de conocer este desfase entre la evolución física y la cultural, en la explicación sobre el desarrollo cognitivo humano, consecuencia de la evolución neurológica, no se profundiza en las causas evolutivas que justificasen tan peculiar forma de desarrollo cultural. Generalmente se aplica la teoría sintética de la evolución y, sin casi conexión práctica ni la más mínima autocrítica sobre los principios evolutivos en función de los nuevos descubrimientos biológicos, se pasa a exponer los cambios culturales ocurridos a lo largo del desarrollo de nuestro linaje. No se aclara la forma en que estos cambios conductuales se producen, dando por seguro que siempre son adaptaciones consecuencia de la lenta evolución del cerebro. Tal afirmación no deja de tener cierta verisimilitud, pero no explica toda la realidad conocida.

Bien es verdad, que los datos que obtenemos de los yacimientos arqueológicos distan mucho de ser exhaustivos, por lo que puede atribuirse a esta falta de información la imposibilidad de aclarar los conceptos de relación entre la evolución y la conducta humana. No obstante, queda patente que la forma explicativa de la evolución que mejor se ajusta al desarrollo simbólico observado en el registro arqueológico corresponde a un modelo multifactorial. La impresión que ofrecen es que primero se produce un aumento de la capacidad cognitiva consecuencia de la evolución neuroanatómica (no olvidar que capacidad se usa en el término de potencialidad, no de una realidad manifiesta), y después se generan las nuevas pautas de conducta.

Aunque los datos de la Biología evolutiva, Paleontología y Arqueología parecen indicar la existencia de irregularidades teóricas importantes en la aplicación de la teoría sintética al desarrollo evolutivo humano en general, con los datos exclusivos de estas ciencias no somos capaces de elaborar modelos de creación y desarrollo cultural que satisfagan a todos y, a su vez, expliquen la mayoría de las complejas particularidades que la evolución neurológica y conductual humana ofrecen. Puesto que siempre estamos hablando del cerebro, de su crecimiento y de la relación con la conducta observada, parece lógico que ampliemos el campo interdisciplinario a aquellas ciencias que estudian el cerebro humano y la conducta que nos caracteriza. En este sentido, parecen muy interesantes los datos de las ciencias actuales que traten específicamente sobre estos problemas, como son la Neurología, la Psicología, Psicolingüística, Ciencias sociales y Genética. Hay que tener presente que los cerebros de los diferentes homínidos que componen nuestra escala evolutiva no son entidades neurológicas aisladas e independientes, sino que todos ellos están relacionados entre sí por los mecanismos evolutivos que los ha creado. Por tanto, entre todos ellos existe un nexo común, como es el que corresponden a un modelo único, sobre el que se están produciendo ciertos cambios cuantitativos y cualitativos que, sin duda, hay que analizar.

IV.- Neurología. El gran desarrollo teórico que esta ciencia ha tenido en los últimos años nos indica que el sistema nervioso de todos los mamíferos, y más aún el de los humanos, es un órgano que depende de los estímulos sensoriales externos para su estructuración, mantenimiento y correcto funcionamiento. Siempre hay que estar recibiendo información que, correctamente almacenada y procesada, nos sirva para desarrollar una conducta demorada y consecuente con la experiencia adquirida. La conducta de carácter innato (los instintos) estaría relegada a situaciones muy precarias y extraordinarias, donde la acción de la corteza cerebral es superada por la actuación de la parte más primitiva de nuestro cerebro. Por tanto, es un hecho bien aceptado en la actualidad que nuestro cerebro, para un correcto funcionamiento, depende de la continua llegada de información a través de sus sistemas de captación especializados en los estímulos externos (audición, tacto, visión, gusto y olfato), e internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo). Los avances teóricos de la Neurología nos ofrecen aspectos fundamentales sobre la anatomía y fisiología cerebral que nos pueden dar pistas sobre los procesos evolutivos que lo originaron, además de aclarar aspectos importantes de la conducta humana.

A.- Áreas corticales. No toda la superficie del córtex tiene la misma funcionalidad, por lo que pueden establecerse ciertas ubicaciones topográficas relacionadas con sus funciones (áreas corticales). Estas áreas corticales no son superficies completamente definidas en su extensión y ubicación por la genética del individuo. Existe cierto grado de variación, en función de las aferencias sensoriales (estímulos exteriores e interiores que reciben, siendo la base de su configuración funcional) y eferencias motoras, por lo que la topografía del córtex humano presenta notables diferencias de localización y extensión de tales áreas, dependiendo de la naturaleza de la información que recibe y procesa sea simple o elaborada (Flórez et al. 1999; Kandel et al. 1997). Dependiendo de la naturaleza de las aferencias y eferencias que presenta cada área, pueden establecerse grupos de diferente localización y distinta funcionalidad (Luria, 1974).


* Áreas primarias o de proyección: Corresponden a las zonas corticales que reciben la información recogida por los órganos sensoriales externos (vista, oído, gusto, tacto y olfato), internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo), y a las áreas motoras que controlan directamente los músculos del cuerpo. Existe una correlación muy intensa entre estas áreas corticales y las zonas anatómicas que controlan, por lo que todo aumento corporal deberá de corresponder con un aumento paralelo de estas áreas de control, sería un aumento isométrico o proporcional, proceso muy relacionado con toda evolución neurológica.
* Áreas de asociación secundarias: Corresponden a las zonas adyacentes a las áreas primarias o de proyección. Se considera que representan un centro de procesamiento de mayor nivel para la información sensorial específica que llega de las áreas primarias. Por tanto, sólo reciben información de las áreas sensoriales primarias, o desde otras áreas sensoriales secundarias.
* Áreas de asociación terciarias: Se sitúan en los bordes de las zonas secundarias anteriores, en ellas desaparece toda información sensorial o motriz directa o primaria. Son zonas corticales en las que coincide la información de varios campos sensoriales correspondientes de áreas secundarias, pero nunca de las primarias.

Es muy usual utilizar una parcelación de la corteza cerebral en áreas citoarquitectónicas de Brodmann (según se dispongan las neuronas en las columnas celulares que compones en córtex), pero que en realidad reflejan una división más histológica que funcional. No obstante, el amplio uso para la señalización de las funciones cerebrales que conocemos, hace que se sigan usando como referencia topográfica. Las áreas de asociación son las que más han aumentado en la evolución humana, las cuales no están correlacionadas con el aumento corporal, por lo que todo aumento de las mismas debe considerarse como alométrico. Éstas, y en especial las terciarias, sintetizan los estímulos de varias vías de acceso sensoriales y los traduce en expresiones superiores, complejas y conscientes, tan características de nuestra conducta.

B.- Variación anatomofisiológica de las áreas cerebrales. Se conoce un aumento cuantitativo y cualitativo de las áreas terciarias, debido no solo al aumento de cada lóbulo, sino a su mayor circunvolución y girificación (Cela Conde, 2002; Rilling e Insel, 1999), lo que aumenta sustancialmente la superficie y capacidad funcional de la corteza cerebral. Después se aprecia una mejora en la conectividad neuronal, pues su estructura neurológica es menos densa, permitiendo que existan entre ellas una interconectividad mucho mayor, como se deduce de la mayor y tardía mielinización observada (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferi et al.2002).

El desarrollo neurológico entre los humanos es muy homogéneo, pero la localización de las áreas no es exactamente igual en todos. La topografía de las áreas asociativas presenta notables diferencias de localización, y extensión anatómica (Del Abril et al. 1998; Flórez et al.1999; Hubel y Wiesel, 1977; Kandel et al. 1997; Luria, 1974; Rakic, 1988, 1995).

C.- Lateralización. Es una asimetría funcional, que corresponde con el proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado. También se especifica como el predominio del control funcional de un hemisferio sobre un lado del cuerpo o parte del mismo (mano, pie ojo, oído, etc.). Se sabe que cada hemisferio tiene localizadas funciones específicas o partes de las mismas (lenguaje, escritura, valoraciones espaciales, etc.), que se localizan en áreas más o menos concretas durante el desarrollo. Pero hay que tener en cuenta que no existe dominancia absoluta para ninguna función, ya que siempre están implicados los dos hemisferios cerebrales en la materialización de cualquier proceso mental.

En el proceso de lateralización no está claro si en el nacimiento existe alguna preferencia, aunque en este momento podemos apreciar en la mayoría de los recién nacidos una disposición más marcada en el uso de la mano derecha, confirmándose a los trece meses la preferencia del uso de la mano derecha en las actividades en las que pueden utilizarse ambas (Bradshaw, 1989). Un importante problema consiste en saber si esta localización de propiedades cognitivas es equipotencial al nacer o si en el nacimiento tenemos ya diferencias neurológicas que faciliten su ubicación topográfica, desarrollándose en función de los estímulos a lo que esté sometido. De todas maneras, parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Bub y Whitaker, 1980; Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997). Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1996), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización.

D.- Periodo crítico. Existe un periodo de tiempo en el cual es posible que se desarrollen las funciones cognitivas humanas, pasado el mismo es mucho más difícil o casi imposible realizarse y nunca en las mismas condiciones que dentro del mismo. Durante este periodo las lesiones neurológicas locales son fácilmente reemplazadas por otras áreas, logrando mejores resultados cuanto más temprana sea la lesión neurológica. Su duración es diferente según el criterio de los autores, hasta los 12 años en general, aunque para el lenguaje parece ser menor (Cavalli-Sforza, 1993; Changeux, 1983; Delgado, 1994; Miller, 1985; Pinillos, 1991; Puelles, 1996; Yuste, 1994). En este tiempo, ambos hemisferios tienen similares posibilidades generales de desarrollar algunas funciones, aunque es siempre uno de ellos, el más maduro o mejor dotado funcionalmente, el que centra y desarrolla tal función cognitiva. Hay autores que ven como el hemisferio izquierdo madura antes que el derecho, al menos en animales (Miller, 1985), pudiendo ser ésta la causa de la lateralización de las funciones que se inicien precozmente. Esta predisposición neurológica o mayor maduración local, puede ser interpretada como una predisposición innata para poder desarrollar tal función si se estimula adecuadamente por medio de las aferencias externas (Miller, 1985; Springer y Deutsch, 1981).

E.- Plasticidad neuronal. Es la posibilidad de remodelación de las redes neuronales (estructuración de las neuronas del córtex en forma de redes funcionales muy complejas) en función de la experiencia vivida y sentida. Se corresponde con una serie de procesos que pueden empezar en el embrión, continuando con mucha mayor intensidad después del parto, perdurando durante toda la vida del ser humano. En definitiva, es la estructuración neuronal que será la base de los procesos de memoria y aprendizaje humano y, en consecuencia, de su conducta. Podemos establecer los siguientes aspectos de este proceso:

* Regeneración funcional. Dentro del periodo crítico el cerebro presenta una característica de remodelación funcional muy importante. Se ha podido ver como en el caso de lesiones del área de Broca del hemisferio izquierdo, en las que es precisa su extirpación quirúrgica, las funciones cognoscitivas que debían de desarrollarse en esta zona cortical izquierda, son fácilmente desarrolladas en el área simétrica del hemisferio derecho, adquiriendo de igual forma la capacidad del lenguaje. Esto será siempre que ocurra en una edad temprana del desarrollo, sobre todo en la infancia, pues la plasticidad neurológica que permite este proceso va disminuyendo paulatinamente con el crecimiento del niño (Changeux, 1983; Flórez et al. 1999; Miller, 1985, Springer y Deutsch, 1994).
* Estructuras funcionales. La consecuencia definitiva de la capacidad sináptica o de conexión entre las neuronas, es la de formar redes neuronales. Su regulación se debe principalmente a la llegada de estímulos nerviosos o a la ausencia de los mismos, siendo la forma más directa en el que el medio ambiente influye sobre el cerebro. También es de notar los efectos de la dieta, del estrés, de enzimas, de hormonas y de las lesiones (pérdida parcial de neuronas), en la organización de las conexiones sinápticas al formar estructuras neurológicas. Esta capacidad perdura durante toda la vida, siendo el soporte neurofisiológico de los procesos cognitivos del adulto (Changeux, 1983; Del Abril et al. 1998; Delgado, 1994; Flórez et al. 1999; Kandel et al. 1997; Mora, 1996; Puelles, 1996).
* Muerte celular. Podemos confirmar una muerte celular programada, basada en la competitividad neuronal de los estímulos recibidos. Los receptores sensoriales por medio de su estimulación, crean nuevas redes neuronales y refuerzan las ya utilizadas, eliminando las no usadas (neuronas en las primeras fases de la vida, y sinapsis a lo largo de todos los periodos ontogénicos).
Las regiones cerebrales que no se estimulen en el periodo del desarrollo a través del aprendizaje o de la simple estimulación sensorial, degenerarán lentamente pudiendo perderse información almacenada en tales redes neuronales. En muchas regiones del cerebro, el número de neuronas sobrepasan en mucho a las que sobrevivirán más allá del período de desarrollo. Existe una fase de muerte selectiva de células, que ocurre principalmente en el periodo de explosión sináptica al inicio del desarrollo postnatal (Changeux, 1983; Delgado, 1994; Hubel y Wiesel, 1977; Martín Ramírez, 1996; Puelles, 1996).

F.- Mielinización. La maduración fisiológica cerebral puede seguirse, aparte del propio desarrollo cognitivo, con el fenómeno de mielinización de los circuitos neuronales. Consiste en el recubrimiento de una sustancia grasosa inerte llamada mielina, producto de las células de Schwann, con lo que se consigue una mejor transmisión de los impulsos nerviosos y, en definitiva, una mejor actuación de las redes neuronales cerebrales. El proceso se inicia al final de la gestación, continuando su producción hasta el final de la infancia. Este proceso tiene una secuencia temporal ordenada en las distintas áreas cerebrales, siendo las sensoriales de proyección primaria las primeras en mielinizarse, mientras que las últimas serían las de asociación, sobre todo las terciarias (Eccles, 1989; Gibson, 1990).

Todos estas características cerebrales están muy relacionadas con los aspectos psicológicos de nuestro linaje y, por tanto, con la conducta pasada y actual de los seres humanos. El gran desarrollo evolutivo de las áreas de asociación terciarias, la plasticidad del sistema nervioso y la constante interacción con el medio ambiente adecuado, son claves para el desarrollo postnatal humano. De la interacción cerebro-ambiente se producirá definitivamente una organización funcional (maduración neurológica) propia de cada individuo (organización psicológica). Esta estructuración explica la existencia de un período crítico para el desarrollo cognitivo, pasado el mismo es casi imposible alcanzar los mismos niveles (Rakic, 1988, 1995; Just et al. 1996; Damasio, 2010; Flórez et al. 1999; Mora, 2001). Estos mecanismos se correlacionan perfectamente con el modelo evolutivo de los equilibrios puntuados, y explican, hasta cierto punto, las características del registro paleontológico y arqueológico.

V.- Psicología. La Psicología cognitiva trata de explicar la conducta humana a través del conocimiento de los procesos de índole mental o cognitiva que tienen lugar en nuestro cerebro. Son ellos los que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998; Belinchón et al. 1992). Esta dirección metodológica parece que presenta actualmente una hegemonía conceptual en la explicación de los procesos conductuales.

Conceptualmente se basa en que los procesos mentales o cognitivos superiores pueden desarrollarse gracias a la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar. Ya vimos cómo el sistema nervioso humano es un complejo órgano evolutivamente diseñado para realizar este tipo de acciones, y la falta de estímulos produce graves alteraciones neurológicas y psicológicas (Milner, 1994; Vallejo-Nágera, 1974). Son datos que corroboran que tales estímulos juegan un papel trascendental en la correcta maduración neurológica y psicológica de nuestro cerebro.

En definitiva, la psicología humana es la manifestación conductual de la acción neurológica, por lo que las características de la primera corresponden totalmente a las de la segunda. La influencia medioambiental, la existencia de un periodo crítico para algunas funciones cognitivas (p. e. lenguaje, autoconciencia), la gran importancia que tiene los aspectos psicológicos del lenguaje en la cognición humana (psicolingüística), la certeza de que los aspectos racionales tienen un proceso emocional íntimamente ligado de ellos (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008), nos hace pensar que tales características se ajustan bien a las formas evolutivas comprendidas en un modelo multifactorial, donde la evolución crea las capacidades cognitivas y el medio ambiente las desarrolla. Sin embardo, existen orientaciones teóricas divergentes. La Psicología evolucionista (PE) contempla una evolución lenta y siempre selectiva, con lo que da gran importancia a los procesos de carácter innato. Mientras que la Psicología cognitiva (procesamiento de la información) ahonda más en los procesos exaptativos y emergentes, con un protagonismo mayor en las condiciones medioambientales. La elección, en función de la conexión adaptable de la interdisciplinariedad, debe realizarse por la orientación que mejor se adapta a las características teóricas de las demás ciencias.

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la PE explica el origen de las conductas mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000).

VI.- Lingüística (Psicolingüística). El lenguaje constituye un método altamente eficaz de simbolización, aprendizaje y transmisión de la información que obtenemos sobre el medio ambiente. Igualmente, es la forma más eficaz de adquirir las ideas abstractas fundamentales (identidad social y personal, conceptos del tiempo y del espacio) por parte de los niños dentro de su periodo crítico, lo que va a configurar su conducta simbólica a lo largo de toda su vida. Podemos destacar al lenguaje como el medio que ha servido al ser humano para poder desarrollar y organizar su propio pensamiento en las bases del simbolismo y la autoconciencia, ampliar la cultura que heredó de sus ancestros y modificar sustancialmente su conducta.

Efectivamente, conocemos la existencia de un lenguaje relacionado con el pensamiento. El pensamiento utiliza el tipo de lenguaje que usamos normalmente, con las mismas directrices léxico/gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. El lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva emergente, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920).

Pero su existencia ni es innata ni ha estado siempre presente, lo único innato es la capacidad humana para su creación, pero no su propia realización. El lenguaje hubo que crearlo, mantenerlo y desarrollarlo. No sólo en su aspecto sonoro o gesticular (aparato fonador, gestos, etc.), sino en los aspectos psicobiológicos y evolutivos que facilitaban la capacidad de producirlo, junto con los aspectos socioeconómicos, demográficos y ambientales que posibilitaron su creación y desarrollo.

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Las funciones del lenguaje además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992).

VII.- Antropología social.
En el desarrollo de la Antropología social se aprecia fácilmente que la conducta humana, y desde luego su lenguaje, son creaciones que las sociedades humanas generan a partir de las capacidades que la evolución les ha otorgado. La influencia del medio ambiente (físico, cultural y social) es fundamental para la creación y desarrollo de tales procesos, por lo que sí éstos faltasen es muy difícil e incluso imposible producir conductas simbólicas. Los elementos sociales, íntimamente relacionados con los culturales, están basados en la interrelación existente entre los diversos componentes de un grupo, así como de las diversas poblaciones humanas entre sí. La consecuencia más importante de esta relación social sería el desarrollo de una facultad propia de nuestro género, el lenguaje. La necesidad de entendimiento social es una importante motivación para desarrollar cualquier tipo de forma de comunicación, pues con él la conducta de la sociedad mejora mucho su adaptabilidad al medio. También, estos conceptos nos acercan más a la forma evolutiva generada por el modelo multifactorial.

VIII. - Genética. Esta ciencia ha tenido un importantísimo desarrollo, pues ha permitido tener acceso a información sobre las poblaciones humanas que difícilmente se pudiera haber obtenido por otros medios. Los ejemplos de las cronologías basadas en los relojes moleculares del ADN de las mitocondrias, o del desarrollo de las secuencias del ADN de neandertales y humanos modernos, nos pueden dar una idea del su alcance. Sin embargo, hay que ser muy cautos a la hora de extraer inferencias sobre conducta o cognición a partir de la evidencia basada en el ADN fósil, pues tales inferencias presentan importantes problemas sobre la manifestación de tales genes. El problema de la manifestación fenotípica, dando prioridad a formas innatas o medioambientales, depende de muchos otros criterios que se escapan a esta ciencia en solitario. Actualmente, se está conociendo que la acción de los genes no es similar en todos ellos. Es el caso de los genes estructurales y los reguladores (genes controladores de la actividad de los genes estructurales en tiempo y tasa de actuación) del proceso embriológico. La mutación de estos últimos va a dar lugar a las heterocronías, produciendo alteraciones ontogénicas o embriológicas, con cambios relativamente rápidos y de gran trascendencia evolutiva.

El problema es que aunque conozcamos en su totalidad el genoma humano, se sabe muy poco de la forma en que la información almacenada en el ADN se manifiesta en la producción del fenotipo. Se están empezando a conocer algunos genes relacionados con determinados procesos, pero en la mayoría de los casos se han descifrado la relación entre genes y procesos formativos o funcionales, pero poco se sabe sobre la función genética global de cada proceso. La Genética tiene un futuro muy prometedor, paro aún hay que esperar para conocer no solo las diferencias genéticas entre los diferentes homínidos de nuestro género, sino las funciones que representan tales cambios.

IX. – Innatismo humano. Tras todo lo visto habría que preguntarse si existen algunos mecanismos de carácter innato dentro del funcionamiento cerebral humano. La respuesta es claramente afirmativa, y en número podrían ser la mayoría de los procesos neurológicos que se ubican en el cerebro. Sin embargo, pocos son los que se relacionan con la cognición humana.

Todos los mecanismos reguladores de la homeostasis tienen esta categoría, siendo su control inconsciente y constante en todos los seres vivos. Las áreas corticales responsables de la motilidad y sensitivas, tienen una importante dependencia de los estímulos externos en su configuración. Estas aferencias, al actuar de forma sinérgica, van configurando funcionalmente las áreas citoarquitectónicas, creando así un protomapa cortical (representación topográfica inicial de los diferentes tipos de enervación, sensitiva o motora, de las diferentes estructuras corporales) con un carácter maleable, debido a su situación embrionaria. Esta hipótesis es muy atractiva, pues en ella las aferencias externas que llegan al córtex, juegan un papel muy importante en la formación del volumen y carácter de las primitivas áreas citoarquitectónicas (Del Abril et al. 1998; Flórez, et al.1999; Rakic, 1988 y 1995).

El temperamento o la manera particular con que un ser humano interactúa con el entorno. Ningún ser humano es exactamente igual a otro, las características fisiológicas, hormonales, histológicas y anatómicas difieren de unos a otros en pequeños grados, pero que al actuar en conjunto pueden determinar formas generales de actuación, las cuales en psicología se han definido como temperamentos. Aunque su origen pueda estar discutido, parece más probable que tengan un carácter innato, pero debito a la gran plasticidad que tiene nuestro cerebro, pueden remodelarse (hasta cierto punto) por métodos externos.

No hay que olvidar a las emociones, relacionadas en los humanos con los aspectos afectivos de la conciencia (Damasio, 2010), pero que tienen profundas raíces evolutivas con el resto de los mamíferos, y en particular con los primates.

Síntesis interdisciplinaria

El concepto de interdisciplina se entiende como la búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado. En su desarrollo existe un requisito fundamental, pues inexcusablemente todas las ciencias que se utilicen deben tener unos fundamentos teóricos que no sean antagónicos entre ellas. Si en esta confluencia de ciencias existiesen contradicciones teóricas, habría que pensar que alguna o varias teorías de las disciplinas usadas pudieran tener conceptos teóricos mal enfocados, por no decir equivocados. En la explicación de la conducta humana no pueden coexistir conceptos generales claramente opuestos, alguno o los dos estarían mal desarrollados.



- La Biología evolutiva nos enseña que coexisten diversa formas de producción del cambio evolutivo. Todos son importantes y, sin duda, lo más frecuente es que se produzcan varios a la vez con mayor o menor responsabilidad en la transformación morfológica. Su estudio, en cada caso particular, no puede realizarse en la actualidad con la información de esta ciencia en solitario. Hay que ayudarse de la información de otras ciencias implicadas en su estudio interdisciplinar.
- Los datos aportados por la Paleontología son los que han sugerido la posibilidad de la existencia de una forma de evolución más rápida seguida de procesos más lentos (equilibrios puntuados). Su fundamento son las importantes lagunas de fósiles que existen entre las diversas especies conocidas y dificultan la aceptación de un progreso evolutivo lento y continuado. La objeción de que no se conocen por que aún no se han encontrado, puede ser cierta en algunos casos, pero parece exagerada que se aplique a la totalidad del registro arqueológico, y más aún al del género Homo.
- La Arqueología junto con la Paleoantropología indican con mayor claridad la discontinuidad que existe entre la evolución morfológica y la cultural, esta última sería la responsable de la mejoría adaptativa que justificaría la permanencia de los cambios evolutivos. En el caso del cerebro hay datos importantes que indican que primero se produjo en cambio anatómico y con posteridad el cultural adaptativo.
- Las ciencias psicobiológicas (Neurología, Psicología, Psicolingüística) muestran con gran claridad la dependencia de nuestro cerebro de la información externa, para lograr la adecuada y definitiva estructuración neurológica. Los mecanismos de carácter innato quedan relegados a situaciones muy particulares y escasas, aunque existentes (regulación de la homeostasis, creación del protomapa embriológico, temperamento). Si el medio externo no es el adecuado, la definitiva estructuración psicobiológica se produce de forma alterada, lo que en casos extremos llagaría a graves distorsiones cognitivas.
- Las Ciencias sociales y la Lingüística en general nos indican la imperiosa necesidad del desarrollo humano dentro de la sociedad, para lograr un adecuado desarrollo cognitivo, tanto racional como emocional.

Conclusiones

Parece claro que toda interpretación realizada bajo una amplia y adecuada coordinación científica tendría más posibilidades de disminuir la subjetividad que impregna muchos de los trabajos principalmente humanísticos. Así, cualquier conclusión que esté fundamentada en una serie de evidencias arqueológicas bien documentadas, y que se expliquen con una metodología basada en un estudio interdisciplinar, presenta un poder explicativo mayor que el adquirido sin estas premisas, lo que en temas de ciencias sociales adquiere una importancia que siempre hay que valorar.

Hemos visto cómo todas las ciencias relacionadas con el estudio de la conducta humana tienen metodologías académicas que permiten un acoplamiento teórico común. Con esta coordinación las distorsiones, que son frecuentes entre estas ciencias, quedan reducidas a niveles muy bajos. El apoyo común de estas ciencias ofrece una mayor seguridad a cada una de ellas en particular, ofreciendo un modelo sobre la evolución y estructuración psicobiológica de nuestro cerebro, con un alto poder explicativo y, por tanto, de mayor fiabilidad científica.

Nuestra evolución neurológica fue, sin duda, un complejo proceso en el que intervinieron varias formas de cambio morfológico. En general, se ha podido determinar la producción de dos importantes cambios relativamente rápidos en nuestro linaje. Sería el caso ya mencionado en los datos arqueológicos, donde la evolución al Homo ergaster/erectus y Homo sapiens produjo un importante cambio neurológico sin cambios conductuales en principio, aunque posteriormente tuvieran lugar. Estos cambios evolutivos estarían producidos posiblemente por heterocronías y su repercusión en la embriología, que se intentarán explicar en otro trabajo. De todas maneras, nunca hay que descartar la posibilidad de acción de las otras formas de cambio, solo que su estudio en la actualidad es casi una utopía.

Este trabajo ya fue publicado en el Blog de La Nueva Ilustración Evolucionista

Nota sobre la bibliografía: Como es fácil de suponer existe una amplísima y moderna bibliografía en todos los datos que he comentado. Sin embargo, dentro de este medio poco académico, he preferido mantener la bibliografía relativamente antigua por dos motivos. Primero, por ser la mayoría en castellano y de fácil adquisición. Segunda, para hacer notar que la gran mayoría de los datos aportados ya estaban publicados en medios divulgativos a finales del siglo pasado o inicios del presente. El uso interdisciplinar de los mismos brilla por su ausencia.

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